Rivalidades en la extrema derecha italiana: Meloni vs Vannacci
Durante sus casi cuatro años de gobierno, la extrema derecha italiana de Meloni, Salvini y Tajani ha producido básicamente más extrema derecha, más irracionalidad política, más incapacidad en la gestión pública y mayor afasia en la política exterior italiana. La debilidad de la izquierda y la infamia del extremo centro han hecho el resto. Y el general Vannacci ha ocupado el vacío en su intento de desplazar la política y la sociedad italianas todavía más a la extrema derecha y de endurecer más aún las relaciones de poder y explotación de clase imperantes en la misma
Tras casi cuatro años de gobierno de derecha liderado por Fratelli d’Italia y dirigido por Giorgia Meloni, y con las elecciones generales previstas para 2027, Italia está siendo testigo del auge de una nueva fuerza de la derecha populista. Su líder, el general retirado Roberto Vannacci, fue elegido diputado al Parlamento Europeo en 2024 en la lista de la Lega Salvini Premier, obteniendo el segundo mayor número de votos después de la propia Meloni. En febrero de 2026 rompió con la Lega –su líder, Matteo Salvini, lo tildó de «traidor»– y fundó su propio partido, Futuro Nazionale. Las encuestas otorgan a Vannacci entre el 6 y el 7 por 100 de los votos, mientras que Futuro Nazionale ha reunido 130.000 afiliados en menos de seis meses. Vannaci acusa al gobierno de haber virado hacia el centro, sobre todo en materias de inmigración y orden público. El ascenso de Vannacci plantea un dilema estratégico para Meloni, que ya ha perdido a siete miembros de su coalición a favor de Futuro Nazionale. ¿Cómo debe interpretarse esta insurgencia en el flanco derecho del gobierno y cómo podría reconfigurar el panorama político italiano de cara a las elecciones del año que viene?
Hasta hace tres años, Vannacci era un perfecto desconocido para el gran público. Hijo de un oficial del ejército simpatizante de la extrema derecha, él también siguió la carrera militar y fue destinado a los Balcanes, Iraq, Afganistán y otros lugares; hasta el estallido de la guerra en Ucrania, fue agregado militar en la embajada de Moscú. Saltó a la fama cuando, tras su regreso a Italia, escribió y autoeditó Il mondo al contrario (2023), una diatriba contra la inmigración, el feminismo, la homosexualidad, el ecologismo y la izquierda, temas todos ellos habituales de la derecha populista italiana, que para entonces había pasado de la oposición a ocupar el gobierno. En este caso la diferencia radicaba en que su autor era un oficial de alto rango del ejército italiano. Durante el periodo de posguerra, el estamento militar italiano se vio involucrado a menudo en proyectos subversivos tejidos por la extrema derecha, pero en su caso Vannacci había violado la imparcialidad formal de las fuerzas armadas.
Aunque la polémica resultante le valió una suspensión del ejército, también lo convirtió en una celebridad mediática. Condenado por sus declaraciones incendiarias por una parte del país, fue aclamado por otra por plantar cara a la «corrección política». Fue en ese momento, cuando Salvini decidió sacar partido de la infamia de Vannacci –o tal vez neutralizar la amenaza que representaba– y le ofreció presentarse como candidato de la Lega a las elecciones europeas de 2024. Tras ser elegido eurodiputado, Vannacci fue nombrado vicesecretario de la Lega, pero la colaboración nunca funcionó: Vannacci no pagaba sus cuotas del partido, la radicalidad de sus opiniones no era bien vista por la dirección y estaba organizando su propia facción entre bastidores («Equipo Vannacci»).
