La tormenta Alternative für Deutschland acaba de comenzar

La crisis de los sistemas políticos liberales, fruto de la incesante y brutal presión de la estructura de poder de clase neoliberal, desliza el campo político hacia modelos netamente autoritarios y concentra el poder en clases dirigentes tan corruptas como ineptas


 Cartel electoral de las elecciones federales alemanas celebradas el 23 de febrero de 2025 - DW / Christoph Hardt/Panama Pictures/picture Alliance
Cartel electoral de las elecciones federales alemanas celebradas el 23 de febrero de 2025 - DW / Christoph Hardt/Panama Pictures/picture Alliance

La austeridad fiscal alemana puede haber mantenido bajo el servicio de la deuda y calmado, por ahora, los mercados de capitales. Pero ha habido inconvenientes, muchos de ellos cada vez más palpables a escala local y claramente perceptibles en la vida cotidiana de la gente común. Los gobiernos locales infrafinanciados no han podido frenar el rápido deterioro de los servicios públicos, ni reparar las carreteras en mal estado ni mantener las instalaciones deportivas comunitarias. El transporte público ha empeorado, hay escasez de viviendas asequibles y las escuelas locales son incapaces de hacer frente a nuevas exigencias, como la de impartir clases en las que solo una minoría entiende la lengua nacional. A medida que se acumulaban estos problemas, también lo hacía el descontento con las políticas públicas y la política democrática. Como resultado, se ha producido la creciente fragmentación del sistema de partidos políticos vigente en la República Federal Alemana durante el periodo de posguerra, el declive de los partidos establecidos tanto de centro-derecha como de centro-izquierda, junto con el desafío «populista» derechista al sistema político vigente tras la Segunda Guerra Mundial, que se ha materializado en Alternative für Deutschland (AfD).

Se ha prestado relativamente poca atención, sin embargo, a la hipotética disminución de la confianza en las instituciones políticas de las administraciones locales, cuyo gobierno tradicionalmente ha estado menos politizado y en el que las familias y las redes locales supuestamente propician una política menos ideológica, menos conflictiva y más arraigada socialmente basada en el consenso y la cooperación pragmáticos. Desde esta perspectiva, las recientes elecciones locales celebradas en el estado de Renania del Norte-Westfalia (NRW) durante el pasado mes de septiembre pueden tener un interés que trasciende el ámbito puramente local.

Con 18 millones de habitantes, 14 millones de los cuales tienen derecho a voto, Renania del Norte-Westfalia es, con diferencia, el estado más grande de la República Federal Alemana. En las elecciones locales, que se celebran cada cinco años, los votantes eligen los consejos locales de las ciudades y los condados, así como a los administradores de los condados (Landrat) y a los alcaldes (Bürgermeister, Oberbürgermeister) de las ciudades. Si ningún candidato a administrador de condado o alcalde obtiene más del 50 por 100 de los votos, se celebra una segunda vuelta al estilo francés.

Las elecciones locales de Renania del Norte-Westfalia, celebradas los días 14 y 28 de septiembre pasados, fueron las últimas elecciones importantes de este año en Alemania y han sido objeto de un intenso estudio por parte de los estrategas electorales. Si se analiza la primera vuelta de las mismas, se observa un aumento considerable de la participación, que ha pasado del 51,9 al 56,8 por 100, como siempre ocurre cuando los nuevos rivales «populistas» movilizan tanto a amigos como a enemigos. Más sorprendente fue la notable estabilidad regional en el apoyo tanto a la CDU como al SPD, que con el 33,3 y el 22,1 por 100 respectivamente de los votos obtenidos, no perdieron más que 1,0 y 2,2 puntos porcentuales, obteniendo ambos partidos resultados muy por encima tanto de los cosechados por ambas fuerzas políticas en las elecciones generales al Bundestag celebradas en febrero de 2025 como de una encuesta nacional realizada por Forschungsgruppe Wahlen en torno al día de estas elecciones locales de Renania del Norte-Westfalia (véase cuadro). A los Verdes les ha ido en estas últimas mucho peor que al SPD, ya que cayeron 6,5 puntos porcentuales hasta el 13,5 por 100, a pesar de formar parte de la coalición con la CDU, que gobierna este estado. Por último, hubo dos ganadores en comparación con 2020: el partido populista de izquierda die Linke (que subió del 3,8 por 100 al 5,6 por 100) y sobre todo AfD, que casi triplicó su resultado, pasando del 5,1 por 100 a un asombroso 14,5 por 100.

