Qué significa el último recrudecimiento de la tensión entre Estados Unidos e Irán
Estados Unidos e Irán han intercambiado ataques recíprocos durante los últimos días, al tiempo que han evitado cuidadosamente embarcase en una guerra total. La diferencia entre ambos contendientes, dejando al margen al Estado genocida israelí, es que Irán tiene más motivos para poner fin al punto muerto actual y menos paciencia con la estrategia de «guerra eterna» implementada por Washington. Entretanto, la Unión Europea sigue sin participar en modo alguno en la coyuntura, dada la bellaquería, la ínfima calidad y la impostura de su clase dirigente, mientras los movimientos y la izquierda europea y global no logran salir de su actual sopor ni intervenir en el escenario global, como sí hicieron cuando el 15 de febrero de 2003 lograron movilizar a 30 millones de personas en todo el mundo para oponerse al inicio de la Guerra de Iraq (Do you remember the social movements as «the second superpower»?), guerra lanzada por las mismas clases dominantes y dirigentes, criminales, militaristas, coloniales e imperialistas, que hoy llevan a la humanidad al abismo
Durante los últimos días se ha producido un recrudecimiento de la guerra de elección, que Estados Unidos lanzó contra Irán el pasado año. Las fuerzas estadounidenses han efectuado una serie de ataques contra Irán, causando la muerte tanto de personal militar como de civiles iraníes. Entre estos últimos se cuentan cinco personas que asistían a una boda, dos de ellas niños. Irán respondió atacando instalaciones militares estadounidenses en Kuwait, Baréin, Jordania y, más tarde, en los Emiratos Árabes Unidos. Si bien los ataques mutuos, incluido el probable crimen de guerra cometido por Estados Unidos, han representado una ruptura de lo que había sido una relativa tregua en los combates, también se han calibrado por ambos contendientes para que cada parte mantuviera el control sobre la escalada. Ninguna de las partes busca una escalada inmediata, que suponga volver a los enfrentamientos a gran escala de los meses de primavera.
La estrategia estadounidense, en la medida en que el gobierno de Donald Trump tenga alguna, consiste actualmente en imponer sanciones cada vez más estrictas a Irán, cortando fuentes de ingresos alternativas, y en esperar que el colapso económico consiga hoy lo que la potencia estadounidense no ha logrado en cuarenta y siete años de hostilidades, esto es, derrocar a la República Islámica. Irán, por el contrario, está tratando de mantener el control del estrecho de Ormuz, mientras sigue alejando al ejército de Estados Unidos de la región del Golfo Pérsico
Ello no debe dar a entender, sin embargo, que ambas partes se muestren igualmente reacias a reavivar un conflicto de mayor envergadura. Aunque Irán corre un riesgo mucho mayor juego, si se vuelve a una guerra total, también tiene más incentivos que Estados Unidos para poner fin al actual estado de tensión, caracterizado fundamentalmente por una menor potencia de fuego y una mayor intensidad de la guerra económica. La estrategia estadounidense, en la medida en que el gobierno de Donald Trump tenga alguna, consiste actualmente en imponer sanciones cada vez más estrictas a Irán, cortando fuentes de ingresos alternativas, y en esperar que el colapso económico consiga hoy lo que la potencia estadounidense no ha logrado en cuarenta y siete años de hostilidades, esto es, derrocar a la República Islámica. Irán, por el contrario, está tratando de mantener el control del estrecho de Ormuz, mientras sigue alejando al ejército de Estados Unidos de la región del Golfo Pérsico. Su mayor insistencia en atacar las bases estadounidenses que quedan en Kuwait, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos va acompañada de una atención creciente hacia las posiciones estadounidenses en Jordania. Pero parece, al menos por el momento, que Irán ha decidido abstenerse de nuevos ataques contra Arabia Saudí y Catar.
¿Cómo pretende Trump vender esa guerra a sus seguidores del movimiento «MAGA», que le respaldaron confiando en su promesa de «no [librar] más guerras eternas»? De la misma forma que siempre: mintiéndoles
Ello indica que Irán está tratando de promover un nuevo régimen de seguridad regional, reduciendo el papel de Estados Unidos y desplazando así el foco de la defensa de Irán a Israel. Ello constituye una estrategia a largo plazo más prudente, lo cual es sensato por parte de Teherán, ya que Estados Unidos está efectuando simultáneamente otras maniobras, que amenazan con arraigar este conflicto en el tiempo, lo cual daría lugar a una nueva «guerra eterna». ¿Cómo pretende Trump vender esa guerra a sus seguidores del movimiento «MAGA», que le respaldaron confiando en su promesa de «no [librar] más guerras eternas»? De la misma forma que siempre: mintiéndoles.
