La guerra del Golfo y la dialéctica bélica, política y geopolítica estadounidense-iraní: nueva entrevista a Ervand Abrahamian

Ervand Abrahamian, uno de los mayores expertos en la historia del Irán moderno, profesor en las Universidades de Princeton, New York, Columbia y Oxford y en la actualidad Distinguished Professor en el  Baruch College y en el CUNY Graduate Center, analiza en esta entrevista realizada por la NLR, que se añade a la efectuada a principios de este año, cómo ha evolucionado la situación bélica en el Golfo, cuáles has sido las decisiones estratégicas de los contendientes y cuáles pueden ser los escenarios más plausible de esta guerra de elección auspiciada por la insólita torpeza del actual gobierno estadounidense y por las política genocida del régimen terrorista israelí

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La tarde del viernes 20 de marzo de 2026 una enorme multitud se reunió en la plaza Enqelab [Revolución], en el centro de Teherán, para celebrar el Nowruz, que marca la llegada de la primavera y el Año Nuevo persa – The Tehran Times.

Cuando hablaste con la NLR a principios de este año, Irán acababa de salir de la represión de las protestas de enero. ¿Cómo ves la situación interna tras seis meses de guerra? ¿Está el país en el trance de sufrir otra gran explosión social?

Sin duda hay dificultades, pero ello no es nada nuevo. Las sanciones llevan mucho tiempo en vigor. Fueron la causa subyacente del reciente levantamiento popular. Así que se trata de un factor constante vigente a largo plazo. Que las dificultades económicas conduzcan a la caída del régimen es otra cuestión. Sabemos por otros casos que las sanciones, por muy severas que sean, no logran este objetivo. ¿Por qué invadió George W. Bush Iraq? Porque años de sanciones no bastaron para derrocar a Sadam Husein. Lo mismo ocurrió con Gadafi. Lo intentaron con Assad y también fracasaron. Creo que, en el caso de Irán, las penurias van a ser graves, especialmente para las clases bajas y medias, pero no creo que ello conduzca a un cambio de régimen. La Guardia Revolucionaria está totalmente comprometida con el gobierno. No es un ejército enorme capaz de conquistar a los países vecinos, pero es lo suficientemente grande como para controlar los barrios de las ciudades. En el pasado se ha mostrado dispuesta a disparar contra manifestantes desarmados.

A Weber le sorprendería descubrir que Estados Unidos, que se suponía que era un Estado moderno con una burocracia institucionalizada, se ha convertido en un sultanato, donde el sultán toma las decisiones por su cuenta, siguiendo los consejos de esclavos o sirvientes de la casa. El caos que reina allí se parece más a una película de los hermanos Marx. El régimen iraní es muy diferente. A pesar de estar liderado por teócratas medievales, se halla altamente institucionalizado. Por ello ni siquiera la decapitación de los líderes del régimen provocó su colapso. Creo que eso es lo que esperaban los israelíes. Tres o cuatro días de bombardeos, le aseguraron a Trump, y el régimen caería. Habría un cambio de régimen o –y sospecho que esto es lo que los israelíes pensaban realmente– el país se hundiría en una guerra civil. Pero eso no ocurrió

En cierta medida, la guerra ha consolidado de hecho al régimen. A finales del año pasado, cuando comenzaron los disturbios, el régimen había perdido gran parte de su legitimidad, porque había socavado su propia base social. El régimen conservaba quizá el apoyo de entre el 15 y el 20 por 100 de la población, pero la guerra le ha dado una segunda vida. Incluso quienes desprecian al régimen se sienten muy orgullosos de que Irán haya sido capaz de plantar cara a una gran potencia y, de hecho, de dejarla en ridículo. Se podría establecer un paralelismo con la Unión Soviética. Los bolcheviques había acumulado una gran legitimidad, pero la perdieron en la década de 1930 a causa de la gran hambruna y las purgas. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial dio a los soviéticos una segunda vida, que se prolongó durante generaciones. El régimen de Putin sigue intentando esgrimir la Gran Guerra Patriótica como fuente de legitimidad. Creo que el régimen iraní hará lo mismo.

