Michel Aglietta
Análisis de la obra y de la parábola teórica e intelectual de Michel Aglietta (1938-2025), cuya Teoría de la Regulación, esbozada a finales de la década de 1970, ha atravesado el último medio siglo de debates teóricos económicos marxistas elaborados por la izquierda para comprender la naturaleza del capitalismo, sus formas de comportamiento sistémico y las correspondientes estrategias de su superación
Michel Aglietta fue durante más de medio siglo uno de los pensadores más radicalmente originales de la economía política francesa. Su innovador análisis de la crisis del régimen fordista estadounidense efectuado en la década de 1970 sentó las bases conceptuales de la rica obra, que se conocería como la Escuela de la Regulación[1]. Sin abandonar nunca este punto de partida, realizó una serie de contribuciones de gran alcance sobre la teoría del dinero, el papel dl sector financiero, las vicisitudes de la Unión Monetaria Europea, la singularidad del papel de China dentro del capitalismo mundial contemporáneo y el destino de las sociedades humanas en la era del capitaloceno. Su inteligencia y su savoir faire le permitieron moverse entre círculos muy diferentes –teóricos económicos, responsables políticos franceses, financieros y gestores de activos, intelectuales radicales– desplegando una sofisticada teoría social, modelos técnicos y análisis coyunturales cuajados de información precisa. Al mismo tiempo, dirigía la empresa constructora de su difunto padre en la antigua ciudad alpina de Chambéry, en el sudeste de Francia.
La guerra tuvo un efecto radicalizador, fortalecido a su regreso a París al escuchar la conferencia de Sartre sobre la responsabilidad de los intelectuales de oponerse a ella. Durante un tiempo se acercó a otros pensadores del Partido Comunista Francés, donde un amigo de la École Polytechnique, Philippe Herzog, dirigía los debates sobre economía. Aunque estudió exhaustivamente a Marx, Aglietta nunca fue un militante del partido propiamente dicho. Pero siguió siendo un intelectual comprometido en el sentido sartriano durante toda su vida
Autor de una veintena de libros, muchos de ellos escritos en colaboración con colegas más jóvenes, Aglietta siempre estaba dispuesto a presentar sus ideas y, a pesar de su marcado carácter solitario, sentía una curiosidad genuina por las investigaciones de otros académicos. Además de dirigir muchos de los seminarios pioneros que constituyeron el núcleo del planteamiento de la Escuela de la Regulación, ocupó numerosos puestos de asesoramiento de alto nivel situados en la intersección de la política y la investigación. Como estudiante formado en economía política por académicos regulacionistas en la École des hautes études en sciences sociales (EHESS) de París a finales de la década de 1990, tuve la suerte de interactuar con él en múltiples ocasiones a lo largo de los años. Era una persona muy accesible y generosamente solidaria con sus jóvenes colegas, muy preciso en los debates y categórico en sus conclusiones. Su fallecimiento el 24 de abril de 2025 priva al mundo intelectual europeo de un pensador incansable, comprometido con la propuesta de que debemos aspirar a comprender la totalidad de nuestros tiempos históricos cambiantes, lo que significa captar las interrelaciones de sus múltiples partes siempre en movimiento.
Del plan al sistema
Aglietta nació en Chambéry en 1938, hijo único de una familia de ascendencia italiana, cuyo padre era albañil y llegó a fundar su propia empresa[2]. La trayectoria del hijo ejemplificaba la meritocracia republicana de la posguerra. En 1959, tras cursar estudios preparatorios en el Lycée du Parc de Lyon, ingresó en la École Polytechnique, la cúspide del sistema educativo francés, que formaba a la elite técnica que debía servir en los más altos niveles de la administración pública mediante una inmersión profunda en las humanidades y las ciencias, así como en los asuntos militares. En 1961-1962, la vida estudiantil de Aglietta en el Barrio Latino se vio interrumpida por un año de servicio militar en Argelia, donde, como cadete, quedó traumatizado al presenciar las atrocidades francesas cometidas en la Cabilia. La guerra tuvo un efecto radicalizador, fortalecido a su regreso a París al escuchar la conferencia de Sartre sobre la responsabilidad de los intelectuales de oponerse a ella[3]. Durante un tiempo se acercó a otros pensadores del Partido Comunista Francés, donde un amigo de la École Polytechnique, Philippe Herzog, dirigía los debates sobre economía. Aunque estudió exhaustivamente a Marx, Aglietta nunca fue un militante del partido propiamente dicho. Pero siguió siendo un intelectual comprometido en el sentido sartriano durante toda su vida.
