Migraciones: una visión desde abajo de los flujos migratorios y de sus posiciones de clase

Jan Breman y Marcel van der Linden proporcionan perspectivas y datos valiosos sobre la realidad de los flujos migratorios globales útiles para desprovincializar Europa y sus regresivos sistemas políticos 
Un migrante intenta cruzar a España desde Marruecos el 31 de julio de 2026 en Ceuta, atravesando una de las fronteras más feroces y desiguales de la UE - Marcos Moreno / Europa Press.

La Unión Europea se consume de la mano de sus propios demonios de la guerra, el genocidio y el racismo como demuestran los últimos acontecimientos registrados en Ceuta, los cuales ponen masivamente de manifiesto que sus clases dirigentes y sus sistemas políticos son incapaces de analizar los flujos migratorios más allá de las habituales lentes eurocéntricas, coloniales, clasistas y racistas, por no hablar de su capacidad de procesar en términos políticos su carácter absolutamente inhumano y bestial, de Stecatto di Cutro (Calabria) a Melilla y Ceuta pasando por el centro de migrantes de Gjadër (Albania), de meloniana fascista memoria, y por el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo.

El debate predominante sobre los flujos migratorios se ha polarizado en torno a dos concepciones principales, que pueden sintetizarse como «la crisis de civilización al acecho» frente al «ganamos todos». La primera concepción puede ser defendida desde una perspectiva demográfica, como sucede en el libro de Stephen Smith Scramble for Europe, que extrapola los datos existentes sobre la abundante población joven de África y sobre el aumento del nivel de vida para predecir que hasta 2050 habrán cruzado el mar Mediterráneo 100 millones de migrantes procedentes del continente africano. O bien puede abordarse la cuestión migratoria desde un punto de vista democrático, como hace Christopher Caldwell en su libro Reflections on the Revolution in Europe, que señala que nunca se ha solicitado el consentimiento de la ciudadanía para que se produzca una inmigración masiva de población no europea a los países europeos. O también puede ofrecerse el argumento cultural o, desde la perspectiva de Samuel Huntington civilizatorio, de que la inmigración latina a gran escala erosionará la identidad anglo-protestante de Estados Unidos a través del bilingüismo y el catolicismo, produciendo así enclaves hispanizados no asimilables totalmente distintos a los producidos por las olas migratorias precedentes, como hace este autor en su libro Who Are We? Pero ya sean demográficos, democráticos o culturales, los temas centrales de la concepción de la «crisis al acecho» son el monolitismo (la migración para Smith es africana, para Caldwell es musulmana, para Huntington es mexicana) y la escala, esto es, las cifras migratorias sin precedentes que están a punto de desencadenarse[1].

Nuestro artículo intenta contribuir a una valoración equilibrada de la migración analizándola desde la perspectiva del Sur global. Analizamos la «situación de partida», investigando los orígenes y los resultados de la migración a través de la lente de la clase

La concepción de «ganamos todos», en cambio, presenta una imagen positiva de la migración internacional, vista desde la perspectiva de la economía neoclásica y de la teoría de la elección racional. Desde este punto de vista, los beneficios de la movilidad de la fuerza de trabajo global superan a los costes y producen ganancias tanto para los países emisores como para los receptores de flujos migratorios, así como para la propia población migrante. Un informe reciente del Banco Mundial ofrece una síntesis representativa de esta concepción:

Los economistas de la fuerza de trabajo entienden la migración como el movimiento de trabajadores y trabajadoras a través de las fronteras hacia países en los que su fuerza de trabajo pueda emplearse de manera más productiva que en sus países de origen. Las fuerzas del mercado impulsan el movimiento de los factores de producción, tanto del capital como del trabajo, así como su reparto entre los diferentes países. Desde esta perspectiva, el movimiento libre de personas es un elemento clave para el funcionamiento eficaz de la economía global y en consecuencia la fuerza de trabajo debería poder trasladarse allí donde es más productiva sin que intervenga fricción alguna por parte de las fronteras nacionales ni de otras políticas restrictivas[2].

Para quienes proponen la perspectiva de «ganamos todos», la mano de obra migrante se beneficia, porque recibirá salarios más elevados en el país de destino de los que recibía en su país de origen, mientras que el capital a su vez obtiene una fuerza de trabajo más barata. Además, las remesas que llegan a los países de origen de la población migrante efectúan una importante corrección sobre la desigualdad internacional. En 2019 las transferencias oficialmente registradas que hicieron los 30 millones de personas indias que trabajan en el extranjero, en su mayoría en los Estados del Golfo, sumaron 76 millardos de dólares, aproximadamente el 3 por 100 del PIB de la India, representando una cantidad mucho más elevada de lo que el país recibe en concepto de ayuda internacional[3]

No obstante, como muestran las investigaciones más recientes, la amplia mayoría de la fuerza de trabajo migrante se queda dentro del propio país. En cambio, las últimas cifras de la migración internacional, que se define como aquellas personas que han residido al menos un año en un país distinto al de su lugar de nacimiento, ascienden a poco más de 250 millones de personas, esto es, el 3,6 por 100 de la población global

Ni las encendidas discusiones en los países receptores, que se concentran unilateralmente en cómo gestionar a las personas recién llegadas, ni las recetas elegantes de la economía de la elección racional tienen demasiado que decir acerca de la experiencia vital de las condiciones socioeconómicas vigentes en los países de origen. Nuestro artículo intenta contribuir a una valoración equilibrada de la migración analizándola desde la perspectiva del Sur global. Analizamos la «situación de partida», investigando los orígenes y los resultados de la migración a través de la lente de la clase. En primer lugar, sin embargo, ofrecemos una breve panorámica de los patrones contemporáneos de la migración global, para situar las predicciones de una «invasión al acecho» en el contexto de los flujos migratorios actuales.

