Trump, Gaza y los Acuerdos de Oslo: un déjà vu

Estados Unidos continúa impulsando su plan colonialista para la Franja de Gaza, mientras el Estado terrorista israelí sigue matando y sembrando una destrucción dantesca en los territorios ocupados, prolongándose así el genocidio perpetrado por las potencias occidentales, todo ello contra el telón de fondo de la descomunal batalla que se avecina para dilucidar quién habla en nombre de la causa palestina


 Lamento por la muerte de miembros de las Brigadas Qassam, el brazo armado de Hamás, en la ciudad de Gaza, después de que sus cuerpos fueran recuperados de entre los escombros tras el alto el fuego, 24 de octubre de 2025 - Omar Ashtawy / APA images
Lamento por la muerte de miembros de las Brigadas Qassam, el brazo armado de Hamás, en la ciudad de Gaza, después de que sus cuerpos fueran recuperados de entre los escombros tras el alto el fuego, 24 de octubre de 2025 - Omar Ashtawy / APA images

Tras una resolución sin precedentes aprobada el pasado el 17 de noviembre por el Consejo de Seguridad de la ONU, la cual respalda la agenda del presidente Donald Trump para Gaza, Estados Unidos y sus aliados están tratando ahora de avanzar en la «segunda fase» de su plan de colonización de la Franja y conversión del su territorio en un centro de inversión internacional. El objetivo es utilizar una fuerza internacional, que operará bajo la denominada «Junta de Paz» presidida por Trump, cuyo objetivo es desarmar completamente a la resistencia palestina presente en Gaza e imponer la tutela imperial sobre la Franja. Aunque el plan afirma que «Israel no ocupará ni anexionará la Franja de Gaza», el acuerdo de alto el fuego otorga una amplia autoridad al Estado israelí, mientras sus innumerables ambigüedades podrían permitir que las fuerzas de ocupación israelíes se atrincheraran indefinidamente en la Franja.

«El plan se diseñó y se aprobó para aliviar la presión ejercida sobre Israel y al mismo tiempo para permitirle que continuara efectuando la actual limpieza étnica en Gaza. Coincide exactamente con lo que Israel ha dicho desde un principio»

El plan de 20 puntos presentado por Trump ha sido respaldado por diversos Estados árabes e islámicos, así como por Mahmud Abbas, el nonagenario y enormemente impopular líder de la Autoridad Palestina (AP), pero ha sido rechazado por una amplia representación de otros grupos y partidos políticos palestinos.

«Es un plan israelí, que ha sido rebautizado como el plan de Trump», ha afirmado Diana Buttu, abogada especializada en derechos humanos y anteriormente asesora de los negociadores palestinos. «Todas las garantías se otorgan a Israel, pero no hay garantías para los palestinos. El hecho [es] que todo el control está en manos de Israel. No se cede control alguno a nadie más; a mí me parece totalmente un plan israelí que ha sido rebautizado como plan de Trump, y no al revés», declaró Buttu a Drop Site. «El plan se diseñó y se aprobó para aliviar la presión ejercida sobre Israel y al mismo tiempo para permitirle que continuara efectuando la actual limpieza étnica en Gaza. Coincide exactamente con lo que Israel ha dicho desde un principio».

Israel ha violado repetidamente el acuerdo de «alto el fuego» de Gaza, que entró en vigor el pasado 10 de octubre. El Estado terrorista israelí perpetra ataques diarios en Gaza y ha matado a más de 350 palestinos, al menos 136 de ellos niños y niñas. «Más de un mes después de que se anunciara el alto el fuego y se liberara a todos los rehenes israelíes vivos, las autoridades israelíes siguen cometiendo genocidio contra la población palestina en la Franja de Gaza ocupada», denunció Amnistía Internacional en un informe publicado el pasado 27 de noviembre. Israel «sigue imponiendo deliberadamente condiciones de vida calculadas para provocar de la destrucción física la población palestina sin que exista ningún atisbo de que se haya producido cambio alguno en sus objetivos».

Israel se niega a permitir la entrega de los niveles acordados de alimentos, medicinas y otros productos básicos para garantizar la vida en el enclave y todavía no ha reabierto el paso fronterizo de Rafah con Egipto para que pueda entrar la ayuda humanitaria. Las fuerzas israelíes han penetrado más allá de la llamada «Línea Amarilla», esto es, de las posiciones acordadas en las que se redesplegarían sus fuerzas como parte del intercambio de cautivos. Mientras tanto, Israel sigue ocupando más de la mitad de la Franja de Gaza y sigue efectuando operaciones de demolición masiva de viviendas en la totalidad de la zona este de la misma, habiendo arrasado más de 1500 edificios desde el 10 de octubre. Por otro lado, Israel está construyendo en estas áreas infraestructura militar para lo que, según han afirmado sus portavoces oficiales, será una presencia indefinida.

Las autoridades estadounidenses han hablado de crear una «zona verde», que pretenden utilizar para atraer a los palestinos que opten por abandonar las zonas occidentales de Gaza con la promesa de alimentos, medicinas y refugio, creando así dos cantones en esa área. En la zona que no está bajo ocupación israelí, los analistas predicen que Israel llevará a cabo ataques militares regulares con el pretexto de aplastar a Hamás, mientras niega a la población restante alimentos y medicinas suficientes. «Seguirán matando palestinos y palestinas con la esperanza de que esto provoque la expulsión masiva o el desplazamiento masivo de la población palestina», afirmó Sami Al-Arian, destacado académico y activista palestino y director del Center for Islam and Global Affairs de la Universidad Zaim de Estambul. «Simplemente tendremos un genocidio de bajo nivel. En lugar de que mueran entre 100 y 200 palestinos cada día, como hemos visto en los últimos dos años, serán 15, 20, 25, 30, 35, dependiendo de cómo se sientan los israelíes esa mañana».

Ese ha sido el modus operandi de Israel en el Líbano, donde ha seguido bombardeando regularmente en nombre de la lucha contra Hezbolá, a pesar del acuerdo de alto el fuego respaldado por Estados Unidos firmado en noviembre de 2024 con la organización chií. «Lo que está ocurriendo ahora, de forma clara y explícita, es que la guerra no ha terminado. Israel no ha detenido la guerra, ni ha respetado el alto el fuego. Entonces, ¿qué significa que ahora se impongan todas las condiciones al lado palestino?», dijo el doctor Mustafa Barghouti, destacado líder político palestino y jefe de la Iniciativa Nacional Palestina, quien recientemente declaró a Al Jazeera Mubasher: «El problema principal no está en el lado palestino; el problema principal está en el lado israelí. Por desgracia, la presión occidental se dirige únicamente hacia la parte palestina. Lo que más perturba y preocupa a los palestinos es que cada vez que Israel lanza un ataque contra ellos en la Franja de Gaza, afirma que ha recibido permiso de la parte estadounidense, es decir, del mediador del acuerdo. Entonces, ¿dónde están los mediadores? ¿Y cuál es el papel de un mediador, si su mediación es sesgada?».

Cuando a principios de octubre se cerró el acuerdo de «alto el fuego» en Sharm El-Sheikh, Egipto, Hamás dijo a los mediadores que solo tenía un mandato limitado para negociar las condiciones para poner fin a la guerra de Gaza y llevar a cabo el intercambio de prisioneros. El resto de las condiciones generales establecidas en la propuesta de Trump tendrían que abordarse mediante el consenso entre todos los grupos palestinos, no contando solo con Hamás y la Yihad Islámica Palestina. «En este plan, la “Junta de Paz” es la autoridad soberana. Se trata, en esencia, de una forma de tutela sobre el pueblo palestino, y nosotros no aceptamos la tutela. El pueblo palestino debe poseer la soberanía», afirmó Mohammed Al-Hindi, cofundador de la Yihad Islámica Palestina y su principal negociador político, en una entrevista concedida a Drop Site. «La segunda fase atañe a la retirada [de las fuerzas israelíes] y al futuro de Gaza –su gestión, su gobernanza, quién la gobierna, su relación con Cisjordania–, a la situación general de Palestina y a la cuestión de las armas. Estas cuestiones no pertenecen solo a los grupos palestinos de la resistencia, sino que conciernen a la totalidad del pueblo palestino».