Imbuido por este espíritu, en 1964 comenzó una rigurosa formación en la División de Programas del Institute National de la Statisque et de Études Économiques (INSEE), como parte del equipo responsable de elaborar las previsiones quinquenales para la comisión de planificación francesa. El Plan, como solía señalar Aglietta, se originó en el Consejo Nacional de la Resistencia; su primer comisario fue el propio Jean Monnet, seguido de Pierre Massé, uno de los profesores de Aglietta en la École Polytechnique, que consideraba que la labor de planificación encarnaba «tanto un método de regulación económica como un punto de vista humanista», «una filosofía de acción política»[4]. La División de Programas desarrolló un modelo informatizado, el FIFI, para integrar los flujos físicos, utilizando datos sobre salarios y producción, y los financieros, «una interfaz entre las estadísticas nacionales, la contabilidad del sector privado, la teoría económica y la estrategia política», como diría el director del INSEE, Claude Gusson. Aglietta recordó más tarde con nostalgia los debates en la Commission du Plan, como una época en la que «los altos funcionarios del Estado eran competentes, tenían integridad y no estaban ansiosos por trabajar en el sector privado», siendo «posible mantener un debate racional sobre la distribución de los ingresos y sobre cómo regularla»: «teníamos la impresión de saber para quién y para qué trabajábamos»[5].
Las previsiones quinquenales del modelo FIFI se completaron en 1968. Pero para Aglietta ya habían quedado obsoletas tras el levantamiento de los estudiantes y los trabajadores de ese mes de mayo. El Plan no había tenido en cuenta su descontento, que tuvo notables consecuencias económicas. Así pues, era necesario introducir una dimensión social en los modelos económicos. Al año siguiente, Pompidou nombró a Giscard d'Estaing ministro de Finanzas y la labor de la Comisión quedó prácticamente desmantelada. Giscard «acabó con la esencia de la planificación francesa como espacio institucionalizado para el debate», en opinión de Aglietta[6]. En lugar de resignarse a las privatizaciones que se avecinaban, aceptó una beca del INSEE para estudiar en la Harvard Business School entre 1970 y 1972. Se trató de un importante cambio epistemológico, que resultó ser enormemente fructífero. Aglietta llevó a cabo una intensa investigación sobre las relaciones sociales, que había estructurado la economía estadounidense, estudiando junto a Kenneth Arrow, Wassily Leontief, Simon Kuznets, James Galbraith, Alfred Chandler y Paul Sweezy.
Los debates en torno a la investigación de Aglietta fueron todo un acontecimiento para los marxistas parisinos; la teórica monetaria Suzanne de Brunhoff asistió a la defensa de su tesis. Esta red constituyó la base de la Escuela de la Regulación, y la tesis de Aglietta, revisada y publicada en 1976 con el título Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis, se convertiría en su texto fundacional
De vuelta en París, Aglietta se matriculó en un programa de doctorado en la Sorbona para escribir su investigación, bajo la supervisión de su antiguo profesor de la École Polytechnique, Raymond Barre, que acababa de regresar de una temporada en Bruselas al frente de la división de economía y finanzas de la Comisión Europea. Pero los verdaderos interlocutores de Aglietta eran el grupo de jóvenes intelectuales, amigos y compañeros de reflexión del INSEE, el Ministerio de Finanzas, la comisión de planificación y la Sorbona, que se reunían en un seminario mensual para debatir, capítulo por capítulo, su tesis sobre los cambios registrados en el modo de producción capitalista en Estados Unidos. Robert Boyer, estudiante de Aglietta en la École Polytechnique, acababa de incorporarse al Centre pour la Recherche Économique et ses Applications (CEPREMAP), el departamento de planificación matemática del Ministerio de Finanzas, tras haber construido un modelo econométrico de la economía francesa, que incorporaba un concepto marxista de acumulación y una ecuación de inversión kaleckiana. Alain Lipietz, un polytechnicien más joven, también estaba en el CEPREMAP. Philippe Herzog daba clases en Nanterre. Los debates en torno a la investigación de Aglietta fueron todo un acontecimiento para los marxistas parisinos; la teórica monetaria Suzanne de Brunhoff asistió a la defensa de su tesis. Esta red constituyó la base de la Escuela de la Regulación, y la tesis de Aglietta, revisada y publicada en 1976 con el título Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis, se convertiría en su texto fundacional[7].