Censura mediática y desinformación
Desde el inicio de esta guerra, tanto Estados Unidos como Irán se han esforzado por ocultar información sobre los daños que respectivamente han sufrido. Sin embargo, Irán tiene más motivos que Estados Unidos para dar a conocer los suyos, por lo que hemos tenido una visión algo más clara de determinadas acciones estadounidenses, como el bombardeo de esta semana de una boda en la localidad de Sirik. Una investigación de Reuters ha confirmado lo que ya estaba claro desde el principio: Estados Unidos había atacado directamente el lugar de la boda. Obviamente, Irán quiere dar a conocer al mundo este tipo de crímenes, mientras que Estados Unidos, que no pone en peligro a sus propios civiles en esta guerra, no tiene ese interés. Por supuesto, Irán tiene otras razones para ocultar algunos datos, como el alcance de los daños que Estados Unidos ha causado a su capacidad de fabricación de misiles y drones. Tanto si esta capacidad se ha visto tan mermada como afirma dudosamente Estados Unidos como si permanece prácticamente intacta, mantener ese conocimiento en secreto resulta ventajoso para Teherán.
Los ataques de esta última semana ilustran esa ventaja. Los ataques estadounidenses, aunque han sido los de mayor envergadura en muchas semanas, se dirigieron principalmente contra objetivos que ya habían sido atacados anteriormente, por lo que es poco probable que hayan causado muchos más daños, dada la movilidad de los sistemas defensivos iraníes. Por otro lado, Estados Unidos ha afirmado, que los ataques iraníes lanzados como respuesta a los mismos fueron todos interceptados o golpearon en zonas deshabitadas. Otras informaciones lo desmienten, respaldando las afirmaciones iraníes de haber alcanzado instalaciones estadounidenses de comunicaciones, radares y hangares, así como el cuartel general de un comandante estadounidense. No hay forma de saber con certeza cuál es la verdad, pero sí podemos constatar que afirmaciones estadounidenses similares efectuadas anteriormente han demostrado su falsedad semanas después. La restricción de la información no ha hecho más que intensificarse desde entonces.
Las evaluaciones de los daños no son el único ámbito de desinformación. Ambas partes tienen interés en dar la impresión de que controlan totalmente el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Irán insiste en que el estrecho está cerrado, pero algunos barcos están logrando atravesarlo, incluso sin su permiso. Los buques se desplazan de forma sigilosa, a menudo de noche, y con los transpondedores apagados para evitar ser detectados. Van acompañados por fuerzas navales y aéreas estadounidenses, una operación costosa, provocadora e insostenible, pero que ha aliviado temporalmente, en cierta medida, la escasez mundial de petróleo provocada por esta guerra. Sin embargo, la afirmación de esta semana del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, de que Estados Unidos logró pasar 17 millones de barriles de petróleo por el estrecho de Ormuz el lunes, cifra prácticamente equiparable al tráfico que atravesaba el estrecho antes de la guerra, ha sido recibida con un escepticismo generalizado. Las agencias de seguimiento comercial solo detectaron un puñado de buques transitando por el estrecho ese día, lo cual no tiene nada que ver con los más de cien que deberían haberlo hecho para alcanzar la cifra ofrecida por Wright. Estas empresas no se basan solo en las señales de los transpondedores para contabilizar el tráfico, sino también en imágenes de satélite.
Los altos precios del petróleo socavan las afirmaciones de Trump sobre la victoria y el control del estrecho de Ormuz. No obstante, el presidente estadounidense todavía podría engañar a parte de la opinión pública, si el conflicto armado no se recrudece de nuevo
El mercado petrolero tampoco parece convencido de las afirmaciones del gobierno de Trump. Los cargamentos de crudo que salen ahora del Golfo tardarían varias semanas en llegar al mercado, por lo cual no cabría esperar que los precios del crudo bajasen todavía. Pero si los compradores de petróleo creyeran estas cifras, cabría esperar un efecto en el precio de los futuros del crudo, que se basa en el mercado previsto, no en el actual. Sin embargo, esos precios tampoco han bajado. Los altos precios del petróleo socavan las afirmaciones de Trump sobre la victoria y el control del estrecho de Ormuz. No obstante, el presidente estadounidense todavía podría engañar a parte de la opinión pública, si el conflicto armado no se recrudece de nuevo.
