El consenso en torno a Israel se resquebraja en Estados Unidos

En este artículo Mitchell Plitnick, presidente de ReThinking Foreign Policy, analiza cómo el trabajo de presión de los movimientos sociales pro-palestinos en EEUU puede hacer que al Partido Demócrata y a sus representantes les resulte extremadamente incómodo permitir que continúe el flujo de armas hacia Israel

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Un agricultor palestino observa su viñedo dañado después de que las fuerzas terroristas israelíes comenzaran a confiscar tierras de cultivo y a arrancar miles de cepas en la zona de al-Buqqa, al sur de Hebrón, en el sur de Cisjordania, el 6 de mayo de 2026 - Mamoun Wazwaz / APA Images.

El martes 1 de julio Melat Kiros derrotó en las primarias del Partido Demócrata para el Distrito 1 del estado de Colorado a la congresista Diana DeGette, que había encadenado quince mandatos consecutivos desde que accediera a la Cámara de Representantes el 3 de enero de 1997. Kiros se hizo con un escaño demócrata seguro, lo que significa que su victoria en las primarias, al igual que la de muchos otros candidatos y candidatas progresistas, equivale de facto a ganar las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre en su correspondiente distrito. La victoria de Kiros se suma a la lista de triunfos progresistas en las primarias demócratas, cuya acumulación aumentará sustancialmente el peso en el Congreso del voto de los representantes demócratas situados netamente en la izquierda y por ende contrarios al genocidio cometido por Israel en Palestina.

Ese mismo día, los acontecimientos en la Cámara de Representantes pusieron de manifiesto lo mucho que se necesitan esos votos demócratas de izquierda en la misma, cuando la Comisión de Reglamento, que controla el proceso legislativo y se halla presidida por los Republicanos, frustró un intento de cuestionar la ayuda estadounidense concedida a Israel. Aunque las maniobras parlamentarias supusieron un revés para los críticos de la misma, también demostraron que existe un creciente número de representantes demócratas e incluso de algunos republicanos eventualmente dispuestos a ejercer esa influencia política en un futuro próximo y, por lo tanto, dispuestos a votar en contra de conceder un mayor apoyo económico y militar a Israel.

Más que un juego de números

La historia comienza en la Comisión de Reglamento de la Cámara de Representantes, donde los Republicanos supervisaban qué enmiendas propuestas al proyecto de ley presupuestaria del Departamento de Estado se someterían a votación y cuáles otras serían simplemente rechazadas sin más contemplaciones. El diputado saliente Thomas Massie, representante republicano por Kentucky, presentó varias enmiendas para eliminar diversas partidas de ayuda militar exterior concedidas respectivamente a Israel, Egipto y Jordania. La relativa a Egipto parece haber sido retirada, pero las otras dos fueron admitidas a trámite por la Comisión de Reglamento. No hay ninguna posibilidad de que se aprueben las enmiendas de Massie. La enmienda está redactada de forma descuidada y ofrece a los miembros de la Cámara todas las lagunas jurídicas que necesitan para rechazar la propuesta de enmienda y para seguir afirmando, no obstante, que están dispuestos a reconsiderar la ayuda en concepto de armamento concedida a Israel. La enmienda relativa a Jordania será rechazada siempre que se rechace la relativa a Israel.

Lo que realmente preocupaba a los representantes demócratas, sin embargo, era una cruda realidad: no querían tener que votar sobre la ayuda concedida a Israel. ¿Por qué? Porque en lo que se refiere a la política seguida con Palestina estos representantes están más desfasados respecto a sus electores que en cualquier otro tema

Aun así, esto no significa que la presentación de estas enmiendas a la ley presupuestaria no haya puesto en apuros a varios representantes demócratas. Algunos de ellos indicaron que la enmienda recortaría los fondos destinados a los «programas diplomáticos» estadounidenses relacionados con Israel, que en teoría incluyen también partidas educativas y culturales, además de la ayuda militar. Es un argumento falso. El proyecto de ley presupuestaria destina escasos fondos a cualquier otra cosa que no sea la ayuda militar. Lo que realmente preocupaba a los representantes demócratas, sin embargo, era una cruda realidad: no querían tener que votar sobre la ayuda concedida a Israel. ¿Por qué? Porque en lo que se refiere a la política seguida con Palestina estos representantes están más desfasados respecto a sus electores que en cualquier otro tema. Aunque siguen preocupados por la reacción de los donantes ante un voto en contra de la ayuda a Israel, saben que sus electores están hartos de ver cómo el dinero de sus impuestos se destina a financiar el genocidio, la limpieza étnica, la ocupación militar y otros innumerables crímenes de guerra cometidos impunemente por Israel.