Las crisis capitalistas de Estados Unidos
Como señaló Mike Davis, Regulación y crisis del capitalismo: La experiencia de Estados Unidos, por utilizar el título en castellano, era un libro difícil, pero importante[8]. Aglietta se propuso ofrecer un análisis riguroso de las leyes de movimiento del capital estadounidense, utilizando una terminología teórica derivada de Marx, pero que él dotó de su propia especificidad: regímenes de acumulación, modos de regulación, formas estructurales, procesos «extensivos» e «intensivos» de extracción de excedente. La teoría de la regulación a veces se malinterpreta en el mundo anglosajón como una receta para la manipulación tecnocrática; nada más lejos de la realidad. Para Aglietta, el «modo de regulación» se refería a la articulación global de las relaciones sociales institucionalizadas, o «formas estructurales», que permitían que un nuevo régimen de acumulación capitalista se estabilizara y continuara durante un tiempo hasta que sus contradicciones cada vez más agudas lo sumergieran de nuevo en la crisis. Los regímenes de acumulación, por su parte, implicaban modos de extracción de plusvalor a través del proceso de trabajo, los cuales se intensificaban como consecuencia de la presión constante de competencia intercapitalista. Una vez más, Aglietta siguió a Marx al distinguir entre el aumento «absoluto» y «relativo» de la extracción de plusvalor: el aumento es «absoluto» cuando implica una simple extensión del tiempo de trabajo excedente, mediante una jornada laboral más larga o una aceleración del ritmo de trabajo; sin embargo, si la productividad aumenta gracias a una intensificación del proceso de trabajo, se necesitará menos trabajo para producir el mismo plusvalor, por lo cual ese aumento puede ser relativo. Y para Aglietta, al igual que para Marx, el régimen de acumulación no solo implicaba el proceso de trabajo, sino también las formas que adoptaba la reproducción social de la fuerza de trabajo fuera del lugar de trabajo, es decir, los modos de consumo de la clase obrera, los cuales tienen la misma importancia que el primero.
Regulación y crisis del capitalismo: La experiencia de Estados Unidos distingue cinco períodos diferentes en la historia del capitalismo industrial estadounidense. El primero fue el «capitalismo de frontera», hegemónico desde el período anterior a la guerra civil hasta la crisis de 1873 en el que se establecieron las condiciones estructurales previas para la industrialización más allá del sector textil. Se trataba de un régimen de acumulación «extensivo», basado en las enormes reservas de tierra libre del continente; sus «formas estructurales» incluían las anexiones de la guerra con México de 1846, el descubrimiento de oro, la inmigración masiva británica y alemana y la apertura de la agricultura de las praderas para satisfacer la demanda de cereales de la Europa industrializada. El siguiente período, 1873-1919, fue testigo de un régimen mixto: por un lado, se verificaron oleadas de acumulación industrial «intensiva» a través de la expansión de los sectores del hierro y del acero, que provocó el cierre de la frontera mediante la llegada del ferrocarril hasta el Pacífico; por otro, la reproducción social seguía basándose en gran medida en el trabajo doméstico precapitalista y, dada la miseria de los barrios industriales, en los bajos niveles de consumo de la clase obrera. Durante el tercer período, 1919-1945, este modo de regulación se vio sumido en una serie de crisis y luchas obreras épicas, que dieron lugar a un nuevo régimen de acumulación: el fordismo.
Para Aglietta, la negociación colectiva demostraría ser una de las «formas estructurales» más esenciales del fordismo. A escala del proceso trabajo, institucionalizó la lucha de clases de modo tal que dejó a la dirección de las empresas el control de la inversión y del proceso de producción. Mediante la introducción de los planes de salud y de los fondos de pensiones, la negociación colectiva estabilizó el fordismo al ayudar a cubrir el coste de la reproducción social, al tiempo que canalizaba los ahorros derivados de tal acuerdo hacia el sistema crediticio, lo cual contribuyó a su vez a sostener la nueva norma social del consumo de la clase obrera, definida por «un coche y una casa»
El fordismo se entiende normalmente como una expansión simultánea y mutuamente reforzada de la oferta y la demanda: Henry Ford pagaba a sus trabajadores de la cadena de montaje cinco dólares al día para que pudieran permitirse comprar los Modelos T que fabricaban. Pero, históricamente, como demostró Aglietta, la transformación fordista del proceso de trabajo precedió holgadamente al aumento del nivel de consumo de la clase trabajadora. En su opinión, fueron las luchas de la clase obrera estadounidense efectuadas durante las décadas de 1930 y 1940 las que lo hicieron posible. Las empresas aceptaron una reorganización de los salarios mediante la negociación colectiva: los líderes sindicales negociaban los salarios y las condiciones de trabajo con la dirección de todo un determinado sector, evitando las huelgas salvajes. Para Aglietta, la negociación colectiva demostraría ser una de las «formas estructurales» más esenciales del fordismo. A escala del proceso trabajo, institucionalizó la lucha de clases de modo tal que dejó a la dirección de las empresas el control de la inversión y del proceso de producción. Mediante la introducción de los planes de salud y de los fondos de pensiones, la negociación colectiva estabilizó el fordismo al ayudar a cubrir el coste de la reproducción social, al tiempo que canalizaba los ahorros derivados de tal acuerdo hacia el sistema crediticio, lo cual contribuyó a su vez a sostener la nueva norma social del consumo de la clase obrera, definida por «un coche y una casa».