La forma en que se ha orquestado todo esto hasta ahora, por ejemplo, con el funeral de Jamenei, demuestra que el régimen está muy afianzado institucionalmente. A Weber le sorprendería descubrir que Estados Unidos, que se suponía que era un Estado moderno con una burocracia institucionalizada, se ha convertido en un sultanato, donde el sultán toma las decisiones por su cuenta, siguiendo los consejos de esclavos o sirvientes de la casa. Esto es algo que me llama la atención al leer la prensa estadounidense, especialmente The New York Times, que, de hecho, ha ofrecido abundante información sobre las decisiones tomadas en Washington. El caos que reina allí se parece más a una película de los hermanos Marx. El régimen iraní es muy diferente. A pesar de estar liderado por teócratas medievales, se halla altamente institucionalizado. Por ello ni siquiera la decapitación de los líderes del régimen provocó su colapso. Creo que eso es lo que esperaban los israelíes. Tres o cuatro días de bombardeos, le aseguraron a Trump, y el régimen caería. Habría un cambio de régimen o –y sospecho que esto es lo que los israelíes pensaban realmente– el país se hundiría en una guerra civil. Pero eso no ocurrió. Las instituciones sobrevivieron y parecen a fecha de hoy realmente sólidas. Estoy seguro de que hay mucha rivalidad personal y política entre los altos dirigentes iraníes, pero siguen comprometidos con la preservación de su República.

En cuanto a la situación económica, ha circulado información de que recientemente el gobierno iraní ha recortado las ayudas al pan y de que los precios se han duplicado. Parece una política arriesgada.

Sí, pero el régimen es muy hábil a la hora de racionar los suministros. Probablemente habrá ayudas para los sectores más pobres de la población. Una vez más, las instituciones son muy eficientes. Esto ya quedó patente durante la guerra entre Irán e Ira en la década de 1980. El gobierno de Musaví se caracterizó por garantizar que no hubiera escasez. Hasta ahora, a pesar de todas las dificultades, parece que hay suficientes alimentos y productos básicos. Hay paralelismos con el periodo de Mosaddeq (1951-1953). El consenso occidental era que el embargo petrolero hundiría la economía, pero no fue así. Aunque Irán no pudo exportar petróleo entre 1951 y 1953, se trataba principalmente de una economía agrícola y las cosechas fueron buenas. Así pues, no hubo una crisis real que pudiera haber derrocado al gobierno en aquel momento. Desde 1979 el régimen siempre ha insistido en la autosuficiencia de los productos básicos. Pueden resistir mucho, porque pueden recurrir a la producción nacional y a otras formas de eludir el embargo. No quiero restar importancia a las dificultades, pero no creo que sean suficientes para destruir al régimen.

Si pueden seguir vendiendo petróleo, especialmente a China, dispondrán de algunos ingresos para amortiguar la crisis económica. Están utilizando otras rutas. Y cuentan con una gran flota de petroleros fuera de la región. No lo venden a buen precio, pero al menos les reporta algunos ingresos. Una vez más, están actuando con mucha astucia política y estaban preparados para el escenario actual. Disponen, en mi opinión, de la mayor flota de petroleros del mundo capaz de almacenar y transportar petróleo por todo el mundo para venderlo aquí y allá.

Ha circulado información en la prensa occidental sobre la existencia de divisiones en el seno del grupo dirigente iraní en torno a las negociaciones. ¿Cuál es tu valoración al respecto?

Se les otorga demasiada importancia a esas diferencias. Una cosa en la que insiste The New York Times es que el verdadero problema en las negociaciones son los partidarios de la línea dura en Irán. Esto es falso. Históricamente, los partidarios de la línea dura siempre han estado dispuestos a llegar a un acuerdo con Estados Unidos. Jomeini, incluso mientras denunciaba a Estados Unidos e Israel como satánicos, era realmente maquiavélico entre bastidores. Basta con recordar el Irangate. Lo mismo ocurría con el anciano Jamenei. A pesar de toda la retórica, sus representantes estaban dispuestos a negociar y a llegar a un acuerdo. Hay que separar la retórica de Teherán de sus políticas reales. Creo que los llamados «radicales» de hoy estarían dispuestos a llegar a un acuerdo, si pudieran confiar en la otra parte.

