Por qué la izquierda debería apoyar el acuerdo de Trump con Irán

El memorándum de entendimiento de Trump con Irán supone una oportunidad sin precedentes para reducir las tensiones y fomentar la cooperación en toda la región de Oriente Próximo y el Golfo. Por este motivo, la izquierda y los progresistas deberían dejar de menospreciar el acuerdo al que Trump ha llegado de forma tan torpe y azarosa como afortunada y propicia. ¿Cabría medir en consecuencia la calidad de los sistemas políticos actuales por la distancia existente entre las políticas y las decisiones geopolíticas proclives a la desigualdad abismal, la exacerbación de la galopante crisis climática, la ausencia absoluta de cooperación geoestratégica imperante en el sistema-mundo capitalista y la apuesta por la guerra, el exterminio y el extractivismo más explotador, defendidas por las actuales clases dominantes y dirigentes, y las propuestas geopolíticas concebidas desde un exquisito y sofisticado punto de vista de clase en pro de la paz, la justicia y la igualdad globales, destiladas desde la política posible de la actual composición de clase en los sistemas políticos realmente existentes? ¿Lograría esto desprovincializar y relanzar el deprimente y disfuncional comportamiento democrático de los mismos?

 

El humo y las llamas provocadas por los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel son visibles detrás de la emblemática Torre Azadi en Teherán, Irán, 3 de marzo de 2026 - Davoud Ghahrdar/ISNA/AP.
El humo y las llamas provocadas por los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel son visibles detrás de la emblemática Torre Azadi en Teherán, Irán, 3 de marzo de 2026 - Davoud Ghahrdar/ISNA/AP.

Existe un esfuerzo concertado para socavar el posible acuerdo de paz con Irán, lo cual no es sorprendente. Lo preocupante es que ese esfuerzo de demolición no solo provenga de la derecha proisraelí, sino también de los liberales y de algunos sectores de la izquierda progresista. Es necesario realizar una evaluación sobria del posible acuerdo que está sobre la mesa, que está lejos de haberse materializado. Por ahora, no hemos constatado esa materialización. El memorándum de entendimiento solo se compromete a un reducido número de puntos concretos. El resto son constelaciones de intenciones y depende de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Hay muchos escollos, incluido el hecho de que, en la medida en que cualquier acuerdo incluya el levantamiento de sanciones, la ley otorga al Congreso estadounidense la posibilidad de torpedearlo.

Irán tiene una enorme influencia de la que antes carecía, lo cual significa que las concesiones estadounidenses son inevitables. Tiene el poder de cerrar el estrecho de Ormuz y ni las amenazas ni las protestas, ya sean de enemigos o de aliados, pueden disuadir a Irán de utilizar esa influencia. Se abstuvo de jugar esa carta durante décadas, porque la amenaza de hacerlo disuadió a Estados Unidos de atacarlo o de apoyar a Israel para que lo hiciera. Ahora que ese ataque se ha producido y lo ha hecho además en dos ocasiones, esa carta está plenamente en juego y no hay forma de volver a guardarla en la baraja

Tal y como están las cosas en estos momentos, hay motivos de sobra para creer que lo hará, lo cual se debe a que los Demócratas no solo critican duramente el acuerdo, aunque lo acepten a regañadientes como algo necesario para poner fin a la guerra, sino que al hacerlo cuentan con el apoyo de la corriente liberal e incluso de algunos sectores más de izquierda.

Irán tiene una enorme influencia de la que antes carecía, lo cual significa que las concesiones estadounidenses son inevitables. Tiene el poder de cerrar el estrecho de Ormuz y ni las amenazas ni las protestas, ya sean de enemigos o de aliados, pueden disuadir a Irán de utilizar esa influencia. Se abstuvo de jugar esa carta durante décadas, porque la amenaza de hacerlo disuadió a Estados Unidos de atacarlo o de apoyar a Israel para que lo hiciera. Ahora que ese ataque se ha producido y lo ha hecho además en dos ocasiones, esa carta está plenamente en juego y no hay forma de volver a guardarla en la baraja.

¿Está obteniendo Irán demasiado con este memorándum de entendimiento?