Aunque el modo de regulación fordista pareció resolver los problemas de la reproducción capitalista, generó sus propias contradicciones estructurales. Los bloqueos en el proceso de acumulación ya no se aliviaban con las fluctuaciones de la tasa de desempleo, sino con el aumento de los precios, que se trasladaba a la clase obrera a través de la inflación. En cuanto al proceso de trabajo, el aumento de la extracción «intensiva» chocó con los límites físicos de la aceleración de la cadena de montaje, lo cual desencadenó una serie de huelgas salvajes en los sectores del automóvil y del acero, que perturbaron la armonía propiciada por la negociación colectiva. En cuanto al ámbito de la reproducción social, comenzaron a surgir contradicciones en la prestación de servicios colectivos como la sanidad y la educación, necesarios para sostener el nuevo modo de consumo de la clase trabajadora. La inflación persistente y la erosión del valor monetario amenazaban con provocar una crisis de los sistemas del ahorro y del seguro social derivados del modelo de negociación colectiva. A partir de 1966, según argumentaba Regulación y crisis del capitalismo: La experiencia de Estados Unidos, el régimen fordista de acumulación entró en una crisis generalizada; solo una ampliación masiva del crédito en la década de 1970 evitó una nueva Gran Depresión.
La segregación del mercado de trabajo por sexo y raza del fordismo sería derogada y las minorías y las mujeres se integrarían plenamente en el proceso de extracción de excedente. Pero el régimen posfordista también necesitaría encontrar una nueva forma de organizar la prestación de servicios colectivos para la reproducción social, porque, de lo contrario, generaría un punto de tensión continua para el nuevo modo de regulación
Arriesgándose a adivinar en qué consistiría la nueva «solución» capitalista, Aglietta previó un nuevo régimen global de acumulación basado en la semiautomatización del proceso de trabajo mediante nuevas tecnologías cibernéticas y electrónicas, acompañada de la dispersión de la producción para romper las antiguas concentraciones industriales de la clase trabajadora. La segregación del mercado de trabajo por sexo y raza del fordismo sería derogada y las minorías y las mujeres se integrarían plenamente en el proceso de extracción de excedente. Pero el régimen posfordista también necesitaría encontrar una nueva forma de organizar la prestación de servicios colectivos para la reproducción social, porque, de lo contrario, generaría un punto de tensión continua para el nuevo modo de regulación.
Contribución conceptual
La diferenciación de Aglietta entre sectores, modos y «formas estructurales» parecía ser un desarrollo de la afirmación de Althusser de que la dialéctica del capital y el trabajo «nunca está activa en estado puro»[9]. De manera crítica, Aglietta argumentaba, en contra de las presunciones de la economía neoclásica y de la teoría del equilibrio general, que una investigación de la dinámica capitalista debía explicar tanto la continuidad del sistema –los procesos de reproducción que le permiten seguir existiendo– como la experiencia histórica de transformación, «ruptura» y cambio cualitativo[10]. En segundo lugar, y este sería un factor decisivo en la estrategia de investigación de la Escuela de la Regulación, la transformación cualitativa dentro del modo de producción capitalista está impulsada principalmente por la reconfiguración de sus diferentes elementos. En la introducción a la primera edición de Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis, Aglietta se refirió a la observación efectuada por Étienne Balibar de que era necesario estudiar cómo los diferentes tipos de lucha de clases presentes en una coyuntura concreta estaban determinados por uno de esos elementos en particular, ya que es su «articulación interna la que explica la extrema variedad de sus formas»[11].