Hoy en día, los partidarios de la línea dura en Teherán no piensan en extender la revolución, piensan en la defensa del país. La percepción pública es importante: no quieren parecer intransigentes, aunque tengan buenas razones para serlo. Quieren demostrar que están dispuestos a llegar a un acuerdo y que el fracaso hasta la fecha es culpa de la otra parte. Por eso creo que firmaron el memorándum de entendimiento el pasado mes de junio. Si se hiciera una oferta real, se verían sometidos a la presión pública, pero no quieren dar la impresión de que les están tomando el pelo

Y no hace falta ser un partidario de la línea dura para desconfiar de Trump. ¿Qué tipo de acuerdo se puede alcanzar con alguien en quien no se puede confiar? Podría cerrar un trato y, al día siguiente, romperlo y decir que ha cambiado de opinión. Según el memorándum de entendimiento firmado el 17 de junio, la interpretación en Washington era que Irán abriría el estrecho y, a continuación, los estadounidenses pasarían a la siguiente fase de levantar las sanciones y permitir que Irán vendiera petróleo. Pero los iraníes comprendían obviamente cuál era el contenido y el futuro del acuerdo. Si abrían el estrecho de Ormuz, estarían renunciando a su baza, porque una vez abierto Trump podría plantear otras exigencias o negarse a cumplir sus compromisos, alegando que no, que ello no formaba parte del acuerdo. Estoy seguro de que había personas como el presidente Pezeshkian, que se mostraban más favorables al acuerdo, pero le resultaba difícil convencer a los demás de que Trump es alguien en quien se puede confiar.

¿De qué lado dirías que se sitúa la mayoría de la población iraní en esta cuestión, con Pezeshkian o con los partidarios de la línea dura?

Es posible que la mayoría de la población se alinee con Pezeshkian, simplemente porque tiene una visión errónea de la situación. Una vez más, es una repetición del periodo de Mosaddegh. Muchos iraníes pensaban que, si Mosaddegh estaba dispuesto a transigir, todo iría bien. No se dieron cuenta de que Estados Unidos y Gran Bretaña nunca quisieron llegar a un compromiso; lo que querían era el control del petróleo iraní. Pero había una propaganda eficaz, que decía lo contrario. Hoy en día se ha producido un esfuerzo concertado para afirmar que Estados Unidos no tiene nada en contra de Irán, sino que es el régimen iraní el que se ha mostrado intransigente. Y mucha gente en Irán tiene sus propias razones para rechazar este régimen. Por eso es fácil culparlo del punto muerto.

En febrero hablaste del efecto de la guerra entre Irán e Iraq en la consolidación de la incipiente República Islámica. ¿Consideras que hoy se está desplegando una dinámica similar? ¿Podría resultar efímero el efecto de «la unión del pueblo iraní en torno a la bandera»?

Mientras el conflicto con Iraq se consideró una guerra defensiva, esta tuvo un efecto de unión. Pero una vez liberada la ciudad portuaria de Jorramchar y tomada la decisión de entrar en Iraq, los eslóganes pasaron a ser «guerra, guerra hasta la victoria» y «el camino a Jerusalén pasa por Bagdad», lo cual socavó al régimen. Lo que no es menos conocido es que el almirante de la flota iraní y un buen número de oficiales al mando del ejército regular se opusieron a continuar la guerra. Presentaron sus dimisiones, que no fueron aceptadas. Su argumento era, que la continuación de la guerra contra Iraq provocaría la intervención de Estados Unidos y fortalecería el imperialismo en la región, lo cual no redundaría en beneficio de Irán. Pero la decisión la tomaron la Guardia Revolucionaria y los aventureros del entorno de Jomeini, que consideraron que se trataba de una oportunidad para expandir la revolución. Hoy en día, los partidarios de la línea dura en Teherán no piensan en extender la revolución, piensan en la defensa del país. La percepción pública es importante: no quieren parecer intransigentes, aunque tengan buenas razones para serlo. Quieren demostrar que están dispuestos a llegar a un acuerdo y que el fracaso hasta la fecha es culpa de la otra parte. Por eso creo que firmaron el memorándum de entendimiento el pasado mes de junio. Si se hiciera una oferta real, se verían sometidos a la presión pública, pero no quieren dar la impresión de que les están tomando el pelo.

