Estados Unidos e Irán han llegado a un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz, pero Israel podría impedir el fin de la guerra

La diplomacia occidental no pasa por sus mejores momentos con la potencia hegemónica gobernada por una clase dominante inepta y bestial y por un gobierno gánster en la Casa Blanca y con la Unión Europea presa de la elite dirigente más incompetente y lacayuna vista en décadas, incapaz tanto de pensar en el medio plazo como de considerar ni siquiera remotamente las causas estructurales de la crisis multidimensional actual. Entretanto, Estados Unidos e Irán han firmado un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz e iniciar negociaciones para poner fin a la guerra. Es una señal esperanzadora de que esta desastrosa guerra provocada por Estados Unidos podría terminar pronto, pero, una vez más, Israel amenaza con echarlo todo por tierra

Destrucción uno de los buldóceres blindados israelíes, utilizados para derribar viviendas, destruir núcleos urbanos y rurales, demoler monumentos históricos, religiosos o funerarios y destrozar la infraestructura civil en el sur del Líbano, por parte de las fuerzas de Hezbolá, 16 de junio de 2026 – Lebanese News and Updates.
Las fuerzas de Hezbolá destruyen e inutilizan uno de los buldóceres blindados israelíes, utilizados por el Estado terrorista israelí para derribar viviendas, destruir núcleos urbanos y rurales, demoler monumentos históricos, religiosos o funerarios y destrozar la infraestructura civil en el sur del Líbano, 16 de junio de 2026 – Lebanese News and Updates.

De acuerdo con la información disponible, el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán para abrir el estrecho de Ormuz y poner fin oficialmente a los combates entre ambos países se firmó este lunes. Es importante aclarar que, independientemente de las declaraciones de la Casa Blanca, no se trata de un acuerdo de paz. Es un acuerdo para poner fin al enfrentamiento en el estrecho de Ormuz y un compromiso de cesar los combates durante sesenta días mientras se alcanza en el mejor de los casos un acuerdo. El periodo de negociación puede ampliarse, si ambas partes se muestran conformes. Aun así, se trata de un acuerdo importante, que indica que el fin de esta desastrosa guerra podría estar a la vista. Pero, como de costumbre, Israel está dispuesto a desempeñar el papel de aguafiestas. Lo único que está absolutamente claro es que Tel Aviv no renunciará a su objetivo a largo plazo de lograr un cambio de régimen en Irán. Pero si este memorando de entendimiento entra realmente en vigor y abre el estrecho de Ormuz, ese objetivo no se logrará mediante esta guerra.

¿En qué consiste el acuerdo?

Según fuentes funcioanarios estadounidenses, los detalles del memorando de entendimiento se darán a conocer en el transcurso de los próximos días. Pero ya tenemos una idea bastante clara de lo que dice y de lo que no dice. Aunque no se ha anunciado ninguno de los términos, parece seguro que se levantarán los bloqueos mutuos del estrecho y que el tráfico comercial volverá a fluir por todo el Golfo Pérsico, lo cual podría llevar algo de tiempo, ya que hay que retirar las minas colocadas por Irán, un proceso siempre delicado. Pero si todas las partes cooperan, ello se efectuará en poco tiempo. Parece haber consenso en que el alto el fuego sí se aplica al Líbano. Incluso los israelíes parecen creerlo, pero no está del todo claro, qué significa ello exactamente. Israel ocupa actualmente una gran parte del Líbano. Los líderes israelíes ya han dejado claro que no tienen intención de marcharse. Por el momento, parece que el memorando de entendimiento permitirá a Israel permanecer en estos territorios ahora ocupado. El lenguaje que han utilizado ambas partes ha hecho referencia a menudo al «fin de los ataques» contra el Líbano. Irán busca, obviamente, una retirada total de Israel del país, pero todavía está por ver, si está dispuesto a posponer esa exigencia hasta el periodo de negociación en lugar de insistir en que se produzca de forma inmediata.

En el podcast «Breaking Points», el periodista Jeremy Scahill afirma que de acuerdo con la información en su poder la ausencia de represalias contra Israel por parte de Irán tras el ataque del domingo contra el barrio de Dahiya en el sur de Beirut habría propiciado que el presidente estadounidense ejerciera presión sobre Israel para que se retire por completo del Líbano. Ello sería estupendo, si fuera cierto, pero es más probable que Irán se abstuviera de llevar a cabo ese ataque para que Israel no consiguiera lo que quería con su bombardeo, a saber, la ruptura de este memorando de entendimiento. Así pues, el Líbano sigue destacando como el principal punto de ruptura, que podría hacer saltar por los aires este acuerdo.