Sistemas migratorios

Los patrones de la migración global han mutado de maneras impredecibles a lo largo del último medio siglo. En los «países receptores» tradicionales, como Estados Unidos, Canadá y Australia, el volumen de la inmigración ha crecido y su composición geocultural y de género ha cambiado. En la actualidad, la mayoría procede ahora de América Latina, Asia y África en lugar de Europa y las mujeres migrantes componen casi el 50 por 100 del contingente (figura 1). Entretanto, los «países emisores» europeos tradicionales, como España, Italia y Portugal, han empezado a atraer ellos mismos población migrante procedente de África y América Latina a partir de la década de 1980. Los Estados del Golfo surgieron como destinatarios principales de la fuerza de trabajo migrante procedente del sur de Asia, seguidos por las economías de los tigres asiáticos orientales (Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong). La mayoría de los países del capitalismo avanzado de todo el mundo se han convertido en sociedades multiétnicas en mayor o menor grado y los horizontes se han ampliado a lo largo de todo el Sur global a medida que más y más gente tiene al menos un contacto personal en el extranjero, haciendo que la migración parezca más viable. Las prácticas de la inmigración internacional han adquirido así un grado de estructuración y estabilidad a lo largo del tiempo y del espacio, adoptando la forma de sistemas emergentes[4].

No obstante, como muestran las investigaciones más recientes, la amplia mayoría de la fuerza de trabajo migrante se queda dentro del propio país. Según los cálculos más conservadores hablamos de en torno a 750 millones de trabajadores, entre los que se cuenta a quienes se mueven entre regiones y provincias del mismo Estado, pero no a quienes se trasladan desde el ámbito rural al urbano[5]. En cambio, las últimas cifras de la migración internacional, que se define como aquellas personas que han residido al menos un año en un país distinto al de su lugar de nacimiento, ascienden a poco más de 250 millones de personas, esto es, el 3,6 por 100 de la población global. En torno al 60 por 100 de ellas son «fuerza de trabajo migrante», mientras que aproximadamente el 20 por 100 son personas desplazadas por las guerras, la represión o los desastres naturales y 6 millones son estudiantes internacionales[6].

El segundo punto que tenemos que destacar es que la mayor parte de la migración verificada a través de las fronteras nacionales tiene lugar dentro de la misma región o subregión y se produce normalmente entre países vecinos. Así, en 2020 había 21 millones de personas africanas que habían cruzado la frontera para vivir en otros países africanos, siendo Sudáfrica, Costa de Marfil y Uganda los principales países destinatarios, cifra que merece la pena comparar con los 11 millones de personas que se habían desplazado en el interior de Europa, con los 5 millones en Asia y con los 3 millones en América del Norte. Los acuerdos de libre circulación vigentes en la Comunidad de África Oriental (Tanzania, Kenia, Uganda, República Democrática del Congo, Somalia, Ruanda, Burundi y Sudán del Sur) son responsables de los 3 millones o más de trabajadoras y trabajadores migrantes «regulares». Las rutas «irregulares» canalizan a millones de personas que circulan dentro del Cuerno de África o que parten hacia la península arábiga o a Sudáfrica; muchas menos, decenas de miles cada año, se aventuran por la ruta del norte hacia el Mediterráneo y Europa[7]. Los países asiáticos son el origen de alrededor de 115 millones de migrantes internacionales, la mitad (69 millones) de los cuales trabaja en otras subregiones de Asia, sobre todo en el Golfo. En el área del sudeste asiático, los principales destinos para la fuerza de trabajo migrante «irregular» son Tailandia, Malasia y Singapur. Rusia y Kazajistán se benefician de millones de trabajadores y trabajadoras formales e informales procedentes de Asia central, gracias a la libre circulación entre la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y la Unión Económica Euroasiática. De manera similar, más de la mitad de la migración internacional registrada en el seno de Europa, 44 millones de un total de 87, procede de otros países europeos, especialmente de los países del este y del sudeste de Europa; en 2022 las llegadas «irregulares» por tierra y mar fueron únicamente de 189.000 personas. En América Latina y el Caribe en torno a 11 millones de personas migrantes proceden de otros países de la región, ayudadas por los acuerdos de libre circulación del Mercosur, siendo Argentina y Chile los principales países receptores[8].