No es una cuestión de si estos nuevos dirigentes son partidarios de la línea dura o son moderados. Se trata en realidad gente en la que él confía; es, en gran medida, un fenómeno de grupo cerrado. La gente considera a estos hombres como productos de la Guardia Revolucionaria y del clero. Pero, en el fondo, también representan a la pequeña burguesía iraní, la clase del bazar. Si nos fijamos en sus orígenes, proceden de esa clase. Están emparentados entre sí, es un grupo muy unido y cohesionado

¿Cuál es tu valoración de la reorganización del grupo dirigente iraní tras el asesinato por parte de Israel y Estados Unidos de la cúpula del Estado al principio de la guerra? ¿Cómo debemos interpretar los recientes nombramientos que ha realizado Mojtaba Jamenei?

En primer lugar, quiero referirme brevemente al asesinato del anciano Jamenei. Fue realmente un asesinato al más puro estilo de la mafia. La mañana en que Jamenei convocó una reunión familiar, una reunión familiar abierta, coincidió exactamente con el momento en que los representantes iraníes y estadounidenses se reunían en Ginebra para negociar. El error de cálculo de Jamenei fue pensar que, dado que estábamos en pleno inicio de las negociaciones, no iban a bombardearnos. Así que convocó esa reunión familiar en la que no solo le mataron a él, sino que también mataron a su hija, a su nieta, a su yerno y a su nuera. La mafia, al menos, tiene límites. Mi impresión es que Mojtaba resultó gravemente herido en el atentado, por lo que no quieren mostrarlo en público, pero sigue estando en pleno uso de sus facultades mentales y es él quien toma las decisiones finales. También hay un eco de la historia islámica temprana, del Imán Oculto. No tiene por qué aparecer, su portavoz puede hablar en su nombre.

La gente saca conclusiones precipitadas y acaba sobrevalorando a los servicios de inteligencia israelíes. Puede que conozcan al personal, quién es quién y dónde encontrarlos. Pero su comprensión israelí de Irán es simplemente absurda. Por poner algunos ejemplos: en la Guerra de los Seis Días, lanzaron folletos en hebreo, incitando a la minoría judía de Teherán a levantarse contra la República. No puedo imaginar nada más irresponsable que esa invitación. Del mismo modo, la convicción de que cuatro días de bombardeos iban a derrocar al régimen supuso, una vez más, una falta de comprensión absoluta de la situación. Ahora también sabemos que su candidato para ocupar el poder era Ahmadineyad. ¿Qué podría ser más ridículo?

En cuanto a los nombramientos, durante mucho tiempo Mojtaba fue la mano derecha de su padre para tratar con el ejército y abordar las cuestiones relativas a la seguridad nacional. Estableció relaciones personales y ha puesto a esas personas al mando. No es una cuestión de si estos nuevos dirigentes son partidarios de la línea dura o son moderados. Se trata en realidad gente en la que él confía; es, en gran medida, un fenómeno de grupo cerrado. La gente considera a estos hombres como productos de la Guardia Revolucionaria y del clero. Pero, en el fondo, también representan a la pequeña burguesía iraní, la clase del bazar. Si nos fijamos en sus orígenes, proceden de esa clase. Están emparentados entre sí, es un grupo muy unido y cohesionado.

¿Cómo explicas el éxito de los estadounidenses y los israelíes a la hora de localizar y eliminar a sus objetivos?