Si Vannacci se presentara como independiente en 2027, podría provocar la derrota de Meloni. La próxima legislatura reviste una importancia capital, ya que también decidirá quién será el nuevo presidente de la República italiana, sucesor de Sergio Mattarella, que ocupa el cargo desde 2015
Gran parte de la fama de Vannacci se debe a la descarada franqueza con la que proclama tales opiniones («Gais, superadlo, no sois gente normal», «Reivindico en voz alta el derecho a odiar y a sentir desprecio»). Vannacci es un experto en la provocación. «Mussolini fue un “hombre de Estado”», ha afirmado. En su campaña para el Parlamento Europeo invocó a la Decima Mas, una de las unidades más violentas que colaboraron con los ocupantes nazis en la represión de la Resistencia y el ataque contra la población civil acusada de simpatizar con la misma; su comandante, Junio Valerio Borghese, rescatado por los estadounidenses inmediatamente después de la guerra, que se convertiría en un referente de la causa anticomunista en los círculos atlantistas, intentó dar un golpe de Estado en 1970. Entre los colaboradores de Vannacci, a quienes se refiere como camerati («camaradas»), término que en Italia tiene connotaciones fascistas, hay muchos exmilitares y neofascistas declarados, que se han envalentonado por la descarada actitud de su líder. Al igual que Trump, Vannacci hace un uso masivo de la inteligencia artificial para elaborar su propaganda, difundiendo vídeos sensacionalistas y de mala calidad que causan un enorme revuelo. En uno de ellos aparece retratado como un gladiador que recibe un haz de varas doradas de manos de Meloni, las blande ante el pueblo exultante de la Antigua Roma y, a continuación, envía a sus oponentes políticos a una muerte segura en la fosa de los leones. A Vannacci le gusta atacar públicamente a sus oponentes y detractores. Según sus personas de confianza, sueña con convertirse en el De Gaulle italiano.
El gobierno de Meloni no ha tomado medida alguna para hacer frente a la precariedad laboral y ha suprimido la «renta de ciudadanía», un programa de ayudas para los desempleados bajo la forma de una renta mínima garantizada, introducido en 20219 por el gobierno de coalición del Movimento 5 Stelle y la Lega presidido por Giuseppe Conte
La consigna que Vannacci repite obsesivamente es «remigración», el plan para expulsar no solo a los migrantes indocumentados, sino también a los extranjeros que poseen la ciudadanía, pero que no se han «asimilado». Esto es inconstitucional, pero la derecha italiana ha demostrado sistemáticamente que no tiene remilgos procedimentales. El incumplimiento de sus promesas en materia de «seguridad» ha sido el eje central de sus críticas al gobierno, al que, a pesar de su amplia mayoría parlamentaria y su perdurabilidad (Meloni pronto podrá presumir de haber liderado el gobierno más longevo de la historia de la República), le ha resultado fácil tachar de ineficaz. Durante los últimos cuatro años, el gobierno ha llevado a cabo numerosas iniciativas represivas, empezando por una extraña ley contra las fiestas rave aprobada nada más comenzar la legislatura Se han presentado proyectos de ley para restringir el derecho a la huelga y a la protesta. Se han invertido decenas de millones de euros en la creación de centros de clasificación de migrantes en Albania, iniciativa que, sin embargo, ha sido un fracaso total, porque no se ajustaban a la normativa europea y, por lo tanto, han sido rechazados por los tribunales italianos. Meloni también hizo gran hincapié en la convocatoria de un referéndum sobre una reforma del poder judicial motivada políticamente, que introducía la separación de la carrera profesional de jueces y fiscales, la cual, a pesar de la incesante campaña publicitaria, orquestada por el gobierno, fue derrotada la pasada primavera y ganada por los quienes se oponían a la misma (53 por 100). Esta derrota refrendaria le ha causado un grave daño político a Giorgia Meloni.
En materia económica, los fracasos del gobierno de Fratelli d’Italia son evidentes. Los salarios italianos son los únicos de Europa que no han aumentado durante los últimos años, conociendo, por el contrario, un descenso continuado durante las últimas tres décadas. El gobierno de Meloni no ha tomado medida alguna para hacer frente a la precariedad laboral y ha suprimido la «renta de ciudadanía», un programa de ayudas para los desempleados bajo la forma de una renta mínima garantizada, introducido en 20219 por el gobierno de coalición del Movimento 5 Stelle y la Lega presidido por Giuseppe Conte. La tasa de natalidad se encuentra en su nivel más bajo de la historia, mientras la producción industrial no ha dejado de descender durante los últimos años. Meloni apostó una gran parte de su capital político a su relación con Trump, postulando que podía actuar como puente entre Estados Unidos y la UE, pero la relación con el presidente estadounidense se deterioró. La derecha italiana ha pagado un alto precio por su adhesión a Trump de la mano de los aranceles, el aumento de los costes del combustible y las exigencias de la Casa Blanca de incrementar el gasto militar del 2 al 5 por 100 del PIB. Mientras tanto, durante los últimos años, millones de ciudadanos y ciudadanas italianos han salido a la calle para oponerse al apoyo del gobierno italiano a Israel.