La integración de estas poblaciones de origen extranjero depende en gran medida de las condiciones de llegada que, como veremos a continuación, dependen a su vez en gran parte de su situación de clase en el punto de partida

En tercer lugar, superpuestos sobre estos patrones regionales, existen media docena de «corredores» bilaterales, esto es, canales históricos de migración entre dos países, que conectan a los pobres y los ricos (figura 2). El corredor entre México y Estados Unidos es el mayor de todos ellos, contabilizando 11 millones de personas nacidas en el primero de estos países que residen ahora en el segundo. Los corredores entre la India y los Estados del Golfo son responsables de la migración de 6 millones de personas indias, que residen principalmente en los EAU y en Arabia Saudí; mientras que el corredor existente entre la India y Estados Unidos ha transportado a 3 millones de personas del primero al segundo de estos países. Otros corredores más reducidos han llevado a 2 millones de personas filipinas a Estados Unidos, a 2 millones de personas indonesias a Arabia Saudí y a 2 millones de personas turcas a Alemania[9]. La integración de estas poblaciones de origen extranjero depende en gran medida de las condiciones de llegada que, como veremos a continuación, dependen a su vez en gran parte de su situación de clase en el punto de partida.

Las pruebas sobre el terreno

Los patrones existentes, para resumir, no parecen justificar las predicciones de la «crisis de civilización al acecho». La migración económica ha aumentado y ha cambiado, pero la mayor parte sigue siendo de carácter local o regional, mientras que la mayoría de la población refugiada se queda en los países vecinos. Los «corredores» históricos que conectan a las personas migrantes de los países más pobres con los países más ricos están más o menos regulados, para mejor o para peor, por la burocracia, por la permisividad y por la coerción; estos son los lugares clave en torno a los que gira el debate sobre las políticas migratorias.

En lugar de ello, analizaremos las maneras en las que las distintas posiciones de clase en el país de origen de las personas migrantes se traducen en las diferentes posiciones ocupadas en el régimen de migración global y en los diferentes puntos de inserción alcanzados en la sociedad y en la cultura del país de destino

Pero, ¿qué ocurre con los argumentos del tipo «ganamos todos» de la teoría de la elección racional? Aquí nos centramos en las pruebas minuciosas del trabajo de campo a largo plazo que uno de nosotros ha llevado a cabo en las zonas rurales de la India y de Indonesia para completar la imagen de la migración global desde abajo. Las localizaciones de los trabajos de campo se eligieron en un primer momento, porque albergaban tanto poderosas familias terratenientes como población trabajadora proletarizada, esto es, los polos opuestos de las estructuras de clase comunal del sur de Guyarat y de Java Occidental, las cuales de hecho son también realmente representativas de las tendencias de la migración internacional[10]. Lamentamos no poder basarnos aquí en las experiencias de la migración mexicana y de otros países de América Latina, tarea que dejamos a investigaciones futuras. En lugar de ello, analizaremos las maneras en las que las distintas posiciones de clase en el país de origen de las personas migrantes se traducen en las diferentes posiciones ocupadas en el régimen de migración global y en los diferentes puntos de inserción alcanzados en la sociedad y en la cultura del país de destino.

Tomamos como unidad de análisis el hogar familiar en vez del individuo. Como unidad de afinidades estrechas, la composición de un hogar familiar se estructura no solamente por los ingresos, sino también por las perspectivas matrimoniales, las oportunidades de empleo, la organización de los cuidados y, siendo uno de sus rasgos principales, por el acuerdo de compartir el sustento que se obtiene mediante el trabajo; el presupuesto común se ocupa de los miembros demasiado viejos, demasiado jóvenes o demasiado enfermos como para contribuir a los ingresos del hogar, expresando la inclusividad de esta célula básica de la vida social. Sin embargo, los hogares no deben considerarse entidades antropomórficas. Los conflictos de intereses son intrínsecos a los mismos, así como las relaciones de dependencia y autoridad, de opresión y resistencia, que pueden tener como resultado una fisión. Los miembros de un hogar tratan de encontrar modos de negociar una determinada estrategia para gestionar el presupuesto común y la movilidad laboral siempre ha formado parte de ello; la multilocalización de los hogares ha sido uno de los resultados de la expansión de los sistemas migratorios[11]. Tomando como nuestro punto de partida la situación de salida, en el siguiente apartado vamos a examinar las consecuencias de estos regímenes para las propias personas que migran, así como para los países emisores y receptores de los flujos migratorios, todo ello contemplado desde sus diferentes posiciones de clase.

Migrantes dotados de activos

¿Quiénes son las personas migrantes que emprenden estas travesías? Empezamos por quienes proceden de hogares propietarios, representados en nuestro trabajo de campo por los brahmanes anavil y por los kanbi patidars de Guyarat, así como por el estrato empresarial más rico de Java Occidental. Estos estratos suelen estar bien preparados para el viaje. Tienen los recursos financieros y educativos necesarios para adquirir las credenciales que necesitan por adelantado: pasaporte, billetes, visado, permisos sanitarios, etcétera y para organizar el alojamiento y la alimentación en el punto de llegada. Por encima de todo, esta clase de migrantes con recursos educativos, situada en los puestos altos del espectro de la movilidad laboral, puede recurrir a contactos familiares e institucionales en el país de destino, incluso antes de salir. Además, las cabezas de puente que han establecido las primeras generaciones de migrantes en la década de 1960 ayudan en la llegada posterior de personas del mismo clan, casta o región. Este fue el caso de los kanbi patidars o patels. Se trata de una casta campesina terrateniente, con movilidad ascendente, que dominan tanto económica como numéricamente en el sur de Guyarat, que prosperaron como recaudadores de impuestos del pueblo bajo el gobierno británico –«patel» es un nombre que se le da a los principales de un pueblo– y muchos se dedicaron al comercio. En el último periodo colonial, los kanbi patidars se aventuraron al extranjero para ganar un dinero que después invertían en casa[12]. A partir de los primeros años de la década de 1960, esto empezó a cambiar: su prosperidad en aumento les permitió financiar la migración hacia el Reino Unido, donde se hicieron conocidos por gestionar quioscos de prensa locales y pequeñas tiendas de alimentación, y después a Estados Unidos, donde el empresariado guyaratí, compuesto en buena medida por kanbi patidars, forma el mayor contingente dentro de una comunidad india que aumenta con rapidez. Sus inversiones en los sectores del hospedaje y la alimentación hicieron que se acuñara la frase «hotel, motel, patel».