Algunos medios han informado de que el memorando de entendimiento incluye un acuerdo para que Estados Unidos y sus aliados desbloqueen en torno a 24 millardos de dólares en concepto de activos iraníes congelados. Otras informaciones han omitido este punto. Lo más probable es que el gobierno de Trump, repleto como está de figuras, incluido el propio presidente, que han criticado sin tregua a Barack Obama por entregar a Irán «palés de dinero en efectivo» en el curso de las negociaciones conducentes a la firma del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015, esté tratando de encontrar una forma de satisfacer las demandas de fondos de Irán sin levantar las sanciones demasiado pronto ni entregar al país dinero en efectivo o acceso directo al mismo. El gobierno de Trump está buscando alternativas de modo que otros países pongan discretamente a disposición de Irán sus fondos congelados. Se ha informado también de que los Emiratos Árabes Unidos han hecho precisamente esto en los últimos días y, a pesar de sus vehementes desmentidos, es muy probable que esa información sea cierta. La mayor parte del dinero procedería de Catar, que liberaría 24 millardos de dólares en dos transacciones, una al inicio de las negociaciones y otra al final. No está claro si Estados Unidos ha aceptado esta transaccion, que parece haber sido propuesto por Catar.

Hezbolá ha afirmado que tiene derecho a la autodefensa tanto contra la agresión como contra la ocupación israelíes, tal y como, de hecho, le reconoce el derecho internacional

Irán, por su parte, proporcionará a Trump el argumento que necesita al comprometerse, una vez más, a no desarrollar armas nucleares. Dado que esta ha sido su postura durante décadas y dado que los servicios de inteligencia estadounidenses han confirmado su veracidad durante todo ese tiempo, no se trata de una gran exigencia por parte de Teherán. Pero Trump lo presentará así y a Irán parece que le viene muy bien tal componenda.

Israel está intentando sabotear el proceso, de nuevo

Los líderes israelíes se apresuran a elaborar un discurso interno sobre lo que supone una derrota decisiva para ellos y para Estados Unidos. El primer ministro Benjamin Netanyahu prometió, que «permaneceremos en las zonas de seguridad todo el tiempo que sea necesario para defender nuestro país». Las «zonas de seguridad», en el lenguaje de Netanyahu, significan territorios ocupados. Continuó diciendo, al más puro estilo trumpiano: «Irán avanzaba a toda velocidad hacia la obtención de un arma nuclear. Si no hubiéramos actuado en el momento en que lo hicimos y con la fuerza con la que lo hicimos […] Irán ya tendría bombas atómicas». Eso es, por supuesto, una mentira absoluta, contradicha por todas las evaluaciones de los servicios de inteligencia israelíes, estadounidenses, europeos y de cualquier otro país que se haya tomado la molestia de analizar las ambiciones nucleares iraníes. El hecho de que sienta la necesidad de decirlo es una muestra de la desesperación de Netanyahu. También es una muestra de su necesidad de apaciguar a Trump, reafirmando la falsa narrativa de una victoria estadounidense.

Naftali Bennett, uno de los principales candidatos para sustituir a Netanyahu en las próximas elecciones, prometió, que «el reloj para el cambio de régimen en Irán comenzará a correr tan pronto como cambie el gobierno de Israel». Bennett aboga por una estrategia en varios frentes, que depende más de la capacidad de Israel para avivar la oposición interna en Irán que de recurrir, como ha hecho Netanyahu, a la presión militar, aunque este último también ha utilizado la infiltración y el espionaje

