Marine Le Pen y los tribunales de la República: cómo normalizar la extrema derecha en Francia
La derecha y la extrema derecha europeas han perdido hace tiempo toda autonomía para definir una política coherente fruto de su propio proceso de elaboración endógena para convertirse en un conjunto de vectores sobredeterminados por los intereses de clase más descarnados dictados por las clases dominantes globales y supranacionales. La inyección de recursos intelectuales, pautas de acción partidista y modelos de referencia política, así como la pura coacción derivada de una governance económica cada vez más agresiva, ha convertido a los partidos de derecha y extrema derecha europeos en actores cada vez más reaccionarios y carentes de brújula alguna orientada por los modelos políticos constitucionales nacionales surgidos tras la Segunda Guerra Mundial y nominalmente vigentes a día de hoy. El campo político de la derecha se convierte, pues, en un laboratorio de prácticas políticas reaccionarias, autoritarias, retrógradas y violentas, que han dejado de operar de acuerdo con cualquier tipo de criterio de obediencia al marco constitucional democrático vigente
Tanto en Francia como en Estados Unidos y el Reino Unido, las esperanzas de sus respectivas clases dirigentes y establishments de que los tribunales frenaran el auge de la extrema derecha se han visto frustradas una vez más. En marzo del año pasado, el Tribunal Correccional [Tribunal correctionnel] de París acaparó los titulares al declarar a Marine Le Pen inelegible para presentarse a las elecciones presidenciales francesas del año que viene, tras su condena por malversación de fondos del Parlamento Europeo. A principios de este mes, en una sentencia muy esperada, un Tribunal de Apelación [Cour d’appel] de París confirmó la sentencia, pero redujo la pena a tres años de prisión, en lugar de cuatro, a lo que añadió dos años de suspensión y uno año de vigilancia electrónica, además de su inhabilitación durante un periodo de quince meses para ejercer cargos públicos, cuyo tiempo se considera ya cumplido. En otras palabras, Marine Le Pen podrá presentarse a las elecciones en 2027. Le Pen ha prometido presentar un nuevo recurso ante el Tribunal de Casación [Cour de cassation], el órgano jurisdiccional superior de Francia, actuación procesal que suspenderá la ejecución de la sentencia. Los expertos creen que este órgano podría no pronunciarse hasta abril de 2027, apenas unas semanas antes de la primera vuelta de las elecciones. Si el veredicto es desfavorable para la líder del Rasssemblement National (RN), es posible que Marine Le Pen tenga que llevar una tobillera electrónica durante los últimos días de la campaña; de lo contrario, el caso podría remitirse a otro tribunal de apelación para que lo vuelva a examinar, un proceso que probablemente se prolongue hasta el año siguiente. En cualquier caso, todavía van a producirse ulteriores inflexiones en este asunto.
Es posible que la decisión judicial de permitr a Le Pen concurrir a las elecciones presidenciales de 2027 se haya tomado por motivos puramente jurídicos. Pero también podría formar parte de una tendencia creciente por parte de las instituciones francesas a mostrar buena voluntad anticipada hacia la extrema derecha con el fin de evitar problemas en el futuro
Las encuestas de opinión sugieren que a los votantes no les preocupa demasiado la condena de Le Pen, cuyo contencioso se refería al desvío de fondos destinados a los asistentes parlamentarios de la UE para financiar las actividades nacionales del partid y no para proceder a su enriquecimiento personal. Al mismo tiempo, el hecho de que se hayan formulado acusaciones similares en todo el espectro político francés, incluidos la coalición gobernante de Macron y La France insoumise, socava las afirmaciones de Le Pen de que ha sido objeto de una persecución selectiva. El Tribunal de Apelación, por su parte, explicó que había sopesado la necesidad de castigar la malversación frente a «la libertad de elección de los votantes, que constituye un prerrequisito de la expresión del sufragio democrático». Traducción: Le Pen es culpable, pero sería mejor que figurara en las papeletas.
Es posible que la decisión se haya tomado por motivos puramente jurídicos. Pero también podría formar parte de una tendencia creciente por parte de las instituciones francesas a mostrar buena voluntad anticipada hacia la extrema derecha con el fin de evitar problemas en el futuro. Esto ya se hizo patente en junio de 2022, cuando los votos de la mayoría parlamentaria de Macron y del centro-derecha contribuyeron a que un diputado y una diputada del RN fueran nombrados vicepresidentes de la Asamblea Nacional. France Télévisions, que RN quiere privatizar, ha contratado recientemente a un puñado de comentaristas procedentes del ecosistema de extrema derecha de CNews, mientras que el ente regulador de los medios de comunicación franceses, la Autorité de Régulation de la Communication Audiovisuelle et Numérique (Arcom), que el RN quiere reestructurar, ha ordenado a Radio France, que aumente el tiempo de emisión asignado a los representantes del partido. Y podríamos abundar otros casos en este mismo sentido.