Navegar entre dos culturas creaba determinadas tensiones generacionales. A principios de la década de 1970, un migrante en Estados Unidos lo explicaba así:

Hay una conciencia en aumento en mi aldea de que los emigrantes han cambiado. Los primeros migrantes solían partir en solitario, regresar con sus ahorros y volver solos, mientras que hoy en día los emigrantes más jóvenes llevan consigo a sus familias próximas mientras puedan permitírselo. La gente del pueblo no entiende por qué invierten su dinero en el extranjero y no en su lugar de nacimiento, por qué visitan el hogar como si fueran turistas y muestran tanto apego por el país al que han emigrado y echan ahí sus raíces más profundas. La gente del pueblo se queja de que están malcriando a sus criaturas, que se comportan de manera extraña, que responden a sus mayores y que no saben hablar guyaratí[13].

A comienzos del siglo xxi, sin embargo, esta trayectoria ya se daba por sentada. Para entonces, casi la mitad de los varones kanbi patidars en edad de trabajar nacidos en el pueblo en el que hicimos el trabajo de campo se encontraba en Estados Unidos. El aislamiento cultural allí se paliaba por un canal de la televisión hindú, que mostraba programas en lengua guyaratí y por las ediciones semanales de los periódicos indios[14]. A estos migrantes con recursos, el gobierno de la India les concedió la bendición del estatus de la nacionalidad dual en tanto que indios no residentes, lo cual les permitía regresar a casa si querían pasar las vacaciones, consultar a los médicos locales, inspeccionar a potenciales yernos o nueras o simplemente escapar por un tiempo de su vida como minoría en Estados Unidos. Lo mismo se aplicó a los hogares de casta alta, la de los brahmanes anavil, en los pueblos estudiados en nuestro trabajo de campo. Aproximadamente el 20 por 100 vivía y trabajaba en el extranjero, en Estados Unidos, el Reino Unido, Nueva Zelanda o África Oriental, sin haber vendido sus propiedades inmobiliarias en su país natal, que quedaban al cuidado de sus parientes. Unos pocos habían regresado a casa después de cumplir la edad de jubilación para pasar sus últimos años con toda comodidad.

Estos grupos migrantes propietarios lleva consigo bienes que le permiten instalarse e invertir en su país de adopción. Representan un flujo de capital procedente del país emisor al receptor, ya sea para montar un negocio, como es el caso de los patel de Guyarat, que abren un motel o una tienda, o para sufragar una educación universitaria o una formación profesional. En general, se les da la bienvenida a los «puertos seguros» del mundo rico. Su motivación principal, podemos avanzar como hipótesis, es la meta del ascenso social: acceso a un nivel de vida superior, a un estilo de vida más elegante, a una cultura más sofisticada. Su objetivo es lograr una cualificación que les permita situarse en el mercado de trabajo en lo alto de la escala ocupacional y así garantizarse un futuro mejor del que pueden encontrar en casa. Como confirman las pruebas procedentes de nuestro estudio de campo, sin embargo, este estrato envía relativamente poco dinero en concepto de remesas y tiende a invertir su capital en su nueva patria[15]. En resumen: sean cuales sean las dificultades personales con las que puedan encontrarse, la migración para este sector constituye en suma una ganancia para las personas migrantes y para el país de destino, pero una pérdida neta de capital y de educación para el país de origen.

Posiciones de clase contradictorias

Una abrumadora mayoría de emigrantes procedentes de la India e Indonesia, sin embargo, más del 75 por ciento, proceden de hogares de clase media baja. A diferencia de la franja propietaria, que emigra para emprender una vida acomodada en el extranjero, estas capas más precarias se van para poder volver, esperando que sus ahorros en el extranjero mejoren la situación de su hogar, o lo libren del desastre contribuyendo a cubrir los gastos en aumento de las necesidades básicas. Los principales destinos para esta migración son los Estados del Golfo, sobre todo los EAU y Arabia Saudí, aunque una parte emigra a Asia Oriental. Solo se les exige su fuerza de trabajo, no su presencia continuada como recién llegados, que podrían intentar cumplir los debidos requisitos para obtener el derecho de ciudadanía en el país de destino. No se les permite traer a personas dependientes o sobrepasar la fecha estipulada en su contrato, que puede durar desde unos pocos meses hasta un par de años. Su estatus como mano de obra temporal, que apenas tiene acceso a la sanidad o a la educación y mucho menos a la cobertura de la seguridad social, obstaculiza la acción colectiva a la hora de exigir mejores condiciones laborales. Como no conocen el idioma del país, quedan excluidos de su cultura mayoritaria. Barata y sumisa, esta población flotante es un claro «ganamos» para la patronal del país de destino. Como ha demostrado la investigación de Rina Agarwala en el caso de la India, estos trabajadores también envían la mayor parte, con diferencia, de sus ingresos obtenidos en el extranjero como remesas, que ascienden a 76 millardos de dólares anuales, cifra equivalente al 3 por 100 del pib en el caso de la India, las cuales contribuyen a equilibrar la balanza de pagos del país del que han emigrado. Sin embargo, esta clase de migrantes no obtiene el reconocimiento de diáspora privilegiada y el Estado indio no le concede la nacionalidad dual[16]

