¿Prescindirá Trump de Israel para llegar a un acuerdo con Irán?
Dada la destrucción incomensurable producida en Palestina, Oriente Próximo y el Golfo Pérsico durante los últimos dos años y medio, la ausencia de criterio de la potencia hegemónica global, incapaz de ejercer su hegemonía de modo no absolutamente criminal, caótico y autodestructivo, y las carencias manifiestas de la clase dirigente estadounidense y la impotencia de su entramado institucional para bloquear tal senda catastrófica de comportamiento, el cúmulo de desastres acumulados está empujando a Donad Trump a buscar una salida, al menos provisional, de este atolladero ante los impactos macroeconómicos, políticos, electorales y geopolíticos, que Estados Unidos no se halla en condiciones de absorber unilateralmente ni domestica ni globalmente bajo su forma de crisis económica mundial, ni el presidente integrar en su proyecto político-electoral conocido como MAGA sin pagar un precio muy elevado en ambos casos. Como es habitual el lunático proyecto etnorreligioso de Israel, que ha dejado de estar en el lado equivocado de la historia para salirse directamente de la misma, despliega todos sus activos criminales y los estratos más lerdos y fascistizados de su clase dirigente para hacer descarrilar esta tenue posibilidad de paz con la intención manifiesta de reanudar de inmediato la guerra contra Irán y de proseguir el genocidio, que es parte primordial de su constitución material, en Palestina y el Líbano
De acuerdo con la información disponible, el supuesto acuerdo sobre un memorando de entendimiento (MOU) entre Estados Unidos e Irán para consolidar el actual alto el fuego estaba listo para ser firmado y ser presentado a la opinión pública, y Trump iba a retirarse a su «sala de crisis» para consultar con su equipo y anunciarlo. Si esto parecía demasiado bueno para ser verdad, resulta que lo era, al menos por el momento. Al final, Trump tendrá que decidir, si acepta un memorando de entendimiento, que será duramente atacado por Israel y por los sectores estadounidenses partidarios de la línea dura a ultranza contra Irán o si reanuda los combates. Optar por lo primero no es propio del ahora asediado presidente, pero la reanudación de los combates lo hundirá todavía más en este atolladero e intensificará la crisis económica mundial.
Qué incluye y qué no incluye el acuerdo con Irán
Es importante reconocer que lo único que haría este memorando de entendimiento sería formalizar y ampliar el alto el fuego ya existente. En la práctica, el fin de la guerra solo puede producirse, si las negociaciones estipuladas en el memorando de entendimiento llegan a buen puerto. No hay garantía de ello por ninguna de las partes. La desconfianza, especialmente por parte de Irán tras los dos ataques de Estados Unidos e Israel en momentos en que la diplomacia estaba logrando avances reales, introduce un abismo entre ambas partes. Y las complicaciones políticas a las que se enfrenta Trump para alcanzar el tipo de acuerdo que necesita serán difíciles de sortear. Esta desconfianza es la razón por la que Irán prefiere este memorando de entendimiento en lugar de un acuerdo global. Quieren avanzar lentamente, confirmando la sinceridad estadounidense con acciones, no con palabras, en cada paso del camino. Trump, por su parte, está luchando por decidir qué hacer en medio de poderosas presiones políticas contradictorias. Al parecer, su equipo ha negociado los términos del memorando de entendimiento, pero él se muestra indeciso a la hora de aplicarlo. Estas son las consecuencias de tener a una persona débil e incompetente en la Casa Blanca.
