Por qué es erróneo e injusto, que Trump e Israel exijan al pueblo palestino que se desarme
Las exigencias de que Hamás y el resto de las organizaciones de la resistencia palestina se desarmen se producen tras décadas de llamamientos internacionales a favor de un «Estado palestino desmilitarizado». Estas exigencias insisten en que el pueblo palestino debe abdicar a su derecho a la autodefensa, un derecho al que ningún pueblo debería renunciar
Entre las muchas propuestas estereotipadas presentes en el lenguaje diplomático en torno a Palestina se encuentra el apoyo a «un Estado palestino desmilitarizado, que conviva en paz y armonía junto a Israel», la cual se repite con tanta frecuencia que pasa desapercibida la mayor parte del tiempo. Esta premisa y su inherente injusticia, disfuncionalidad y falta de pragmatismo, fue puesta de relieve públicamente esta semana nada menos que por la orwelliana Junta de la Paz de Donald Trump. El 1 de agosto la Junta publicó el texto completo de su plan en el que se esboza la última estrategia confeccionada para lograr un alto fuego efectivo en Gaza, iniciar la reconstrucción, permitir que un grupo de tecnócratas palestinos comience a asumir cierta autoridad limitada en Gaza y, sobre todo, desarmar a los grupos armados palestinos.
Este nuevo plan se ha presentado como la segunda fase del plan contenido en el acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025, ignorando el hecho de que Israel no ha cumplido ninguna de las obligaciones estipuladas en la primera fase y que, de hecho, en ningún momento desde entonces ha dejado de asesinar a la población palestina al tiempo que ha ido ocupando gradualmente una parte cada vez mayor de Gaza, empujando a los supervivientes cada vez más cerca del mar
Cabe señalar, brevemente, que un plan de este tipo no debería haber sido necesario, ya que en teoría formaba parte del denominado acuerdo de «alto el fuego» declarado en octubre de 2025. Este nuevo plan se ha presentado como la segunda fase del plan de octubre, ignorando el hecho de que Israel no ha cumplido ninguna de las obligaciones estipuladas en la primera fase y que, de hecho, en ningún momento desde entonces ha dejado de asesinar a la población palestina al tiempo que ha ido ocupando gradualmente una parte cada vez mayor de Gaza, empujando a los supervivientes cada vez más cerca del mar. De acuerdo con la información disponible, las facciones palestinas mantuvieron consultas muy delicadas y difíciles en torno a este último plan. Al final, decidieron aceptarlo y pasarle la pelota a Israel. La clave de esa aceptación ha radicado en una cláusula concreta del acuerdo, que vincula el desarme palestino a la retirada israelí de Gaza, que se llevaría a cabo por fases, y que establece, que las armas palestinas no serían destruidas, sino entregadas a la junta palestina de tecnócratas.
Esas condiciones figuraban en el plan de la Junta de Paz. El Artículo 8 describía que «el proceso de desmantelamiento y almacenamiento de armas pesadas, instalaciones de producción militar, depósitos de armas y túneles comenzará tras completar los compromisos pendientes en virtud del Protocolo de Sharm el-Sheij, la entrada en funciones del Comité Nacional para la Administración de Gaza y el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización». El Comité Nacional para la Administración de Gaza es el consejo tecnocrático palestino propuesto y la tan comentada Fuerza Internacional de Estabilización, por su parte, es la institución, que se encargaría de velar por la seguridad en Gaza. Las «condiciones restantes» que todavía deben cumplirse se refieren a los continuos ataques de Israel contra la población palestina y a su desplazamiento más allá de la denominada «Línea Amarilla», que divide Gaza en dos partes, una de las cuales ocupada por Israel (53 por 100 del territorio) a tenor del acuerdo de octubre de 2025. Desde entonces, Israel ha desplazado la misma ininterrumpidamente, llegando a ocupar bastante más del 60 por 100 y, según algunas estimaciones, habiendo ocupado el 70 por 100 del territorio de la Franja.
