La incalculable toxicidad política de Benjamin Netanyahu
Benjamin Netanyahu se deshizo en elogios sobre la reunión mantenida esta pasada semana en la Casa Blanca con Donald Trump, pero lo más destacable de la reunión fue lo que no se dijo sobre Irán
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu llegó a Washington el martes 28 de julio para asistir al funeral de Lindsey Graham, el senador republicano de extrema derecha leal partidario de Israel, y para reunirse una vez más con el presidente estadounidense. Antes del funeral de Graham, Netanyahu se reunió con Trump durante aproximadamente noventa minutos. Ambos líderes estuvieron acompañados de sus respectivos séquitos, lo cual indica que se trató de una reunión formal, pero también de un encuentro, que probablemente iba a tener un impacto menos profundo en las decisiones que otros precedentes que ambos mandatarios han mantenido consistentes a menudo en conversaciones cara a cara. El vicepresidente JD Vance, el más escéptico de los altos cargos estadounidenses respecto a Israel y uno de los hombres más próximos al presidente, estuvo presente razón por la cual cualquier plan que Netanyahu tuviera de imponer nueva propaganda a Trump no iba a materializarse.
Ahora, Irán tiene muchos más incentivos para desarrollar un arma nuclear. En realidad, como he sugerido, el Estado iraní sigue percibiendo el control del estrecho como un elemento disuasorio mayor y más seguro que la posesión de un arma nuclear, lo cual hace mucho menos probable que acepte compromiso alguno sobre las inspecciones nucleares con Estados Unidos, que ha demostrado una y otra vez que no cumple su palabra
Ni Trump ni Netanyahu ofrecieron rueda de prensa y la Casa Blanca dio pocos detalles sobre la reunión, limitándose a calificarla de «productiva». Netanyahu se desbordó más tarde en términos generales sobre la reunión, calificándola de «una de las mejores conversaciones que he tenido jamás con nuestro buen amigo, el presidente Donald Trump». Pero el único punto concreto que citó fue que ambos coincidieron en que Irán no debería obtener el arma nuclear, un argumento que se ha vuelto casi tan banal y carente de sentido como el «proceso de paz». La reunión destacó más por lo que no se dijo que por lo que se dijo en la misma. Según la escasa información que se ha filtrado del encuentro, ambas partes no discutieron sobre un posible ataque contra el Pickaxe Mountain iraní. Tampoco se planteó el tema de la eventual retirada israelí de las zonas que Israel actualmente ocupa fuera de sus fronteras reconocidas internacionalmente (fronteras que Israel nunca ha declarado ni reconocido formalmente).
Ataque a las instalaciones nucleares iraníes
Israel ha estado difundiendo información de inteligencia en la que se afirma que Irán ha comenzado a trabajar en el desarrollo de un arma nuclear en esa montaña altamente fortificada. Trump fue informado de ello y empezó a amenazar con atacar el emplazamiento. Como de costumbre, el presidente se mostró inconsistente respecto al ataque, a veces insistiendo en él y otras veces dando marcha atrás. Pero cualquier idea que Netanyahu tuviera de presionarle al respecto se desbarató apenas unas horas antes de que llegara a Washington. En declaraciones a Fox News, Trump dijo: «No necesito que Bibi me hable sobre el asunto», en referencia a la Pickhaxe Mountain, lo que indicaba que no le había gustado que el primer ministro israelí hablara públicamente de la idea antes de discutirla con él. Por lo tanto, era un tema que Netanyahu debía evitar. El hecho de que Trump haya vuelto a repetir constantemente el mantra de que no permitirá que Irán disponga de armamento nuclear es revelador, al igual que lo es el hecho de que este fuera el único punto sustantivo que repitió Netanyahu. Ambos hechos ponen de manifiesto una continua falta de pensamiento estratégico sobre la guerra.