Aunque la mayoría de la migración india son varones, las mujeres, como ya hemos visto, son casi la mitad de las personas que viajan al extranjero desde Indonesia[17]. Ya en la década de 1990, 57 mujeres y 8 hombres procedentes de uno de los pueblos objeto del estudio, situado en la planicie costera de Java Occidental, trabajaban en el extranjero. La mayoría de las mujeres trabajaban en el servicio doméstico en Arabia Saudí o en alguno de los Estados del Golfo más pequeños, pero alguna había emigrado a Malasia, Singapur, Taiwán o Corea. Unas pocas viajaron acompañadas de sus maridos, que trabajaban para el mismo patrón como chóferes o jardineros. Otros hombres solteros trabajaban como camareros, como peones en la construcción o como obreros fabriles en Malasia, Corea, Taiwán o Brunéi. La oportunidad de trabajar en el extranjero ha provocado sin duda una mejora en el estatus de las mujeres como proveedoras del hogar. A menudo ganaban más dinero en el servicio doméstico que la mayoría de los hombres sin tierra o con tierras pobres del pueblo. Y, aunque la mayor parte de las familias poseedoras de tierras consideraban indigno que sus hijas trabajaran como criadas en las casas locales, hacerlo en el extranjero era tan lucrativo que incluso ahora estaban dispuestos a considerar ese trabajo como un buen empleo para ellas o incluso para sus esposas, especialmente en el caso del trabajo de fábrica en los países de Asia Oriental, que se considera más prestigioso y menos oneroso que el servicio doméstico y que estaba considerablemente mejor pagado[18].

Las mujeres jóvenes se enfrentaban a unas condiciones de trabajo agotadoras, especialmente en los Estados del Golfo. Tenían que responder inmediatamente a cualquier encargo de cualquier miembro de la casa, joven o viejo, desde primera hora de la mañana hasta altas horas de la noche, así como ocuparse de las criaturas y de las personas ancianas, ayudar a preparar las comidas y limpiar. El tiempo libre era una concesión, más que un derecho. Las cartas que escribían a casa revelaban su soledad y su nostalgia del hogar. El contacto era difícil, lo que creaba aún más angustia. En uno de los pueblos que estudiamos, una joven había salido a trabajar hacía ocho años y desde entonces no habían vuelto a saber nada de ella. Su madre cuidaba a su hijo pequeño, que se había quedado allí. Un joven de otro pueblo se había ido a trabajar a Malasia. Tres años después, su padre escuchó rumores de que lo habían visto en el mercado de una ciudad, pero no hubo manera de saber si eran ciertos.

Para la más amplia clase de los muy pobres, migrar a otros países está fuera de toda discusión. Apenas saben leer y escribir, no podrían negociar con la burocracia del sistema regulado ni optar a un préstamo para pagar un caro pasaje sin documentación. Eso no quiere decir que se queden en casa. Esta clase desposeída es el grueso de un inmenso ejército de reserva de mano de obra, contratada por empresarios o jefes mafiosos para situaciones de picos de trabajo, que se producen por doquier

Trabajar en el extranjero ha permitido que quienes están mejor situados dentro de esta clase media baja de migrantes mejoren la situación de su hogar. Para quienes tienen algunas posesiones (tierra, herramientas, vehículos), los ahorros que mandan a casa, que de media suponen un tercio de su salario bruto, pueden aumentar la productividad de los míseros medios de producción que poseen, así como permitir que se efectúen los grandes gastos exigidos por la atención médica, la educación o la formación profesional. A diferencia de su estatus inferior y marginalizado en el país de destino, en casa pueden llegar a formar parte de la pequeña burguesía políticamente ruidosa, en ascenso social. En cuanto a las remesas procedentes de las personas trabajadoras migrantes más pobres, que no tienen bienes que generen ingresos, es más probable que estas se gasten inmediatamente para sostener el presupuesto familiar o para pagar los intereses abrumadores de las deudas que suelen tener; poco o nada puede ahorrarse con destino a la acumulación. El objetivo es mantenerse a flote y evitar caer a las filas de la verdadera pobreza.