De acuerdo con el plan de Trump, Gaza será administrada por un comité de quinces miembros compuesto por tecnócratas palestinos carentes de afiliación partidista bajo la supervisión de la Junta de Paz presidida por Trump. «Todo el mundo quiere formar parte de la junta y acabará siendo una junta bastante grande, porque estará formada por los jefes de todos los países importantes», dijo Trump en una cena en la Casa Blanca en honor del príncipe heredero saudí y gobernante de facto del reino, Mohammed bin Salman, el pasado 18 de noviembre. «Gaza, aunque parece un poco caótica, lo ha sido durante muchos, muchos años», dijo Trump riendo, «está muy cerca de conocer su plenitud».

Este comité tecnocrático palestino, por su diseño, no está destinado a funcionar realmente como un gobierno, sino que se limita reunir a los burócratas locales para aplicar los dictados de la Junta de Paz de Trump. Sería «responsable de la gestión diaria de los servicios públicos y de los municipios» bajo la «supervisión y control» de aquella. La junta presidida por Trump, en la que también está previsto que participe el antiguo primer ministro británico Tony Blair, seguiría siendo la autoridad suprema en Gaza hasta que la Autoridad Palestina haya sido «reformado» lo suficiente y pueda «recuperar de forma segura y eficaz el control de la Franja», estipula el plan. La Autoridad Palestina, que es realmente impopular, controla solo una pequeña parte de la Cisjordania ocupada y actúa como ejecutora local de la ocupación israelí. La población palestina la considera en general corrupta, antidemocrática e ilegítima. El plan de Trump no especifica qué medidas concretas tendría que adoptar la Autoridad Palestina para reformarse ni el calendario de este proceso. «¿Quién decide que la Autoridad [Palestina] ha cumplido este proceso de reformas?», preguntó Al-Hindi, sugiriendo que la Junta de Paz de Trump se sometería a los dictados israelíes. «Esta ambigüedad es el verdadero obstáculo, que hará fracasar el plan propuesto por Trump e impedirá cualquier estabilidad en la región».

Los Acuerdos de Oslo codificaron la suspensión de los derechos y la renuncia a las reivindicaciones del pueblo palestino y facilitaron la dramática expansión de la guerra de conquista y aniquilación librada por Israel, que ha culminado en el genocidio de Gaza.

Desde un punto de vista técnico, hay aspectos del plan de Trump para Gaza que, a primera vista, se asemejan a algunos de los conceptos, que han contado con el apoyo de Hamás y de otros grupos palestinos, organizaciones que han acogido con satisfacción las propuestas de despliegue de una fuerza internacional, la creación de un fondo internacional para la reconstrucción de Gaza y la creación de un organismo provisional de expertos palestinos independientes, que se encargaría de su administración. Si bien estas propuestas están incluidas en el plan de Trump, todas ellas están al servicio del colonialismo y el control extranjero, yendo acompañadas de la exigencia del desarme total y la desmilitarización de Gaza. «Siempre abordamos cualquier decisión o posición estadounidense con extrema cautela, porque Estados Unidos está gestionando la guerra contra nuestro pueblo palestino y es uno de los principales aliados del enemigo sionista en la reciente guerra contra Gaza», afirmó Ihsan Ataya, miembro de la oficina política de la Yihad Islámica Palestina, en una entrevista concedida a Drop Site. «Trump está intentando conseguir ciertos beneficios en favor de “Israel”, cuyo Estado, ni siquiera con el apoyo de sus aliados, Estados Unidos a la cabeza, y con todo su poderío militar, ha sido capaz de lograr durante la brutal guerra librada durante los dos últimos años. Esto es algo que la resistencia no puede aceptar».

Desde los Acuerdos de Oslo de la década de 1990 no se había producido un momento tan trascendental en la historia de la causa de la liberación palestina. Los Acuerdos de Oslo codificaron la suspensión de los derechos y la renuncia a las reivindicaciones del pueblo palestino y facilitaron la dramática expansión de la guerra de conquista y aniquilación librada por Israel, que ha culminado en el genocidio de Gaza. En el centro del diálogo intrapalestino se encuentra actualmente una lucha descomunal sobre quién habla en nombre de Palestina. Aunque Abbas controla formalmente las riendas del poder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que fue reconocida oficialmente por Israel como el «único representante legítimo» del pueblo palestino en la década de 1990, sería ridículo afirmar que la actual versión de la OLP es el órgano democrático, que representa la voluntad de este. La Autoridad Palestina fue creada en 1994 durante las negociaciones de Oslo por la OLP y estaba destinada a ser un proyecto provisional de «autogobierno», que se prolongaría por un período de cinco años. La OLP sigue siendo el único organismo palestino reconocido internacionalmente con mandato para negociar tratados o establecer embajadas. Abbas es el presidente de la OLP, presidente de la Autoridad Palestina y líder de Fatah.

Bajo la presión de Estados Unidos y la Unión Europea, Abbas está tomando medidas para lograr la proscripción de los partidos palestinos, que no se plieguen a las exigencias de reconocer a Israel y no renuncien a la resistencia armada contra la ocupación israelí. Al otro lado del diálogo intrapalestino se encuentran prácticamente todos los demás movimientos políticos importantes de Palestina, incluidos sectores del partido gobernante de Abbas, Fatah. Estas fuerzas abogan por una reconstitución total de la OLP, que funcione en proporción a la voluntad democrática de la ciudadanía. Un alto funcionario de la OLP alineado con Abbas indicó recientemente que Palestina se encuentra en una «fase de acuerdo transitorio», mientras que Hamás y otros movimientos de resistencia afirman que se encuentran en una «fase de liberación nacional». Estados Unidos ha dejado claro que solo le interesa tratar con un «socio» palestino vacío y maleable para implementar la agenda de su presidente. La cuestión central es cómo Hamás, la Autoridad Palestina y otros actores palestinos van a abordar estas exigencias, presentadas bajo la amenaza de la reanudación de la guerra a gran escala. La Autoridad Palestina, bajo la presión no solo de Estados Unidos, sino también de las potencias europeas y de muchos Estados árabes, parece encaminarse a la capitulación ante la agenda impuesta por Trump. Prácticamente todos los demás grupos palestinos han denunciado enérgicamente el carácter colonialista del plan, abogando por un consenso nacional antes de formalizar ningún tipo de acuerdo.

El cercenamiento de la unidad palestina por Mahmud Abbas

Aunque rara vez se menciona en la cobertura mediática o en el discurso público de Trump y sus aliados cuando hablan del acuerdo de Gaza, conviene no olvidar que un frente unificado de líderes políticos palestinos ofreció un esbozo detallado de su concepción sobre cómo podría lograrse una resolución pacífica de la situación actual en la denominada «Declaración de Pekín» firmada en la capital china el 22 de julio de 2024. El acuerdo incluía resoluciones no solo para poner fin a la guerra contra Gaza, sino también para imaginar un futuro democrático para una Palestina independiente. El equipo de Trump ha ignorado estas iniciativas. Cuando les conviene para afirmar que los palestinos aceptan el plan, Estados Unidos y sus aliados invocan el papel potencial de la Autoridad Palestina. Desde los primeros meses del genocidio de Gaza, los líderes de una amplia representación de organizaciones políticas palestinas se han reunido en un esfuerzo por adoptar una postura unificada. Estas iniciativas fueron encabezadas parcialmente por Barghouti, un excandidato presidencial palestino y miembro del parlamento, que no está afiliado a ningún grupo de resistencia armada. No solo Hamás y la Yihad Islámica Palestina participaron en las reuniones, sino también Fatah, el partido gobernante del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. El documento más notable que surgió de estas conferencias fue la mencionada «Declaración de Pekín», redactada por Barghouti y firmada por catorce grupos políticos palestinos en China en julio de 2024.

Las conversaciones de reconciliación en Pekín no tenían precedentes y reunieron a catorce grupos palestinos importantes, que abarcaban movimientos de resistencia islámicos junto con grupos nacionalistas, izquierdistas y seculares. La conferencia, de tres días de duración, culminó con la firma de un documento que reafirmaba el derecho del pueblo palestino a resistir la ocupación y pedía el fin de la expansión ilegal de los asentamientos israelíes. Respaldaba una OLP reformada, con poderes para reevaluar los términos de los Acuerdos de Oslo y otros acuerdos firmados por esta, que operaría dotada del correspondiente mandato popular para negociar su futuro con la comunidad internacional. El acuerdo proponía la formación de un gobierno de reconciliación nacional, que gobernara todos los territorios palestinos: Gaza, Cisjordania y Jerusalén. Ese gobierno supervisaría las reformas necesarias para celebrar elecciones democráticas al parlamento palestino y otros puestos públicos. También preveía la participación internacional para facilitar las conversaciones sobre el establecimiento de un Estado palestino.