También supuso un avance notable con respecto al marco de la «policrisis», tan popular hoy en día, que reconoce un conjunto complejo de determinantes entrelazados, pero se niega a cualificarlos por su peso o importancia causal. Evitando tanto el determinismo mecanicista como la indeterminación estratégica, la Escuela de la Regulación insistiría tanto en la complementariedad como en la jerarquía de las formas estructurales como clave para proceder a la caracterización de los regímenes capitalistas
La articulación implica un ordenamiento en términos de su peso explicativo estructural, una jerarquía de formas. Para Aglietta, el intento de definir un sistema en movimiento implicaba «la concepción de la jerarquía vigente en las relaciones constitutivas del sistema y no simplemente una interdependencia funcional»[12]. El carácter de una configuración determinada residía en esta interrelación estructurada de las diferentes formas, mientras que la ruptura correspondía a un cambio en ese orden. Esta premisa crucial supuso una ruptura total con las concepciones burdas del «devenir» histórico impulsado por la expansión cuantitativa de las fuerzas productivas. También supuso un avance notable con respecto al marco de la «policrisis», tan popular hoy en día, que reconoce un conjunto complejo de determinantes entrelazados, pero se niega a cualificarlos por su peso o importancia causal[13]. Evitando tanto el determinismo mecanicista como la indeterminación estratégica, la Escuela de la Regulación insistiría tanto en la complementariedad como en la jerarquía de las formas estructurales como clave para proceder a la caracterización de los regímenes capitalistas.
Por el contrario, el PCF consideraba que el Estado carecía de contradicciones internas; una vez liberado de los monopolios, podría liderar la transición al socialismo. Aglietta se alineó en cambio con un heterogéneo grupo de pensadores de izquierda –James O’Connor, Antonio Negri, Joachim Hirsch, Manuel Castells– que conceptualizaron el Estado en términos de «la institucionalización de la relación salarial». También acogió con satisfacción los «análisis internos del campo político», como los de Ralph Miliband, que, en su opinión, podían integrarse con el concepto de Gramsci de la hegemonía de una clase social en las condiciones específicas de cada nación
Explicar la «ruptura» implicaba ir más allá de los procesos puramente económicos. La introducción de Aglietta a la edición inglesa de Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis añadió una nueva sección sobre el Estado, «el talón de Aquiles de las ciencias sociales», como él mismo lo definió»[14]. Distanciándose del enfoque keynesiano del Estado como poco más que un agente de la demanda efectiva, indicó que el materialismo histórico podía proporcionar una explicación del Estado como un modo de cohesión social «requerido por las relaciones de producción que dividen la sociedad en grupos conflictivos con objetivos heterogéneos y posibilidades de acción desiguales». Por el contrario, el PCF consideraba que el Estado carecía de contradicciones internas; una vez liberado de los monopolios, podría liderar la transición al socialismo. Aglietta se alineó en cambio con un heterogéneo grupo de pensadores de izquierda –James O’Connor, Antonio Negri, Joachim Hirsch, Manuel Castells– que conceptualizaron el Estado en términos de «la institucionalización de la relación salarial». También acogió con satisfacción los «análisis internos del campo político», como los de Ralph Miliband, que, en su opinión, podían integrarse con el concepto de Gramsci de la hegemonía de una clase social en las condiciones específicas de cada nación[15].
Regulación y crisis del capitalismo: La experiencia de Estados Unidos suscitó importantes debates críticos en el mundo anglosajón y más allá del mismo, entre los que destaca la importante toma de posición de Robert Brenner y Mark Glick publicada en la New Left Review. David Kotz estableció las correspondencias con el modelo, en cierto modo similar, de la Estructura Social de la Acumulación desarrollado aproximadamente al mismo tiempo en la Universidad de Massachusetts Amherst[16]. Lamentablemente, ni Aglietta ni sus compañeros regulacionistas afrontaron seriamente las objeciones teóricas y empíricas planteadas por los marxistas estadounidenses. En Francia, el planteamiento de la regulación cobró impulso. A finales de la década de 1970, una serie de seminarios se dedicaron a la investigación comparativa de las «cuatro grandes» economías capitalistas, Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia, atrayendo a una cohorte más joven de académicos entre los que se encontraban André Orléan, Pascal Petit y Bruno Amable. Una importante línea de investigación estudió las «formas estructurales» del capitalismo financiarizado como sucesor del régimen fordista[17].