Estas arenas movedizas políticas en las que Trump sigue hundiéndose irremediablemente es otra de la larga lista de razones por las que otros presidentes se han negado a dejar que Israel los arrastre a una guerra con Irán. Ahora que Irán tiene la sartén por el mango, está dictando el marco para poner fin a la guerra. Trump quería terminarla con un acuerdo global, con un gran pacto, lo cual ha sido completamente frustrado por Irán, que insiste en un proceso por etapas para confirmar las intenciones estadounidenses tras dos ataques sorpresa. La absurda idea de Trump de ampliar los Acuerdos de Abraham ha sido el último y desesperado intento de salir de esta debacle con una victoria de suficientemente envergadura como para que él pudiera afirmar que todo había valido la pena. El presidente estadounidense ha hecho este intento desesperado, porque el memorando de entendimiento, aunque no abordaba algunas de las cuestiones más importantes, incluiría algunas concesiones inmediatas a Irán, que los aliados de Trump considerarían importantes retrocesos. Las concesiones de las que se ha rumoreado incluyen la financiación de la reconstrucción de Irán, el alivio de las sanciones y la liberación de los fondos iraníes congelados, puntos todos ellos por los que el presidente estadounidense será acusado de «enviar palés de dinero en efectivo» a Irán, tal y como él mismo acusó en su día a Barack Obama, y decisiones que serán objeto de ataque por los partidarios de la línea dura a ultranza contra la República Islámica. Pero para Trump, la prioridad inmediata es reabrir rápidamente el estrecho de Ormuz y controlar en la medida de lo posible los daños antes de las elecciones al Congreso de noviembre.
A tenor de la información disponible, el memorando de entendimiento lograría esto. Irán permitiría el paso de barcos por el estrecho y comenzaría a retirar obstáculos, como minas, de la zona, mientras que, al mismo tiempo Estados Unidos levantaría gradualmente su bloqueo de los puertos iraníes. Los combates cesarían, incluso en el Líbano, aunque no se han mencionado los términos específicos de ello ni si Israel se vería obligado a retirarse por completo del sur del país. Irán reiteraría su compromiso de larga data de no fabricar armas nucleares. Más allá de ello, el memorando de entendimiento esbozaría los temas para futuras conversaciones que, en el mejor de los casos, conducirían a un acuerdo de paz permanente. Se asignarían sesenta días para celebrar esas conversaciones, que incluirían el programa nuclear de Irán, la propuesta de un fondo de reconstrucción de 300 millardos de dólares, un sistema permanente para la gestión del estrecho, el levantamiento de las sanciones y la liberación de los activos iraníes congelados.
Trump confirmó involuntariamente gran parte del contenido y de las limitaciones, que se rumoreaban sobre el memorando de entendimiento:
Irán debe acordar que nunca tendrá un arma o una bomba nuclear. El estrecho de Ormuz debe abrirse inmediatamente, sin peajes, para el tráfico marítimo sin restricciones, en ambas direcciones. Todas las minas acuáticas (bombas), si las hay, serán eliminadas (hemos retirado, mediante detonación, numerosas minas de este tipo con nuestros magníficos dragaminas submarinos. Irán completará la retirada inmediata y/o la detonación de cualquier mina que quede, ¡que no serán muchas!). […] El material enriquecido, a veces denominado «polvo nuclear», […] será desenterrado por Estados Unidos (que, como es bien sabido, es el único país, junto con China, ¡que tiene la capacidad mecánica para hacerlo!) en estrecha coordinación y colaboración con la República Islámica de Irán, además de la Agencia Internacional de Energía Atómica, y DESTRUIDO. No se intercambiará dinero alguno, hasta nuevo aviso.
Aunque el lenguaje es típico de Trump, hay mucho que interpretar en este mensaje, tanto en su contenido como en sus omisiones. La exigencia de Trump de destruir el llamado «polvo nuclear» deja abierta la opción de que Irán diluya su uranio altamente enriquecido y acepte las inspecciones del OIEA en el futuro. Esa es una propuesta iraní, que Trump está tratando de hacer suya. Sin duda, a Irán no le importaría que él hiciera esa afirmación para sus propios fines políticos. La dilución, sin embargo, no sería suficiente ni para Israel ni para sus aliados en Washington a quienes tampoco les va a gustar que Trump mencione siquiera el dinero. Su declaración de que no habrá intercambio de dinero «hasta nuevo aviso» implica que, en última instancia, habrá tal «nuevo aviso», si se sigue el proceso del memorando de entendimiento. Cabe señalar que en ningún momento de las conversaciones, ya sea sobre los términos inmediatos del memorando de entendimiento o sobre el marco para entablar negociaciones futuras que este implicaría, se hace mención alguna a los programas de misiles y drones de Irán ni a su apoyo a los aliados regionales, a los que los medios de comunicación suelen denominar «proxies» [agentes delegados].