No es difícil averiguar dónde vive alguien, eso es fácil de hacer. La gente saca conclusiones precipitadas y acaba sobrevalorando a los servicios de inteligencia israelíes. Puede que conozcan al personal, quién es quién y dónde encontrarlos. Pero su comprensión israelí de Irán es simplemente absurda. Por poner algunos ejemplos: en la Guerra de los Seis Días, lanzaron folletos en hebreo, incitando a la minoría judía de Teherán a levantarse contra la República. No puedo imaginar nada más irresponsable que esa invitación. Del mismo modo, la convicción de que cuatro días de bombardeos iban a derrocar al régimen supuso, una vez más, una falta de comprensión absoluta de la situación. Ahora también sabemos que su candidato para ocupar el poder era Ahmadineyad. ¿Qué podría ser más ridículo? Ahora el régimen lo tiene sometido a un estricto control y lo están utilizando para demostrar que todo el mundo apoya al actual grupo dirigente. En algún momento tendrán que ocuparse de él. No creo que puedan pasar por alto el hecho de que estaba negociando con los israelíes para derrocar al régimen. Hay mucho rencor entre él y la jerarquía clerical desde su época como presidente. Yo diría que sus días están contados.

Esto ilustra una cuestión clave: en Washington no hay realmente personas que puedan informar de forma fiable al presidente. Por eso escucha a gente como Netanyahu. Puede que a su vicepresidente no le gustara la idea de entrar en guerra con Irán, pero no tenía argumentos para demostrarle a Trump que era una mala idea. Hoy en día no existe nada parecido en Washington. De hecho, dudo que haya ni un solo experto sobre Irán, que sea escuchado en la Casa Blanca

Trump dijo inicialmente que los israelíes habían asesinado a los líderes de la oposición, que potencialmente podían acabar dirigiendo Irán, si el régimen se derrumbaba. ¿Quizá tenían en mente a otras personas además de a Ahmadinejad?

No creo que Trump supiera quién es quién en Irán. Puede que leyera que alguien como Larijani, que no era precisamente un liberal, porque de hecho era un conservador acérrimo, aunque había negociado con Obama, había sido asesinado. Probablemente pensó que esos eran los candidatos con los que Israel planeaba tratar. Así que sumó dos más dos y le salió cinco. Esto ilustra una cuestión clave: en Washington no hay realmente personas que puedan informar de forma fiable al presidente. Por eso escucha a gente como Netanyahu. Puede que a su vicepresidente no le gustara la idea de entrar en guerra con Irán, pero no tenía argumentos para demostrarle a Trump que era una mala idea. Una vez más, The New York Times ofreció información solvente sobre este asunto. En un gobierno que funcionara bien habría un grupo de trabajo capaz de elaborar un informe en el que se abordara la situación. ¿Cuáles son los peligros de entrar en guerra? ¿Cuáles son los costes? ¿Cuáles son las opciones alternativas? Hoy en día no existe nada parecido en Washington. De hecho, dudo que haya ni un solo experto sobre Irán, que sea escuchado en la Casa Blanca.

¿Cómo valorarías el desempeño militar de Irán? En los primeros meses de la guerra, los estadounidenses y los israelíes se mostraron muy triunfalistas. Sin embargo, desde entonces, los servicios de inteligencia estadounidenses han confirmado la destrucción de solo aproximadamente un tercio del arsenal de misiles iraní, mientras que seis meses de operaciones han agotado una gran parte de las reservas estadounidenses de misiles interceptores y de otras municiones.

Israel y Estados Unidos le dieron mucha importancia al hecho de que habían hundido la flota iraní, de que habían destruido su fuerza aérea. Pero lo cierto es que no había mucha flota que hundir. La fuerza aérea también era bastante reducida. Irán siempre ha dependido de los misiles de corto y medio alcance. Los drones han sido una sorpresa. Son baratos y fáciles de fabricar. The New York Times afirmó que cada dron cuesta 30.000 dólares, aunque luego rebajó la cifra a 10.000 dólares. He leído a un economista iraní de la diáspora, que sitúa el coste en 4000 dólares. Cada misil estadounidense que derriba un dron cuesta un millón de dólares. Así pues, un millón de dólares frente a 4000 dólares parece arrojar un buen ratio para Irán, que puede producir estos drones a gran escala.