Lo que surgió de la conferencia de ese verano de 2024 fue un frente unificado, que podía afirmar con razón que negociaba en nombre de una mayoría sustancial de la población palestina. «La “Declaración de Pekín” fue extremadamente significativa. Todos los grupos palestinos, no solo Hamás y Fatah, la suscribieron. Habría constituido una excelente base a partir de la cual conseguir la unidad palestina», afirmó Al-Arian. «El principal obstáculo ha sido Abbas. Su movimiento acude a Pekín y firma como todos los demás movimientos la Declaración, lo cual invitaba a pensar que se iniciaba un proceso de unidad palestina, pero Abbas regresa y renuncia a estas declaraciones y [dice] que no va a suscribirla, que no la va a aceptar, que no va a seguir ese conjunto de recomendaciones».

Barghouti afirmó que el incumplimiento por parte de Abbas del Acuerdo de Pekín ha alimentado la narrativa de que no hay otro representante legítimo del pueblo palestino. El acuerdo «habría cerrado la puerta a cualquier intento de imponernos una tutela extranjera, ya sea en Gaza o en Cisjordania», declaró Barghouti a Al Jazeera Mubasher. «La principal laguna jurídica a través de la cual los israelíes y ciertos actores internacionales intentan responsabilizar a los palestinos de su actual situación –la razón principal de ella y el punto débil de su representación– es la continua división interna». Estados Unidos se ha negado a colaborar con esta amplia coalición de actores palestinos y, en su lugar, ha emitido dictados unilaterales y ha celebrado reuniones a puerta cerrada para discutir los detalles. La estrategia que se está desarrollando parece consistir en utilizar una fina capa de legitimidad, ofrecida por la mera existencia de la Autoridad Palestina y la representación oficial de la OLP ante la ONU, para fingir que el plan de Trump cuenta con el apoyo formal de «los palestinos». Abbas, también conocido como Abu Mazen, ha aceptado este papel. Cuando Trump anunció su «cumbre de paz» en Sharm El-Sheikh, Abbas no fue invitado inicialmente. La noche antes de la reunión, Egipto informó a la oficina de Abbas de que podía asistir a la cumbre, pero no participó en la ceremonia oficial de firma.

«Han estado utilizando a Abu Mazen como una especie de marioneta para decir: “Bueno, ya sabes, si Abu Mazen y la Autoridad Palestina lo aceptan, ¿por qué debería ser tan malo?”», dijo Buttu, que fue asesor jurídico de la OLP y ha trabajado junto a Abbas. «Él permite que lo utilicen como marioneta, porque se deja seducir por la idea de que en cierto modo es un actor en la escena mundial, cuando en realidad no es nada». En lugar de adoptar las recomendaciones de la «Declaración de Pekín», Abbas decidió consolidar aún más su control del poder y ampliar sus intentos de excluir o marginar a otros partidos políticos palestinos. También intensificó su colaboración con la ocupación israelí y aplicó las políticas exigidas por Estados Unidos, la Unión Europea e Israel. A principios de 2025, Israel lanzó su mayor campaña de desplazamiento forzoso en Cisjordania desde 1967 mediante una serie de operaciones, que comenzaron con las fuerzas de seguridad de Abbas atacando a los combatientes de la resistencia palestina, matando a más de una docena de palestinos y arrestando a cientos más. Las operaciones de la Autoridad Palestina, que comenzaron a finales de 2024, allanaron el camino para que las fuerzas israelíes expulsaran a los palestinos de sus hogares y pueblos. En el plazo de un mes, más de 40.000 palestinos fueron desplazados por la fuerza, la mayoría de los campos de refugiados de Jenin, Nur Shams y Tulkarm, mientras las fuerzas israelíes iniciaban una campaña sistemática para destruir casas, carreteras e infraestructuras. La ofensiva militar se transformó en una serie de redadas y ataques israelíes, que se han prolongado durante un año, acompañados de una intensificación de la violencia generalizada y de los ataques terroristas perpetrados contra la población palestina por parte de los colonos israelíes.

En medio de la invasión israelí, la Autoridad Palestina cerró Al Jazeera, la cadena más vista del mundo para obtener información sobre el asedio, en Cisjordania e intentó bloquear su sitio web. La prohibición se mantuvo hasta mayo. En febrero de 2025, por otro lado, Abbas emitió un decreto muy impopular por el que se anulaban las leyes y reglamentos, que regulaban las ayudas económicas concedidas a las familias de los mártires, los presos y los palestinos heridos en los ataques israelíes. Israel y Estados Unidos han calificado este programa de «pagar por matar», diciendo que recompensa a los terroristas. Desde 2018, la legislación estadounidense ha prohibido determinadas ayudas económicas a la Autoridad Palestina a menos que se derogue este programa. Sin embargo, Estados Unidos ha mantenido la financiación de las fuerzas de seguridad palestinas, que trabajan en coordinación con Israel. Un portavoz del Departamento de Estado afirmó que el decreto de Abbas «parece ser un paso positivo y una gran victoria del gobierno de Trump».

Los palestinos consideran en general que los pagos de las ayudas a los asesinados, presos y heridos por el Estado genocida de Israel son una contribución económica necesaria para sus familias por haber participado en la lucha de liberación nacional. El decreto de Abbas transfirió el programa a la Institución Nacional Palestina para el Empoderamiento Económico, una entidad supervisada por un consejo de administración nombrado por Abbas. Hamás condenó la decisión en un comunicado de prensa, afirmando que «convertir a estos heroicos nacionalistas, que se han sacrificado por el pueblo y la causa palestinos, en meros casos sociales es vergonzoso». Qadura Fares, jefe de la Comisión de Asuntos de Detenidos y Exdetenidos nombrado por Abbas, denunció el decreto y exigió su retirada inmediata. «No es aceptable que los derechos de los prisioneros y los mártires se sometan a nuevas normas administrativas o económicas, que ignoran la dimensión nacional de esta cuestión», afirmó. Poco más de una semana después, Fares fue jubilado forzosamente por decreto presidencial, una medida que se interpretó ampliamente como una respuesta a su oposición pública.

En abril de 2025 Abbas nombró a Hussein Al-Sheikh, miembro de larga data de Fatah y conocido por sus estrechos vínculos con Israel, vicepresidente de la Autoridad Palestina. Desde 2007 Sheikh ha sido jefe de la Autoridad General de Asuntos Civiles, el principal organismo de coordinación con las fuerzas israelíes que operan en la Cisjordania ocupada. «Si le oyeras hablar a puerta cerrada, pensarías que estás hablando con un soldado israelí», declaró Osama Hamdan, alto cargo de Hamás, a Drop Site poco después del nombramiento de Sheikh. «No son palabras mías, sino de algunos líderes importantes de Fatah». De acuerdo con las declaraciones de Hamdan, los israelíes presionaron para que Sheikh fuera nombrado adjunto de Abbas y su probable sucesor, porque «saben que está dispuesto a encargarse por su cuenta de este trabajo sucio».

El 23 de noviembre, Sheikh se reunió con Blair y un funcionario estadounidense anónimo en Ramala para discutir la implementación del plan de Trump respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Hamdan declaró a Drop Site, que Israel preferiría tratar con Sheikh, un funcionario al que consideran dotado de una «mentalidad de seguridad», que aceptaría el papel de reprimir a los palestinos que intentan organizar la resistencia contra Israel, como han hecho repetidamente las fuerzas de la Autoridad Palestina en Cisjordania. «Esto significa que no hay liderazgo político. Por eso eligen a Hussein Sheikh», dijo Hamdan. «No es un líder político, es un líder de seguridad. Su trabajo durante todo este tiempo ha consistido en establecer acuerdos de seguridad con los israelíes de acuerdo con las necesidades de estos».

