La verdadera razón por la que Netanyahu ha incluido a Mamdani en su «lista de enemigos»
El Likud ha instalado vallas publicitarias por todo Israel para apoyar la campaña electoral de Benjamin Netanyahu en las que se muestra a Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, junto con el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, el líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, y el líder del grupo militante Hezbolá, Naim Qassem, con la intención de indicar que se trata de un «enemigo» de Israel y reconociendo flagrantemente tanto que el presidente del gobierno israelí está perdiendo irreversiblemente apoyo político en Estados Unidos, como que ninguno de sus sucesores resolverá el problema subyacente de apartheid existente en Israel
A dos meses de las elecciones en Israel, la mayor esperanza del primer ministro Benjamin Netanyahu sigue residiendo en el hecho de que, aunque su supuesta coalición está muy lejos de poder formar un gobierno mayoritario, la oposición tampoco ha conseguido todavía la fórmula de formarlo. Netanyahu está apostando por un empate a la espera de que surja una oportunidad, que le permita fortalecer su lado de la ecuación, como ha ocurrido en el pasado. El principal atractivo de la campaña de Netanyahu es su experiencia y su imagen de hombre fuerte capaz de garantizar la seguridad de Israel. Pero ese argumento se ha visto drásticamente debilitado y ello no solo por el devastador ataque del 7 de octubre de 2023. El enorme ejército de Israel, al igual que el estadounidense, ha demostrado ser una formidable máquina de matar y destruir, pero no ha sido en absoluto eficaz a la hora de alcanzar objetivos estratégicos ni de hacer que la población israelí se sienta más segura. Netanyahu ha soportado el peso de ese fracaso, aunque se trata de un defecto que radica en la concepción israelí de la situación y que está muy presente en las mentes de las figuras de la oposición, como Gadi Eisenkot, Naftali Bennett, Yair Lapid y otros dirigentes opuestos al actual presidente israelí.
Pero, más allá de ello, la imagen de Mamdani pretende transmitir la idea de que Israel está «solo», sugiriendo que «los musulmanes» están por todas partes, actuando en contra de la totalidad de los judíos del mundo. Netanyahu está diciendo a sus votantes que Israel debe actuar siempre por sí mismo, sin tener en cuenta a los demás ni sus opiniones, porque, al final, todos se volverán contra el «Estado judío». Se trata, por supuesto, de un argumento falso y racista, destinado a eludir el hecho de que Israel depende, y siempre dependerá, de la odiada Unión Europea para sus relaciones comerciales y de un socio «poco fiable» como Estados Unidos para su hegemonía militar y política y su impunidad
Netanyahu basa su discurso en el alarmismo, lo que contrasta en cierta medida con sus oponentes, que a menudo hablan de cómo mejorarán la imagen de Israel en el mundo, aumentarán las alianzas, abrirán más oportunidades de inversión y otros asuntos similares. Es una visión fantasiosa, dado que ninguno de ellos ofrece un cambio sustancial en la política seguida respecto a la situación del pueblo palestino, pero no lo es más que el alarmismo característico de Netanyahu. Un ejemplo reciente, que ha llamado mucho la atención, es la campaña del Likud para atemorizar a la población israelí sobre las «graves consecuencias» que tendría la victoria de la oposición.
Campaña de vallas publicitarias: «Los enemigos»
El Likud ha colocado vallas publicitarias por todo Israel con el mensaje: «Quieren que Netanyahu pierda. No les ayudes a conseguirlo». Las palabras enmarcan los retratos del líder supremo iraní Mojtaba Jamenei, del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, del líder de Hezbolá Naim Qassem… y del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Estos cuatro hombres son los mayores enemigos de Israel según la versión de Netanyahu. No constituye sorpresa alguna en absoluto, que Erdogan aparezca ahí junto a dos personas con las que Israel está actualmente en guerra. Lo que sí resulta un poco más sorprendente es que se haya incluido a Mamdani. Netanyahu está transmitiendo varios mensajes al incluir a Mamdani en esa imagen. Obviamente, su presencia en la valla electoral pretende construir su imagen como representante de la supuesta tendencia «antiisraelí» o incluso «antisemita» característica del Partido Demócrata y de los progresistas en general en Estados Unidos.