El hecho de que el desafío más destacado al gobierno haya surgido de la derecha es un reflejo de la hegemonía cultural de esta última en la Italia actual, que dicta la agenda al tiempo que presenta a la izquierda como la protectora de los delincuentes violentos y los migrantes indocumentados
A pesar de todo ello, Fratelli d’Italia sigue liderando las encuestas, aunque el partido ha caído hasta situarse en torno al 25 por 100 desde el 30 por 100 disfrutado durante sus primeros tres años de mandato. El gobierno se ve respaldado por el control asfixiante que ejerce la derecha sobre la radio y la televisión: los tres principales canales privados son propiedad de la familia Berlusconi. La prensa escrita está en crisis, pero la mayoría de los diarios adoptan una postura progubernamental. El hecho de que el desafío más destacado al gobierno haya surgido de la derecha es un reflejo de la hegemonía cultural de esta última en la Italia actual, que dicta la agenda al tiempo que presenta a la izquierda como la protectora de los delincuentes violentos y los migrantes indocumentados.
El partido de Vannacci atrae especialmente a los trabajadores manuales y a los desempleados: el perfil clásico de un partido populista de derecha, que seduce principalmente a votantes, que expresan un «voto de protesta», que se sitúan en los escalones más bajos de la escala socioeconómica, desempeñan ocupaciones poco cualificadas y, con frecuencia, viven fuera de las zonas urbanas
Los datos sugieren que Futuro Nazionale está atrayendo principalmente a votantes descontentos procedentes de Fratelli d’Italia y de la Lega Salvini Premier. Estos seguidores son predominantemente hombres (62 por 100), según un estudio publicado en el Corriere della Sera, y pertenecen a los niveles de renta bajos y medio-bajos (50 por 100). El partido atrae especialmente a los trabajadores manuales y a los desempleados: el perfil clásico de un partido populista de derecha, que seduce principalmente a votantes, que expresan un «voto de protesta», que se sitúan en los escalones más bajos de la escala socioeconómica, desempeñan ocupaciones poco cualificadas y, con frecuencia, viven fuera de las zonas urbanas. Este colectivo demográfico recurre menos en general a las fuentes de información tradicionales y tiende más a seguir los debates en las redes sociales, cuyos algoritmos favorecen la agenda resentida y divisiva de Futuro Nazionale, que coloca la «seguridad» (no la seguridad social, por supuesto) en primer plano, a pesar de que todas las estadísticas de las últimas décadas apuntan a un descenso general de la delincuencia.
El efecto inmediato del auge de Futuro Nazionale ha sido desplazar el debate público italiano todavía más hacia la derecha, desencadenando una carrera para ver quién puede proponer las medidas más draconianas para resolver la eterna «emergencia de seguridad», como demuestra la teatral suspensión por parte de Meloni del acuerdo de Schengen con Madrid en respuesta a la llegada de miles de personas al enclave español de Ceuta
La amenaza que representa Futuro Nazionale podría obligar al bloque de derecha ahora en el poder a cambiar de actitud. Si Vannacci se presentara como independiente en 2027, podría provocar la derrota de Meloni. La próxima legislatura reviste una importancia capital, ya que también decidirá quién será el nuevo presidente de la República italiana, sucesor de Sergio Mattarella, que ocupa el cargo desde 2015. Las declaraciones de los partidos gobernantes, que muestran un neto distanciamiento de Vannacci podrían, pues, matizarse, si fuera necesario. Si Futuro Nazionale llegara finalmente a un acuerdo con Meloni para formar parte de una hipotética coalición, el riesgo potencial sería la pérdida de votos por Forza Italia y por sectores más moderados. Sin embargo, los precedentes sugieren, que bien podría haber una salida: Berlusconi ganó las elecciones de 1994 aliándose tanto con los separatistas de la Lega Nord como con los posfascistas de la Alleanza Nazionale, dos fuerzas que a primera vista parecían incompatibles. Históricamente, la derecha italiana ha demostrado su capacidad para cerrar filas con el fin de obtener o conservar el poder.