Por eso, los congresistas demócratas de la Cámara de Representantes temen lo que dirán sus votantes, si votan en contra de la enmienda presentada por Massie. Encontrarse en esta situación es algo realmente muy poco habitual para los demócratas moderados. Consideremos las palabras de Pete Aguilar, uno de los congresistas demócratas más influyentes de la Cámara de Representantes y firme defensor de Israel:

Tanto si se está a favor como en contra de la enmienda presentada por Massie, eso no significa que pensemos que todo va bien en esa región, ni que Netanyahu tenga carta blanca. Tampoco significa que nuestra ayuda y nuestro apoyo vayan a durar para siempre y seguiremos trabajando en ello.

Aguilar, sin lugar a dudas, se opone a la enmienda presentada por Massie y apoya plenamente la ayuda concedida por Estados Unidos a Israel. Desde hace tiempo es uno de los favoritos del American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). Sin embargo, ni siquiera él se siente cómodo otorgando a Israel un reconocimiento totalmente positivo. Si Aguilar está dispuesto a matizar de esta manera su apoyo retórico a Israel, ello es un claro indicio de que incluso él está sintiendo presión sobre este tema. Lois Frankel, también representante demócrata proisraelí de Florida, dijo:

Si se va a reajustar nuestra relación con cualquier país extranjero, no debería hacerse únicamente mediante una enmienda introducida en un proyecto de ley presupuestaria. Debe entablarse en mi opinión una conversación en profundidad y exhaustiva en la que participen muchas personas diferentes.

Al igual que en el caso de Aguilar, se trata de una declaración notable por parte de Frankel. No hay ninguna mención a «nuestro gran aliado, Israel» ni palabras similares en ese sentido. Podría estar hablando de cualquier otro país. Algunos representantes fueron un poco más directos, como el congresista demócrata Greg Meeks, el miembro de mayor rango del Comité de Asuntos Exteriores y Servicios Armados de la Cámara de Representantes:

Sé que sigue habiendo una situación de peligro [en Israel]. No quiero que Israel se quede sin lo que necesita […]. Hay demasiados factores como para decir […]: «Vamos a cancelar ayuda por un valor de 3,3 millardos de dólares» […]. No creo que sea lo más sensato […] no es una buena política.

Jugando con las normas para ayudar a Israel

Aunque esta enmienda la presentó un representante republicano, el resto del partido de Massie se mantiene firme a la hora de votar a favor de armar a Israel hasta los dientes. Por eso los Demócratas interpretan acertadamente esto como una decisión «trampa» de la Comisión de Reglamento. Se somete a votación la enmienda para complicarles la vida a los representantes demócratas, sabiendo que no tiene ninguna posibilidad de ser aprobada y que probablemente no alcanzará el apoyo necesario para que la votación sea siquiera reñida. Su presentación obligará, sin embargo, a los Demócratas a pronunciarse públicamente sobre Israel y pondrá de relieve esta cuestión, que destaca la división entre los donantes al Partido Demócrata y los votantes al mismo. Esa estrategia resulta evidente, cuando analizamos algunas de las enmiendas que la Comisión de Reglamento declaró «fuera del orden del día», lo que significa que quedaban descartadas sin haber sido siquiera consideradas por la Cámara.

Una de esas enmiendas desechadas también fue presentada por Massie, junto con el representante demócrata por California Ro Khanna. Esa propuesta habría eliminado la sección 219 (anteriormente sección 224) de la National Defense Appropriations Act, la cual supone un intento de entrelazar los ejércitos estadounidense e israelí y en la práctica otorga a Israel un puesto permanente en la mesa de la estrategia militar estadounidense, situación que potenciaría enormemente no solo la colaboración, sino también el intercambio de inteligencia y tecnología entre ambos países. Massie respondió a la decisión afirmando: «Si la sección 219 se promulga como ley, el pueblo estadounidense debería interpretarlo como una capitulación total del Congreso, que cede la autonomía de nuestra nación a la influencia extranjera». La diputada Alexandria Ocasio-Cortez también presentó once enmiendas al proyecto de ley presupuestaria del Departamento de Estado. Las once fueron declaradas «deshechadas». La mayoría de las propuestas de Alexandria Ocasio-Cortez se referían a América Latina o a Puerto Rico y una a Bangladés.

Se elaboró otra enmienda, sin embargo, destinada a dificultar considerablemente las subvenciones y las ventas de armamento a Israel. Habría exigido al presidente Trump certificar que cualquier país que recibiera dicho armamento lo utilizara únicamente de conformidad con el derecho internacional. La medida también habría exigido al presidente certificar, que el país en cuestión no estuviera obstaculizando la ayuda humanitaria. Tras dicha certificación, el Congreso tendría que aprobar el correspondiente proyecto de ley para autorizar cada una de las transferencias de armamento decididas. Parece a primera vista que esta enmienda trata simplemente de complicar el proceso burocrático, sobre todo porque la legislación estadounidense ya prohíbe la concesión de todo tipo de ayuda militar a países que no cumplan esas normas. Pero, en la práctica, Israel simplemente recibe sus subvenciones cada año, el presidente envía las armas y el Congreso aprueba todo ello en su debido momento sin entrar en más consideraciones, porque se da por sentado que las ventas y las subvenciones a «nuestro gran aliado» Israel cumplen con la normativa pertinente. La enmienda de Alexandria Ocasio-Cortez trasladaría esa responsabilidad, exigiendo que se comprobase el cumplimiento por parte de Israel en cada caso antes de que se transfiera el armamento correspondiente. La propuesta de Alexandria Ocasio-Cortez politizaría y daría publicidad a este proceso legislativo-administrativo. Aunque no detendría por completo las ventas de material bélico y las subvenciones concedidas a Israel, daría a los defensores que trabajan para cortar el flujo de armas a este país la oportunidad que necesitan para contrarrestarlas a través del discurso público y presionando a la Casa Blanca y al Capitolio.