Si nos fijamos en los escritos orientalistas a partir del siglo XIX, siempre se ha argumentado que los ejércitos occidentales son más eficientes, porque delegan autoridad en los oficiales locales presentes sobre el terreno, mientras que los ejércitos orientales son incapaces de hacerlo, porque todo tiene que estar estrictamente controlado desde el centro. Lo que la guerra ha demostrado es que Irán es muy capaz de delegar autoridad. Por mucho daño que se le haga a la burocracia de Teherán, los oficiales del Golfo, con sus drones, siguen funcionando bastante bien. Resulta que los orientales pueden ser más eficientes a la hora de delegar que Occidente.

Has sugerido que el verdadero objetivo de Israel y, por lo tanto, de Estados Unidos, no era tanto un cambio de régimen como el desmembramiento del Estado iraní según criterios étnicos. ¿Qué queda, en tu opinión, de esta perspectiva?

No estoy seguro de que nadie en la Casa Blanca lo haya pensado realmente. Pero sí, creo que esa era la agenda israelí: el desmantelamiento de Irán, al igual que había sucedido en Iraq, Siria y Libia. La opción de Ahmadineyad podría haber sido ideal para ello, porque nada sería mejor receta para una guerra civil en Irán que tenerlo a él como presidente. Todo ello carga de razones a quienes afirman en Irán que se trata de una guerra de supervivencia existencial, ya que sus adversarios no solo quieren acabar con el régimen, sino que quieren destruir el país. Me sorprende que no el gobierno iraní no utilice más este argumento. Gran parte de la opinión pública iraní pensaba, que Trump estaba genuinamente preocupado por la muerte de los manifestantes, que iba a venir a salvarlos del régimen. Los monárquicos pensaban que iban a traer de vuelta al sah. Los muyahidines pensaban que ellos eran los candidatos. Pero todos ellos descubrieron rápidamente que la agenda israelí era muy diferente.

¿Cuál crees que es la estrategia iraní en este momento y qué probabilidades tiene de tener éxito?

Creo que la estrategia consiste esencialmente en prolongar la crisis. Desde su perspectiva, esperan que se produzca un cambio en Washington, que eleve al poder a alguien más fiable con quien puedan llegar a un acuerdo. El régimen iraní cree que ello es posible, si la crisis actual continúa. Los precios del petróleo no están bajando, sino que van a seguir subiendo. Trump intenta mantenerlos bajos diciendo que estamos a punto de alcanzar un acuerdo o que Irán está a punto de rendirse. Tarde o temprano, Wall Street se dará cuenta de que esta no es una crisis, que vaya a terminar pronto. Los precios del petróleo, pero también los de la gasolina y los fertilizantes, se mantendrán altos, lo que afectará al bolsillo de los estadounidenses, lo cual se notará en las elecciones.

El estrecho de Ormuz ha proporcionado a Teherán una baza más fuerte, que le resulta mucho más útil que disponer de un arma nuclear. Y creo que esto tendrá repercusiones estratégicas a largo plazo. Tras la Revolución Islámica, Irán se orientó mucho más hacia el Mediterráneo, el Levante, el eje sirio, el eje de Hezbolá e Israel. Sin embargo, las dos guerras recientes han demostrado a los dirigentes iraníes que su verdadera fuerza reside en el Golfo. Por el contrario, en el Levante tuvieron que hacer muchos sacrificios sin obtener grandes éxitos concretos

¿Qué lecciones cree que ha extraído el grupo dirigente iraní de la experiencia de los últimos dieciocho meses? ¿Ha fortalecido la posición de quienes sostienen que Irán necesita, en última instancia, una disuasión nuclear o, por el contrario, ha robustecido los argumentos a favor de mantener una capacidad latente sin llegar a la fabricación de armas nucleares?