Credito: Polling data: Forschungsgruppe Wahlen. Tabla: Wolfgang Streec
Fuente: Polling data, Forschungsgruppe Wahlen. Cuadro: Wolfgang Streeck

Renania del Norte-Westfalia, que incluye las populosas ciudades de Colonia, Dortmund, Essen y Düsseldorf, siempre ha sido social y políticamente un estado conservador, lo cual puede explicar por qué la CDU y el SPD, los partidos alemanes tradicionales, se han mantenido relativamente bien, a pesar de las inminentes reducciones del gasto social previstas a escala federal bajo la ya no tan consistente coalición CDU/SPD. Pero esto hace que el resultado de AfD sea aún más impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que, en el momento de las elecciones, apenas había miembros de AfD ocupando cargos políticos en las comunidades locales, donde los vínculos locales suelen ser al menos tan importantes como los programas de los partidos, y que AfD se halla inmersa en una feroz lucha interna en Renania del Norte-Westfalia. Además, dado que AfD no pudo o no quiso presentar candidatos en alrededor del 40 por 100 de las circunscripciones, el resultado oficial de las elecciones, calculado sobre la base de todas las circunscripciones, subestima inevitablemente el apoyo real de AfD, probablemente por un margen considerable. En los casos en que AfD no decidió no concurrir a estas elecciones, ello tal vez se debió a que los posibles candidatos temían el ostracismo social, que podrían sufrir tras identificarse como miembros del partido. O bien a que este evitó deliberadamente las circunscripciones en las que no confiaba obtener un mínimo de votos. En todo caso, ambos factores son susceptibles de cambiar en las próximas elecciones, lo cual explica tal vez la satisfacción de la dirección del partido tras los resultados obtenidos por AfD en la primera vuelta.

No obstante, a pesar de sus avances, AfD no logró hacerse con ninguno de los trofeos clave disputados en estas elecciones: los 52 cargos regionales de Landrat y Oberbürgermeister. Pero sí logró alterar los patrones de voto tradicionales. Como resultado del avance de AfD, 36 de las 52 elecciones, muchas más que la última vez, tuvieron que ir a una segunda vuelta. Sin embargo, AfD solo quedó entre los dos contendientes de la segunda vuelta en tres de esas elecciones. En todas ellas, los demás partidos se unieron contra el candidato o candidata de AfD, dejándole sin posibilidades de ganar. El Brandmauer (cortafuegos) ha permanecido intacto. Es posible que dentro de cinco años ya no sea así, ya que AfD está presente actualmente en todas las asambleas locales importantes y se halla en condiciones de establecer alianzas con otros partidos y grupos de votantes.

Si AfD fue la ganadora, los Verdes fueron los perdedores, con la excepción de Münster, donde el candidato verde a la alcaldía derrotó por un estrecho margen al candidato de la CDU en la segunda vuelta. Münster es una hermosa y próspera ciudad universitaria, que durante mucho tiempo ha sido gobernada, y bien gobernada, por democristianos cortados por el patrón de Merkel, en una coalición informal con los Verdes, lo cual ha constituido de facto una alianza entre la burguesía liberal-católica acomodada y la gran comunidad estudiantil internacional presente en la ciudad. En Colonia, la cuarta ciudad de Alemania, que cuenta con un millón de habitantes y se halla, sin duda, muy mal gobernada, los Verdes perdieron, tras haber estado en coalición formal con la CDU durante una década. En la segunda vuelta, su candidato, de ascendencia turca y vicepresidente de la Asamblea Legislativa del estado, perdió frente a un socialdemócrata apoyado por la CDU, cuyo candidato solo había quedado tercero en la primera vuelta. En general, los Verdes han pagado el precio de la política de cambio climático adoptada por el último gobierno federal, que intentó obligar legalmente a los propietarios de viviendas a instalar nuevos sistemas de calefacción, que fácilmente podían costar más que sus propias casas; a comprar coches eléctricos a precios excesivos; y a hacer que las comunidades locales acogieran a un número ilimitado de refugiados y solicitantes de asilo asignados por los gobiernos de los Länder.