La cláusula de la Junta de Paz continúa afirmando: «[…] Este proceso estará vinculado a la retirada israelí, que se efectuará por fases, de las zonas bajo su control en Gaza y al desarme de las milicias armadas de conformidad con el Artículo 10 de esta Hoja de Ruta […]. Las facciones palestinas participarán en este proceso y no se transferirán ni entregarán armas a Israel ni a partes no palestinas». No hay ninguna ambigüedad al respecto. Todas las armas quedarían en manos de los tecnócratas palestinos y la entrega de las mismas se vincula explícitamente a la retirada de Israel, no solo de la zona situada más allá de la Línea Amarilla, lo cual se exige de forma inmediata, sino en fases graduales de la totalidad de la Franja de Gaza.
Sin embargo, casi inmediatamente después de que Hamás aceptara su desarme pero únicamente a tenor de lo estipulado en el acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025, el presidente de la Junta de Paz, Nickolay Mladenov, se reunió con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y esta emitió una «declaración aclaratoria» en la que se afirmaba, que Israel solo se retiraría después de que los palestinos se hubieran desarmado por completo. Este rápido cambio de rumbo, que contradice flagrantemente lo estipulado en el mencionado acuerdo, no solo confirmó que la Junta de Paz no es más que una herramienta para continuar con el proyecto de aplastar a los palestinos, sino que lo reafirmó con más contundencia si cabe.
Hamás y las demás organizaciones de la resistencia palestina apostaron por sacar a la luz el farol estadounidense e israelí al aceptar esto. Y si esperaban que realmente fuera un farol, muy pronto se demostró que tenían razón. A pesar de la clara redacción del acuerdo, que vincula la retirada israelí al desarme palestino, Israel se negó a aceptar esta estipulación, lo que no debería haber sorprendido a nadie. Sin embargo, casi de inmediato, el presidente de la Junta de Paz, Nickolay Mladenov, se reunió con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y esta emitió una «declaración aclaratoria» en la que se afirmaba, que Israel solo se retiraría después de que los palestinos se hubieran desarmado por completo. Este rápido cambio de rumbo no solo confirmó que la Junta de Paz no es más que una herramienta para continuar con el proyecto de aplastar a los palestinos, sino que lo reafirmó con más contundencia si cabe.
La autodefensa palestina es el núcleo de la cuestión
La Junta de Paz es una iniciativa de Trump y, por consiguiente, no hay motivo alguno para esperar que considere seriamente en ningún caso el bienestar del pueblo palestino al igual que tampoco existe razón alguna para esperarlo de cualquier idea o iniciativa de procedencia estadounidense, y mucho menos israelí. No obstante, la rapidez con la que la Junta dio el mencionado giro tan radical plantea una cuestión más fundamental sobre la diplomacia internacional en torno a Palestina en general, la cual sigue centrándose en la solución de los dos Estados. Aunque muchos defensores de Palestina argumentan con razón que dicha solución no es viable, es necesario examinar algunos de los supuestos que sustentan este intento fallido. La formulación de los dos Estados se ha expresado como «dos Estados para dos pueblos», lo cual implica que un Estado israelí convive en paz junto a un Estado palestino desmilitarizado.
La idea de que un Estado palestino no tendría capacidad para defenderse se ha dado por sentada durante mucho tiempo, pero no se declaró oficialmente hasta que el presidente estadounidense Bill Clinton describió este como un «Estado palestino no militarizado» en sus Clinton Parameters (2000). Clinton preveía una fuerza fronteriza internacional que defendiera las fronteras palestinas y disuadiera de cualquier ataque, pero esto, por supuesto, nunca fue realista. ¿Qué fuerza internacional repelería realmente a las fuerzas israelíes, si estas decidieran invadir ese hipotético Estado palestino? La incapacidad de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano para impedir la infiltración israelí en el sur del Líbano es un claro ejemplo de ello. Con el paso del tiempo, todas las alusiones a dicha fuerza internacional cayeron simplemente en el olvido. Sin embargo, la idea de que el hipotético Estado palestino esté desmilitarizado ha perdurado y se ha convertido en una parte esencial del marco previsto de la creación de los dos Estados. Como se colige de la forma en que la Junta de Paz y el gobierno de Trump están actuando en Gaza, lo que esta noción significa realmente es que Israel y sus aliados insistirán en que los palestinos renuncien a todos los medios para resistir a Israel por la fuerza.