Aunque los jueces se han negado a inhabilitar a Le Pen, su saga penal reveló, no obstante, posibles divisiones dentro de su propio campo. En los días posteriores a la sentencia de 2025, se vio obligada a responder a la consabida hipotética pregunta: Y si usted estuviera entre rejas o se le prohibiera de algún modo presentarse a las elecciones presidenciales de 2027, ¿qué sucedería? Le Pen respondió que Jordan Bardella, su mano derecha y presidente del RN, ocuparía su lugar. A primera vista, esta propuesta, que recuerda a la sustitución de Putin por Medvédev, era una evidente puesta en escena carente de demasiada relevancia para las dinámicas políticas subyacentes. Hace dos años Bardella era un eurodiputado de 29 años, que apenas tenía otros méritos propios más allá del patrocinio de Le Pen. Hijo de un pequeño empresario y de una auxiliar de guardería, saltó a la fama por primera vez como «MrJordan9320», un influencer adolescente de YouTube conocido por subir vídeos en los que aparecía jugando al videojuego Call of Duty. Tras abandonar la universidad después de suspender dos veces el segundo curso de su carrera de Geografía, tuvo más éxito al abrirse camino en el círculo íntimo del RN a través de sus relaciones sentimentales, primero como pareja de Kerridwen Chatillon, hija del magnate financiero Frédéric Châtillon y de Marie d’Herbais, asistente personal de Jean-Marie Le Pen, y posteriormente como pareja de la sobrina de Marine Le Pen Marion Maréchal. Dada la estructura de clan del RN, esto le abrió el camino hacia las altas esferas del partido.
Al igual que Julien Odoul, el antiguo modelo de ropa interior masculina convertido en portavoz de RN, Bardella encarnaba un tipo específico de funcionario del partido: jóvenes leales y telegénicos, totalmente dependientes de Le Pen y razonablemente capaces de repetir sus argumentos. Sin embargo, siendo la vida política como es, no pasó mucho tiempo antes de que Bardella comenzara a insinuar diferencias con la patronne. A partir del verano de 2024, se identificó cada vez más con una agenda favorable a las empresas. En materia de pensiones, cuestionó la oposición de Le Pen a la ley de Macron, que elevaba la edad de jubilación y se mostró abierto a añadir un componente de capitalización al sistema público de pensiones existente; también expresó escepticismo respecto a gravar los superbeneficios de las empresas de combustibles fósiles, una medida que anteriormente había respaldado RN. Más allá de estos desacuerdos, fue Bardella quien recibió el encargo de ganarse a las organizaciones patronales con promesas de austeridad fiscal y una regulación más flexible. También ha comenzado a moverse en círculos más exclusivos. Esta primavera, la prensa sensacionalista anunció su idilio con María Carolina de Borbón de las Dos Sicilias, una heredera multimillonaria descendiente de Luis XIV. Mientras Francia se recuperaba de un caso de asesinato de un niño el mes pasado, Bardella asistió al Gran Premio de Mónaco, donde los ultrarricos franceses hacen alarde de su riqueza.
Históricamente varias líneas de fractura han dividido a la extrema derecha francesa: el apoyo a la República vs. las simpatías monárquicas o dictatoriales; el europeísmo «civilizacional» vs. la hostilidad hacia la UE; las inclinaciones atlantistas vs. la afirmación de la soberanía nacional. La política económica no es una excepción. El RN ha oscilado entre las recetas reaganianas de Le Pen padre –subvenciones a las empresas, desregulación, ataques al Estado del bienestar– y la línea más intervencionista impulsada en la década de 2010 por el que fuera asesor de su hija, Florian Philippot.
El purgatorio judicial de Marine Le Pen reavivó los sueños de una solución largamente esperada a estas cuestiones: que una facción de la extrema derecha aprovechara la oportunidad para eliminar a sus rivales y aclarar de forma decisiva la línea del partido. No sería la primera purga de este tipo. La historia de RN está plagada de expulsiones y deserciones, a pesar de la persistencia de la familia Le Pen al frente del partido. En 1998 Jean-Marie Le Pen expulsó a Bruno Mégret, el poderoso número dos del partido, que abogaba por una imagen pública más moderada con el fin de forjar alianzas con la derecha mayoritaria. Mégret se marchó con la mayoría de los cuadros del partido y formó una formación rival. En 2015 le tocó el turno al padre de Le Pen, que fue expulsado por su hija en su intento de depurar al RN de sus elementos más extremistas. Dos años más tarde, ella misma expulsó a muchos de sus antiguos leales y se distanció del populismo económico de Philippot, lo que a su vez precipitó la salida de este. El desafío de Éric Zemmour a Le Pen en la carrera presidencial de 2022 se hizo eco de estas disputas: acusó a la líder del RN de criptosocialismo y se ganó el apoyo de la sobrina de Le Pen, Marion Maréchal, partidaria de las empresas, y del exvicepresidente del partido, Nicolas Bay.
