Cuando los campesinos palestinos pusieron de rodillas a un imperio

Palestine 36, la película de Annemarie Jacir estrenada en España el pasado 14 de agosto, acierta en muchos aspectos al narrar la historia de la revolución palestina de 1936 contra los británicos. Sin embargo, un análisis más detallado de las dinámicas de clase presentes en el levantamiento podría haber ayudado a explicar por qué fue aplastada

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Palestinos en Abu Ghosh prestando juramento de lealtad a la causa árabe durante la Gran Revuelta de 1936 - Colección fotográfica de G. Eric y Edith Matson.

Palestine 36, dirigida por Annemarie Jacir, 115 min., Philistine Films, 2025.

Hubo un tiempo en Palestina en el que el mayor imperio del mundo perdió el control de zonas enteras, de sus dominios, en el que abogados con un alto nivel de formación seguían las órdenes de simples campesinos analfabetos y en el que llevar el pañuelo palestino, o koufiyyeh, se convirtió en una declaración política. Al igual que el nombre de Palestina, casi ha quedado olvidada de la memoria del mundo. La reciente película de la directora palestina Annemarie Jacir, Palestina 36, narra parte de esa historia, arrojando luz sobre uno de los episodios más dramáticos y cruciales de la historia palestina: la revolución de 1936-1939.

La película se desarrolla entre Jerusalén y la cercana aldea ficticia de al-Basma, abarcando los años en los que el pueblo palestino se levantó contra el Mandato británico y el colonialismo de los colonos sionistas. La historia sigue las vidas de varios personajes descendientes de la clase campesina rural palestina, de la clase media urbana y de las élites tradicionales. Una parte considerable de la película se dedica a poner de manifiesto las divisiones existentes entre ellos, especialmente las diferencias sobre cómo responder al movimiento sionista de colonos, cada vez más agresivo, que operaba bajo la protección discriminatoria de los británicos. Determinados sectores siguieron optando por la diplomacia con la potencia europea ocupante por temor a perder sus privilegios sociales y económicos. Otros, directamente afectados por las políticas coloniales británicas y las apropiaciones de tierras por parte de los sionistas, se unieron al levantamiento con toda la determinación, enfrentándose a una represión brutal.

«Y ello porque, a diferencia de los intentos anteriores protagonizados por las elites urbanas palestinas de construir un movimiento nacional tras el fin de la Primera Guerra Mundial, el movimiento de 1936 surgió de los estratos populares de la sociedad palestina», explicó Odetallah a Mondoweiss. «Palestine 36 plasma este acontecimiento histórico con gran pertinencia y de una manera muy estética, transmitiendo lo esencial de este proceso a un público internacional quizá no familiarizado con él», continuó Odetallah

Palestina 36 es la primera adaptación cinematográfica de la revolución de 1936 para la gran pantalla. El público internacional al que va dirigida en gran medida sabe poco de esta historia y, en ese sentido, la película cumple con acierto y con refinamiento estético. Entre los palestinos y palestinas, sin embargo, el interés por la revolución de 1936 se ha renovado durante los últimos años, especialmente entre la generación más joven que ha crecido bajo los Acuerdos de Oslo y la era de la derrota palestina. Por ello, las proyecciones previstas de la película en Ramala tuvieron que repetirse varias veces para dar cabida al intenso interés local por verla. El renovado interés por la revolución de 1936 se remonta al período de resurgimiento de la conciencia política entre los jóvenes palestinos durante la última década, durante el cual se ha hecho cada vez más presente en los círculos culturales y en los grupos activistas. Los jóvenes organizaron visitas locales a diversos pueblos de Cisjordania, siguiendo los pasos de los protagonistas de la revolución y recuperando sus historias locales. Los artistas populares dieron a conocer historias sobre cómo la cultura campesina palestina «fallahi» llegó a representar la liberación nacional en aquellos años. Jóvenes historiadores e investigadores elaboraron docenas de artículos sobre aspectos específicos de ese período, entre ellos el efímero «Estado» proclamado por los revolucionarios en las tierras altas de Hebrón, la figura histórica detrás de un poema emblemático de 1936 y la historia real de los palestinos que colaboraron con los británicos contra la revolución.