Para la más amplia clase de los muy pobres, migrar a otros países está fuera de toda discusión. Apenas saben leer y escribir, no podrían negociar con la burocracia del sistema regulado ni optar a un préstamo para pagar un caro pasaje sin documentación. Eso no quiere decir que se queden en casa. Esta clase desposeída es el grueso de un inmenso ejército de reserva de mano de obra, contratada por empresarios o jefes mafiosos para situaciones de picos de trabajo, que se producen por doquier. En el momento en el que se les recluta reciben un dinero, un «préstamo» sometido a una usurera tasa de interés, que tienen que redimir en unas condiciones que uno de nosotros ha denominado de neoservidumbre[19]. Esta forma de migración circulante de la fuerza de trabajo está en auge. Solamente en la India se calcula que este ejército de reserva deslocalizado equivale a entre 125 y 150 millones de personas, más de un tercio de la fuerza de trabajo total india; las masas desposeídas de Indonesia componen una proporción similar. Estos flujos migratorios se restringen a localizaciones dentro del propio país, principalmente a los nebulosos nichos de empleo de la economía informal presentes en el seno de las ciudades o en torno a ellas o bien a lo largo de las autopistas que las conectan. Como carece de cualquier recurso, los destinos extranjeros quedan fuera de su alcance. Una encuesta reciente sobre más de 9000 hogares de los distritos tribales de la frontera de Guyarat muestra que, aunque la amplia mayoría trabaja fuera de casa, solo un trabajador ha conseguido ser contratado en la construcción en el Golfo y no pertenecía a la clase-casta tribal[20].

Contratistas migratorios

¿Cómo tiene lugar el proceso real de partida? En la mayoría de los países emisores, la emigración regulada por el Estado se ha externalizado a contratistas privados, que hacen de intermediarios con la masa de solicitantes normalmente desprovistos de una red social que les asesore en los viajes al otro lado del mar. Esta es la vía para quienes se van a trabajar en la construcción en el Golfo y, cada vez más, para contratos de corta duración en Europa. Tanto la India como Indonesia han autorizado a agencias de contratación comerciales para que redacten contratos de trabajo, afinen los términos y condiciones y preparen la documentación que se necesita para viajar al extranjero. Estas empresas concesionarias tienen sus contrapartidas en los países receptores, que median en nombre de la patronal, asegurándose de que esta obtiene la mano de obra que desea en lo que se refiere a género, edad, cualificaciones, salud y religión. Este negocio de correduría es muy lucrativo y los agentes concesionarios exigen unos precios considerables, que son mucho mayores que las tarifas de comisión estipuladas y que se cobran a lo largo de todo el proceso, incluyendo gastos clandestinos cobrados por las autoridades que emiten los pasaportes, los visados y los certificados médicos, extorsiones exigidas durante las inspecciones de aduana o impuestos demandados en forma de comisión por el personal administrativo de bajo rango o por el personal auxiliar, que manejan los papeles.

El proceso de reclutamiento de la mano de obra se delega en agentes que se nutren de sus propios barrios. Uno de nosotros ha sido testigo de cómo tres agentes locales competían en una aldea de Java Occidental por sus presas, actuando en nombre de las agencias de contratación de Yakarta o Bandung. Quien más éxito tenía era Haji Rahmat, un exgranjero y vendedor de pienso para pollos. Escandalizado por las tarifas que le cobraron cuando su esposa se fue a Arabia Saudí a trabajar en el servicio doméstico, Rahmat se puso en contacto él mismo con la oficina de contratación y se ocupó de todas las formalidades. A partir de esa experiencia, aprendió que ahí se podía ganar un montón de dinero. La empresa que contrató a su esposa accedió a autorizar a Rahmat como su «patrocinador», lo que se convirtió en su negocio a tiempo completo: ha preparado solicitudes de contrato para varios cientos de mujeres jóvenes de su distrito. Su bungaló recién construido muestra lo rentable que ha sido la actividad.

Las solicitantes que vienen a registrarse con él primero tienen que obtener una cantidad enorme de documentos: certificado de nacimiento, diploma de la escuela primaria, carnet de identidad, fotografías de pasaporte, certificado de salud, pruebas de buena conducta, permiso por escrito de su marido o de sus padres y el consentimiento del gobierno municipal. La solicitante debe pagar por estos documentos y por las pruebas de tuberculosis, embarazo o sida. Las agencias de contratación en Yakarta o Bandung solían pagar una comisión al «patrocinador» local por cada mujer que enviaban al extranjero, pero dejaron de hacerlo cuando la oferta empezó a crecer más rápido que la demanda. El beneficio del patrocinador depende ahora de lo que le pueda sacar a la joven y a su familia por encima de los costes reales. Las familias tienen que pagar esto de sus ahorros, alquilando la tierra o vendiendo sus posesiones. Si no pueden, no tienen otro remedio que pedir un préstamo para cubrir los costes, ya sea al propio patrocinador o a uno de los prestamistas usureros del pueblo, al tipo habitual del 50 por 100 por temporada. Además de todo ello, se supone que las mujeres deben cubrir los gastos que la agencia de contratación carga al empresario extranjero. A su llegada, el empresario les informa de esta deuda y les explica que el salario de los tres primeros meses se destinará a pagarla. En otras palabras, esta mano de obra migrante internacional acaba pagando por completo el coste de la operación: las tarifas de los permisos oficiales, las primas del seguro obligatorio, la tasa de salida y los billetes de avión, mientras que los intermediarios en ambos lados obtienen grandes beneficios.