Tanto Salvini como Meloni, si bien de manera contradictoria y oportunista, siempre han recurrido a esta corriente ideológica denominada de la derecha social. Pero este no es el caso de Vannacci, quien defiende una visión profundamente conservadora y jerárquica de la sociedad en la que hay que dejar que los ricos prosperen, ya que solo a través de su riqueza podemos esperar que algo «gotee» hacia los más desfavorecidos
El efecto inmediato del auge de Futuro Nazionale ha sido desplazar el debate público italiano todavía más hacia la derecha, desencadenando una carrera para ver quién puede proponer las medidas más draconianas para resolver la eterna «emergencia de seguridad», como demuestra la teatral suspensión por parte de Meloni del acuerdo de Schengen con Madrid en respuesta a la llegada de miles de personas al enclave español de Ceuta. La migración sigue siendo el tema dominante y continúa eclipsando las crisis económicas, energéticas y climáticas a las que se enfrenta Italia. En materia de seguridad, un caso que Vannacci ha utilizado como símbolo de sus propuestas es el de Mario Roggero. En 2021 tres ladrones entraron en su joyería de Grinzane Cavour, una pequeña localidad piamontesa de poco menos de 2000 habitantes, armados con un cuchillo y una pistola de juguete; una vez que se marcharon con el botín, Roggero los persiguió con su propia pistola, esta de verdad, les disparó, mató a dos de ellos y luego dio una patada en la cabeza de uno de los cadáveres. Aunque las tres instancias del sistema judicial declararon a Roggero culpable de asesinato, se desató una gran polémica mediática contra su condena. Vannacci ha expuesto con todo detalle el derecho a matar a un ladrón: «¿Por qué no se me debería permitir dispararle o apuñalarle con cualquier objeto que tenga a mano?», «Si clavo el lápiz que llevo en el bolsillo en la yugular del tipo que me ataca, matándolo, ¿por qué debería arriesgarme a ser condenado?». La glorificación de la inhumanidad se ha convertido en el espíritu de una derecha cada vez más desinhibida.
Sin embargo, el auge de Vannacci también pone de manifiesto fracturas de larga data. Históricamente, entre los herederos de la era fascista italiana se encontraba una corriente conocida como la «derecha social», que ponía mayor énfasis retórico en el trabajo y en un papel intervencionista del Estado. La Confederazione Italiana Sindacati Nazionali Lavoratori (CISNAL) actuaba como enlace con el neofascista Movimento Sociale Italiano (MSI); en política exterior, una parte del MSI se consideraba hostil al atlantismo, al tiempo que el Estado de derecho y la lucha contra la mafia se consideraban prioridades. Tanto Salvini como Meloni, si bien de manera contradictoria y oportunista, siempre han recurrido a esta corriente ideológica. Pero no es el caso de Vannacci, quien defiende una visión profundamente conservadora y jerárquica de la sociedad en la que hay que dejar que los ricos prosperen, ya que solo a través de su riqueza podemos esperar que algo «gotee» hacia los más desfavorecidos.
Es revelador con quién se ha reunido Vannacci hasta ahora en el Parlamento Europeo: grandes empresas de combustibles fósiles, fabricantes y comerciantes de armas, así como confederaciones industriales, que representan a los sectores químico, marítimo, farmacéutico, siderúrgico y automovilístico. Su proyecto se propone defender con mano de hierro y, de hecho, ampliar el poder del capital. Vannaci se presenta, sin embargo, bajo el disfraz de la victimización, recurriendo al arquetipo del hombre olvidado que dice lo indecible. Está consiguiendo que le escuchen muchos de los que más han perdido y todavía tienen más que perder a causa de un modelo económico y social excluyente, que aviva la ira y el miedo, sin hacer nada para abordar las condiciones que los generan.
Recomendamos leer Matteo Pucciarelli, «Salvini en alza», NLR 116/117. Ugo de Siervo, «Llamamiento por una seguridad democrática de los juristas italianos: contra el decreto sicurezza de Giorgia Meloni», Diario Red. Sergio Bologna, «Su avaricia, nuestros conflictos», Diario Red, «El enemigo justo» y «Del 25 de abril al 1 de mayo: ¡no hay antifascismo sin anticapitalismo», El Salto, y Crisis de la clase media y posfordismo (2006), ambos publicados en El Salto.
Este texto se ha publicado en Sidecar, el blog de la New Left Review, revista bimestral de política y teoría publicada en Madrid por Traficantes de Sueños.