No me creo el argumento de que el régimen estuviera interesado en disponer de armas nucleares. Hubo un breve periodo en el que los inspectores internacionales llegaron a la conclusión de que Irán estaba interesado en adquirir el arma nuclear, cuando Washington afirmaba que Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva. Si estuvieras en Teherán y Sadam ya hubiera utilizado armas químicas contra ti, estoy seguro de que mucha gente, incluso los moderados, habrían llegado a la conclusión de que, si los estadounidenses están convencidos de que Sadam tiene armas nucleares, más nos vale hacer algo al respecto. Así que, en mi opinión, en aquel momento el régimen iraní exploró la cuestión de las armas nucleares, pero los inspectores internacionales concluyeron que esto cesó tan pronto como Estados Unidos invadió Iraq y quedó claro que Sadam no tenía ningún programa de fabricación de armas nucleares. Lo que Teherán estaba haciendo era acumular conocimientos y uranio enriquecido con fines de investigación, lo cual podría convertirse en armamento nuclear en el futuro, si ello fuera necesario. Así que cuando Obama llegó y dijo: «Estaremos de acuerdo en que llevéis a cabo investigaciones siempre y cuando podáis garantizar, bajo supervisión, que no tenéis intención de convertir esa investigación en armas nucleares», Irán lo aceptó. Incluso los llamados «radicales». Para mí, ello es la prueba de que en realidad no estaban interesados en la militarización de la energía nuclear.

Y hay otra cuestión. Rusia se encuentra ahora muy empantanada en Ucrania, pero si eso cambiara, existe un acuerdo de 1921 firmado entre Rusia e Irán. Gran parte de la política exterior soviética se basaba esencialmente en ese acuerdo de 1921, que estipulaba que, si una tercera potencia invadía Irán, Rusia tenía derecho a enviar tropas. No se suele hablar de ello, pero este ha sido siempre el principal escudo con el que Irán ha contado frente a Occidente

Recordemos que, incluso cuando Trump se retiró del acuerdo, Irán siguió acatando las restricciones y la supervisión con la esperanza de que los europeos intervinieran. Al fin y al cabo, los europeos formaban parte del acuerdo. Solo cuando vieron que los europeos no iban a hacerlo, aumentaron el enriquecimiento de uranio al 60 por 100 para intentar obligarlos a volver a la mesa de negociaciones. La realidad es que el régimen ha estado dispuesto a negociar sobre la cuestión nuclear. Siempre ha sido Occidente el que se ha mostrado intransigente. La exigencia de Israel y de Occidente siempre ha sido que la República Islámica no realizara ningún tipo de investigación nuclear; la excepción fue la presidencia de Obama. Mientras esa siga siendo la exigencia, no veo cómo ni siquiera los moderados de Irán podrían llegar a un acuerdo sobre la cuestión.

En tu opinión, ¿los acontecimientos del último año y medio no han alterado este cálculo subyacente?

El estrecho de Ormuz ha proporcionado a Teherán una baza más fuerte, que le resulta mucho más útil que disponer de un arma nuclear. Y creo que esto tendrá repercusiones estratégicas a largo plazo. Tras la Revolución Islámica, Irán se orientó mucho más hacia el Mediterráneo, el Levante, el eje sirio, el eje de Hezbolá e Israel. Sin embargo, las dos guerras recientes han demostrado a los dirigentes iraníes que su verdadera fuerza reside en el Golfo. Por el contrario, en el Levante tuvieron que hacer muchos sacrificios sin obtener grandes éxitos concretos. Así que creo que va a haber una reorientación de su gran estrategia y esto tendrá implicaciones para Hezbolá y para Israel. Paradójicamente, esto recuerda mucho al sah. Su principal interés era convertirse en el mandamás del Golfo y tal vez también del Océano Índico. Estaba creando una gran armada y apoderándose de islas deshabitadas en el Golfo. El régimen actual ha acabado básicamente en la misma situación. No estoy seguro de hasta qué punto se ha conceptualizado esto, pero esta es la lógica de lo que está sucediendo.