Irán tiene una enorme influencia de la que antes carecía, lo cual significa que las concesiones estadounidenses son inevitables. Tiene el poder de cerrar el estrecho de Ormuz y ni las amenazas ni las protestas, ya sean de enemigos o de aliados, pueden disuadir a Irán de utilizar esa influencia. Se abstuvo de jugar esa carta durante décadas, porque la amenaza de hacerlo disuadió a Estados Unidos de atacarlo o de apoyar a Israel para que lo hiciera. Ahora que ese ataque se ha producido y lo ha hecho además en dos ocasiones, esa carta está plenamente en juego y no hay forma de volver a guardarla en la baraja. Pero, aunque esa realidad exige ciertas concesiones en beneficio de Irán, habrá quien se pregunte, si justifica el paquete de iniciativas, que el memorando de entendimiento potencialmente prometer. El memorando de entendimiento aborda el levantamiento de las sanciones, la retirada de las fuerzas estadounidenses del Golfo, el desbloqueo de los activos iraníes y un fondo para la reconstrucción tanto de las infraestructuras como de la economía iraníes.

Para Murphy, y para la mayoría de los Demócratas, la idea de que se levanten las sanciones a Irán, de que se le conceda acceso a su propio dinero y de que se le permita defenderse es una perspectiva intolerable, que se ven obligados a aceptar so pena de una crisis económica mundial sin precedentes

La mayor parte de los líderes políticos y de los comentaristas estadounidenses, incluidos incluso cómicos de izquierda como Jon Stewart o John Oliver, de cuyos monólogos tantos estadounidenses se informan hoy en día, han ridiculizado este acuerdo, dando a entender, o incluso afirmando abiertamente, que Irán está obteniendo demasiado. Examinemos, por ejemplo, los comentarios de Chris Murphy, senador demócrata de Connecticut. Murphy es más razonable que la mayoría de los miembros del Congreso en materia de política exterior y acepta a regañadientes el acuerdo como la consecuencia inevitable de haber perdido la guerra, pero sigue considerándolo excesivamente generoso con Irán. «Sabía que el acuerdo probablemente iba a ser humillante para los Estados Unidos de América, pero no sabía que iba a ser tan humillante. No sabía que el acuerdo iba a ser tan malo», dijo Murphy en su declaración del 17 de junio en el pleno del Senado.

Murphy sostiene que la guerra ha sido un desastre tal que está «dispuesto a tragarse prácticamente cualquier acuerdo para ponerle fin» para a continuación despacharse a gusto sobre lo horrible que es el actual memorándum de entendimiento. Para Murphy, y para la mayoría de los Demócratas, la idea de que se levanten las sanciones a Irán, de que se le conceda acceso a su propio dinero y de que se le permita defenderse es una perspectiva intolerable, que se ven obligados a aceptar so pena de una crisis económica mundial sin precedentes. Murphy sostiene lo siguiente:

Estuvimos en guerra con Irán durante cien días y, al final, siguen teniendo su programa nuclear, siguen teniendo sus misiles, siguen teniendo sus drones y siguen apoyando el terrorismo. No funcionó y la mayoría de nosotros sabíamos que no iba a funcionar. La mayoría de nosotros dijimos que, si entrábamos en guerra con Irán, acabaríamos en una situación peor, y aquí estamos, en una situación fundamentalmente peor. El alcance total de este acuerdo se reduce básicamente a un pago de miles de millones de dólares a Irán para que abra el estrecho de Ormuz. Menudo desastre.

Otros congresistas demócratas más moderados también han expresado sus reservas sobre el acuerdo. El senador demócrata por New Jersey Cory Booker, por ejemplo, ha dicho: «Seamos claros. No apoyo este acuerdo firmado por Trump, que constituye una rendición abyecta». Figuras como los senadores demócratas Richard Blumenthal (Connecticut ) y  Adam Schiff (California), así como el representante demócrata por Massachusetts Seth Moulton se han hecho eco de las palabras de Booker. Elizabeth Warren, considerada una de las senadoras más progresistas de Estados Unidos, aunque el listón está muy bajo en este país, también ha criticado el acuerdo, afirmando que Irán «acabaría en una situación financiera mucho mejor que la que tenía antes del mismo. Sigo esperando que alguien me explique en qué mejora este memorándum la situación del pueblo estadounidense». Desde ese punto de vista, sin duda suena desastroso, pero este planteamiento no refleja correctamente la realidad.