Abbas y la Autoridad Palestina son ampliamente despreciados entre la población palestina y no se les considera los verdaderos representantes de sus aspiraciones. «Abbas no tiene legitimidad. Su legitimidad solo proviene de una comunidad internacional a la que no le importan en absoluto las vidas de los palestinos», dijo Al-Arian. «Lo hemos visto a lo largo de estos dos años de genocidio. Lo hemos visto en el hecho de que Israel mantiene esta coordinación en materia de seguridad con Abbas, reprimiendo a los palestinos en Cisjordania, mientras matan a sus connacionales en Gaza, ante lo cual Abbas no hace nada». Una encuesta realizada por el Palestinian Center for Policy and Survey Research (PCPSR) a finales de octubre tanto en Cisjordania como en Gaza reveló que el apoyo a Abbas se situaba en torno al 21 por 100, mientras que el apoyo a Hamás era del 60 por 100. Solo el 13 por 100 de la población palestina afirmó que votaría a Abbas en unas elecciones presidenciales. Hamás sigue siendo el partido político más popular en toda Palestina, no solo en Gaza. Solo un tercio de los palestinos afirma que querría que la Autoridad Palestina tomara el control de Gaza. Dos tercios de los encuestados afirmaron que quieren que se celebren elecciones en el plazo de un año para elegir nuevos líderes. «Abbas tiene el apoyo más bajo de la historia, el cual se canaliza en realidad sobre el resto de los grupos palestinos, que cuentan con un mayor porcentaje de apoyo. Estos grupos trabajan juntos. No trabajan unas contra otras, sino que trabajan juntas», afirmó Buttu, señalando que la última vez que Abbas ganó unas elecciones fue para un mandato de cuatro años en 2005. «Se le presenta constantemente como el líder del pueblo palestino, cuando, en realidad, perdió su mandato en 2009. Ahora no tiene ningún mandato».

El momento de la verdad de Abbas

En esencia, el plan de Trump para Gaza tiene un objetivo central: lograr la rendición de la lucha palestina por la autodeterminación, un fin que garantiza la imposición de una situación de sometimiento a Israel y a la junta privada de Trump. Israel no logró esto a través de más de dos años de genocidio y los líderes palestinos, con la excepción de Abbas, han dejado claro que no aceptarán por decreto lo que resistieron por la fuerza de las armas. «A menos que se alcance un acuerdo que conceda al pueblo palestino sus derechos, este recurrirá a la resistencia, porque no hay otro camino disponible», afirmó Al-Hindi. «En el futuro, habrá movimientos de resistencia independientemente de sus nombres –Hamás, Yihad Islámica, Frente Popular– y de las etiquetas. Incluso si estos grupos se rindieran hipotéticamente o aceptaran cualquier acuerdo, surgirían nuevos grupos para resistir».

La Unión Europea, liderada por el presidente francés Emmanuel Macron, ha encabezado la iniciativa de utilizar el débil mandato de Abbas como jefe de la Autoridad Palestina para socavar burocráticamente una respuesta democrática palestina al genocidio y al futuro de la lucha por la liberación. Bajo la bandera de la «reforma» de la Autoridad Palestina y el apoyo a la «solución de dos Estados», la Unión Europea y Estados Unidos han estado presionando a Abbas para que apruebe una nueva constitución y promulgue una ley que defina los requisitos necesarios para formar un partido político oficial entre los cuales se contarían el reconocimiento del derecho de Israel a existir y la renuncia a la violencia política.

Macron, que recibió a Abbas en París el pasado 11 de noviembre en París, anunció que ambos habían creado un comité conjunto, que «se encargará de trabajar en todos los aspectos legales, esto es, constitucionales, institucionales y organizativos. Este comité conjunto contribuirá también específicamente a la labor de redactar una nueva constitución, cuyo borrador me ha presentado el presidente Abbas, y que tendrá por objeto ultimar todas las condiciones para la creación del Estado de Palestina». Abbas reiteró que quiere ver un Estado palestino «desarmado» y condenó los atentados del 7 de octubre. Tampoco ha puesto a disposición de los palestinos el supuesto borrador de la constitución mencionado por Macron. Desde las elecciones de 2006, en las que Hamás obtuvo una victoria decisiva, el pueblo palestino no ha tenido la oportunidad de elegir a sus representantes. En las elecciones legislativas celebradas ese año, Hamás obtuvo 76 de los 132 escaños del Consejo Legislativo, mientras que Fatah consiguió 43. Abbas fue elegido para un mandato presidencial de cuatro años en enero de 2005 y desde entonces no se han celebrado elecciones presidenciales. Durante los años siguientes, Fatah y Hamás firmaron varios acuerdos, que incluían el compromiso de celebrar elecciones generales, pero ninguno de ellos se aplicó íntegramente. En 2021 los grupos palestinos llegaron a un acuerdo para celebrar elecciones legislativas, seguidas de elecciones presidenciales. Sin embargo, Abbas anunció el 29 de abril de 2021 que posponía ambas consultas electorales, justificando la decisión por la negativa de Israel de permitir la celebración de elecciones legislativas en la Jerusalén ocupada. Hamás denunció el aplazamiento como un intento de evitar las elecciones.

El 4 de marzo de 2025, durante una cumbre celebrada en El Cairo, Abbas declaró su disposición a celebrar elecciones. «Estamos totalmente preparados para celebrar elecciones presidenciales y legislativas generales el próximo año, siempre que se den las condiciones adecuadas en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este», afirmó. Durante la reunión con el ministro de Asuntos Exteriores alemán Johann Wadephul celebrada en agosto de 2025 en Ramala, Abbas reiteró que cualquier elección en Palestina «no incluirá a grupos políticos o individuos, que no se adhieran al programa y los compromisos» de la OLP y su autoridad. Abbas añadió: «Queremos que el Estado de Palestina sea un Estado desarmado, incluso en la Franja de Gaza». Una encuesta de opinión pública realizada por el PCPSR a finales de octubre reveló que el 63 por 100 de la población palestina se oponía a la condición de Abbas de que los participantes en las elecciones aceptaran la totalidad de las obligaciones de la OLP, incluidos los acuerdos con Israel.

A pesar de la oposición generalizada de la opinión pública a tales medidas, Abbas promulgó un «decreto-ley» el 19 de noviembre de 2025, que imponía las nuevas normas para proceder a la celebración de elecciones locales. La Autoridad Palestina elogió su «importante logro nacional orientado a la reforma» y destacó sus esfuerzos para aumentar la participación de las mujeres en la gobernanza y garantizar la integridad de las elecciones. Los analistas creen que es probable que la ley se replique para las elecciones nacionales. La ley establece que todos los candidatos a cargos públicos deben «comprometerse con la plataforma programática de la Organización para la Liberación de Palestina, sus compromisos internacionales y las decisiones de legitimidad internacional». Esa cláusula significa que Hamás, el partido político palestino más popular, tendría prohibido presentar candidatos. En una declaración efectuada el pasado 22 de noviembre, Hamás afirmó que la ley convierte efectivamente «el reconocimiento de la ocupación israelí en un requisito previo para presentar una candidatura [y ello] constituye una grave violación del derecho de la ciudadanía palestina a elegir libremente a sus representantes», y denunció que la nueva norma electoral «representa un claro intento de excluir a las fuerzas nacionales e islámicas, así como a los candidatos independientes [...], alineándose a la presión israelí y estadounidense». La declaración de Hamás acusaba a Abbas de «ceder a las presiones internacionales destinadas a crear un entorno palestino sumiso en consonancia con los proyectos propuestos de “rehabilitación de la Autoridad Palestina”, lo cual pretende afianzar la ocupación y garantizar los planes de liquidar nuestra causa».

Hamás no fue la única organización política en denunciar el edicto de Abbas. En una declaración conjunta fechada el 26 de noviembre, una coalición de partidos seculares y nacionalistas, conocida como Fuerzas Democráticas, denunció la ley como «peligrosa», afirmando que «socavaba el espíritu del sistema electoral». Acusaron a Abbas de haber ignorado por completo las objeciones generalizadas a las enmiendas propuestas por una serie de partidos palestinos, y le pidieron que la derogara. Una coalición formada por docenas de importantes ONG, grupos de la sociedad civil y organizaciones de derechos de la mujer palestinas también emitió una declaración conjunta en la que criticaba duramente la ley. Calificaron de «alarmante» la inclusión del requisito de comprometerse a cumplir los acuerdos previos de la OLP y afirmaron que se trataba de «una nueva condición que no aparecía en ninguno de los borradores debatidos anteriormente». Afirmaron que esta cláusula «constituye una violación fundamental del derecho a la participación política garantizado por las normas internacionales de derechos humanos, en particular el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, al que el Estado de Palestina se ha adherido y al que está legalmente obligado». Los grupos afirmaron que, si no se derogaba la condición, reconsiderarían su participación en la supervisión de las elecciones, la formación electoral y otras actividades relacionadas con la votación.