Al incluir a Mamdani en la valla publicitaria, Netanyahu está admitiendo que está perdiendo a Estados Unidos, un hecho que quizá no haga falta recordarlo a la gente, pero que a Netanyahu no le interesa en absoluto que se le recuerde. El Likud ha agrupado ahora a la creciente ola de demócratas progresistas con los rostros demonizados de Irán, Hezbolá y el próximo «gran enemigo» de Israel, Turquía. Ello supone admitir que, por primera vez en décadas, existe una fuerza real en Estados Unidos que se interpone en el camino de las ambiciones israelíes
Pero, más allá de ello, la imagen de Mamdani pretende transmitir la idea de que Israel está «solo», sugiriendo que «los musulmanes» están por todas partes, actuando en contra de la totalidad de los judíos del mundo. Netanyahu está diciendo a sus votantes que Israel debe actuar siempre por sí mismo, sin tener en cuenta a los demás ni sus opiniones, porque, al final, todos se volverán contra el «Estado judío». Se trata, por supuesto, de un argumento falso y racista, destinado a eludir el hecho de que Israel depende, y siempre dependerá, de la odiada Unión Europea para sus relaciones comerciales y de un socio «poco fiable» como Estados Unidos para su hegemonía militar y política y su impunidad. Pero no es de este modo como Netanyahu quiere retratar el mundo. Su problema, sin embargo, es que está socavando un aspecto clave de su propio atractivo: su capacidad para ganarse el apoyo de Estados Unidos.
Al incluir a Mamdani en la valla publicitaria, Netanyahu está admitiendo que está perdiendo a Estados Unidos, un hecho que quizá no haga falta recordarlo a la gente, pero que a Netanyahu no le interesa en absoluto que se le recuerde. El Likud ha agrupado ahora a la creciente ola de demócratas progresistas con los rostros demonizados de Irán, Hezbolá y el próximo «gran enemigo» de Israel, Turquía. Ello supone admitir que, por primera vez en décadas, existe una fuerza real en Estados Unidos que se interpone en el camino de las ambiciones israelíes.
Las elecciones israelíes no cambiarán la imagen de Israel
Los israelíes se enfrentan, por lo tanto, a una encrucijada. Una opción es seguir intentando fortificarse hasta convertirse en una Esparta moderna, como sugirió en su día Netanyahu, mientras cuente con las fuerzas de extrema derecha estadounidense para llevar a cabo estrategias legislativas cada vez más impopulares destinadas a codificar el apoyo financiero y militar estadounidense a Israel. La otra es intentar rehabilitar la imagen de Israel, distanciarse de figuras como Netanyahu, Itamar Ben Gvir, Bezalel Smotrich y activistas como la líder de los colonos Daniella Weiss, e intentar recuperar el apoyo centrista y liberal que en su día fue el alma de Israel. Es poco probable que ninguna de las dos estrategias resulte eficaz. Si bien es del todo posible que los partidarios estadounidenses de Israel logren legislar para entrelazar todavía más las maquinarias militares estadounidense e israelí y otorgar a Israel una colaboración sin precedentes en materia de inteligencia estadounidense, ambas iniciativas han encontrado una resistencia significativa en el Congreso. No es seguro que se apruebe esta normativa, como habría sido el caso hace unos años, y, aunque se apruebe, es probable que sea objeto de críticas por parte de futuros Congresos, elegidos gracias a la oposición popular a disposiciones tan peligrosas, oposición que está creciendo entre los votantes tanto de la izquierda como de la derecha en Estados Unidos.