El levantamiento de las sanciones

Irán fue sancionado por primera vez apenas unos meses después del inicio de la revolución iraní y la toma de la embajada estadounidense en 1979. En 1995 y 1996 Bill Clinton instauró una serie de sanciones contra Irán que no solo suprimieron la totalidad de las relaciones comerciales estadounidense-iraníes, sino que también castigaron a cualquier empresa, que realizara inversiones importantes en Irán. Ello coincidió temporalmente con la creciente preocupación por las «armas de destrucción masiva». Tanto Irán como Iraq, país que en todo caso había desarrollado armas de destrucción masiva, cuando había sido aliado de Estados Unidos, fueron acusados de perseguir la obtención de este tipo de armas en el marco de la estrategia de «doble contención» simultánea de ambos países aplicada por la potencia estadounidense a tenor de la cual las sanciones desempeñaban un papel fundamental. Sin embargo, Irán no había desarrollado tales armas hasta que Iraq las utilizó en su contra durante la guerra de 1980-1988 y desde entonces ha abandonado todos los programas relacionados con las mismas.

En diciembre de 2006 el Consejo de Seguridad de la ONU impuso sanciones a Irán relacionadas con su programa nuclear, después de que este se negara a atender la petición de cesar todo enriquecimiento de uranio y se descubriera que lo estaba llevando a cabo en secreto. Al año siguiente, la National Intelligence Estimate (NIE), que es el documento de evaluación estratégica más importante del gobierno estadounidense, dado que refleja el consenso de las dieciocho agencias de inteligencia y seguridad de Estados Unidos, concluyó por primera vez que Irán había detenido todos sus esfuerzos para obtener el arma nuclear en 2003. Al respecto hay que señalar dos puntos cruciales. En primer lugar, todos los NIE posteriores han confirmado que Irán nunca reinició un programa de construcción de armas nucleares. En segundo, y aunque ello es menos conocido, no está claro que Irán estuviera buscando un arma real, sino, por el contrario, lo que se conoce como «capacidad de ruptura», es decir, la capacidad de un Estado para producir rápidamente un arma nuclear. Japón, Corea del Sur, Alemania, Brasil, Australia y Taiwán cuentan todos con esa capacidad.

En realidad, independientemente de la guerra, estas sanciones son injustas y contraproducentes. Agarrotan las vidas de los iraníes de a pie y durante cuarenta y siete años no han servido para modificar en nada las políticas de Irán. En su momento la imposición de estas sanciones fue provocada por la ira desatada contra este país por la crisis de los rehenes, propiciada por un miedo irracional y atizada por una propaganda histérica, que no se ha limitado en absoluto a las diatribas de los neoconservadores

Nunca se ha demostrado que Irán pretendiera fabricar armas de destrucción masiva, aparte de su programa de armas químicas de represalia, abandonado hace ya mucho tiempo en la década de 1980. Sin embargo, a pesar de ello, las sanciones de la ONU se endurecieron en 2007. Al mismo tiempo, Estados Unidos y sus aliados congelaron activos iraníes por valor de más de 100 millardos de dólares. Sin embargo, Chris Murphy cree que estas congelaciones de fondos y estas sanciones no deberían suavizarse. La mayoría de sus colegas adoptan posturas aún más duras. En realidad, independientemente de la guerra, estas sanciones son injustas y contraproducentes. Agarrotan las vidas de los iraníes de a pie y durante cuarenta y siete años no han servido para modificar en nada las políticas de Irán. En su momento la imposición de estas sanciones fue provocada por la ira desatada contra este país por la crisis de los rehenes, propiciada por un miedo irracional y atizada por una propaganda histérica, que no se ha limitado en absoluto a las diatribas de los neoconservadores.