Fahmi Al-Za'arir, alto funcionario de la OLP y aliado de Abbas, defendió los requisitos de la ley, afirmando que fue un «error estratégico» haber procedido sin ellos durante las elecciones de 2006, que ganó Hamás. En una entrevista con la cadena de televisión saudí Al-Hadath, culpó a Hamás de no haber celebrado elecciones en Gaza durante las últimas dos décadas. Sin ningún sentido aparente de ironía, Al-Za'arir afirmó que lo que se necesita es «afianzar la democracia en la sociedad palestina y entre el pueblo palestino». «Necesitamos absolutamente una referencia jurídica y política que esté genuinamente representada en la legitimidad del presidente Abu Mazen», añadió Al-Za'arir. «Hasta que se celebren las elecciones al Parlamento del Estado de Palestina, estas decisiones son necesarias, ya que sirven como medidas reguladoras». Reconoció que Israel se niega a respetar los acuerdos anteriores con la OLP, pero mantuvo que Abbas debe adherirse a ellos de todos modos. «Este acuerdo sigue estando garantizado por la legitimidad internacional y sigue regulando el nivel mínimo de relaciones dentro del territorio palestino ocupado: entre nosotros y la comunidad internacional, por un lado, y entre nosotros y la ocupación israelí, por otro», dijo Al-Za'arir.

Al firmar los Acuerdos de Oslo, Arafat aceptó renunciar formalmente a sus reivindicaciones sobre el 78 por 100 de la Palestina histórica a cambio del «autogobierno» palestino en los territorios restantes

Basem Hadaydeh, alto funcionario del Ministerio de Gobierno Local de la Autoridad Palestina, respondió a las protestas levantadas por el proyecto de ley electoral, alegando que era necesaria para preservar la legitimidad de la Autoridad Palestina y de la OLP, para fortalecer la gobernanza local y para evitar la posible suspensión de la financiación internacional de los proyectos de ayuda local. En una publicación en Facebook, argumentó que la exigencia de que los candidatos y los partidos se comprometieran formalmente a cumplir los acuerdos previos suscritos por la OLP no era una «exclusión política», sino «un marco de protección». Hadaydeh afirmó que la condición se añadió para cumplir con los términos de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU y «las exigencias del plan de paz del presidente Trump, que estipula la no participación de grupos armados, incluido Hamás, y su exclusión de las instituciones de gobierno tanto en Cisjordania como en Gaza». Predijo que la Autoridad Palestina «no renunciará a incluir esta condición y a aplicarla, ni modificará su redacción». La oficina de Abbas y la Autoridad Palestina no respondieron a una solicitud de comentarios hecha por Drop Site. «Abbas no se ha dejado ver durante estos dos años de genocidio y ahora lo que quiere hacer es cambiar las leyes electorales, porque ahora se habla mucho de la legitimidad de quien vaya a tomar el control de Gaza», dijo Al-Arian. «Los estadounidenses han estado diciendo que hay que hacer reformas. Para ellos, las reformas consisten básicamente en ceder a todas las exigencias imposibles e ilegales de Israel. Eso es lo que está tratando de hacer ahora. Como no está obteniendo en las encuestas los resultados suficientes para ganar unas elecciones, está tratando de cambiar las leyes electorales para que solo él y su equipo las ganen», añadió Al-Arian.

En lo que respecta a las elecciones nacionales, las principales objeciones a la nueva ley se centran en los acuerdos inicialmente alcanzados con Israel por Yasser Arafat, presidente de la OLP. Comenzando con las conversaciones secretas mantenidas a finales de la década de 1980 y prolongándose hasta los Acuerdos de Oslo de 1993 y 1995, estos compromisos estipulan, que los palestinos reconocen la legitimidad del Estado israelí, pero no exigen a Israel que reconozca un Estado palestino. Israel solo ofreció el reconocimiento formal de la OLP como «único representante legítimo» del pueblo palestino. Los acuerdos firmados por la OLP no establecen un marco para poner fin a la ocupación israelí, no abordan el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares ni imponen restricciones a la expansión de los asentamientos ilegales israelíes. Al firmar los Acuerdos de Oslo, Arafat aceptó renunciar formalmente a sus reivindicaciones sobre el 78 por 100 de la Palestina histórica a cambio del «autogobierno» palestino en los territorios restantes. Abbas fue uno de los principales adjuntos de Arafat y una figura destacada en la negociación de los acuerdos con Israel en la década de 1990, que condujeron a la firma de los primeros Acuerdos de Oslo en 1993, los cuales iniciaron un proceso sostenido de usurpación israelí y el aumento de la popularidad de los movimientos de resistencia islámicos. Abbas firmó personalmente la «Declaración de Principios» de 1993 con Israel en nombre de la OLP.

«Así que, en primer lugar, llamemos a los Acuerdos de Oslo por su verdadero nombre: un instrumento de rendición palestina, un Versalles palestino», escribió Edward Said

«Las vulgaridades  típicas de un desfile de moda de la ceremonia de la Casa Blanca, el espectáculo degradante de Yasser Arafat agradeciendo a todos la suspensión de la mayoría de los derechos de su pueblo y la solemnidad fastuosa de la actuación de Bill Clinton, como un emperador romano del siglo XX, guiando a dos reyes vasallos a través de rituales de reconciliación y obediencia, solo oscurece temporalmente las proporciones verdaderamente asombrosas de la capitulación palestina», escribió el difunto intelectual palestino Edward Said en un ensayo de 1993. «Así que, en primer lugar, llamemos al acuerdo por su verdadero nombre: un instrumento de rendición palestina, un Versalles palestino». La OLP, observó Said, «ha puesto fin a la Intifada, que no encarnaba el terrorismo ni la violencia, sino el derecho palestino a resistir, a pesar de que Israel sigue ocupando Cisjordania y Gaza». La OLP también acordó renunciar formalmente a la violencia y asumir la responsabilidad de impedir la resistencia armada contra Israel. Después de que Hamás ganara las elecciones palestinas en 2006, Abbas aceptó una serie de edictos del denominado «Cuarteto», un comité formado por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas, que obligaban a cualquier gobierno palestino a reconocer a Israel, respaldar los Acuerdos de Oslo y renunciar a la violencia. El Cuarteto amenazó con la imposición de sanciones inmediatas y con la suspensión de la ayuda de no hacerlo. En su conjunto, el proceso que comenzó formalmente en 1993 transformó a la OLP, que dejó ser un movimiento de liberación nacional para convertirse en un administrador, que opera para cumplir la voluntad del régimen de ocupación israelí.

«Para Hamás y para muchas otras organizaciones la cuestión primordial es: ¿por qué deberíamos reconocer a un Estado que ha colonizado nuestra tierra y nos ha convertido en refugiados?», preguntó Buttu, que asesoró a la OLP durante las negociaciones con Israel y Estados Unidos entre 2000 y 2005. «Porque si lo reconocemos, estamos reconociendo implícitamente que tiene derecho a apoderarse de nuestra tierra y a convertirnos en refugiados. No vamos a reconocer eso, porque no tienen esos derechos». Y añadió: «Aquí estamos, treinta y dos años después de la firma de ese primer acuerdo, y la situación ha empeorado para el pueblo palestino. Ni siquiera estoy segura de que Israel reconozca a la OLP en este momento». Aunque Hamás no es miembro de la OLP, revisó sus estatutos en 2017 y expresó su voluntad de aceptar un Estado palestino provisional dentro de las fronteras anteriores a 1967 como parte de un consenso nacional, pero sin reconocer formalmente al Estado de Israel ni renunciar a su objetivo de liberar toda la Palestina histórica. En diversas entrevistas concedidas a Drop Site, funcionarios tanto de Hamás como de la Yihad Islámica dijeron, que apoyan el restablecimiento de la OLP como único representante legítimo del destino del pueblo palestino, pero no sin reformas significativas y sin revisar los acuerdos alcanzados a partir de la década de 1990.