Mientras tanto, el enésimo ataque israelí causó la muerte de una persona e hirió a un periodista en la localidad de Kfar Tebnit, en el sur del Líbano. Esto no fue más que una pequeña señal de que Israel pretende mantener los combates en el Líbano como medio para echar por tierra el acuerdo con Irán. Hezbolá ha afirmado que tiene derecho a la autodefensa tanto contra la agresión como contra la ocupación israelíes, tal y como, de hecho, le reconoce el derecho internacional. Estos hechos sobre el terreno crean una oportunidad clara de sabotaje para Israel, a menos que Trump esté dispuesto a actuar con firmeza para frenar al Estado sionista. Este dilema es un resultado intencionado del marco que Irán ha establecido. Los iraníes están poniendo a prueba a Trump para ver si puede y quiere frenar a Israel. Teherán seguramente está tan poco impresionado como muchos de nosotros por la reprimenda pública y plagada de epítetos, que Trump ha dirigido recientemente a Netanyahu. Como ya he señalado, a Netanyahu tampoco le ha impresionado. Las palabras, por muy duras o vulgares que sean, no tienen ningún peso aquí. Solo la amenaza de consecuencias reales obligará a Netanyahu a dar marcha atrás en el Líbano, y nadie, incluidos los iraníes, sabe si Trump se las impondrá a su aliado.

Más riesgo para Irán

Mientras Trump se enfrenta a una intensa presión electoral para poner fin a esta guerra, Netanyahu se enfrenta a una presión todavía mayor por parte de los partidarios de la línea dura, que pueblan la oposición israelí. Naftali Bennett, uno de los principales candidatos para sustituir a Netanyahu en las próximas elecciones, prometió, que «el reloj para el cambio de régimen en Irán comenzará a correr tan pronto como cambie el gobierno de Israel». Bennett aboga por una estrategia en varios frentes, que depende más de la capacidad de Israel para avivar la oposición interna en Irán que de recurrir, como ha hecho Netanyahu, a la presión militar, aunque este último también ha utilizado la infiltración y el espionaje. Para Bennett la clave no es tanto la presión militar como el mantenimiento de las sanciones y la utilización de las dificultades económicas para fomentar la agitación contra el gobierno iraní. Se trata de una estrategia mucho más inteligente, aunque es igualmente improbable que produzca el resultado que Israel podría desear.

Este es el obstáculo al que se ha enfrentado Netanyahu durante cuarenta años: no puede declarar la guerra a Irán sin el apoyo estadounidense. Hasta ahora, ningún presidente estadounidense había sido tan insensato como para brindarle ese apoyo. Y ahora, incluso el más insensato de todos ha comprendido por qué sus predecesores se lo habían negado

Los líderes iraníes saben que tienen un grave problema de popularidad interna, que el ataque estadounidense-israelí solo ha disimulado temporalmente. Si la guerra llega a su fin, la economía todavía tiene un largo camino por recorrer hasta su recuperación y el propio gobierno iraní sigue siendo autoritario y represivo. Muchos iraníes no olvidarán los acontecimientos del pasado mes de enero, cuando murieron miles de manifestantes. Sea cual fuere el papel que hayan desempeñado los agentes israelíes a la hora de convertir esas protestas en manifestaciones violentas, esos iraníes fueron asesinados en todo caso por las fuerzas gubernamentales. Netanyahu también seguirá esta estrategia, si no consigue reanudar la guerra total contra Irán. Y si el memorando de entendimiento entra en vigor, la guerra total se vuelve mucho más difícil de lograr, ya que significaría el cierre del estrecho de Ormuz de nuevo, algo con lo que es poco probable que Trump y el resto de los líderes mundiales cooperen. Este es el obstáculo al que se ha enfrentado Netanyahu durante cuarenta años: no puede declarar la guerra a Irán sin el apoyo estadounidense. Hasta ahora, ningún presidente estadounidense había sido tan insensato como para brindarle ese apoyo. Y ahora, incluso el más insensato de todos ha comprendido por qué sus predecesores se lo habían negado.