En el pasado, en lo que respecta a Palestina e Israel, daba igual qué partido estuviera en el poder; el cheque en blanco concedido a este país seguía adelante de todos modos. Esto está cambiando y las recientes elecciones primarias celebradas en el Partido Demócrata lo demuestran. La batalla está lejos de haberse ganado, pero los representantes demócratas ya no se sienten cómodos votando a favor de conceder ayuda a Israel

Habría sido eficaz y, de haber llegado al pleno de la Cámara, habría planteado un verdadero dilema tanto a los representantes demócratas como a los pocos representantes republicanos, cuyos electores desean que se ponga fin al flujo de armas hacia Israel. Sin duda, muchos se habrían visto obligados a votar a favor de la enmienda. Quizá no lo suficiente para aprobarla, pero sí para hacer sonar las alarmas en los pasillos del AIPAC y en todas las oficinas del Congreso que colaboran con el Comité. Pero la enmienda no verá la luz y ello se debe precisamente a que se trata de una enmienda totalmente razonable, que la mayoría de los votantes demócratas e independientes y también algunos republicanos apoyarían. Lo mismo puede decirse de la enmienda Khanna-Massie.

Ese es el poder que otorga tener la mayoría en la Cámara de Representantes, aunque solo sea por un estrecho margen. En el pasado, en lo que respecta a Palestina e Israel, daba igual qué partido estuviera en el poder; el cheque en blanco concedido a este país seguía adelante de todos modos. Esto está cambiando y las recientes elecciones primarias celebradas en el Partido Demócrata lo demuestran. La batalla está lejos de haberse ganado, pero los representantes demócratas ya no se sienten cómodos votando a favor de conceder ayuda a Israel. Ahora se están dando cuenta de que eso puede costarles las elecciones, algo que antes no habían considerado posible. Se necesita hacer mucho más, pero los vientos políticos ya han cambiado lo suficiente como para que un progresista como Greg Casar, que no ha sido precisamente uno de los más audaces en la cuestión de Palestina, diga sobre el proyecto de ley de Massie:

Soy consciente de que la enmienda (de Massie), tal y como está redactada, podría recortar tanto la ayuda en concepto de armamento militar (-3,3 millardos de dólares) como parte de la financiación diplomática (-50 millones de dólares) concedidas a Israel. Aunque preferiría votar a favor de una enmienda que suprimiera únicamente la financiación militar, creo que lo más importante aquí es oponerse a los miles de millones destinados a fines bélicos.

Aunque solo Casar y Alexandria Ocasio-Cortez han anunciado públicamente su apoyo a la enmienda de Massie, es probable que más representantes demócratas se sumen a ellos. El número de quienes lo hagan será relevante, porque si se conforma un número significativo, enviará un mensaje al AIPAC y a otros grupos proisraelíes sobre lo inestable que es su posición. Y esa posición seguramente será aún más débil en el Congreso surgido de las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre.

No bastará simplemente con contar con una mayoría demócrata en el nuevo Congreso. Pero es preciso afirmar que nunca la presión a favor de los derechos del pueblo palestino y la capacidad para que se produzca un cambio radical en la política hacia Israel han estado tan bien organizadas, han tenido tanto alcance y han sido tan influyentes. Este trabajo de presión puede hacer que al Partido Demócrata y a sus representantes les resulte extremadamente incómodo permitir que continúe el flujo de armas hacia Israel. La presión a favor de Israel sigue estando muy bien financiada y se beneficia de una larga experiencia, así como de relaciones bien establecidas en Washington. Por ello, el AIPAC y sus aliados seguirán siendo una presencia formidable. Pero el terreno de juego es más competitivo que nunca e Israel resulta mucho más difícil de defender que en cualquier otro momento. Los resultados ya se están haciendo evidentes y el camino hacia una política diferente respecto a Palestina e Israel nunca ha estado tan abierto.


Recomendamos leer Raymond Geuss, «La política de la impunidad de Israel», «La historia de los vencedores» y «Galia y Gaza», «Una nueva patria para el Estado israelí en Evansville, Indiana, Estados Unidos», Diario Red, y «¡Liberales nostálgicos de todos los países, uníos!», Ant/agón. Alexander Zevin, «Ecos del liberalismo», NLR 150, y «Trump's Gulf War», NLR 158.

Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.