«La OLP se desarmó, condenó la resistencia palestina y persiguió a cualquiera que se resistiera a tal proceso. Se modificó la Constitución, pero no se le concedió un Estado en Cisjordania ni en Gaza», afirmó Al-Hindi, añadiendo que las peticiones de un Estado palestino sometido al dominio israelí y desarmado carecen de sentido. Europa «permaneció en silencio ante las acciones de Israel: la continuación de los asentamientos, la confiscación de tierras, las amenazas a Jerusalén y los ataques a lugares sagrados islámicos y cristianos», afirmó. «Por lo tanto, esta hipocresía demostrada por Europa es evidente para el pueblo palestino y no podemos ser engañados de nuevo». Al-Hindi señaló que los grupos palestinos acordaron en Pekín en 2024 la reconstitución de la OLP, además de la inclusión en la misma de Hamás y la Yihad Islámica Palestina, y señaló que una organización que pretende ser la única voz de los palestinos no puede excluir a sus partidos más populares. «La resistencia no tenía ninguna objeción a unirse a la OLP, siempre que la organización se reformara sobre nuevas bases democráticas y políticas reflejo de la realidad palestina y siempre que pasáramos a formar parte de la misma», dijo Al-Hindi. «Sin embargo, esto no se ha producido, porque la cuestión de la implementación es una decisión que no está en manos del pueblo palestino ni de la Autoridad Palestina, sino en manos de Israel y Estados Unidos, que han vetado la reconstrucción de la OLP y la inclusión en la misma de Hamás y la Yihad Islámica».

Al-Arian afirmó que, si la OLP fuera verdaderamente representativa del sentimiento palestino, requeriría una participación significativa de Hamás y de otros partidos favorables a la resistencia. «Si vamos a reformar la OLP, eso significa que tenemos que dar a Hamás suficientes escaños para representar su peso. Eso significa que el número de escaños de Fatah y los demás grupos se reducirá», afirmó Al-Arian. Abbas «sabe que, si va a reorganizar la OLP según lo que piden los principales grupos palestinos, su grupo sería una minoría reducidísima. Por lo tanto, está tratando de excluir básicamente a todas las demás fuerzas políticas para ganar las elecciones y obtener una mayoría [que] pueda seguir adelante con el proceso actual. Es una ilusión». Buttu acusó a Abbas de «crear un marco en el que no se permite la disidencia», y afirmó que sus medidas tienen como objetivo «eliminar la política palestina de la vida y el gobernanza palestinas». Hamdan afirmó que los decretos de Abbas sobre la ley electoral llegan en un momento histórico en el que los grupos palestinos están inmersos en un esfuerzo sin precedentes de unificación. Añadió que la voluntad de Abbas de complacer a los votantes estadounidenses, europeos e israelíes, en lugar de a los nacionales, será un tiro que le saldrá por la culata.

«Creo que la Autoridad Palestina se encuentra ahora en un momento extremadamente crítico, porque ha llegado el momento de la verdad», declaró Hamdan a Drop Site. «Si sus dirigentes quieren acceder a lo que piden los israelíes, perderán su posición como líderes nacionales del pueblo palestino. Se les considerará traidores». Hamdan afirmó que, si Abbas pretende seguir siendo un líder palestino, tiene la obligación de participar en el diálogo intrapalestino para alcanzar un frente unido en respuesta a los edictos de Trump.

La opción «menos perjudicial»

Hamás ha afirmado en repetidas ocasiones que renunciará a su autoridad de gobierno en Gaza y ha respaldado el comité tecnocrático con la condición de que esté liderado por palestinos y no sea una tapadera para el dominio extranjero. A pesar del abierto desprecio hacia Abbas expresado por los líderes de la resistencia palestina, los responsables de Hamás han afirmado sistemáticamente que apoyan la administración provisional de Gaza bajo el paraguas de la Autoridad Palestina. «Israel está tratando de desconectar Gaza de Cisjordania. Quieren apoderarse de Cisjordania. Quieren convertir Gaza en un campo de concentración. No les permitiremos hacerlo, aunque eso signifique ceder el gobierno a la Autoridad Palestina», afirmó Hamdan. «Creemos que, como palestinos, podemos resolver los problemas a los que nos enfrentamos, cueste lo que cueste». A finales de octubre, altos cargos de Hamás, entre ellos su líder en Gaza, Khalil Al-Hayya, se reunieron con Sheikh y el jefe de inteligencia de la Autoridad Palestina, Majed Farraj, en El Cairo. Hamdan declaró a Drop Site que Abbas se negó inicialmente a reunirse con Hamás, pero finalmente accedió tras la intervención de los funcionarios egipcios. «Rechazaron una reunión con todos los grupos palestinos, lo cual era extraño. ¿No se puede hablar con tu propio pueblo en la misma mesa?», preguntó Hamdan. «Y luego, por la presión de los egipcios, aceptaron reunirse con Hamás, con el doctor Khalil Al-Hayya. Todas las ideas políticas que se sugirieron en la reunión provinieron de Hamás», dijo Hamdan.

«Se celebró un debate detallado sobre los retos a los que se enfrenta nuestro pueblo palestino», declaró Hussam Badran, jefe de relaciones nacionales de Hamás, en una entrevista concedida a Al Jazeera Mubasher el 30 de noviembre. «En cuanto al diagnóstico de la situación, quizá haya cierto grado de acuerdo y convergencia, pero la cuestión radica en los mecanismos para hacer frente a estos retos y en cómo podemos unificar la postura palestina». Aun así, Badran afirmó: «No perdemos la esperanza en debatir cuestiones nacionales o en acercar puntos de vista. Cualquiera que se niegue al acercamiento interno acabará pagando el precio antes que nadie. Quizá los acontecimientos obliguen a los palestinos, incluso a aquellos que no lo desean, a unir filas para hacer frente a los obstáculos y retos que se nos presentan como pueblo palestino». Badran añadió que Hamás espera «alcanzar al menos un nivel mínimo de acuerdo para hacer frente a la situación que afronta nuestro pueblo». La posibilidad de que Hamás respalde a Abbas y que la Autoridad Palestina asuma el control de Gaza no es algo sin precedentes. En octubre de 2017, ocho meses después de que Yahya Sinwar fuera elegido jefe de la Oficina Política de Hamás, se alcanzó un acuerdo, mediado por Egipto, entre Fatah, el partido de Abbas, y Hamás. Este acuerdo habría supuesto el regreso de la Autoridad Palestina al gobierno de la Franja por primera vez desde 2007 y la victoria de Hamás en las elecciones palestinas de 2006.

Poco después de esta victoria electoral de Hamás y de la formación de un nuevo gobierno palestino bajo el liderazgo de Ismail Haniyeh, Estados Unidos congeló toda la ayuda a la Autoridad Palestina y amplió su designación de los funcionarios de Hamás como terroristas. La Unión Europea y Canadá también impusieron sanciones, lo cual paralizó las instituciones palestinas. Las naciones occidentales exigieron al nuevo gobierno palestino que reconociera a Israel y renunciara a la violencia. Abbas se apresuró a responder a estos edictos, mientras estallaban importantes disputas sobre la cuestión del desarme y el control de las fuerzas armadas. Hamás acusó a Abbas de abusar de los decretos presidenciales para llevar a cabo un «golpe blando». En junio de 2007, Abbas disolvió el gobierno, destituyó a Haniyeh como primer ministro y declaró el estado de emergencia. La breve guerra civil entre Hamás y Fatah dio lugar a la consolidación del poder de Abbas en Ramala y al dominio de Hamás en Gaza. Posteriormente, Abbas se negó a celebrar nuevas elecciones.