Pero la cuestión no es la solución de los dos Estados en sí misma; el verdadero problema que ha quedado de nuevo al descubierto durante la última semana es la idea de que a los palestinos, incluso en un mundo posterior al genocidio y a la ocupación, se les niegue el derecho a la autodefensa
Pocos se preguntan qué opinan los palestinos de esa idea, pero cuando la empresa palestina de sondeos The People Company for Polling and Social Research realizó una encuesta en junio de 2026, descubrió que solo el 20 por 100 de los palestinos aceptaba la idea de un Estado desmilitarizado. De hecho, cuando se le preguntó a la población palestina no solo sobre esta condición, sino sobre el tipo de condiciones anejas, que suele incluir la solución de los dos Estados (como que a los refugiados palestinos solo se les permita regresar al Estado palestino y que solo un número simbólico pueda regresar a zonas situadas dentro de Israel), el 59 por 100 se opuso a ello, aunque el 51 por 100 siguió manifestando su apoyo genérico a la idea de una solución de los dos Estados. Pero la cuestión no es la solución de los dos Estados en sí misma; el verdadero problema que ha quedado de nuevo al descubierto durante la última semana es la idea de que a los palestinos, incluso en un mundo posterior al genocidio y a la ocupación, se les niegue el derecho a la autodefensa. Por supuesto, los palestinos y las palestinas rechazan esto, pero nadie, ni siquiera los supuestos líderes palestinos de la colaboracionista OLP, debate la cuestión en el ámbito diplomático. La noción de un «Estado palestino desmilitarizado» se repite a menudo y rara vez, por no decir nunca, se cuestiona.
De hecho, se debate incluso con menos frecuencia que el derecho al retorno, otra condición sobre la que simplemente se da por sentado que los palestinos cederán, suposición que parecen compartir todo el mundo excepto los propios palestinos y palestinas, a quienes aparentemente nunca se les pregunta al respecto. Pero el derecho al retorno es tan fundamental para el nacionalismo palestino que muchos palestinos han alzado una voz tan fuerte que resulta más difícil ignorarla, aunque gran parte del mundo siga intentándolo con ahínco. La cuestión de la autodefensa ha tenido menos protagonismo, en parte porque está intrínsecamente asociada a la solución de los dos Estados y por ende la oposición a ella suele quedar subsumida bajo la oposición a esta solución considerada en general. Sin embargo, la cuestión del derecho a la resistencia ha cobrado mayor relevancia desde el 7 de octubre de 2023.
Derecho a la autodefensa
El 7 de octubre demonizó todavía más a la resistencia palestina, no solo en la mente de Israel y sus aliados occidentales, sino también en las capitales árabes, que habían estado trabajando para encontrar formas de establecer relaciones con Israel a pesar de la negativa de este a ceder en lo más mínimo respecto a su ocupación de los territorios palestinos. En lugar de aprender la lección obvia de que la ocupación y la negación de los derechos básicos conducen inevitablemente a días horribles como el 7 de octubre, y a respuestas todavía más obscenamente espantosas como el genocidio que ha seguido, Israel utilizó el suceso como una prueba más de que había que desarmar a los palestinos. La cooperación en el proceso de la Junta de Paz y el apoyo no solo de Europa, sino también de la mayor parte de los dirigentes políticos árabes, demuestran el éxito de ese esfuerzo.
Se trata de un consenso contundente que respalda, o al menos acepta tácitamente, la idea de que los palestinos deben ser colocados en una situación el que se hallen incapacitados para defenderse. El planteamiento sobrepasa el argumento de que el 7 de octubre demuestra de alguna manera que los palestinos son, según el estereotipo, «demasiado brutales» como para que se les confíen armas, incluso mientras que al gobierno israelí y a los colonos, mucho más violentos y asesinos, nunca se les cuestiona su «derecho a la autodefensa» por muchas veces que ese «derecho» se utilice para asesinar agresivamente a civiles inocentes. No, se trata de un argumento mucho más amplio, que sostiene que los palestinos son tan intrínsecamente y singularmente violentos que nunca podrán gobernarse verdaderamente a sí mismos. Incluso la condescendiente fórmula de la «vía hacia un Estado palestino» siempre está condicionada a la existencia de otra parte que tenga tanto la autoridad como los medios para imponerla por encima del pueblo palestino.