La decisión de abandonar el propio hogar en busca de un medio de vida en otro lugar es pocas veces monocausal. Nuestra hipótesis es que, entre los estratos sociales mejor posicionados, lo que predomina es la ambición de progresar; en un grupo más amplio se siente impelido por la angustia de anticiparse al deterioro económico y a la movilidad social descendente, mientras que un segmento situado todavía más bajo cerca del estrato inferior de la estructura social se ve impulsado por la necesidad de escapar de un progresivo déficit de subsistencia

Por debajo de estos contratistas en posesión de una concesión oficial existen redes opacas de agentes dispuestas a pasar clandestinamente a quienes carecen de la capacidad económica y social como para optar al empleo en el extranjero, pero sí pueden aportar el dinero. De acuerdo con una investigación:

Las personas inmigrantes suelen venir de familias de clase media. Habitualmente venden su tierra para pagarse el viaje, que las familias dicen que puede costar entre 40.000 y 100.000 dólares por persona, con la esperanza de que trabajar en Estados Unidos triplique su salario, garantice un futuro seguro para sus criaturas y eleve el valor en el mercado matrimonial de sus hijos[21].

La escala de esta trashumancia solo puede ser objeto de conjetura, pero según un cálculo hecho en 2021 en torno a 725.000 personas procedentes de la India estaban emigrando por rutas ilegales. Después de las mexicanas y las salvadoreñas, las personas indias componen ahora el tercer grupo más grande de migrantes recién llegadas sin documentación a Estados Unidos[22]. La mayoría ha salido sin un plan claro en su cabeza, incluso cuando su intención sea unirse a miembros «documentados» de la familia. Confían en toda una serie informal de intermediarios charlatanes y de contrabandistas para ir dando tumbos hacia el oeste a través de países escogidos por su facilidad en los requerimientos relativos al visado como sucede con Dubái, Chipre, Turquía, Serbia o Nicaragua, para terminar en México o Canadá. Desde ahí deben encontrar la forma de entrar por la frontera estadounidense, una vez más a expensas de las tarifas de los agentes no oficiales. Quienes consiguen atravesar todas estas barreras, se encuentran con una recepción que oscila entre tibia y hostil. Si se les permite quedarse, lo más probable que es que se queden en una situación que les priva de sus derechos de ciudadanía. En el nombre de la salvaguardia de la libertad y de la democracia interna, los dirigentes políticos de los enclaves más ricos del mundo fomentan acuerdos corruptos y coercitivos con regímenes autoritarios ubicados fuera de sus zonas de confort para controlar los sistemas migratorios de los que son los principales beneficiarios.

La decisión de abandonar el propio hogar en busca de un medio de vida en otro lugar es pocas veces monocausal. Nuestra hipótesis es que, entre los estratos sociales mejor posicionados, lo que predomina es la ambición de progresar; en un grupo más amplio se siente impelido por la angustia de anticiparse al deterioro económico y a la movilidad social descendente, mientras que un segmento situado todavía más bajo cerca del estrato inferior de la estructura social se ve impulsado por la necesidad de escapar de un progresivo déficit de subsistencia. Esta pésima situación amenaza constantemente a los miembros de los hogares hundidos en la pobreza local. Esta masa proletarizada está obligada a moverse para asegurarse la mera supervivencia dentro de su propio país. Nuestra lente de análisis se ha centrado en gran medida sobre estas dos últimas clases, que constituyen la amplia mayoría de la mano de obra migrante que a su vez conforma la base de la fuerza de trabajo. La migración en el seno del propio país y la migración internacional no deberían entenderse como fenómenos desconectados, porque ambas están en buena parte propulsadas por la adversidad creciente, que rodea a la subsistencia cotidiana en el hábitat de origen, no solo por los incidentes provocados por las sequías, las inundaciones y los incendios, que empeoran objetivamente las condiciones de vida, sino por los precios al alza de los alimentos, el combustible y la vivienda. El análisis de su interrelación será crucial para posteriores investigaciones sobre los flujos migratorios.


Recomendamos leer Jan Breman, Fuerza de trabajo paria en Asia (2015), «La sombra del desarrollo», NLR 116-117, «Un investigador sin trabas», NLR 94, «Un concepto espurio», NLR 84.  Marcel van der Linden, The World Wide Web of Work (2023).

Este texto se ha publicado en la New Left Review 148, revista bimestral de teoría y política publicada en Madrid por Traficantes de Sueños.


[1] Véase Stephen Smith, The Scramble for Europe: Young Africa on Its Way to the Old Continent, Cambridge, 2019; Christopher Caldwell, Reflections on the Revolution in Europe: Immigration, Islam and the West, Nueva York, 2009 [ed. cast.: La revolución europea: Cómo el islam ha cambiado el viejo continente, Madrid, 2010]; Samuel Huntington, Who Are We? The Challenges to America’s National Identity, Nueva York, 2004 [ed. cast.: ¿Quienes somos nosotros? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense, Barcelona, 2004]. Como apunta Alexandra Reza en su reseña del libro de Smith, este planteamiento tiende también a reducir las relaciones existentes entre las regiones globales únicamente a la cuestión de la migración en lugar de contemplar el Norte y el Sur globales como integrados en el seno de un sistema económico desigual en cuya instauración el imperialismo del Norte global ha jugado un importante papel. Véase Alexandra Reza, «Transmigraciones imaginarias», nlr 115, marzo-abril de 2019. Estas teorías tampoco miden el impacto cultural ni el déficit democrático de la desindustrialización y de otras formas de desarrollo creativo-destructivo capitalista respecto a la llegada de las taquerías y las mezquitas.