Estados Unidos y otras naciones occidentales, junto con Israel, Egipto y la Autoridad Palestina, mantuvieron un bloqueo devastador sobre Gaza, castigando efectivamente a la población por elegir a Hamás. En 2012 la ONU publicó un informe en el que se predecía que Gaza se tornaría «inhabitable» para 2020. Tres años más tarde, la ONU advirtió que las condiciones estaban empeorando más rápido de lo previsto inicialmente y afirmó que Gaza se tornaría inhabitable para 2018. En 2017 la situación en Gaza se había deteriorado enormemente. Sufría el bloqueo israelí y la Autoridad Palestina había colaborado con Israel para cortar el suministro eléctrico al enclave, dejando a la mayoría de los residentes con solo unas pocas horas de electricidad al día. El mayor impacto se sintió en el sector sanitario –los hospitales tuvieron que empezar a utilizar generadores y recortar servicios– y en el sistema de purificación de agua de Gaza. El desempleo iba en aumento y la Autoridad Palestina recortó los salarios de los funcionarios públicos de Gaza, al tiempo que despidió a otros como parte de los amplios recortes en la financiación de los servicios sociales. Israel continuó con su política de «cortar el césped», lanzando periódicamente ataques con drones y otras incursiones letales, al tiempo que libró una serie de guerras cortas contra el enclave en 2008-2009, 2012 y 2014.

Trump acababa de llegar al poder en Washington e impulsó su agenda de acuerdos de normalización de las relaciones de los países árabes con Israel, mientras defendía firmemente sus políticas expansionistas. Sinwar dijo que esperaba que un acuerdo con la Autoridad Palestina allanara el camino para la celebración de nuevas elecciones en toda Palestina y restableciera una estructura unificada de gobierno palestino sobre Gaza, la Cisjordania ocupada y Jerusalén Este. A cambio, Sinwar quería que se levantara el bloqueo sobre la Franja. «Hamás avanza hacia la reconciliación basándose en dos consideraciones: en primer lugar, su percepción del peligro, que corre la causa palestina y la necesidad de salvaguardar el proyecto nacional. Y, en segundo, su sensación de que el futuro de la juventud palestina está en peligro. No hay ganadores ni perdedores en la reconciliación; el ganador es nuestro pueblo y su justa causa», declaró Sinwar en un discurso pronunciado en octubre de 2017 en Gaza.

Netanyahu, tanto en privado como en público, se opuso a cualquier esfuerzo por unir Gaza y Cisjordania. «Esto forma parte de nuestra estrategia: aislar a los palestinos de Gaza de los palestinos de Cisjordania», declaró Netanyahu más tarde en una conferencia del Partido Likud en 2019. «Cualquiera que quiera frustrar el establecimiento de un Estado palestino tiene que apoyar el fortalecimiento de Hamás y la transferencia de dinero a esta organización». Estas declaraciones de Netanyahu se suelen interpretar erróneamente como una prueba de que el primer ministro israelí apoyaba a Hamás. En realidad, estaba articulando una estrategia de divide y vencerás, destinada a aplastar cualquier intento de unificar formalmente Palestina mediante la imposición de una estructura de poder fracturada, al tiempo que se mantenía el asedio tanto a Gaza como a Cisjordania como parte de la guerra de aniquilación más amplia librada por el Estado genocida israelí. Poco después de que Hamás y Fatah firmaran un acuerdo preliminar de reconciliación para formar un gobierno de unidad nacional, intervino Jason Greenblatt, enviado de Trump para Oriente Próximo. «Cualquier gobierno palestino debe comprometerse de forma inequívoca y explícita con la no violencia, reconocer al Estado de Israel, aceptar los acuerdos y obligaciones previos vigentes entre las partes –incluido el desarme de los terroristas– y comprometerse a negociar pacíficamente», afirmó Greenblatt. «Si Hamás quiere desempeñar algún papel en un gobierno palestino, debe aceptar estos requisitos básicos». En respuesta a Greenblatt, Sinwar declaró: «Nadie tiene la capacidad de arrancarnos el reconocimiento de la ocupación», y añadió: «Nadie en el universo puede desarmarnos. Al contrario, seguiremos teniendo el poder de proteger a nuestros ciudadanos».

El acuerdo con Abbas finalmente fracasó y Sinwar, tras ofrecer importantes concesiones, acusó al líder de la Autoridad Palestina de estar siguiendo las órdenes de Israel y Estados Unidos al exigir el desarme de la resistencia palestina y tratar de poner el brazo armado de Hamás, las Brigadas Qassam, bajo el control de la Autoridad Palestina. «Un Estado, un régimen, una ley y un arma», afirmó Abbas en una entrevista con la televisión egipcia. «No aceptaré, copiaré ni reproduciré el ejemplo de Hezbolá en el Líbano. Todo debe estar en manos de la Autoridad Palestina». Durante las negociaciones, Sinwar había manifestado su apoyo a una tregua a largo plazo con Israel y a la disolución total de los comités de gobierno de Hamás. Se comprometió a almacenar las armas de la resistencia y aceptó que las fuerzas de la Autoridad Palestina actuaran como presencia oficial de seguridad interna en Gaza. Sin embargo, consideraba que el desarme de los grupos de la resistencia era cruzar una línea roja, que socavaría la lucha de liberación nacional y despojaría a los palestinos de las armas necesarias para defenderse de Israel. Sinwar subrayó que nadie podía obligar a los palestinos a reconocer la ocupación y que los movimientos de resistencia son «luchadores por la libertad y revolucionarios por la liberación del pueblo palestino, que combaten contra la ocupación de acuerdo con las normas del derecho internacional humanitario».

En mayo de 2018, meses después de que se rompiera el acuerdo de reconciliación y de que las fuerzas israelíes dispararan contra manifestantes no violentos durante las manifestaciones de la Gran Marcha del Retorno, Sinwar comparó Gaza con un «tigre muy hambriento, encerrado en una jaula, hambriento, al que los israelíes han intentado humillar. Ahora está suelto, ha salido de su jaula y nadie sabe adónde se dirige ni qué va a hacer», afirmó. «El ataque del 7 de octubre no habría ocurrido, si Abbas hubiera aceptado la oferta de Sinwar», afirmó Al-Arian. «El hecho de que la Autoridad Palestina se negara a hacerse cargo de Gaza lo dice todo sobre quién controla realmente a Abbas, a quién escucha y quién lo dirige. Abbas no pudo hacerlo, porque los estadounidenses y los israelíes no se mostraron conformes». El fracaso del acuerdo de 2017 no fue una sorpresa, dado el historial de Abbas y el conocido proceso de intervención de Estados Unidos e Israel para frustrar tales esfuerzos. Buttu afirmó que todo el mandato de Abbas ha consistido en continuar con esta línea de capitulación, atendiendo, consciente o inconscientemente, a los intereses israelíes.

El liderazgo de Abbas ha sido un déjà vu de los Acuerdos de Oslo, que se ha prolongado durante décadas. «Estamos recorriendo constantemente este camino en el que Abu Mazen lidera a los palestinos diciendo: “Tenéis que hacer todo lo posible para reconocer a Israel. Hay que hacer todo lo posible para reconocer que su colonización es válida y legítima. Tenéis que hacer todo lo posible para reconocer que nunca tendremos derecho a volver a nuestros hogares. Tenéis que hacer todo lo posible para renunciar a nuestro derecho a la autodeterminación. Y si no hacemos todas esas cosas, entonces nosotros somos los malos y Israel es el bueno”», afirmó Buttu. A pesar de sus años de servidumbre a la agenda estadounidense e israelí, Israel ha declarado repetidamente que Abbas es inaceptable y lo ha retratado como un facilitador del terrorismo. Netanyahu ha dicho, desde el comienzo del genocidio de Gaza, que no aceptaría que la Autoridad Palestina gobernara Gaza. «El día después de la guerra en Gaza, no habrá ni Hamás ni Autoridad Palestina», declaró en febrero de 2025. Después de que el Consejo de Seguridad de la ONU respaldara el plan de Trump el 17 de noviembre, Danny Danon, embajador de Israel ante la ONU, descartó el papel de la Autoridad Palestina. «Algunos colegas han sugerido que la Autoridad Palestina podría ser la encargada de desarmar a Hamás y reconstruir Gaza», dijo. «Esto supone que la Autoridad Palestina hará de repente algo que nunca ha hecho y que nunca ha sido capaz de hacer».