La epopeya histórica de Jacir también se esfuerza por arrojar luz sobre algunas de las figuras británicas responsables de la brutal represión de la revuelta. Sin embargo, «no logra mostrar el papel más importante desde el punto de vista estratégico que desempeñó Wingate», señaló Odetallah. «Wingate fue el artífice de la doctrina militar sionista durante la Nakba y fue él quien entrenó a las milicias sionistas en cómo reprimir y despoblar las aldeas palestinas, hasta el punto de que incorporó a milicianos sionistas a sus tropas durante sus campañas de contrainsurgencia en el campo palestino»

Palestina 36 puede considerarse una continuación de este esfuerzo palestino por recuperar la narrativa de un período crucial de la historia moderna de Palestina. El escritor palestino y fundador del proyecto «Universidad Popular» de Palestina, Khaled Odetallah, ha sido una figura importante en este reciente resurgimiento. Afirma que la revolución de 1936 fue «un acontecimiento fundacional del nacionalismo palestino». «Y ello porque, a diferencia de los intentos anteriores protagonizados por las elites urbanas palestinas de construir un movimiento nacional tras el fin de la Primera Guerra Mundial, el movimiento de 1936 surgió de los estratos populares de la sociedad palestina», explicó Odetallah a Mondoweiss. «Palestine 36 plasma este acontecimiento histórico con gran pertinencia y de una manera muy estética, transmitiendo lo esencial de este proceso a un público internacional quizá no familiarizado con él», continuó Odetallah. Sin embargo, como obra artística bien ejecutada, Odetallah cree que la película no ha logrado en última instancia captar todas las dimensiones del levantamiento de los campesinos palestinos pobres, el cual supuso un serio desafío para el Imperio británico, «que controlaba la mitad del mundo en aquella época», señaló. Odetallah indicó en la entrevista, que la localidad ficticia de al-Basma se inspira claramente en el pueblo real de al-Bassa, situado en Galilea, aunque la película sitúe el pueblo cerca de Jerusalén. Al-Bassa era un pueblo predominantemente cristiano, que acabaría siendo objeto de limpieza étnica en 1948. Antes de ello, sus habitantes se vieron envueltos en la revolución, ya que los soldados británicos, en un intento por sofocar la revuelta, entraron en al-Bassa el 6 de septiembre de 1938 y acribillaron a sus habitantes con fuego de ametralladora durante veinte minutos antes de reducir el pueblo a cenizas, según el testimonio de un soldado británico. «Muchos de los acontecimientos narrados en la película tuvieron lugar realmente en al-Bassa, especialmente algunas de las crueldades cometidas por las fuerzas británicas», explicó Odetallah.

La epopeya histórica de Jacir también se esfuerza por arrojar luz sobre algunas de las figuras británicas responsables de la brutal represión de la revuelta. Quizá esto quede mejor plasmado en el personaje del capitán Wingate, claramente inspirado en el verdadero cerebro detrás de la represión británica de las aldeas palestinas durante la revolución, Orde Charles Wingate. Su crueldad y violencia hacia los palestinos, así como su ideología ligada al sionismo cristiano, constituyen uno de los puntos álgidos de la película en lo que respecta a la representación histórica. Sin embargo, «no logra mostrar el papel más importante desde el punto de vista estratégico que desempeñó Wingate», señaló Odetallah. «Wingate fue el artífice de la doctrina militar sionista durante la Nakba y fue él quien entrenó a las milicias sionistas en cómo reprimir y despoblar las aldeas palestinas, hasta el punto de que incorporó a milicianos sionistas a sus tropas durante sus campañas de contrainsurgencia en el campo palestino».

«Existe la colaboración mezquina de algunos individuos que hay que ocultar, pero en la década de 1930 hubo familias y grupos completos de la elite palestina, cuyo comportamiento se limitó a la protección lógica de sus intereses, lo cual les llevo, en consecuencia, a actuar abiertamente en contra de la revolución», explicó Odetallah. «Incluir esta dimensión en la película podría haber captado con mayor profundidad las dinámicas de clase de la época»

Uno de esos milicianos sionistas no fue otro que Moshe Dayan, quien más tarde se convertiría en ministro de Defensa de Israel y se referiría a Orde Wingate en sus diarios como su «primer maestro». Muchos de los métodos que hoy utiliza el ejército israelí, como las demoliciones punitivas de viviendas y las campañas de detenciones masivas, fueron introducidos por Wingate y otros oficiales británicos en la década de 1930. La película muestra estas prácticas británicas, pero no destaca la conexión directa entre el ejército británico y las fuerzas paramilitares sionistas.