¿Cómo puede haber siquiera algún tipo de autodeterminación palestina, independientemente de si se trata de un único Estado entre el río y el mar, de dos Estados, de una confederación o de cualquier otro acuerdo, si el pueblo palestino debe confiar en que Israel, que lo ha dominado, desposeído y privado de sus derechos de forma tan brutal durante tanto tiempo, no decidirá volver a hacerlo? Incluso antes de considerar lo absurdo que resulta afirmar que el pueblo palestino debe vivir junto a sus opresores de toda la vida o con ellos en ese estado de fe ingenua, está el hecho de que la autodeterminación es inseparable del derecho y la capacidad de defenderse frente a un posible ataque. Si la visión consistiera en crear una especie de región mágica y pacificada en la que Israel ya no pudiera suponer una amenaza para los palestinos, sería razonable argumentar que los palestinos deberían hacer lo mismo. Dada la historia y la naturaleza del mundo real, ninguna de las dos partes de esa ecuación es realista.
En realidad, Hamás tenía razón: no se trataba de desarmarles a ellos y al resto de organizaciones de la resistencia palestina, lo cual, en determinadas condiciones, podrían haber aceptado, si bien a regañadientes, sino de desarmar al pueblo palestino de forma permanente, algo a lo que ni Hamás ni la mayoría de los palestinos y palestinas están dispuestos a acceder
Aquellos miembros de Hamás y de las demás facciones de la resistencia palestina que abogaban por poner a prueba el farol estadounidense y aceptar la oferta inicial de la Junta de Paz eran conscientes de todo esto y por eso insistieron en que sus armas se entregarían de forma gradual y únicamente a otros palestinos. Es posible que ni siquiera hubieran aceptado esto, si hubieran esperado que Israel aceptara el acuerdo, pero asumieron el riesgo porque, incluso si Israel les sorprendía y cooperaba con la Junta, el armamento palestino permanecería en manos palestinas. Ese era y es el problema, y no solo para Israel. Ante esa objeción, no hubo ningún intento de desdecirse por parte de los diversos instrumentos de la Junta de Paz del gobierno de Trump. En realidad, Hamás tenía razón: no se trataba de desarmarles a ellos y al resto de organizaciones de la resistencia palestina, lo cual, en determinadas condiciones, podrían haber aceptado, si bien a regañadientes, sino de desarmar al pueblo palestino de forma permanente, algo a lo que ni Hamás ni la mayoría de los palestinos y palestinas están dispuestos a acceder.
Todo ello no es sino un ejemplo más de cómo se espera que el pueblo palestino acepte condiciones que jamás se impondrían a cualquier otro sujeto. Y es también otro ejemplo de cómo la diplomacia internacional, ya provenga de Washington, Bruselas o Riad, sigue sumida en un atolladero sin salida creado por ella misma, proponiendo sin cesar nuevas formas de deshumanizar al pueblo palestino en lugar de contribuir a trazar un camino hacia un futuro mejor para todos aquellos que viven entre el río y el mar.
Recomendamos leer Craig Mokhiber, «Cómo el mundo puede enfrentarse al mandato colonial inaceptable en Gaza del Consejo de Seguridad de la ONU», «El mundo de rodillas: la «Junta de Paz» de Trump y los tiempos oscuros que se avecinan» y «La ONU abraza el colonialismo: análisis del mandato del Consejo de Seguridad para la administración colonial estadounidense de Gaza», Diario Red. Jeremy Scahill, «Trump, Gaza y los Acuerdos de Oslo: un déjà vu» y «Exclusiva: Documentos internos revelan que la «Junta de Paz» de Trump se dispone a acabar con la autodeterminación palestina», Ant/agón. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos Ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «El genocidio como supresión colonial» (2024), «Anatomía de un genocidio» (2024), «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025), «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025) y «Torture and Genocide» (2026). Euro-Med Human Rights Watch, Another genocide behind walls: Sexual violence in Israeli prisons and detention centers and engineered impunity, October 2023-October 2025. The independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory including East Jerusalem, and Israel (OHCHR), «The essence of childhood has been destroyed”: Israel’s deliberate targeting of Palestinian children in the Occupied Palestinian Territory since 7 October 2023 (2026). B’tselem, «Unshielded Childhood: Palestinian children and teenagers killed by Israel in the West Bank in 2025» (2026). Al-Dameer Association for Human Rights, «Missing Palestinians in the Gaza Strip Amid the Genocidal War» (2026).
Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.