La guerra se ha centrado en el estrecho de Ormuz, un punto de conflicto en el que el mayor beneficio posible para Estados Unidos e incluso para Israel es volver al statu quo anterior al inicio de la misma. Es imposible que las condiciones en torno al estrecho sean mejores de lo que eran al comienzo de la guerra y, ahora, incluso restablecer esas condiciones se ha vuelto prácticamente imposible
Esta guerra hace tiempo que ya no gira en torno a la capacidad nuclear iraní, si es que alguna vez lo hizo realmente. La guerra se ha centrado en el estrecho de Ormuz, un punto de conflicto en el que el mayor beneficio posible para Estados Unidos e incluso para Israel es volver al statu quo anterior al inicio de la misma. Es imposible que las condiciones en torno al estrecho sean mejores de lo que eran al comienzo de la guerra y, ahora, incluso restablecer esas condiciones se ha vuelto prácticamente imposible. Por lo tanto, ambos líderes, especialmente Trump, quieren volver a centrar la atención en el programa nuclear iraní, pero incluso ello resulta menos ventajoso de lo que era antes. Estados Unidos e Israel, para gran alegría del en absoluto añorado senador Graham, bombardearon Irán en lugar de acordar un pacto que habría obligado a la República Islámica a someterse a inspecciones intrusivas sin precedentes y a comprometerse a enriquecer solo la cantidad de uranio necesaria para fines civiles específicos. Además de toda la muerte, destrucción y problemas económicos y políticos que estos ataques han acarreado, también han alterado el cálculo estratégico de Irán. Ahora, Irán tiene muchos más incentivos para desarrollar un arma nuclear. En realidad, como he sugerido, el Estado iraní sigue percibiendo el control del estrecho como un elemento disuasorio mayor y más seguro que la posesión de un arma nuclear, lo cual hace mucho menos probable que acepte compromiso alguno sobre las inspecciones nucleares con Estados Unidos, que ha demostrado una y otra vez que no cumple su palabra.
Sin embargo, no tenemos forma de saber si Irán está realmente intensificando su programa nuclear para alcanzar el nivel de desarrollo que le permitan disponer de armamento nuclear. A tenor de lo estipulado en el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), lo habríamos sabido y tuvimos la oportunidad justo antes de la guerra de recuperar esa información, pero en lugar de ello decidimos masacrar al pueblo iraní
Así pues, tendría sentido que Irán trasladara equipo nuclear significativo a la Pickaxe Mountain, que es mucho menos vulnerable. Esto no significa necesariamente que los iraníes estén desarrollando un arma nuclear en este momento, pero sin duda es posible. Sin embargo, no tenemos forma de saber si Irán está realmente intensificando su programa nuclear para alcanzar el nivel de desarrollo que le permitan disponer de armamento nuclear. A tenor de lo estipulado en el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), lo habríamos sabido y tuvimos la oportunidad justo antes de la guerra de recuperar esa información, pero en lugar de ello decidimos masacrar al pueblo iraní.
La respuesta de Irán
En lo que parece ser un cambio de táctica, Irán ha roto el periodo de relativa calma bélica al lanzar hace unos días ataques contra bases estadounidenses en Jordania. Parece haber sido un ataque preventivo destinado a garantizar que Estados Unidos no llegue a controlar el ritmo de los combates. Es probable que Irán decidiera lanzar los ataques, porque creyera que, tras esta última reunión de Netanyahu con Trump, un ataque contra sus fuerzas o su territorio era inminente. Trump ha estado amenazando con lanzar un ataque masivo contra Irán, pero ello parece un paso en la posible escalada que probablemente no producirá. El presidente estadounidense detuvo los bombardeos nocturnos sobre Irán, porque sus asesores militares le convencieron de que no llevarían a ninguna parte y que, dados los recursos mermados de Estados Unidos en el Golfo, provocarían más bajas estadounidenses. Aunque Trump suele hacer caso omiso de los consejos de su propio equipo, este es un caso en el que es probable que, por ahora, siga sus recomendaciones. Mientras Irán mantenga el cierre del estrecho de Ormuz y Ansar Allah siga bloqueando desde Yemen los barcos saudíes en el estrecho de Bab al-Mandab, Trump podría recurrir de nuevo a los bombardeos, que parecen ser la única opción que está dispuesto a considerar.