[2] Banco Mundial, World Development Report 2023: Migrants, Refugees and Societies, Washington dc, 2023, p. 25. El Informe sigue diciendo: «Las personas nativas de los países de destino que se ven negativamente afectadas por la migración, como sucede, por ejemplo, con los trabajadores y trabajadoras que compiten con las personas migrantes en los mercados de trabajo, pueden ser apoyadas mediante políticas redistributivas». Para un panorama general, véase Douglas Massey et al., «Theories of International Migration: A Review and Appraisal», Population and Development Review, vol. 19, núm.3, septiembre de 1993, que analiza la teoría de la migración de la economía neoclásica en las pp. 433-434.

[3] Rina Agarwala, The Migration-Development Regime: How Class Shapes Indian Emigration, Oxford, 2022, pp. 2-3.

[4] D. Massey et al., «Theories of International Migration: A Review and Appraisal», cit., pp. 431, 454. La cifra total de la migración internacional se ha más que triplicado en el último medio siglo, pasando de los 84 a los 281 millones entre 1970 y 2020; en cuanto a la proporción sobre la población mundial, el incremento no es tan elevado, dado que ha crecido tan solo del 2,3 al 3,6 por 100.

[5] Ronald Skeldon, «International Migration, Internal Migration, Mobility and Urbanization: Towards More Integrated Approach», International Organization for Migration, Migration Research Series, núm. 53, Ginebra, 2018. Skeldon cita el cálculo de 740 millones de migrantes dentro del mismo país, incluyendo a cientos de millones que se trasladan entre las provincias de China y los diversos estados en la India, según el Informe del desarrollo humano de Naciones Unidas de 2009, Overcoming Barriers: Human Mobility and Development, Nueva York, 2009.

[6] Véase International Organization for Migration, World Migration Report 2024, Ginebra, 2024, pp. 4-5, 40. La mayoría de estas personas desarraigadas por diversos conflictos se categorizan como «desplazados internos», porque permanecen en su país natal; su número total, que se calcula en 62,5 millones, se ha más que duplicado desde 2012, localizándose las mayores concentraciones en Siria, Ucrania, la República Democrática del Congo, Colombia y Yemen. En cuanto a la población refugiada, el 70 por 100 se ha asentado en los países vecinos, ibid., pp. 48, 44.

[7] Ibid., pp. 56-58, 62-63.

[8] Ibid., pp. 66, 71, 76-77, 78, 83-84, 89.

[9] Ibid., pp. 22-23.

[10] IOM, World Migration Report 2022, Ginebra, 2022, p. 85.

[11] Marcel van der Linden, The World Wide Web of Work: A History in the Making, Londres, 2023, cap. 7.

[12] Jan Breman, Peasants, Migrants and Paupers: Rural Labour Circulation and Capitalist Production in West India, Nueva Delhi, 1985, pp. 100-106. En la era colonial ya había ejemplos de migración de larga distancia. Véase Adam McKeown, «Global migration, 1846-1940», Journal of World History, vol. 15, núm. 2, 2004.

[13] Narsi Patel, «A Passage from India», Society, vol. 9, abril de 1972, p. 63.

[14] Jan Breman, The Poverty Regime in Village India: Half a Century of Work and Life at the Bottom of the Rural Economy in South Gujarat, Nueva Delhi, 2007, p. 358.

[15] R. Agarwala, The Migration Development Regime: How Class Shapes Indian Emigration, cit., pp. 2-3.

[16] Ibid., pp. 2-3. Agarwala se basa en los detallados análisis del Banco de la Reserva de India y en los informes del Ministerio indio de Asuntos Exteriores, así como en cientos de entrevistas con el funcionariado gubernamental y con las propias personas migrantes.

[17] International Organization for Migration, World Migration Report 2024, cit., p. 25.

[18] Jan Breman y Gunawan Wiradi, Good Times and Bad Times in Rural Java: Case Study of Socio-Economic Dynamics in Two Villages towards the End of the Twentieth Century, Leiden, 2002, pp. 116-128.

[19] Jan Breman, Fighting Free to Become Unfree Again: The Social History of Bondage and Neo-Bondage in India, Nueva Delhi, 2023. Véase también Hsiao-Hung Pai, Scattered Sand: The Story of China’s Rural Migrants, Londres y Nueva York, 2012.

[20] Mahender Jethmalani y Sudhir Katiyar, Towards a Seasonal Migration Atlas of Gujarat: Seasonal Migration from the Tribal Cluster on the North East Border of Gujarat, Udaipur, 2023.

[21] Karishma Mehrotra, «Ever More Undocumented Indian Migrants Follow “Donkey” Route to America», The Washington Post, 3 de marzo de 2024.

[22] Jeffrey Passel y Jens Manuel Krogstad, «What We Know about Unauthorized Migrants Living in the us», Pew Research Center, 22 de julio de 2024.