El derecho de Irán a la autodefensa

Algunas de las sanciones están relacionadas con la designación arbitraria de Irán como «Estado patrocinador del terrorismo», una expresión que a menudo se invoca para afirmar que este país es el líder mundial en este ámbito. La acusación en su conjunto es de dudosa validez. No hay duda de que Irán patrocina milicias de diversos tipos. Pero Estados Unidos ha apoyado a milicias rebeldes en Iraq, Afganistán y Siria durante los últimos años, siguiendo una tradición de apoyo a los insurgentes cubanos y a milicias criminales como los Contras en Nicaragua, entre muchos otros casos. Por no hablar del apoyo que brinda a algunos de los gobiernos más draconianos del mundo o de la tolerancia mostrada ante aliados como los Emiratos Árabes Unidos, que canalizan armas a las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán, o en este rosario de casos el apoyo estadounidense concedido a Israel y a la perpetración del actual genocidio, así como de otros delitos graves cometidos contra el pueblo palestino. La cuestión es que los grupos que, de forma despectiva e incorrecta, denominamos proxies de Irán, no difieren en esencia de muchos de los grupos armados a los que apoyamos o permitimos que otros apoyen. De hecho, independientemente de lo que se piense de Hamás o de Hezbolá, fue Estados Unidos quien creó grupos como el ISIS y Al Qaeda a través del apoyo proporcionado a las insurgencias armadas activas en Afganistán, Iraq y Siria.

Teniendo en cuenta todo ello, es justo que Irán pueda mantener su capacidad de defenderse, que pueda perseguir sus propios intereses de política exterior en competencia con otras potencias, que pueda vender libremente su petróleo y otros productos en el mercado mundial, que pueda recuperar sus activos congelados y que pueda ser compensado por los enormes daños infligidos innecesariamente a su infraestructura por un ataque mendaz de Estados Unidos e Israel

Irán ha sufrido estas sanciones por mor de la utilización de un doble rasero y de la pura hipocresía. A pesar de toda la paranoia reinante sobre la «influencia maligna» de Irán, la República Islámica nunca ha atacado a otro país. Irán ha sido mucho más responsable en el manejo de las armas que posee que Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos. Teniendo en cuenta todo ello, es justo que Irán pueda mantener su capacidad de defenderse, que pueda perseguir sus propios intereses de política exterior en competencia con otras potencias, que pueda vender libremente su petróleo y otros productos en el mercado mundial, que pueda recuperar sus activos congelados y que pueda ser compensado por los enormes daños infligidos innecesariamente a su infraestructura por un ataque mendaz de Estados Unidos e Israel. Perder una guerra, especialmente una guerra no provocada, elegida voluntariamente por el agresor e iniciada mediante un ataque por sorpresa, tiene sus consecuencias. Las que propone el memorando de entendimiento son justas y racionales.

El argumento práctico

Pero se trata de algo más que de hacer lo correcto. En estos momentos se nos presenta una oportunidad sin precedentes, incluso mayor que la que ofrecía el Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), el acuerdo para limitar el programa nuclear iraní auspiciado por Obama, para reducir las tensiones regionales y promover la cooperación. En 2015 no solo Israel se opuso con vehemencia al JCPOA. Aunque en ese momento la influencia israelí en Washington y sobre la opinión pública estadounidense convertía a Israel en el vector lógico para intentar socavar el acuerdo, los Estados árabes del Golfo, especialmente Arabia Saudí, se opusieron al mismo con idéntica vehemencia. Eso simplemente ya no es así. Catar ha desempeñado un papel fundamental en la mediación de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, y Arabia Saudí, junto con Egipto y Pakistán, ha trabajado entre bastidores para conseguir apoyo regional al acuerdo. Incluso los Emiratos Árabes Unidos han guardado silencio.

El cambio se debe a que los Estados árabes del Golfo se han dado cuenta de que necesitan llegar a un acuerdo con Irán. Siempre habrá competencia y tensiones. Hay intereses que a veces entran en conflicto, así como diferencias culturales, étnicas e incluso religiosas, pero los Estados del Golfo saben que no existe una opción ni una vía militar para abordar sus relaciones con Irán, lo cual deja abierta únicamente la vía diplomática. Irán ha adoptado la postura de evitar en todo caso la guerra siempre que ello ha sido posible. Por eso Estados Unidos se encuentra ahora en una encrucijada. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Baréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos), Iraq e Irán tienen todos ellos interés en la estabilidad regional, la cual es perturbada por este último país, dado que es el único Estado de la región que tiene una ideología revolucionaria que exporta. Pero Irán es un actor pragmático, como ha demostrado con absoluta claridad a lo largo del último año de guerra. La imagen de un Estado fanático, incluso suicida, que siempre ha sido totalmente errónea, ha quedado al descubierto en el momento presente como la farsa que es.