Pero también existen obstáculos de índole más práctica para lograr la unidad de las derechas, arraigados no solo en las divisiones existentes entre las facciones de la derecha, sino también ente los grupos socioelectorales, realmente dispares, que conforma el propio zócalo electoral del RN. ¿Qué tienen en común los votantes empobrecidos del municipio de Hénin-Beaumont, gobernado por RN y ubicado en el norte desindustrializado del departamento de Pas-de-Calais, con los votantes de Menton, una ciudad rica situada no muy lejos de Mónaco, también gobernada por RN?
Los historiadores de la derecha francesa distinguen tradicionalmente tres corrientes en el seno de la misma –la orleanista, la bonapartista y la legitimista–, que abarcan desde el centro moderado hasta la reacción intransigente. El colapso del régimen de Vichy, seguido de las secuelas de la Guerra de Argelia, redujo esta división a una oposición binaria, que limitó de hecho a la extrema derecha a un conjunto de micropartidos aislados, excluidos del poder; de De Gaulle a Chirac y Sarkozy, las figuras de la derecha «republicana» francesa han recurrido estratégicamente a ellos cuando les convenía e insistían en la frontera que los separaba de la política respetable, cuando no era así. Entretanto, la extrema derecha lleva mucho tiempo elaborando diversas estrategias para formar una «union des droites», esto es, una coalición con la corriente dominante de la derecha, capaz de auparla al poder, aun a riesgo de disolverse en el seno de esta.
Las condiciones para lograr dicha unión llevan tiempo gestándose. En 2012 Le Pen fundó el Rassemblement Bleu Marine, un «movimiento» difuso, que incorporó a nuevas figuras para presentarse a las elecciones legislativas de ese año como un cartel sin incorporarse formalmente al RN. El pequeño partido soberanista de Nicolas Dupont-Aignan, Debout la France, respaldó a Le Pen en las dos últimas segundas vueltas presidenciales, aunque se mantuvo organizativamente independiente. Las elecciones legislativas anticipadas de 2024 marcaron un giro aún más drástico. Éric Ciotti, entonces líder del partido de centro-derecha Les Républicains y con la mirada puesta en la alcaldía de Niza, la capital del bastión de la extrema derecha del sureste francés, desafió a la ejecutiva de su partido al proponer una alianza con el RN. Tras cerrar brevemente la sede de LR en París y hacerse con las llaves, se escindió para fundar un micropartido al que, como era de esperar, denominó Union des Droites pour la République.
Existen razones históricas que explican la dificultad de llevar a buen término la estrategia de unión. Entre los fundadores del Frente Nacional, precursor del RN, se encontraban antiguos voluntarios franceses de las Waffen SS, algunos de los cuales habían sido condenados a muerte o a prisión tras la Liberación, y veteranos de la OAS, el grupo terrorista partidario de que Argelia continuase siendo francesa, que intentó en repetidas ocasiones asesinar a De Gaulle. Pero también existen obstáculos de índole más práctica para lograr la unidad de las derechas, arraigados no solo en las divisiones existentes entre las facciones de la derecha, sino también ente los grupos socioelectorales, realmente dispares, que conforma el propio zócalo electoral del RN. ¿Qué tienen en común los votantes empobrecidos del municipio de Hénin-Beaumont, gobernado por RN y ubicado en el norte desindustrializado del departamento de Pas-de-Calais, con los votantes de Menton, una ciudad rica situada no muy lejos de Mónaco, también gobernada por RN? ¿Cómo se concilian los intereses de los electores rurales del partido, incluido su sindicato agrícola afiliado, la Coordination Rurale, que defiende a los pequeños agricultores familiares y denuncia la financiarización de la agricultura, con los intereses de los multimillonarios, que lo financian, como el magnate de la gestión de activos Édouard Carmignac o Pierre-Édouard Stérin, el inversor de capital riesgo, que es un católico ultraconservador?
Ninguna resolución judicial resolverá jamás estas contradicciones. ¿Quién lo hará? A corto plazo, nadie. No es tanto que la línea del RN sea ambigua. La ambigüedad es la línea. El éxito de Le Pen siempre se ha basado en evasivas tácticas y confusiones. Su tándem con Bardella es una de ellas. La deuda pública es otra. El programa del RN sigue sin tener un cálculo de sus costes económicos. Aparte de recortar la asistencia sanitaria para los migrantes, identifica pocas fuentes nuevas de ingresos, al tiempo que ofrece rebajas fiscales a casi todo el mundo –herederos, jóvenes asalariados, conductores, pequeñas empresas–, junto con subvenciones para fondos de inversión y apoyo a las empresas nacionales de tecnología y defensa. Dada la difícil situación fiscal de Francia, esto equivale a decisiones difíciles aplazadas y a traiciones por venir.