Reposicionamientos
El final de la década de 1970 fue un periodo tenso en la vida intelectual francesa, caracterizado por el auge de los nouveaux philosophes, violentamente antimarxistas, como reacción a la Unión de la Izquierda, la coalición electoral conjunta de los socialistas y el PCF. Aglietta no participó directamente en los debates en torno al Programa Común de la Unión de la Izquierda, ni desempeñó ningún papel en el equipo dirigido por François Morin, que diseñó las nacionalizaciones de empresas industriales y financieras llevadas a cabo durante el primer año de gobierno de Mitterrand. Se opuso firmemente al giro hacia la austeridad decretado por Mitterrand en 1983 –le tournant de la rigueur– bajo la dirección de Jacques Delors, y se alineó con Pierre Mauroy para pedir la devaluación y una estrategia industrial renovada en lugar de la adaptación al Zeitgeist neoliberal. Sin embargo, tras perder la batalla, Aglietta se reposicionó rápidamente, argumentando que Europa era ahora el escenario principal[18].
Los efectos devastadores sobre las economías europeas provocados por la ruptura de Bretton Woods decidida por Nixon y por el enorme impacto de la política monetaria decidida por el presidente de la Reserva Federal Paul Volcker en 1979 habían galvanizado los intentos franceses de promover una moneda común europea, lo suficientemente robusta desde el punto de vista exterior como para hacer frente al sistema del dólar, pero lo suficientemente flexible a escala interna como para evitar el dominio de la poderosa economía alemana. Aglietta respaldó la idea del ECU como moneda paralela que pudiera ser utilizada por el bloque frente a los no miembros, al tiempo que permitía una armonización gradual de las economías dentro del mismo. En términos prácticos, el problema era cómo convertir el ECU en un activo de reserva; en términos teóricos, cómo conceptualizar la relación entre la moneda y el sector financiero. El planteamiento de la Escuela de la Regulación parecía muy adecuado para abordar esa tarea, ya que era capaz tanto de examinar las «formas estructurales» del dinero, el sistema bancario, el capital, los tipos de interés y los mercados internacionales de divisas, entendidos en tanto que relaciones sociales institucionalizadas, como de especificar sus relaciones determinantes entre sí. Aglietta y sus colegas emprendieron entonces un importante programa de investigación destinado a elaborar una teoría general de los sistemas monetarios.
La contribución fundamental de Aglietta a este proyecto fue La violence de la monnaie, escrita en colaboración con André Orléan, un joven polytechnicien del INSEE, trabajo que constituyó una especie de giro intelectual: «la violencia del dinero» no solo se refería a las crisis monetarias de la época, sino a una teoría psicoantropológica del «deseo mimético» que los autores importaron íntegramente del deconstructivista de Stanford René Girard para utilizarla como base de su teoría general. En opinión de Girard, los seres humanos no tienen deseos intrínsecos y auténticos, y esta carencia les obliga a imitar a los demás, incitando la rivalidad de su modelo elegido y generando así violencia; las instituciones sociales surgieron en las sociedades primitivas para controlar esta violencia canalizándola hacia formas ritualizadas de sacralización y de búsqueda de chivos expiatorios[19]. En La violence de la monnaie, la especulación representa un tipo de rivalidad mimética en busca de la riqueza auténtica, cuya violencia debía ser controlada por la soberanía del orden monetario. Esbozando una serie de posibles órdenes monetarios, Aglietta y Orléan argumentaron que, para ser viables, dichos sistemas debían ser lo suficientemente heterogéneos como para respetar la ambivalencia del dinero como bien público y activo privado, evitando el deterioro inflacionario y la escasez deflacionaria[20].
Se trataba de una visión de la economía radicalmente centrada en el dinero sin lugar para los valores de uso. La marginación de las cuestiones de la explotación capitalista en La violence de la monnaie, y su aparente inmersión en el irracionalismo, conmocionó a la izquierda de la Escuela de la Regulación. Como dijo Lipietz, el debate de Aglietta y Orléan sobre las «formas de socialización» tendía a borrar «lo que se socializa»: el trabajo de la clase trabajadora explotada[21]. Suzanne de Brunhoff también advirtió contra el intento de deducir las relaciones sociales a partir de las mercancías y el dinero, que «no son socialmente neutros. Son la expresión general de la división de la sociedad en procesos privados de producción e intercambio»[22]. No obstante, la contribución de Aglietta y Orléan dio lugar a un floreciente programa de investigación sobre la institucionalización del dinero, basado en la afirmación de que este se constituye a partir de una relación de aceptación mutua o confianza. El orden monetario existe en estrecha relación con el Estado soberano, que declara la moneda como de curso legal, respaldada por sus propios poderes fiscales; a cambio, el banco central, como institución suprema del orden monetario, se compromete a ser el prestamista de última instancia del Estado[23].
