Hillary Clinton o la abyección del extremo centro

La defensa por parte de Hillary Clinton del plan de 20 puntos elaborado por Trump para Gaza y de la funesta Junta de Paz que lo acompaña, publicada hace unos días en el Financial Times y que ha pasado prácticamente inadvertida en la prensa española,  delimita con precisión los contornos del fascismo actual e ilumina una parte de la política de clase necesaria para hacerle frente

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La población palestina de la ciudad cisjordana de Hebrón se manifiestan contra la nueva ley israelí, que establece la pena de muerte como castigo por defecto para los palestinos condenados por atentados mortales contra individuos israelíes, 16 de abril de 2026 - Mosab Shawer / ActiveStills.

La gradación de la infamia y la vileza del extremo centro por no hablar de la derecha o de la extrema derecha, que es su enzima metabólico, opera mediante una curiosa jerarquía de distorsión de la realidad, de brutalidad, de crueldad y de inmundicia ética, que recorre las diversas formas de degradación de la vida o del exterminio directo del sujeto proletario global, como atestigua la comisión del actual genocidio, la destrucción de una porción sustancial de la infraestructura civil de países enteros, la imposición de políticas migratorias criminales o la lenta corrosión y deterioro de los Estados del bienestar, allí donde las luchas y el desarrollo desigual del capitalismo histórico los hicieron posibles, mediante políticas de desregulación, privatización, penetración reaccionaria de los gigantes tecnológicos o torsión autoritaria y dictatorial de las formas Estado, de la Comisión Europea, a la Comunidad de Madrid, de Londres, Berlín, Roma o París, pasando por Melilla, Stecatto di Cutro o los comportamientos de las policías y los tribunales de toda Europa.

Si quieres entender por qué tantos jóvenes de Estados Unidos piensan que viven en un auténtico Estado unipartidista en el que las etiquetas «demócrata» y «republicano» no son más que estrategias de marketing para vender las mismas políticas, el reciente artículo de Hillary Clinton «The world may not like Trump’s Gaza plan — but there is no alternative», publicado en el Financial Times el pasado 18 de junio, es una introducción muy útil. La exsecretaria de Estado insta a «Europa, a los socios regionales y a la comunidad internacional en general» a apoyar el plan de 20 puntos para Gaza propuesto por Donald Trump, quien la derrotó en las elecciones de 2016. Si incluso una «adversaria implacable» de Trump como ella puede constatar, que esta es «la mejor opción en una situación terrible», insiste, entonces «seguramente otros también pueden hacerlo».

Hay un aire de irrealidad en la intervención de Clinton. La historia ha avanzado mucho más allá del plan de 20 puntos, presentado en septiembre de 2025 durante una rueda de prensa en la Casa Blanca con Netanyahu sobre todo porque gran parte del mismo se refería al intercambio de rehenes entre Israel y Hamás, una cuestión que ahora carece de relevancia. En el centro la propuesta contenida en el plan de 20 puntos está la Junta de la Paz, cuyo Consejo Ejecutivo de Gaza, compuesto por once miembros, cuenta con lumbreras tan destacadas como el desacreditado exprimer ministro británico Tony Blair, un promotor inmobiliario neoyorquino amigo de Trump (Steve Witkoff) y su propio yerno (Jared Kushner). Clinton no considera oportuno mencionar, que este Consejo Ejecutivo no incluye ni una sola persona palestina, lo cual tal vez ni se le pasó por la cabeza.

Su análisis de lo que ella denomina «la crisis en Gaza» también presenta lagunas evidentes. Clinton no intenta justificar la matanza basándose en el derecho de Israel a la autodefensa, presumiblemente porque sabe que ese argumento ya no tiene validez desde hace tiempo. De hecho, ni siquiera lo menciona. Cuando Clinton tiene que referirse a las condiciones imperantes en la Franja, sus frases se desarticulan y, de repente, carecen de sujeto gramatical: «Reconstrucción paralizada. Ausencia de inversión. Civiles atrapados en la dependencia y la desesperación, a lo cual se añade, de acuerdo con la información disponible, hasta mil personas asesinadas desde la declaración del alto el fuego». Hillary Clinton no se nos dice quién los mató. No se menciona el uso del hambre como arma de guerra, el bombardeo de hospitales, los francotiradores que apuntan a los niños, ni ninguna de las estrategias desplegadas en lo que diversas organizaciones internacionales consideran un genocidio. La «crisis» parece no haber sido causada por nadie salvo, implícitamente, por Hamás, cuya «influencia política y práctica sobre una población devastada» debe ser desmantelada.

Clinton sostiene que los israelíes «no pueden apoyar indefinidamente los objetivos generales de estabilización y normalización», pero, ¿qué significa «normalidad» para un Estado etnosupremacista?

Cuando Clinton intenta argumentar que el plan de 20 puntos es el único marco realista disponible, las fantasías que estructuran su pensamiento salen a la luz. Afirma que «sin desmilitarización y sin una transición, que suponga el fin del dominio de Hamás», no habrá retirada israelí de Gaza, dando a entender que, si se dieran esas circunstancias, esta se produciría. ¿Alguien cree tal cosa siquiera por un momento? Desde luego nadie en Israel. Clinton sostiene que los israelíes «no pueden apoyar indefinidamente los objetivos generales de estabilización y normalización», pero, ¿qué significa «normalidad» para un Estado etnosupremacista? La forma de «normalización», que Israel ha estado apoyando, equivale a mantener a más de dos millones de personas en una prisión al aire libre durante décadas. ¿Es esto realmente una contribución a la «estabilidad»?