Aproximadamente cada año, Bolloré promociona a una figura de extrema derecha capaz de competir con el RN, mezclando el tradicionalismo católico etnonacionalista con la ortodoxia neoliberal. Bolloré fue la fuerza impulsora de la campaña presidencial de Zemmour, que anteriormente trabajaba en su canal de televisión CNews, y desde entonces ha apoyado a Louis Sarkozy, el hijo de Nicolas Sarkozy admirador de Trump, al magnate de los parques temáticos y tradicionalista católico Philippe de Villiers y a Sarah Knafo, novia y estratega política de Zemmour, así como eurodiputada de su partido Reconquête, todos los cuales se han beneficiado de un abundante tiempo de emisión
No obstante, las fuerzas y grupos sociales que componen el bloque de extrema derecha siguen presionando con sus reivindicaciones. Es probable que cualquier aclaración final se produzca no tanto a través del debate ideológico como mediante la victoria de uno bloque sobre los otros. Es revelador que el electorado de clase trabajadora del RN ubicado en el norte se vea cada vez más superado dentro del bloque de la extrema derecha por las grandes empresas. Hasta hace poco, la patronal francesa solía mantener a la extrema derecha a distancia, prestándole apoyo solo de forma indirecta, financiando un medio de comunicación por aquí o una iniciativa de educación superior por allá, mientras que rara vez financiaba directamente al partido. Pero a medida que determinados sectores del capital francés pierden confianza en la capacidad del macronismo para defender sus intereses, algunos actores se han visto más directamente involucrados con la política de extrema derecha. Este planteamiento puede ser crudamente transaccional, como en el caso de la participación de Stérin en la compra de una propiedad de la familia Le Pen en Rueil-Malmaison por un precio que, según se informa, está muy por encima del valor de mercado, pero también adopta formas más sinuosas, incluida la presión sobre el RN ejercida desde fuera.
A lo largo de la última década, el magnate de los medios de comunicación y de la energía Vincent Bolloré ha amasado un imperio en los sectores de la comunicación y de la edición capaz de moldear el debate público francés, dado que abarca de los libros a la televisión y la radio. Aproximadamente cada año, Bolloré promociona a una figura de extrema derecha capaz de competir con el RN, mezclando el tradicionalismo católico etnonacionalista con la ortodoxia neoliberal. Bolloré fue la fuerza impulsora de la campaña presidencial de Zemmour, que anteriormente trabajaba en su canal de televisión CNews, y desde entonces ha apoyado a Louis Sarkozy, el hijo de Nicolas Sarkozy admirador de Trump, al magnate de los parques temáticos y tradicionalista católico Philippe de Villiers y a Sarah Knafo, novia y estratega política de Zemmour, así como eurodiputada de su partido Reconquête, todos los cuales se han beneficiado de un abundante tiempo de emisión. Pero Bolloré no se ha limitado a fomentar la competencia en la extrema derecha. También ha facilitado alianzas. En junio de 2024, mientras Ciotti negociaba su pacto con Le Pen y Bardella, Bolloré recibió al líder de LR en las oficinas del holding familiar, donde ambos planearon su anuncio. Los medios de comunicación de Bolloré respaldaron entonces el acuerdo, que culminó con la tragicómica expulsión de Ciotti del partido que él mismo presidía.
Muchos esperaban que la sentencia de la semana pasada aclararía la línea del RN. No fue así. En lugar de aguardar un deus ex machina judicial, deberíamos prestar más atención a las tensiones dentro del bloque de la extrema derecha, entre su electorado obrero y pequeñoburgués y sus patrocinadores empresariales, cada vez más asertivos. De ahí surgirá la claridad, aunque probablemente solo después del próximo ciclo electoral. Hasta entonces, la ambigüedad sigue siendo más una ventaja que un inconveniente.
Recomendamos leer Theo Burgéron, «Medios de comunicación fósiles», El Salto. Serge Halimi, «La situación de Francia», NLR 144, y «El peligroso punto muerto de la izquierda francesa», Diario Red. Natahm Sperber, «La crisis francesa: ¿orgánica o coyuntural?», Diario Red/New Left Review 148. Perry Anderson, «El centro puede aguantar», NLR 105. Wolfgang Streeck, «La Unión Europea en guerra: dos años después» y Maurizio Lazzarato, «La “guerra civil” en Francia», ambos publicados en Diario Red. Fréderic Lordon, «El levantamiento francés», El Salto.
Este texto se ha publicado en Sidecar, el blog de la New Left Review, revista bimestral de teoría y política publicada en Madrid por Traficantes de Sueños.