¿Cómo abordará Eisenkot la cuestión de Gaza, por ejemplo? Eisenkot ha criticado a Netanyahu por carecer de una visión política para mantener el control indefinido sobre Gaza. Por eso el partido al que pertenecía en aquel momento, Unidad Nacional, abandonó el gobierno de Netanyahu durante el genocidio. No había ningún problema con la matanza masiva, las tácticas brutales o los crímenes de guerra. El problema era la falta de un plan para el final del conflicto, una preocupación razonable para un estratega militar, que no muestra, sin embargo, ningún respeto por el sufrimiento que la guerra causaba y todavía causa al pueblo palestino
Desentrañar la enmarañada red de interdependencia existente entre los complejos militar-industriales estadounidense e israelí será un proceso político laborioso y difícil, pero la voluntad política para hacerlo se está consolidando rápidamente, e Israel ha tenido la amabilidad de proporcionar a los estadounidenses el incentivo para seguir esta vía tras lanzar la desastrosa guerra de pura elección contra Irán. Pero, ¿puede frenarse ese impulso político sustituyendo a Netanyahu por un nuevo primer ministro, que trabaje para reconstruir la ilusión de que Israel es una democracia, que respeta pilares básicos como los derechos humanos y el derecho internacional? Al fin y al cabo, hasta hace tan solo unos años, únicamente aquellos de nosotros en Estados Unidos, que decidimos analizar sin contemplaciones Israel e investigar a fondo su modelo sabíamos lo falsa que era esa imagen. Por ello hacer creer en estos momentos que Israel es realmente una democracia no será posible. El mero hecho de prescindir de Netanyahu no supondrá el cambio que Israel necesitaría.
Israel no tiene un problema de imagen, tiene un problema de apartheid
Gadi Eisenkot o Naftali Bennett resultarían atractivos para un sector muy reducido del electorado estadounidense. Ambos políticos no atacarían al poder judicial de Israel ni a otras estructuras que imitan la democracia. Se esforzarían más por frenar los peores excesos de los colonos, como los que se están produciendo actualmente en Qusra. Tampoco hay motivos, a estas alturas, para sospechar que ninguno de los dos se atrevería a mostrar la corrupción financiera o la megalomanía de Netanyahu y su familia. Pero se trata, en su mayoría, de asuntos que preocupan a los israelíes, no a los estadounidenses. Incluso para muchos estadounidenses proisraelíes, son cuestiones internas de Israel. Lo que preocupa a los estadounidenses es de qué modo Israel aborda sus relacione con los palestinos, con el Líbano y con Irán, y cuál es su política exterior en general.
¿Cómo abordará Eisenkot la cuestión de Gaza, por ejemplo? Eisenkot ha criticado a Netanyahu por carecer de una visión política para mantener el control indefinido sobre Gaza. Por eso el partido al que pertenecía en aquel momento, Unidad Nacional, abandonó el gobierno de Netanyahu durante el genocidio. No había ningún problema con la matanza masiva, las tácticas brutales o los crímenes de guerra. El problema era la falta de un plan para el final del conflicto, una preocupación razonable para un estratega militar, que no muestra, sin embargo, ningún respeto por el sufrimiento que la guerra causaba y todavía causa al pueblo palestino. Eisenkot es el creador de la denominada «Doctrina Dahiya», que aboga por la matanza masiva de población civil y por la destrucción de infraestructuras civiles para presionar a los gobiernos u otras autoridades a que abandonen el apoyo a cualquier grupo que pudiera atacar o resistirse a Israel con la fuerza. Es también un ferviente opositor a la existencia de un Estado palestino o a la igualdad de los palestinos. También apoya la expansión de los asentamientos. Es probable que Eisenkot intente entablar más conversaciones con los Estados árabes para normalizar las relaciones, pero no tendrá más éxito que Netanyahu, si sigue negando al pueblo palestino sus derechos. Es menos probable que se enfrente a Estados Unidos por Siria, como vimos hacer a Netanyahu esta semana, cuando bombardeó una base aérea siria. Pero, ¿continuará Eisenkot con el ataque sin cuartel de Netanyahu contra las instituciones palestinas, la OLP y la Autoridad Palestina, independientemente del grado de doblegamiento de estas entidades ante cada capricho de Israel? Su historial, así como las posiciones políticas de su coalición, que incluye a figuras como Bennett, Yair Lapid, Avigdor Lieberman y, posiblemente, Benny Gantz, sugieren que sí lo hará.