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Moayen al-Ghalayini recibe cuidados de su madre dentro de una tienda de campaña en la ciudad de Gaza el 29 de abril de 2026. El niño presenta quemaduras graves en la mayor parte de su cuerpo y necesita ser trasladado urgentemente para recibir tratamiento quirúrgico y reconstructivo - Mohammed al-Aswad / APA Images.

¿De verdad no hay alternativa, como insiste Clinton? ¿Qué hay de la aplicación de las numerosas resoluciones de la ONU, que exigen a Israel que se retire de todos los territorios ocupados? Si ello es «poco realista», ¿por qué lo es y de acuerdo con el realismo de quién? Clinton invoca el espectro de lo que ella denomina «parálisis». «Una parálisis prolongada debilita las voces moderadas», escribe. Yo añadiría que el asesinato sistemático de negociadores también tiende a debilitar las voces moderadas. La parálisis, escribe, no es una «posición neutral» y «la demora tiene consecuencias». Cuando la UE se negó durante años a condenar el genocidio en Gaza, eso fue tomar partido. No recuerdo que Clinton se pronunciara contra la parálisis entonces, cuando Israel se sentía seguro de su poder y quería tener vía libre para continuar con sus apropiaciones de tierras y la masacre de civiles.

Ahora que los planes para el Gran Israel han encallado definitivamente, Israel quiere una intervención internacional para intentar salvar lo que pueda ser salvado de la debacle. Lo que Clinton y los sujetos de su calaña temen no es la parálisis, sino todo lo contrario: la situación se está moviendo muy rápido, pero no en la dirección que Israel desea. La opinión pública mundial, especialmente entre los jóvenes estadounidenses, que son cruciales para el futuro de Israel, se siente cada vez más indignada por las acciones y actitudes israelíes. Mientras tanto, las propias políticas están fracasando: Hamás, Hezbolá y Ansar Allah siguen operativos; Irán se encuentra en una posición más fuerte. Estados Unidos, la superpotencia que respalda a Israel, se ha topado visiblemente con los límites de lo que puede hacer.

Al vincular la apertura del estrecho de Ormuz con la cuestión de la agresión israelí en los territorios que ocupa (Palestina) o que intenta ocupar (el sur del Líbano), Irán ha cambiado radicalmente el marco de debate sobre la cuestión palestina

El hecho de que el bando proisraelí esté recurriendo a figuras políticas totalmente amortizadas como Hillary Clinton, que además se permite el lujo de escribir como si ignorara la importancia de los acontecimientos ocurridos durante el último año, es una indicación del grado de extravío político en el que aquel se halla inmerso. Aparte de una alusión eufemística a que la «atención internacional» se ha «desviado comprensiblemente hacia otros lugares» durante los últimos meses, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán brilla por su ausencia en el texto de Clinton, aunque es fundamental, sin embargo, para la situación que ella describe. Al vincular la apertura del estrecho de Ormuz con la cuestión de la agresión israelí en los territorios que ocupa (Palestina) o que intenta ocupar (el sur del Líbano), Irán ha cambiado radicalmente el marco de debate sobre la cuestión palestina.

Intentar romper este vínculo forma parte, por supuesto, de la estrategia israelí. Durante años, Israel y sus partidarios se han quejado de que la atención mundial se centrase exclusivamente en Gaza: «Fíjense en la situación de seguridad más amplia, en el peligro que supone Irán para el mundo». Ahora el discurso ha cambiado y Hillary Clinton nos insta a centrarnos en Gaza: «Por favor, hablen solo de Gaza, que no tiene ninguna relación con el intento de limpieza étnica en Jerusalén Este y Cisjordania, ni con las apropiaciones de tierras israelíes en Siria, ni con la ocupación del sur del Líbano, ni con los programas de asesinatos y decapitaciones ejecutados en toda la región, ni con los ataques no provocados contra Irán (en ambos casos mientras se estaban llevando a cabo conversaciones de paz), ni con las exigencias iraníes de cese de las hostilidades en todos los frentes como condición previa para cualquier negociación […]».

La paradoja es que Clinton tiene en parte razón, la opresión israelí de los palestinos es una de las causas fundamentales de los conflictos actuales, pero ella invoca esta con fines totalmente confusionarios. El intento de presentar Gaza como una «crisis» humanitaria aislada y sin causa es más obsoleto que nunca. Incluso Trump parece darse cuenta de ello, pero no su «implacable oponente».


Recomendamos leer Raymond Geuss, «La política de la impunidad de Israel», «La historia de los vencedores» y «Galia y Gaza», «Una nueva patria para el Estado israelí en Evansville, Indiana, Estados Unidos», Diario Red, y «¡Liberales nostálgicos de todos los países, uníos!», Jeremy Scahill y Jawa Ahmad, «Exclusiva: Documentos internos revelan que la «Junta de Paz» de Trump se dispone a acabar con la autodeterminación palestina», y Tom Hazeldine, «Starmer, contra las cuerdas», todos ellos publicados en Ant/agón.  Alexander Zevin, «Ecos del liberalismo», NLR 150, y «Trump's Gulf War», NLR 158. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos Ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «El genocidio como supresión colonial» (2024), «Anatomía de un genocidio» (2024) y «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025) y «Torture and Genocide» (2026). Euro-Med Human Rights Watch, Another genocide behind walls: Sexual violence in Israeli prisons and detention centers and engineered impunity, October 2023-October 2025. The Independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory including East Jerusalem, and Israel (OHCHR), «The essence of childhood has been destroyed”: Israel’s deliberate targeting of Palestinian children in the Occupied Palestinian Territory since 7 October 2023 (2026).

Este texto se ha publicado en Sidecar, el blog de la New Left Review, revista bimestral de política y teoría publicada en Madrid por Traficantes de Sueños.