A finales de 1995 Francia se vio paralizada por la mayor ola de huelgas y protestas masivas registradas desde 1968, esto es, por un levantamiento popular dirigido contra los recortes presupuestarios del gobierno de Juppé y en defensa del sistema público de pensiones. Aglietta asumió la posición contraria, alineándose con los centristas liberales y la CFDT, el más dócil de los sindicatos franceses, mientras defendía el potencial transformador de los fondos de pensiones en manos de los empleados cuyos ahorros invierten
Una de las implicaciones de este análisis era que una crisis monetaria es siempre la manifestación de una crisis sociopolítica. Un endurecimiento excesivo de las constricciones dará lugar a la fragmentación monetaria, como ocurrió con el auge del trueque en medio del caos de la crisis económica rusa de 1992-1993 desatada tras el hundimiento de la URSS. Por otro lado, las crisis inflacionarias requieren un proceso de centralización, como ocurrió con el Reichsmark durante la hiperinflación alemana de la década de 1920, o con los tipos de cambio fijos con el dólar –o la dolarización total– verificada en América Latina en la década de 1990. Curiosamente, el análisis de Aglietta comenzó exactamente dónde termina el modelo de la Teoría Monetaria Moderna: con la premisa de la soberanía monetaria[24]. De hecho, como ha señalado Orléan, los límites a los que se enfrenta un Estado a la hora de «monetizar sus dificultades» revelan que, para ser compatible con la reproducción de las relaciones de mercado, la gestión del dinero requiere la legitimación de la aceptación social[25].
¿Trabajadores capitalistas?
A finales de 1995 Francia se vio paralizada por la mayor ola de huelgas y protestas masivas registradas desde 1968, esto es, por un levantamiento popular dirigido contra los recortes presupuestarios del gobierno de Juppé y en defensa del sistema público de pensiones. Aglietta asumió la posición contraria, alineándose con los centristas liberales y la CFDT, el más dócil de los sindicatos franceses, mientras defendía el potencial transformador de los fondos de pensiones en manos de los empleados cuyos ahorros invierten. En un largo epílogo a la reedición de 1997 de Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis, Aglietta argumentó que el régimen fordista de acumulación había desaparecido para siempre. Con la globalización, los procesos «intensivos» en trabajo habían penetrado en las sociedades no occidentales, mientras que la liberalización financiera permitía al capital escoger libremente entre países y clases de activos. El sistema financiero estaba emergiendo como el mecanismo de mediación dominante en el nuevo régimen de crecimiento. Siguiendo el espíritu de Marx, Aglietta buscó formas positivas de resolver la contradicción de que los ahorros de los trabajadores constituyeran vastas reservas de capital en manos de inversores institucionales[26]. Con el respaldo político adecuado, afirmaba, los gestores de fondos podrían reconvertirse en agentes de los trabajadores, lo que conduciría a la propiedad socializada de las empresas en las que tenían acciones. Los fondos de pensiones podrían convertirse en una «forma estructural» primordial, en un mecanismo clave de mediación social y en un componente de un nuevo modo de regulación. La existencia de una fuerza de trabajo accionista podría reorientar la inversión de capital hacia el desarrollo de la productividad colectiva, reduciendo las horas de trabajo y apoyando la educación permanente[27]. No hace falta decir que esas esperanzas resultaron ser ilusorias, reflejando, en cierta medida, la decadencia del Plan Meidner sueco de finales de la década de 1970. La razón de ello no es que la socialización tendencial de la propiedad no pudiera sentar las bases para provocar la convulsión interna de la lógica capitalista, sino en realidad que el control de los activos financieros por sí solo no cambia la dinámica operativa del sistema. Por el contrario, la lógica interna de un sistema financiero liberalizado produce más desigualdad y menos inversión[28]. Sin embargo, practicando lo que predicaba, Aglietta se convirtió en consultor de la división de gestión de activos de Groupama, un conglomerado asegurador francés, que incorpora los fondos de inversión creados por los agricultores protoproudhonistas en el siglo XIX. Cuando los socialistas volvieron al poder en 1997, Aglietta se incorporó al consejo asesor económico de Jospin.