Un desastre para Netanyahu y para los partidarios de la línea dura a ultranza contra Irán
El reportero israelí Ben Caspit, citando a una «fuente política israelí de alto rango», informa de que Benjamin Netanyahu se enfrenta a un desastre político, si Trump pone fin a la guerra. «Esta vez, el primer ministro tiene las manos atadas. Está completamente paralizado y sabe que no podrá hacer nada, incluso si el acuerdo firmado entre Estados Unidos e Irán sigue siendo el desastre que él indica ahora que es», declaró a Caspit un colaborador anónimo de Netanyahu. Esa misma fuente también afirmó que Netanyahu añora ahora los días de Joe Biden. Estamos ante un caso clásico de «cuidado con lo que deseas». Parece muy probable que Trump esté enfadado por la percepción generalizada de que Netanyahu le mintió sobre la facilidad del cambio de régimen en Irán, lo que contribuyó a engañarle y meterle en este atolladero. Por ello, ha excluido a Netanyahu de las deliberaciones y se limita a informarle de las decisiones tomadas en Washington. Pero esto no significa que Netanyahu no pueda influir en la situación. La escalada en el Líbano de los últimos días tiene por objeto enviar un mensaje a Trump de que Israel no aceptará vincular sus acciones en este país con el acuerdo de Trump con Irán. Y, si Trump decide forzar a Israel, Netanyahu se lo pondrá lo más difícil posible.
No obstante, los Demócratas, en su mayoría, se contentan con ver a Trump debatirse entre las dos corrientes políticas activas en estos momentos: por un lado, los halcones proisraelíes y antiiraníes y, por otro, sus compinches reclutados entre lo más granado de la oligarquía, preocupados por la recesión económica y las pérdidas electorales de noviembre
Más allá de todo ello, Netanyahu tiene muchos aliados en Washington. Cuando salió a la luz la noticia de este memorando de entendimiento, figuras como Ted Cruz, Lindsey Graham y el presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, Roger Wicker, arremetieron inmediatamente contra la idea, aunque tuvieron cuidado de no criticar directamente a Trump. Y no son solo los Republicanos quienes defenderán los intereses de Israel e intentarán evitar un acuerdo con Irán. La congresista demócrata Debbie Wasserman Schultz afirmó que, si Irán no renuncia a su arsenal nuclear y a su sistema de misiles, «esto será un fracaso». No obstante, los Demócratas, en su mayoría, se contentan con ver a Trump debatirse entre las dos corrientes políticas activas en estos momentos: por un lado, los halcones proisraelíes y antiiraníes y, por otro, sus compinches reclutados entre lo más granado de la oligarquía, preocupados por la recesión económica y las pérdidas electorales de noviembre. En realidad, Irán puede presentarse en Washington como una preocupación estadounidense ante la que Israel tendrá que pasar a un segundo plano. Pero el Líbano y Hezbolá están en las fronteras de Israel y Trump se enfrentará a una enorme resistencia, si intenta obligar a Netanyahu a retirarse por completo del país. Al igual que en Gaza, es mucho más probable que Trump diseñe algún tipo de «acuerdo» cosmético, que permita a Israel continuar su criminal ocupación del sur del Líbano.
Preocupaciones iraníes
Trump no es el único que está nervioso por el memorando de entendimiento. Irán no solo ha logrado resistir el ataque de dos poderosos ejércitos, sino que ha salido de esta guerra en una posición negociadora ventajosa al haber demostrado su capacidad para controlar el estrecho de Ormuz y haber mostrado lo mucho que puede perjudicar a sus vecinos árabes del Golfo. Aun así, Irán ha sufrido terriblemente en esta guerra y sigue haciéndolo. La guerra, el bloqueo estadounidense y el aumento de las sanciones han empeorado una situación económica ya de por sí terrible, caracterizada por una inflación galopante y un rial cuyo valor se ha desplomado. Irán ha demostrado su resistencia en esta guerra, como lo había hecho antes, pero también tiene una población que preferiría, sin duda, dejar de demostrar esa resistencia. Irán no está librando la misma guerra que Estados Unidos o incluso Israel. Ambos están librando una guerra elegida por ellos para alcanzar unos u otros objetivos políticos, aunque en ambos países son muchos quienes creen, que en esta guerra se dirimen objetivos vitales.