El gobierno de Trump, aunque utiliza a Abbas y a la Autoridad Palestina cuando le conviene y a pesar de su adulación, impuso sanciones a diversos altos cargos de la Autoridad Palestina y de la OLP el pasado mes de julio, acusándolos de apoyar el terrorismo. El Departamento de Estado también revocó los visados de los funcionarios de la OLP y de la Autoridad Palestina, incluido el del propio Abbas, para entrar en Estados Unidos con el fin de participar en la Asamblea General de la ONU celebrada en septiembre en la ciudad de Nueva York. Tras el acuerdo de alto el fuego en Gaza firmado el pasado mes de octubre, Abbas vuelve a entrar en el juego, porque Trump ha decidido que su plan necesita una fachada palestina. Barghouti afirmó que el incumplimiento por parte de Abbas del Acuerdo de Pekín contribuyó a la narrativa de que no hay otro representante legítimo del pueblo palestino. El acuerdo «habría cerrado la puerta a cualquier intento de imponernos una tutela extranjera, ya sea en Gaza o en Cisjordania», declaró Barghouti a Al Jazeera Mubasher.

«No vamos a aceptar un Alto Comisionado cien años después del mandato británico. Después de Herbert Samuel en 1920, ¿ahora tendremos a Donald Trump como Alto Comisionado o a Tony Blair? Eso es inaceptable».

Al-Hindi afirmó que, a pesar del historial de Abbas y de su colaboración con Israel, los grupos palestinos siguen dispuestos a aceptar el regreso de la Autoridad Palestina a Gaza. «Para que quede claro: aceptamos que Mahmoud Abbas, con todo su historial, en el que se cuenta su coordinación en materia de seguridad con Israel y su opinión sobre la inutilidad de la resistencia, tome la decisión de formar el comité tecnocrático y que este esté afiliado a su gobierno en Ramala», afirmó Barghouti, añadiendo que quiere que Abbas y su partido Fatah colaboren plenamente con otros grupos palestinos. «Estamos muy interesados en que Fatah, liderada por Mahmoud Abbas, participe como socio esencial en estas consultas internas palestinas, porque el tema principal que estamos debatiendo se refiere al futuro del conflicto con Israel». Al-Arian afirmó que Hamás y la Yihad Islámica consideran que una estructura de gobierno provisional en Gaza bajo los auspicios de la Autoridad Palestina es la opción «menos perjudicial» de las existentes sobre la mesa. «¿Cuál es la alternativa? ¿Trump al mando? ¿La “Junta de Paz” al mando? ¿Tony Blair al mando? ¿Israel al mando? ¿Las tropas árabes al mando? Por eso Hamás y la Yihad Islámica siguen diciendo: “Necesitamos que los palestinos estén al mando, y trataremos con Abbas, aunque la Autoridad Palestina sea corrupta y se haya comportado históricamente como lo ha hecho. Pero es la opción menos mala que tenemos”», dijo Al-Arian. «No vamos a aceptar un Alto Comisionado cien años después del mandato británico. Después de Herbert Samuel en 1920, ¿ahora tendremos a Donald Trump como Alto Comisionado o a Tony Blair? Eso es inaceptable».

Por su parte, Macron anunció que Francia reconocería un «Estado de Palestina soberano, independiente y desmilitarizado» y que Hamás debía ser desmantelado y desarmado en septiembre. «Hamás ha sido derrotado militarmente gracias a la eliminación de sus líderes y responsables», declaró en un discurso ante la ONU pronunciado durante una conferencia organizada por Francia y Arabia Saudí. «También debe ser derrotado políticamente para ser verdaderamente desmantelado». La exigencia de Macron de un Estado palestino desmilitarizado se hace eco de la postura que Netanyahu solía promover antes del genocidio de Gaza. «La solución es un Estado palestino desmilitarizado», dijo Netanyahu en 2013. «Una desmilitarización verdadera y continua con acuerdos de seguridad muy claros y sin fuerzas internacionales». En respuesta al reconocimiento de Palestina por parte de Francia y otras naciones, Netanyahu afirmó que el Estado genocida de Israel nunca permitirá un Estado palestino. «Tengo un mensaje claro para aquellos líderes que han reconocido un Estado palestino tras la terrible masacre del 7 de octubre: están concediendo un enorme premio al terrorismo», declaró Netanyahu en un discurso en vídeo el 21 de septiembre. «Y tengo otro mensaje: eso no va a suceder. No habrá ningún Estado palestino al oeste del río Jordán».

Si bien los grupos de la resistencia palestina han acogido con satisfacción el creciente número de naciones que reconocen a Palestina como Estado, también argumentan que las advertencias adicionales sobre el desarme hacen que los gestos sean simbólicos o, peor aún, que en última instancia sirvan para socavar la verdadera liberación palestina. «Constatamos que uno de los objetivos de estos Estados al reconocer al Estado de Palestina es enredar al pueblo palestino y distraerlo de la resistencia con palabras que no tienen traducción práctica sobre el terreno», dijo Ataya. «Los palestinos no quieren vivir en una ilusión, la de que tienen un Estado reconocido, cuando en realidad no poseen ni un solo centímetro de tierra en el que pueda existir ese Estado “falso”. Este es también uno de los problemas que nuestros enemigos tratan de explotar: manipular las emociones del pueblo palestino, que anhela un Estado independiente y plenamente soberano en su propia tierra y que desea recuperar Jerusalén como su capital». En efecto, lo que prevé el plan de Trump es la misma estructura que lograron los israelíes en la década de 1990: no ofrecer a los palestinos ningún derecho significativo, mientras afirman estar trabajando por la paz, al tiempo que continúan su guerra de aniquilación mediante una combinación de fuerza militar, engaños burocráticos y total desposesión. Todo el paquete, al igual que con Arafat en la década de 1990, se está adornando con el envoltorio de la aceptación palestina.

«Oslo confiscó los derechos del pueblo palestino, especialmente en lo que respecta a la tierra palestina. Todos los crímenes se cometen bajo el paraguas de los Acuerdos de Oslo, y luego el mundo dice: “Entreguen sus armas, renuncien a su resistencia”», dijo Al-Hindi. «Cuando el mundo –este mundo que creó Israel y Europa, que estableció a Israel como su brazo en la región– de un puñetazo en la mesa y diga: “Resuelvan la cuestión palestina; den al pueblo palestino su Estado”, entonces es lógico que hablemos de las armas palestinas. Pero en un momento en el que nos están robando nuestras tierras, en el que la agresión continúa y ustedes están armando a Israel, mientras se construyen asentamientos cada día, y luego nos dicen: “No resistáis”, esta lógica es completamente inaceptable».

Dos décadas después de los Acuerdos de Oslo, el plan de Trump se está impulsando en medio de una expansión récord de los asentamientos ilegales en Cisjordania, mientras Gaza ha sido diezmada por el genocidio e Israel controla más de la mitad del enclave. «En los últimos años, los Acuerdos de Oslo se han convertido en un cadáver que aún no ha sido enterrado», dijo Ataya. «No se ha presentado a los palestinos ninguna propuesta que les conceda alguno de sus derechos. Por lo tanto, como cualquier pueblo que tiene una causa justa, no podemos renunciar a nuestros derechos. Seguiremos defendiendo firmemente nuestro derecho a resistir por todas las formas posibles, un derecho que garantizan las Naciones Unidas y las convenciones internacionales para cualquier pueblo ocupado. Cualquier retórica política que no se traduzca en acciones reales no es más que un engaño o una ilusión».


Recomendamos leer Craig Mokhiber, «La ONU abraza el colonialismo: análisis del mandato del Consejo de Seguridad para la administración colonial estadounidense de Gaza»; Qassam Muaddi, «Israel está violando todos sus acuerdos de alto el fuego y escalando la tensión en todos los frentes», «El Estado genocida de Israel pretende dividir definitivamente  Gaza a lo largo de la “Línea Amarilla”» y «9100 palestinos languidecen en pésimas condiciones en las prisiones del Estado genocida israelí tras el acuerdo de «paz»; Huda Ammori, «Palestine Action: sabotaje a la industria bélica israelí», Michael Arria, «Veinte años de BDS: entrevista con Omar Barghouti, cofundador del movimiento» y Frédric Lordon, «El sionismo y su destino», todos ellos publicados en Diario Red. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «Anatomía de un genocidio» (2024), «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025). Ilan Pappé, «Fantasías de Israel. ¿Puede sobrevivir el proyecto sionista?» y «El colapso del sionismo», El Salto. Antony Loewenstein, El laboratorio palestino (2024)

Este artículo se ha publicado originalmente en Drop Site y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.