De los dos partidos mayoritarios tradicionales, la CDU y el SPD, el primero ha obtenido mejores resultados que el segundo, a pesar del mínimo histórico de apoyo nacional prestado a la CDU y a su canciller, Friedrich Merz (véase el cuadro precedente), tras apenas seis meses en el cargo. Ello puede deberse en parte al ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, también de la CDU, que es el principal rival interno de Merz en el seno de la CDU. Habiendo gobernado con los Verdes, que no han tenido mucho que decir bajo su mandato, Wüst irradia una competencia y una calma afable de las que Merz carece de forma totalmente evidente. Y lo que es más importante, la CDU puede cohabitar más fácilmente con AfD que el SPD, no necesariamente por razones programáticas, sino porque su medio social, las comunidades católicas de clase baja y media, comunes en Renania y Westfalia, sigue siendo más resistente a la retórica de AfD que el medio obrero del SPD, lo cual puede explicar por qué en Dortmund, un antiguo centro industrial que el SPD había gobernado durante los últimos ochenta años, AfD infligió pérdidas tan graves al SPD que el candidato de la CDU ganó en la segunda vuelta. El hecho de que tan pocos votantes del SPD optaran por Die Linke en lugar de por AfD puede deberse a la tradicionalmente escasa presencia del primero en la política local y a que los votantes del SPD se han hecho demasiado mayores para sentirse atraídos por la imagen juvenil de los radicales.

En definitiva, el resultado de las elecciones locales celebradas en Renania del Norte-Westfalia no hará sino impulsar los esfuerzos por ilegalizar AfD ante el Tribunal Constitucional por parte de aquellos miembros del grupo parlamentario del SPD, que consideran que la Kampf gegen rechts [lucha contra la derecha] es la misión política más importante de su partido. A tenor de la Constitución alemana, un partido puede ser declarado inconstitucional por el Tribunal Constitucional, si se considera que es hostil al «orden liberal-democrático fundamental». Existe una extensa bibliografía jurídica sobre lo que esto podría significar. En el pasado, dos partidos han sido declarados inconstitucionales: el Sozialistische Reichspartei Deutschlands en 1952, una organización que se autoproclamaba sucesora del NSDAP, el partido nazi fundado por Hitler, y el Kommunistische Partei (Partido Comunista) en 1956. Una vez que un partido es declarado inconstitucional, el partido es disuelto formalmente por el gobierno, sus fondos son confiscados y los intentos de continuar con su actividad o de crear una organización sustitutiva se castigan con penas de prisión, que oscilan entre los seis meses y los cinco años o entre uno y diez años, «cuando el procesado actúe como cabecilla o instigador de ambas conductas [...]. También se castigará la tentativa» (artículo 84 del Código Penal alemán).

Hay buenas razones políticas para que el SPD desee que se ilegalice AfD lo antes posible. Al fin y al cabo, si continúa el declive que ha experimentado durante las últimas décadas, el SPD, podría acabar por debajo del 10 por 100 en las próximas elecciones federales de principios de 2029 en las que AfD sería casi con toda seguridad el partido más fuerte con diferencia. Dado que el Tribunal Constitucional necesitará tiempo para investigar y deliberar, los miembros del SPD que desean la ilegalización de AfD tendrán que asegurarse de que el caso se lleve ante el Tribunal de inmediato, ya que este podría mostrarse reacio a tomar una decisión en plena campaña electoral federal, que comenzará aproximadamente en la primavera de 2028. Aunque dos nuevos jueces, recientemente nombrados por el SPD, podrían apoyar a tiempo la mencionada ilegalización, otros jueces bajo la influencia de la CDU podrían no hacerlo. Por supuesto, si el Tribunal Constitucional dictara su sentencia únicamente después de las elecciones, el mero hecho de que AfD pudiera ser declarada inconstitucional podría dañar sus perspectivas electorales; cabe esperar que los procedimientos judiciales sean orquestados profesionalmente por la maquinaria de relaciones públicas del gobierno y dramatizados diligentemente por los medios de comunicación públicos y privados. Los posibles candidatos de AfD podrían asustarse y los potenciales miembros del partido podrían no afiliarse por temor a ser inhabilitados para ocupar puestos de trabajo en el sector público tras la prohibición del partido. Por último, pero no por ello menos importante, la Kampf gegen rechts ante el Tribunal Constitucional también podría ayudar a ocultar la incapacidad del nuevo gobierno federal para propiciar un giro de 180 grados en pro de la generosidad fiscal para acometer la resolución de los problemas locales acumulados durante décadas de austeridad e igualmente podría desviar la atención de los recortes planeados en el gasto social provocados por la financiación de la guerra en Ucrania.