El país ha sufrido daños enormes en su infraestructura civil, daños que actualmente no tiene medios para reparar. Irán no puede permitir que esta guerra termine solo para que Estados Unidos e Israel opten dentro de otros seis o doce meses por volver a atacar al país
Irán está librando una guerra por su propia supervivencia, lo cual no se limita únicamente a la República Islámica, sino a su existencia como país caracterizado por una larga y orgullosa historia y por su percepción del lugar legítimo que considera que debe ocupar entre las naciones destacadas del mundo. El gobierno iraní es consciente de que Israel cuenta con una fuerza militar muy superior, un aparato de inteligencia eficiente y poderosos aliados que lo respaldan. Irán carece en gran medida de todos estos activos. Irán sigue siendo vulnerable, a pesar de su impresionante resistencia y su éxito a la hora de defenderse. El país ha sufrido daños enormes en su infraestructura civil, daños que actualmente no tiene medios para reparar. Irán no puede permitir que esta guerra termine solo para que Estados Unidos e Israel opten dentro de otros seis o doce meses por volver a atacar al país.
El destacado experto en Irán Vali Nasr señaló algo importante en un artículo reciente. «Los analistas en Irán han interpretado [los comentarios en Washington sobre la derrota estratégica estadounidense] como una llamada a la guerra. En su opinión, Estados Unidos no tolerará la derrota y cuanto más destaquen figuras prominentes estadounidenses los fracasos de Trump, más probable es que Estados Unidos intente revertir el resultado de esta guerra librando otra». Tiene razón. Artículos como el que estás leyendo ahora irritan a Trump y a sus secuaces, pero la observación de Nasr sirve para poner de relieve por qué todo este proceso se precipita hacia un nuevo punto muerto. O se firma el memorando de entendimiento o habrá más guerra. Si la hay, probablemente terminará con un memorando de entendimiento similar, quizá después de que hayan pasado las elecciones de mitad de mandato estadounidenses. Ello seguirá dejando todas las cuestiones importantes por decidir.
Probablemente, Trump no pueda hacer el tipo de concesiones, que necesitaría para alcanzar un acuerdo aceptable para Irán. Es más probable que el punto muerto en el que nos encontramos ahora mismo, salvo el cierre del estrecho, continúe hasta 2029, cuando otro presidente tendrá la oportunidad de poner fin a este fiasco de una vez por todas. Vale la pena recordar que Joe Biden podría haber hecho precisamente esto, si simplemente hubiera restablecido el Joint Comprehensive Plan of Action (Plan de Acción Integral Conjunto, JCPOA), el acuerdo nuclear con Irán que se negoció y firmó en 2015, cuando era vicepresidente de Barack Obama. Decidió no hacerlo sin duda influido por la misma locura proisraelí, que le llevó a ser cómplice de un genocidio. El próximo presidente, sea quien fuere, tendrá la misma oportunidad. Las condiciones para estipular un acuerdo permanente con Irán serán claras: un acuerdo viable sobre el estrecho, inspecciones del OIEA, que garanticen que Irán no desarrolla un arma nuclear y una hoja de ruta, que incluya la reactivación de la economía iraní y acuerdos regionales para garantizar la seguridad de los Estados del Golfo, incluido Irán. En otras palabras, el JCPOA contemplado y desarrollado en todas las dimensiones que Obama imaginó. Todo lo que necesitamos para llegar a ese punto es la misma determinación resuelta, que mostró el antiguo presidente estadounidense para comportarse de un modo sensato, cuando él también dejó a Israel fuera del proceso para que fuera posible hacer algo realmente inteligente.
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Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.