Todo esto es posible en el marco del memorando de entendimiento de Trump. Queda un largo camino por recorrer desde donde nos encontramos hoy hasta ese tipo de futuro, pero ese es el futuro al que podría conducir el fin de este enfrentamiento con Irán. Si ello resulta atractivo para los progresistas, deberíamos dejar de menospreciar el acuerdo con el que Trump, de forma tan torpe como afortunada, se ha topado por casualidad

Un Irán que pueda desarrollarse libremente estará mucho más dispuesto a utilizar sus relaciones en lugar de recurrir a la fuerza ejercida por sus aliados para alcanzar sus objetivos. Irán ahormado en este modelo de existencia puede convertirse en un socio para toda la región, siguiendo la senda mostrada por el progreso gradual verificado en las relaciones entre Arabia Saudí y la República islámica antes de la guerra. Un Irán que ya no se encuentre en una situación de guerra fría con Estados Unidos permitirá a este país redefinir su postura en la región. Esto, por supuesto, es precisamente lo que Israel teme más que nada, ya que tal reorientación conducirá inevitablemente a una relación normal, en lugar de especial, entre este el Estado israelí y Estados Unidos. Irán puede colaborar con la Liga Árabe para renovar una oferta similar a la Iniciativa de Paz Árabe de 2002, coordinándola con los palestinos a quienes conoce bien –incluidos Fatah, Hamás y el resto de actores implicados– para actualizarla de acuerdo con los deseos palestinos y volver a situarla en la arena diplomática con el respaldo de la mayoría, quizá de todos, los Estados árabes. Todo ello, combinado con una postura estadounidense diferente, ello ofrece una vía pacífica para hacer realidad, por fin, los derechos palestinos. Es muy posible que Irán tenga algo así en mente a largo plazo. Es evidente que Irán está dejando la cuestión de Palestina para más adelante con el fin de no sobrecargar sus propuestas, pero es probable que tengan un plan a largo plazo para abordarla.

Todo esto es posible en el marco del memorando de entendimiento de Trump. Queda un largo camino por recorrer desde donde nos encontramos hoy hasta ese tipo de futuro, pero ese es el futuro al que podría conducir el fin de este enfrentamiento con Irán. Si ello resulta atractivo para los progresistas, deberíamos dejar de menospreciar el acuerdo con el que Trump, de forma tan torpe como afortunada, se ha topado por casualidad.


Recomendamos leer Mitchell Plitnick, «En el estrecho de Ormuz Irán está obligando a Trump a afrontar un momento decisivo», «Estados Unidos e Irán han llegado a un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz, pero Israel podría impedir el fin de la guerra» y «Ha llegado el momento de que Trump elija entre los intereses de Estados Unidos y los de Israel en la guerra contra Irán»; Jeremy Scahill, «Irán ha advertido a Trump: “Si no pones fin a la guerra en el Líbano, nos reservamos el derecho de atacar a Israel sin previo aviso”» y «El arte de la capitulación: entrevista al analista iraní Hassan Ahmadian»; Murtaza Hussain y Reza Sayah, «Se recrudece el debate interno en Teherán sobre el acuerdo alcanzado con Trump»; Abdaljawad Omar, «Cuál es realmente el significado del último intercambio de ataques entre Irán e Israel y qué significa para la región»; Richard Beck, «Cómo se desmorona una hegemonía global: la crisis de Estados Unidos y la política reaccionaria imperante en el sistema-mundo capitalista»; William I. Robinson y M. Gürsan Şenalp, «La Pax Silica, el genocidio de Gaza y la crisis del capitalismo global», todos ellos publicados en Ant/agón.

Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.