Una revolución con carácter de clase

La película también arroja luz sobre las contradicciones sociales imperantes en Palestina durante la década de 1930, llegando incluso a destacar aspectos que las narrativas palestinas dominantes suelen ignorar en gran medida, concretamente la colaboración de determinadas élites palestinas con los británicos en contra de la revolución. La película muestra, por ejemplo, a un destacado periodista y editor palestino, cuya esposa descubre que había estado en nómina de la organización sionista para que publicase artículos desfavorables a la revolución bajo la promesa de ayudarle a convertirse en alcalde. «La película hace algo valiente al romper algunos tabúes», señaló Odetallah. «Esto sucedió realmente y hoy en día es difícil escribir sobre estas traiciones en el ámbito académico, pero lo que la película no ha sabido captar, en mi opinión, es el tipo de colaboración de clase de corte estructural con los colonizadores», afirmó. «Existe la colaboración mezquina de algunos individuos que hay que ocultar, pero en la década de 1930 hubo familias y grupos completos de la elite palestina, cuyo comportamiento se limitó a la protección lógica de sus intereses, lo cual les llevo, en consecuencia, a actuar abiertamente en contra de la revolución», explicó Odetallah. «Incluir esta dimensión en la película podría haber captado con mayor profundidad las dinámicas de clase de la época»

Comprender el carácter de clase de la revolución y de las fuerzas sociales y políticas que se le opusieron ayuda, en última instancia, a explicar cómo fue aplastada en 1939. El primer palestino que asumió la tarea de trazar estas dinámicas de clase fue el gigante de la literatura palestina, Ghassan Kanafani. El resultado fue su estudio pionero publicado en 1971 sobre la revuelta, que comenzaba con la afirmación de que la revolución anticolonial en Palestina había sido derrotada «por la alianza de las fuerzas coloniales británicas y sionistas, los regímenes árabes vecinos y las elites tradicionales locales». La importancia del estudio de Kanafani, que es una de las pocas obras históricas que escribió no adscritas al ámbito de la literatura o del periodismo político, radica en el hecho de que, en realidad, no trata sobre el pasado. El historiador y educador palestino Hazem Jamjoum, autor de la última traducción al inglés de la obra de Kanafani, ha señalado que este escribió el estudio tras los acontecimientos de «Septiembre Negro», la devastadora guerra lanzada por el rey de Jordania contra la Organización para la Liberación de Palestina, que terminó con la expulsión de la resistencia palestina al Líbano. Kanafani intuyó que se trataba del inicio de un proceso, que allanaría el camino hacia una política de concesiones y capitulación política en lugar de conducir a la liberación, e identificó esta tendencia como algo intrínseco a los intereses de clase de los regímenes árabes y de las elites palestinas. En opinión de Jamjoum, el estudio de Kanafani constituía, en esencia, una advertencia a su época.

Sin embargo, aunque la película sitúa la revolución en el campo, la mayor parte del diálogo político se mantiene en la ciudad, entre las élites palestinas y los británicos. Es como si los acontecimientos se centraran en un mundo y la reflexión sobre ellos en otro. Esto se pone de manifiesto del modo más crudo, cuando los personajes se enteran del contenido del informe de la Comisión Peel británica sobre Palestina, que recomendaba la partición del país para ceder la mitad al movimiento sionista