Lo que sí lo está claro es que no es probable que Irán permita que Trump estrangule la economía iraní sin dar una respuesta. Ese fue el mensaje que envió Irán al seguir atacando objetivos estadounidenses incluso después de haber respondido a los primeros ataques estadounidenses. Esa estrategia se está volviendo todavía más imperativa a medida que el gobierno de Trump, de forma consciente o no, toma medidas para prolongar esta guerra. Hay dos cuestiones, más allá del enfrentamiento directo entre Irán y Estados Unidos en el Golfo Pérsico, que deben resolverse para que esta guerra termine. Se trata de la invasión y ocupación israelíes del Líbano y de la cuestión del programa nuclear iraní
Los primeros ataques de Trump durante la pasada semana parecen haber tenido como objetivo disuadir a Irán de ejercer un mayor control sobre el estrecho mediante la colocación de más minas y el despliegue de más lanzaderas de misiles. No está claro, si los ataques estadounidenses lograron ese objetivo. Lo que sí lo está es que no es probable que Irán permita que Trump estrangule la economía iraní sin dar una respuesta. Ese fue el mensaje que envió Irán al seguir atacando objetivos estadounidenses incluso después de haber respondido a los primeros ataques estadounidenses. Esa estrategia se está volviendo todavía más imperativa a medida que el gobierno de Trump, de forma consciente o no, toma medidas para prolongar esta guerra.
El arraigo de la guerra en el Líbano y Arabia Saudí
Hay dos cuestiones, más allá del enfrentamiento directo entre Irán y Estados Unidos en el Golfo Pérsico, que deben resolverse para que esta guerra termine. Se trata de la invasión y ocupación israelíes del Líbano y de la cuestión del programa nuclear iraní. La invasión israelí del Líbano debe terminar para que haya negociaciones dotadas de alguna esperanza de éxito. La falta de resolución de la cuestión nuclear echará por tierra cualquier acuerdo que pudiera alcanzarse sobre el actual conflicto bélico y el futuro es actualmente muy difícil de prever. Los acontecimientos de esta semana han complicado ulteriormente el abordaje de ambas cuestiones.
Irán había advertido a Estados Unidos de que no permitiera que Israel atacara la cresta montañosa de Ali Taher, que era un puesto avanzado clave de Hezbolá. La advertencia no debería haber sido necesaria, ya que se supone que hay un alto el fuego firmado y que tanto Israel como Hezbolá deben mantener sus posiciones hasta que se alcance una solución. Ni siquiera ese acuerdo injusto fue suficiente para Israel, que, dada la impunidad de la que sigue disfrutando, siguió adelante y destruyó el cuartel general de Hezbolá, sin provocación alguna. Como siempre, un alto el fuego significa que la otra parte cesa en sus acciones, mientras que Israel sigue disparando. Los informes iniciales indicaban que también había personal del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en la cresta de Ali Taher, pero los informes posteriores a la operación afirmaron, que no había ninguno. Es posible que el personal iraní haya sido evacuado para evitar el asalto israelí. En cualquier caso, queda por ver si Irán tomará represalias, pero incluso si no lo hace, hay pocas esperanzas de que Israel se retire del Líbano en un futuro previsible. Las conversaciones celebradas en Washington entre Israel y el gobierno libanés, que siempre ha sido un espectáculo secundario desprovisto de todo sentido e importancia, se han interrumpido, ya que el actual presidente libanés no ha sido capaz de mantener su credibilidad.