¿Intentaría Eisenkot maquillar de un modo más atractivo las acciones de Israel en Gaza y Cisjordania? Sí, pero en esta era de las redes sociales, ello resultará extremadamente difícil. Y ese es el punto clave que condena al fracaso cualquier intento futuro de «pintar a la mona de seda», que es la ocupación y el despojo del pueblo palestino por parte de Israel. No ha sido solo la magnitud de las atrocidades israelíes cometidas en Gaza lo que ha acabado definitivamente con su capacidad para mantener la llamada «excepción palestina» entre la opinión pública en general. Ello se ha debido al hecho de que los palestinos han conseguido por fin suficiente audiencia en las redes sociales como para poder mostrar al mundo lo que les estaba sucediendo, a pesar de que los medios internacionales siguen siendo cómplices de los crímenes israelíes.
Así pues, cuando los votantes del Likud miran esa valla publicitaria, lo que realmente ven son amenazas a su situación actual. Esas amenazas no provienen ni de Irán ni de Hezbolá. Y, desde luego, no provienen de Turquía, un país que ni siquiera ha insinuado jamás una agresión física contra Israel. No, no provienen de ellos, pero la valla tiene razón al decir que provienen de Zohran Mamdani. Mamdani defiende la justicia y la igualdad. Aboga por el arresto de criminales de guerra como Netanyahu. En resumen, defiende todo aquello a lo que se opone el Likud
La cortina de humo que ocultaba el alcance de la brutalidad de Israel contra el pueblo palestino había logrado, durante años, sembrar tanta incertidumbre en torno a los horrores cotidianos a los que se enfrentaban los palestinos y palestinas, que la gente solía mostrarse reacia a alzar la voz por miedo a que se les acusara de haber sido engañados por la mítica «propaganda palestina». El silencio que promovía la propia propaganda israelí resultaba mucho más seguro. Pero ahora, los palestinos y palestinas han rasgado ese velo de confusión. Ahora, personas de todo el mundo, que no han dedicado tiempo a estudiar la cuestión palestino-israelí, pueden ver de forma inequívoca lo que está pasando el pueblo palestino, porque está ahí, en vídeo, llegando a sus teléfonos. Pueden ver que Israel sigue matando a niños y niñas palestinos incluso durante el llamado «alto el fuego». Pueden ver que el ejército más poderoso de Oriente Próximo, una fuerza de seguridad que afirma ser capaz de discernir qué palestino lanzó una piedra desde entre la multitud contra los soldados de ocupación y detener a esa persona (haya lanzado o no esa piedra), no es capaz de reunir una fuerza para poner fin al asedio que sus propios ciudadanos imponen a la población palestina, algo que incluso estadounidenses extremistas proisraelíes como Mike Huckabee han condenado.
Ni Eisenkot, ni Bennett, ni ningún otro primer ministro israelí posterior a Netanyahu tiene intención alguna de cambiar esas políticas. E incluso si hicieran un esfuerzo por frenar los peores excesos con el fin de salvar la imagen de Israel, la realidad cotidiana de los puestos de control, la ocupación israelí de Gaza y el Líbano, y los abusos habituales contra los palestinos y palestinos por parte de soldados y colonos no terminarán ni cambiarán de forma significativa. Y la gente seguirá viéndolos. Así pues, cuando los votantes del Likud miran esa valla publicitaria, lo que realmente ven son amenazas a su situación actual. Esas amenazas no provienen ni de Irán ni de Hezbolá. Y, desde luego, no provienen de Turquía, un país que ni siquiera ha insinuado jamás una agresión física contra Israel. No, no provienen de ellos, pero la valla tiene razón al decir que provienen de Zohran Mamdani. Mamdani defiende la justicia y la igualdad. Aboga por el arresto de criminales de guerra como Netanyahu. En resumen, defiende todo aquello a lo que se opone el Likud. Y a medida que los Demócratas sigan insistiendo de forma abrumadora en poner fin al apoyo estadounidense a los crímenes israelíes y cada vez más Republicanos exijan que Estados Unidos deje de enviar el dinero de los contribuyentes a Israel, Mamdani se convertirá cada vez más en el símbolo de un cambio en la política estadounidense hacia Israel.
Recomendamos leer Mitchell Plitnick, «El consenso en torno a Israel se resquebraja en Estados Unidos», «Ha llegado el momento de que Trump elija entre los intereses de Estados Unidos y los de Israel en la guerra contra Irán», Michael Arria, «¿Se están revolviendo los neoconservadores estadounidenses contra la guerra librada en Irán por Donald Trump?», Ant/agón.
Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.