Como autoproclamado marxista, Kanafani eligió la revolución de 1936 precisamente por su evidente carácter de clase y por su naturaleza fundacional en la lucha nacional palestina. Estaba sentando los fundamentos para una contranarrativa de la lucha palestina, contada desde abajo en lugar de desde arriba. Palestina 36 no adopta exactamente esta lectura concreta de la historia, aunque ciertamente no se muestra hostil hacia ella. La película sitúa a sus personajes en el centro de los acontecimientos, haciendo hincapié en sus historias y trayectorias individuales, al tiempo que evita destacar a un único personaje como héroe. En este sentido, la película insinúa el espíritu de colectividad de la revuelta, manteniendo la historia como algo colectivo, aunque no producto de una clase o de grupo específico. Algunos personajes de la película permanecen algo apagados en un discreto segundo plano, pero los principales experimentan una evolución en su conciencia de sí mismos. Esto le ocurre a Yousef, el joven que quiere escapar de la vida rural de su pueblo y acaba luchando contra los británicos en las tierras altas palestinas. Y lo mismo le sucede a Khuloud, una periodista culta de extracción urbana, que mantiene estrechos vínculos con funcionarios del gobierno británico y que en un principio espera que el levantamiento no se descontrole y que los líderes nacionales se unan. Khuloud acaba dejando a su marido y uniéndose a los manifestantes en la calle.

Sin embargo, aunque la película sitúa la revolución en el campo, la mayor parte del diálogo político se mantiene en la ciudad, entre las élites palestinas y los británicos. Es como si los acontecimientos se centraran en un mundo y la reflexión sobre ellos en otro. Esto se pone de manifiesto del modo más crudo, cuando los personajes se enteran del contenido del informe de la Comisión Peel británica sobre Palestina, que recomendaba la partición del país para ceder la mitad al movimiento sionista. El diálogo sobre la comisión y la discusión posterior sobre la misma tiene lugar íntegramente en una casa de Jerusalén en torno a la mesa de una cena social y en presencia de un funcionario del gobierno británico. Este comportamiento contrasta con la reacción en el pueblo, de al-Basma donde la gente sale en masa a los campos enfurecida y persigue a las patrullas británicas lanzándoles piedras. Esto también se aplica a la representación que hace la película de las dinámicas sociales palestinas. Podemos ver claramente cómo está estructurada la sociedad urbana y cómo evolucionan las relaciones entre los líderes políticos, los periodistas, los empresarios y los británicos, pero no sabemos mucho sobre el pueblo: su estructura familiar y de clanes, las jerarquías sociales o cómo la revolución surgió de la sociedad rural palestina y le afectó a su vez. Todo ello tiende a presentar el pueblo palestino como una especie de arquetipo, hasta el punto de que su cultura brillaba por su ausencia. A pesar de los esfuerzos de los actores por utilizar la pronunciación rural palestina de ciertas letras, no se captó ni el acento, ni los gestos ni el estilo de habla de los pueblos palestinos. Para un público internacional, esto no supone problema alguno, pero para un público palestino, desentona dolorosamente.

Sin embargo, en su tarea más importante, Palestina 36 consigue lo que pocas otras películas han logrado ante el público internacional: sitúar la revolución de 1936 en el centro de la narrativa palestina. Quienes vean la película por primera vez saldrán de la sala sabiendo que acaban de conocer un episodio clave y fundamental en la lucha palestina por la libertad, que se prolonga desde hace décadas. Y lo que es más importante, Palestina 36 constituye la esencia de lo que significa asumir la identidad palestina: luchar por la libertad tiene un precio y, aun así, los resultados nunca están garantizados. Esto queda plasmado de forma especialmente conmovedora en una de las escenas finales de la película. Tras la destrucción de la aldea por parte de los británicos, uno de los personajes le dice a un niño: «No es la primera vez y no será la última. Aún queda un largo camino por recorrer». Con ello, la historia cierra el círculo.


Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos Ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «El genocidio como supresión colonial» (2024), «Anatomía de un genocidio» (2024) y «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025) y «Torture and Genocide» (2026). Euro-Med Human Rights Watch, Another genocide behind walls: Sexual violence in Israeli prisons and detention centers and engineered impunity, October 2023-October 2025. The independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory including East Jerusalem, and Israel (OHCHR), «The essence of childhood has been destroyed”: Israel’s deliberate targeting of Palestinian children in the Occupied Palestinian Territory since 7 October 2023 (2026). B’tselem, «Unshielded Childhood: Palestinian children and teenagers killed by Israel in the West Bank in 2025» (2026). Al-Dameer Association for Human Rights, «Missing Palestinians in the Gaza Strip Amid the Genocidal War» (2026).

Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.