¿Crees que es probable que esta guerra intermitente continúe durante mucho tiempo?

O algo todavía peor. Porque una vez que quede claro que la única salida es que Trump pierda prestigio, creo que podría intensificar las hostilidades tras las elecciones de mitad de mandato, convencido de que ello podría reportarle algún tipo de victoria. Y hay otra cuestión. Rusia se encuentra ahora muy empantanada en Ucrania, pero si eso cambiara, existe un acuerdo de 1921 firmado entre Rusia e Irán. Gran parte de la política exterior soviética se basaba esencialmente en ese acuerdo de 1921, que estipulaba que, si una tercera potencia invadía Irán, Rusia tenía derecho a enviar tropas. No se suele hablar de ello, pero este ha sido siempre el principal escudo con el que Irán ha contado frente a Occidente. En 1951 Gran Bretaña estaba dispuesta a invadir el sur de Irán para recuperar el petróleo. Lo que lo impidió fue darse cuenta de que, si lo hacían, los rusos tenían el derecho internacional de intervenir. Por el momento este escenario no es verosímil, porque los rusos están empantanados en Ucrania, pero si esa situación cambiara, cualquier invasión de Irán podría provocar la intervención de los rusos o darles derecho a interferir.

Un escenario sería la continuación de las hostilidades, con los iraníes apostando por un cambio de régimen en Washington; Estados Unidos, por su parte, cree que, al mantener el bloqueo naval, Irán cederá antes de que el precio del petróleo haga que la economía internacional caiga en barrena. Otro escenario, que parece bastante remoto, sería algún tipo de operación terrestre estadounidense.

El problema para los estadounidenses es que, si el régimen puede seguir como está, sin ceder, ¿cuál es el siguiente paso? Desde el punto de vista logístico, no estoy seguro de que Estados Unidos sea capaz de hacerse con el control del Golfo. Fíjate en las imágenes del estrecho de Ormuz. Me recuerdan a Galípoli en la Primera Guerra Mundial. Y no estoy seguro de que los precios del petróleo en Occidente se mantengan por debajo de los 100 dólares el barril. En cuanto la comunidad empresarial se dé cuenta de que Trump, básicamente, les está engañando, haciéndoles creer que el problema está a punto de resolverse o de quedar bajo control, los precios podrían dispararse. Países como Filipinas, Indonesia, Myanmar o la India dependen en gran medida del petróleo del Golfo. Y los estadounidenses dependen tanto del coche que, cuando la gasolina alcanza los 5 dólares el galón, eso realmente afecta al bolsillo de la gente. Los precios subirán. La pregunta es cuánto podrá aguantar Wall Street: ¿120 dólares, 130 dólares el barril? Hasta ahora han sido capaces de controlar la situación, pero no estoy seguro de que, con la prolongación de la crisis, puedan seguir haciéndolo indefinidamente.

¿Así que Irán parecería estar en una posición fuerte?

No creo que sea por méritos propios. Ello se debe a la estupidez demostrada por quien está en Washington.


Recomendamos leer New Left Review,  «Irán bajo el fuego militar: entrevista a Ervand Abrahamian», Mitchell Plitnick, «Contener a Irán y sostener las políticas agresivas de Israel ha sido un enorme error político y diplomático occidental» y «La guerra que Estados Unidos ha elegido librar contra Irán se ha convertido ahora en la “Guerra de Ormuz»; Richard Beck, «Cómo se desmorona una hegemonía global: la crisis de Estados Unidos y la política reaccionaria imperante en el sistema-mundo capitalista»; William I. Robinson y M. Gürsan Şenalp, «La Pax Silica, el genocidio de Gaza y la crisis del capitalismo global», todos ellos publicados en Ant/agón. Tariq Ali, «Tierras conquistadas», NLR 151.

Este artículo ha aparecido en la Sidecar, el blog de la New Left Review, revista bimestral de política y teoría publicada en Londres y en Madrid por Traficantes de Sueños, y se publica con permiso expreso de su editor.