Reacciones estadounidenses

Como era de esperar, el escepticismo cundió tanto entre el Partido Demócrata como entre el Partido Republicano respecto al memorando de entendimiento. El republicano prosionista Lindsey Graham, cuidándose de no pisarle los talones a Trump, tuiteó: «Me preocupa un poco que la visión que tiene Irán del acuerdo parezca diferente de lo que afirma el equipo negociador estadounidense. Según nuestra legislación, cualquier acuerdo nuclear con Irán se remitirá al Congreso para su revisión y votación. Espero con interés examinar el resultado final y creo que es imprescindible que el artífice del acuerdo, el vicepresidente Vance y sus socios en la negociación, formen parte del proceso de presentación del acuerdo definitivo al Congreso». Para que quede claro, el memorando de entendimiento no es un acuerdo nuclear con Irán. Trump no necesita la aprobación del Congreso para avanzar el primero, pero tendrá que someter al Congreso, eso sí, cualquier acuerdo definitivo que abarque el programa nuclear de Irán y el levantamiento de las sanciones estadounidenses relacionadas con el mismo a tenor de la Iran Nuclear Agreement Review Act  (2015), que permite al Senado aprobar una resolución conjunta de desaprobación [Joint Resolution of Disapproval], que solo anularía el acuerdo, si esta cámara lograra anular un hipotético veto presidencial para lo cual se precisa un amplio apoyo bipartidista. Por ello, es importante que el líder de la oposición del Partido Demócrata, Chuck Schumer (D-NY), también haya expresado su escepticismo y al hacerlo se haya mostrado muy en sintonía con la posición de Graham.

La declaración de Schumer dice entre otras cosas lo siguiente: «El pueblo estadounidense merece detalles y total transparencia: ¿qué incluye exactamente este “memorando de entendimiento”? […]. Trump debe hacer públicos los detalles, informar al Congreso de inmediato y poner fin a esta guerra de una vez por todas». Pero el hecho de que el memorando de entendimiento cuente con la aprobación de Schumer o de Graham carece de importancia, ya que no tendrán ni voz ni voto hasta que se alcance un acuerdo definitivo. Sus respuestas, sin embargo, contribuirán a conformar la política en torno a las expectativas razonables suscitadas para las conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Este panorama político, al menos en el Partido Demócrata, también se verá condicionado por lo que se está convirtiendo en las netas divisiones imperantes entre sus representantes y simpatizantes proisraelíes.

La mayoría demócrata de extrema derecha partidaria de Israel ha instado a Trump, como era de esperar, a que acepte únicamente condiciones que Irán nunca podrá aceptar. El Jewish Democratic Council of America, situado en posiciones de centro-derecha, formuló algunas críticas legítimas a la guerra de Trump, pero también le criticó por no permitir que Israel actuara sin restricciones y por conceder a Irán cualquier tipo de alivio financiero. Por otro lado, los sionistas liberales expresaron su apoyo al acuerdo. J Street «acoge con satisfacción el anuncio de un acuerdo para poner fin a la guerra con Irán. Aunque los detalles del acuerdo todavía no están claros, poner fin a este devastador conflicto salvará vidas, reducirá el riesgo de una mayor escalada regional y aliviará el grave perjuicio económico, que esta guerra ha infligido a innumerables personas en todo el mundo». Del mismo modo, Hadar Susskind, de New Jewish Narrative, declaró: «Llevamos años defendiendo que la fuerza militar por sí sola no puede garantizar la seguridad de Israel ni la estabilidad de la región. Esta guerra ha demostrado ese punto acarreando un coste enorme. Ya es hora de que los líderes de Israel y Estados Unidos apliquen la lección». Todo ello implica una nueva división entre los grupos judíos alineados con el Partido Demócrata, ya que a J Street y New Jewish Narrative se sumarían seguramente grupos antisionistas y no sionistas, que apoyarían un acuerdo que pusiera fin a la guerra, aunque no en los mismos términos que los grupos proisraelíes. Si finalmente se materializa un acuerdo con Irán a partir de la semilla plantada por el actual memorando de entendimiento, la presión de esos sectores podría ser decisiva para garantizar que el Congreso no pueda frustrarlo.


Recomendamos leer Jeremy Scahill, «El arte de la capitulación: entrevista al analista iraní Hassan Ahmadian»; Abdaljawad Omar, «Cuál es realmente el significado del último intercambio de ataques entre Irán e Israel y qué significa para la región»; Richard Beck, «Cómo se desmorona una hegemonía global: la crisis de Estados Unidos y la política reaccionaria imperante en el sistema-mundo capitalista»;  y William I. Robinson y M. Gürsan Şenalp, «La Pax Silica, el genocidio de Gaza y la crisis del capitalismo global», todos ellos publicados en Ant/agón. Mitchell Plitnick,  «Ha llegado el momento de que Trump elija entre los intereses de Estados Unidos y los de Israel en la guerra contra Irán» y «¿Prescindirá Trump de Israel para llegar a un acuerdo con Irán?», Ant/agón.

Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.