Pero en estos momentos, Estados Unidos no está atacando realmente a Irán. Incluso después de que Irán y Ansar Allah atacaran Arabia Saudí y posiciones estadounidenses en Jordania, la respuesta del ejército estadounidense, dirigida contra los aliados iraníes de Iraq, no ha supuesto una escalada, sino en realidad una respuesta calculada
Este es otro ámbito en el que Netanyahu obtuvo menos de lo que esperaba de esta «la mejor conversación que jamás he tenido con nuestro buen amigo el presidente Donald Trump». Israel se conforma con que Estados Unidos ataque a Irán y con que Irán arremeta contra sus vecinos del Golfo, sobre todo mientras sigue ocupando el Líbano y Siria y mantiene la vía libre en Cisjordania y Gaza. Pero en estos momentos, Estados Unidos no está atacando realmente a Irán. Incluso después de que Irán y Ansar Allah atacaran Arabia Saudí y posiciones estadounidenses en Jordania, la respuesta del ejército estadounidense, dirigida contra los aliados iraníes en Iraq, no ha supuesto una escalada, sino en realidad una respuesta calculada.
Ello supone una preocupación a largo plazo para Netanyahu, a quien le está costando mucho vender a como un éxito el actual enfrentamiento en el estrecho de Ormuz y en la región circundante a la opinión pública israelí. Y eso se refleja en las encuestas, que muestran sistemáticamente que Netanyahu tiene pocas esperanzas de formar una coalición de gobierno tras las elecciones de octubre, mientras la oposición le pisa los talones.
No habrá retirada israelí
Netanyahu ha mantenido tanto un número bajo de víctimas mortales en el Líbano como la farsa de las conversaciones con el gobierno libanés en Washington. A cambio, Trump le ha permitido actuar sin restricción alguna en Cisjordania y acorralar a la población palestina en un área de la Franja de Gaza cada vez más reducida, al tiempo que permite que las tropas israelíes sigan matando a civiles palestinos allí casi a diario. La noticia de que ambos no hablaron de una retirada israelí fortalece el plan estadounidense de separar la cuestión de la invasión israelí del Líbano de la guerra contra Irán. Trump y Netanyahu persiguen ese objetivo con la ayuda indispensable del presidente libanés Joseph Aoun a través del mecanismo de las conversaciones directas entre Israel y el Líbano mediadas por Washington. Aunque no hay esperanza alguna de que estas conversaciones puedan llegar a un acuerdo duradero, o siquiera meramente aplicable, sí tienen el efecto de enfrentar al gobierno libanés contra una parte de sí mismo, esto es, Hezbolá, y han conseguido que a Irán le resulte mucho más difícil conseguir la retirada israelí. Teherán ha tenido que conformarse con conseguir que Estados Unidos frene a Israel en el bombardeo masivo del país y en la provocación de evacuaciones masivas del sur del Líbano.
Aún más alejadas de la agenda se encuentran las campañas genocidas perpetradas en estos momentos por Israel en Gaza y Cisjordania. Irán no ha sentido, desde el inicio de la guerra, que tuviera la influencia necesaria para incluir la cuestión de Palestina en su lista de exigencias, salvo de la forma más indirecta. Sin embargo, es posible que esta postura no se prologue demasiado en el tiempo. La posición actual de Irán refleja la convicción de que Estados Unidos no solo es poco fiable, sino también incapaz de cumplir un acuerdo. Se trata de una conclusión sensata, dada la repetida experiencia demostrada en numerosas ocasiones en las que un acuerdo parece estar al alcance de la mano o incluso ya se ha alcanzado para luego fracasar debido a una acción estadounidense o a un cambio repentino de postura. Irán tampoco ha pasado por alto el hecho de que el memorando de entendimiento que Trump aceptó y abandonó de un modo tan precipitado fuera objeto de críticas por parte de políticos y comentaristas tanto del bando demócrata como del republicano. Este hecho ha propiciado que Irán haya dejado de buscar un interlocutor capaz de controlar a Trump y mantenerlo en el buen camino tras llegar a la conclusión de que, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca, hay pocas esperanzas de alcanzar un acuerdo diplomático sostenible con Washington.