Incluso si el Tribunal Constitucional decidiera a favor de los partidos establecidos –y difícilmente podría decidir lo contrario en medio de una campaña electoral altamente politizada– los enormes problemas políticos y jurídicos, que plantearía la ilegalización de AfD y la aplicación de la ley a un partido que representa al menos a un tercio del electorado no desaparecerían. Si bien el Tribunal Constitucional puede ilegalizar un partido político, no puede destituir a sus diputados de sus escaños, ya sea a escala federal, regional o local. De hecho, si se ilegalizara AfD, un tercio, si no más, de la totalidad de los escaños del nuevo Bundestag podrían estar ocupados por diputados elegidos en las listas de este partido tras las próximas elecciones legislativas federales y todos ellos estarían legalmente a salvo durante el resto de la legislatura, a menos que se descubriera su participación en algún tipo de actividad, que los fiscales del gobierno consideraran «continuación» o «sustitución» del partido ilegalizado. Cabría esperar acusaciones en este sentido por parte de los competidores políticos. (De acuerdo con el artículo 46 de la Ley del Tribunal Constitucional, los detalles sobre cómo se ejecuta la ilegalización de un partido los determina el gobierno federal mediante una disposición reglamentaria, lo cual implica obviamente que no se requiere normativa con rango de ley ni por ende la implicación del Bundestag).

Si el Tribunal Constitucional dictara su sentencia tras las próximas elecciones federales de 2029, ello implicaría inevitablemente la celebración de nuevas elecciones anticipadas en las cuales los antiguos diputados de AfD podrían presentarse como candidatos individuales o en las listas de eventuales nuevos partidos de derecha, a menos que fueran excluidos de la correspondiente candidatura por las juntas electorales de los Länder o, por supuesto, estuvieran en prisión por intentar prolongar o sustituir la actividad del partido ilegalizado. Los litigios proliferarían sin lugar a dudas. Durante la campaña electoral efectuada tras la eventual ilegalización de AfD, la Fiscalía Federal (Bundesanwaltschaft) estaría ocupada día y noche, observando cada movimiento de los candidatos sospechosos para determinar, si su comportamiento infringiese los términos de la ilegalización aplicada contra el partido, lo cual constituiría un delito tipificado. Si se descubriera que así fuere, tendrían que ser inmediatamente inhabilitados para presentarse a las elecciones y llevados ante los tribunales, donde se enfrentarían a penas de prisión. El espectáculo sería realmente inenarrable.


Recomendamos leer Wolfgang Streeck, «¿Cómo terminará el capitalismo?», NLR 87, ¿Cómo terminará el capitalismo?, (2017) y  Comprando tiempo: La crisis pospuesta del capitalismo democrático (2016). «La coyuntura leída por Wolfgang Streeck» y «La Unión Europea en guerra: dos años después», Diario Red. «El retorno del rey», «El belicismo suicida de las democracias autoritarias occidentales», «Los peligros de la lealtad inquebrantable a Estados Unidos» y «La Unión Europea, la OTAN y el próximo orden mundial», todos ellos publicados en El Salto.

Este texto se ha publicado originalmente en UnHerd y se publica aquí con permiso expreso de su autor.