Incluso en el improbable caso de que se resolviera la cuestión del Líbano y se pudieran encontrar y acordar las condiciones para poner fin a la guerra en el Golfo, ni Irán ni Estados Unidos pueden acabar con la guerra sin un acuerdo sobre el programa nuclear iraní, que levante las sanciones económicas impuestas contra la República Islámica. Por si la situación no fuera ya lo suficientemente enrevesada, esta semana hemos sabido que Estados Unidos y Arabia Saudí habían firmado un acuerdo para ayudar a la monarquía saudí a desarrollar el correspondiente programa de energía nuclear
Las inminentes elecciones de mitad de mandato sin duda harán que Trump se muestre aún más reacio a presionar a Israel sobre el Líbano y tras ellas es totalmente posible, que un Trump derrotado y por ende ya totalmente debilitado en su presidencia emprenda cursos de acción todavía más radicales que los emprendidos hasta la fecha. Ello, por supuesto, concedería a Israel todavía más libertad para actuar a su antojo. La precaria posición del primer ministro israelí no hace sino inclinarle aún más hacia la agresión desatada. Incluso en el improbable caso de que se resolviera la cuestión del Líbano y se pudieran encontrar y acordar las condiciones para poner fin a la guerra en el Golfo, ni Irán ni Estados Unidos pueden acabar con la guerra sin un acuerdo sobre el programa nuclear iraní, que levante las sanciones económicas impuestas contra la República Islámica. Por si la situación no fuera ya lo suficientemente enrevesada, esta semana hemos sabido que Estados Unidos y Arabia Saudí habían firmado un acuerdo para ayudar a la monarquía saudí a desarrollar el correspondiente programa de energía nuclear. Sin duda, este acuerdo dificultará ulteriormente que Estados Unidos alcance un acuerdo con Irán y es probable que esa dificultad persista más allá de la presidencia de Trump. El acuerdo nuclear permitiría a Arabia Saudí enriquecer uranio hasta el 20 por 100, nivel que Estados Unidos ya había criticado, cuando Irán alcanzó esa cifra hace más de quince años. Además, el acuerdo no obligaría a Riad a adherirse al Protocolo Adicional, que permite inspecciones mucho más intrusivas por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica y al que Irán sí se adhirió como parte del Plan de Acción Integral Conjunto firmado en 2015 conjuntamente con Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia, más Alemania y la Unión Europea (JCPOA).
Todos estos factores se están entrelazando y encaminando el conflicto en una dirección realmente preocupante. La salida, sin embargo, sigue siendo clara: un acuerdo negociado en la línea del Memorándum de Entendimiento alcanzado en junio, combinado con elementos del JCPOA y garantías internacionales para todo ello. ¿Significa eso que Estados Unidos tendría que admitir su derrota? Sí. Pero esa derrota ya es evidente e Irán no va a permitir que Estados Unidos prolongue indefinidamente esta guerra y el estrangulamiento económico de la República Islámica
Se trata de un claro doble rasero, que hará que Irán se muestre todavía más reacio de lo que ya lo está a encontrar un terreno común de diálogo con Estados Unidos sobre la cuestión nuclear. A ello se suma el hecho de que la propia guerra ha aumentado la determinación iraní de desarrollar armamento de este tipo. Todos estos factores se están entrelazando y encaminando el conflicto en una dirección realmente preocupante. La salida, sin embargo, sigue siendo clara: un acuerdo negociado en la línea del Memorándum de Entendimiento alcanzado en junio, combinado con elementos del JCPOA y garantías internacionales para todo ello. ¿Significa eso que Estados Unidos tendría que admitir su derrota? Sí. Pero esa derrota ya es evidente e Irán no va a permitir que Estados Unidos prolongue indefinidamente esta guerra y el estrangulamiento económico de la República Islámica. Con el tiempo, se producirán enfrentamientos en la región y posiblemente más allá de la misma, que eclipsarán con creces lo que ya hemos visto hasta la fecha. Esta guerra ya ha sido lo suficientemente aciaga. Cuanto más se prolongue, más difícil será ponerle fin y más probable será que se produzca un desastre global.
Recomendamos leer Mitchell Plitnick, «Tras renunciar al uso de la fuerza militar, ¿el nuevo plan de Trump para derrotar a Irán consiste realmente en aplicar más sanciones económicas?», «Contener a Irán y sostener las políticas agresivas de Israel ha sido un enorme error político y diplomático occidental» y «Por qué la izquierda debería apoyar el acuerdo de Trump con Irán», Richard Beck, «Cómo se desmorona una hegemonía global: la crisis de Estados Unidos y la política reaccionaria imperante en el sistema-mundo capitalista», William I. Robinson y M. Gürsan Şenalp, «La Pax Silica, el genocidio de Gaza y la crisis del capitalismo global», New Left Review, «Irán bajo el fuego militar: entrevista a Ervand Abrahamian», y «La guerra del Golfo y la dialéctica bélica, política y geopolítica estadounidense-iraní: nueva entrevista a Ervand Abrahamian», todos ellos publicados en Ant/agón. Tariq Ali, «Tierras conquistadas», NLR 151. Wolfgang Streeck, «La guerra de Irán y sus consecuencias: entrevista a Wolfgang Streeck», Diario Red.
Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.