Por ello, entre otras razones, sigue siendo imperativo que cualquiera que se oponga a la guerra apoye el memorando de entendimiento, tal y como he defendido, no comprendido como castigo por el hecho de que Estados Unidos haya iniciado la guerra, sino como la única vía sensata para avanzar
Este cuadro cambia la estrategia. Mientras que antes Irán intentaba infligir el mayor daño posible con la esperanza de que Estados Unidos aceptara las condiciones que Teherán exigía, ahora se encuentra en una situación en la que debe intentar minimizar el daño que sufrirá. Por ello, entre otras razones, sigue siendo imperativo que cualquiera que se oponga a la guerra apoye el memorando de entendimiento, tal y como he defendido, no comprendido como castigo por el hecho de que Estados Unidos haya iniciado la guerra, sino como la única vía sensata para avanzar. Entretanto, sin embargo, si Irán no considera realista una solución diplomática, está en condiciones de introducir en el debate las acciones de Israel en Cisjordania y, especialmente, en Gaza. En estos momentos, existe un potencial sin explotar en la combinación de ambas causas. La mayoría de los defensores de la libertad palestina también son contrarios a la guerra. A menudo hablan de ambas cosas a la vez, pero estas cuestiones no están completamente entrelazadas en el discurso político general. En parte, ello se debe a que Israel se ha mantenido al margen de la última ronda de ataques militares lanzados contra Irán por Estados Unidos, pero la razón principal ha sido que Irán no ha querido complicar todavía más su propia diplomacia con un esfuerzo que tiene pocas posibilidades de éxito a corto plazo.
Pero si Teherán deja de buscar un acuerdo con Estados Unidos, tendrá mucha más libertad para incorporar la cuestión de Palestina en sus declaraciones públicas sobre la guerra, lo cual inyectaría aún más energía a un movimiento global contra la guerra que ya goza de buena salud y, con el tiempo, podría llevar a más países a defender de un modo más activo el fin de la guerra y a vincular Palestina con el mismo. La desventaja es que Irán sufriría penurias todavía más extremas sin un final a la vista. Pero el potencial no reside solo en un movimiento popular que fusione plenamente los derechos del pueblo palestino con la oposición a esta guerra, sino que radica en que también albergue la esperanza de obligar a la comunidad internacional a unirse para actuar antes de que se produzca una catástrofe.
Recomendamos leer Mitchell Plitnick, «Contener a Irán y sostener las políticas agresivas de Israel ha sido un enorme error político y diplomático occidental, «La guerra que Estados Unidos ha elegido librar contra Irán se ha convertido ahora en la “Guerra de Ormuz”» y «En el estrecho de Ormuz Irán está obligando a Trump a afrontar un momento decisivo». Jeremy Scahill, «Irán ha advertido a Trump: “Si no pones fin a la guerra en el Líbano, nos reservamos el derecho de atacar a Israel sin previo aviso”» y «El arte de la capitulación: entrevista al analista iraní Hassan Ahmadian»; Murtaza Hussain y Reza Sayah, «Se recrudece el debate interno en Teherán sobre el acuerdo alcanzado con Trump»; Abdaljawad Omar, «Cuál es realmente el significado del último intercambio de ataques entre Irán e Israel y qué significa para la región»; Qassan Muaddi, «Por qué Israel debe continuar su guerra genocida contra Gaza», Richard Beck, «Cómo se desmorona una hegemonía global: la crisis de Estados Unidos y la política reaccionaria imperante en el sistema-mundo capitalista»; William I. Robinson y M. Gürsan Şenalp, «La Pax Silica, el genocidio de Gaza y la crisis del capitalismo global», todos ellos publicados en Ant/agón.
Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.