En su opinión, el amplio apoyo interno otorgado al gobierno chino se debe a «la capacidad del Estado orientado al desarrollo para modernizarse, al tiempo que garantiza la estabilidad política y macroeconómica». La mayor ambición de Aglietta –y la que más le frustraba dada su ausencia– era sin duda participar en un proceso de desarrollo político-tecnocrático impulsado por el Estado de la misma magnitud histórica que el de China
En un mordaz ensayo sobre la trayectoria de la Escuela de la Regulación, Michel Husson, otro estadístico radical del INSEE, denunció este «giro armonicista»[29]. Husson captó a la perfección las evasivas políticas de los principales regulacionistas y su falta de comprensión de la dinámica del conflicto social en aquel momento. De manera sintomática, el concepto de «régimen de acumulación» había sido sustituido por el políticamente inocuo –y analíticamente vacío– de «régimen de crecimiento». Pero Aglietta no había perdido del todo su chispa crítica. Durante la crisis de la zona euro de 2010-2015, criticó duramente el diseño del euro que había surgido del Tratado de Maastricht por ser «esencialmente una moneda extranjera para todos los países de la zona euro», que los vinculaba a tipos de cambio rígidos, les privaba de autonomía monetaria y, ante la insistencia de Berlín, trasladaba toda la carga del ajuste a los países deudores[30]. Aglietta también seguía de cerca el auge de China. El calamitoso declive de la Administración pública en Francia bajo el neoliberalismo puede ayudar a explicar su fascinación por la capacidad de los responsables políticos chinos para perseguir objetivos colectivos a largo plazo. Su estudio La voie chinoise, escrito en colaboración con el experto de gestión empresarial Guo Bai, situaba el despegue económico de la República Popular China en el contexto del pasado imperial del país[31]. En un artículo de 2019, Guo y Aglietta elogian sin reservas la «mezcla de capitalismo de Estado, mercados regulados y normas autoritarias» de China, que describen como «una receta para una visión a largo plazo», y contraponen la República Popular China a una Europa que se debate entre el estancamiento económico y el descontento político. En su opinión, el amplio apoyo interno otorgado al gobierno chino se debe a «la capacidad del Estado orientado al desarrollo para modernizarse, al tiempo que garantiza la estabilidad política y macroeconómica»[32]. La mayor ambición de Aglietta –y la que más le frustraba dada su ausencia– era sin duda participar en un proceso de desarrollo político-tecnocrático impulsado por el Estado de la misma magnitud histórica que el de China[33].
Palabras finales
En Au loin la liberté, Jacques Rancière describía las historias de Chéjov como el retrato de una época impulsada por mecanismos sociales implacables que, sin embargo, aún podían verse sacudidos por la posibilidad de la libertad: algo podía suceder; alimentar esta esperanza sin resolverla era el gran mérito de Chéjov[34]. La última obra de Aglietta, Pour une écologie politique: au-delà du capitalocène, escrita en colaboración con Étienne Espagne, ilustra esta voluntad de preservar la contradicción. Los autores sostienen que la macroeconomía verde predominante no tiene en cuenta «el capitalismo en su dinámica a largo plazo» como el punto de vista pertinente para abordar el desafío ecológico y, por lo tanto, no considera la posibilidad de un futuro más allá de él[35]. Aglietta y Espagne esbozan el marco de una ambiciosa perspectiva ecorregulacionista, introduciendo una teoría matemática de viabilidad para conceptualizar las interdependencias existentes entre el medioambiente y la sociedad como fundamento para modelar estrategias. Utilizando la historia ambiental contemporánea y la investigación ecológico-económica, su objetivo no es sustituir la explicación marxista de la historia, sino «reintroducir la naturaleza en la ecuación marxista».
Esto les permite identificar cuatro períodos dentro del capitaloceno: los orígenes del capitalismo atlántico (1500-1800), la era clásica (1800-1914), de la Gran Depresión a la Gran Aceleración (1918-1973) y la era neoliberal (1973-2020). Este vasto fresco histórico termina con una nota pesimista: el «régimen de viabilidad» del neoliberalismo financiarizado tiene como precio la involución social y la catástrofe ecológica, lo cual contrasta de manera llamativa con las esperanzas depositadas en el socialismo de los fondos de pensiones a finales de la década de 1990. Por el contrario, Pour une écologie politique afirma sin rodeos que establecer una ecología política compatible con los límites planetarios requeriría hacer obsoleta la lógica del capitalismo.
El último texto de Aglietta fue un informe sobre determinadas políticas económicas elaborado para el Centre d'Études Prospectives et d'Informations Internationales (CEPII), un instituto público de investigación económica, en el que se comparaban los riesgos sistémicos de la inflación estructural en las décadas de 1970 y de 2020[36]. En él Aglietta argumentaba que los efectos combinados de la fragmentación geoeconómica, la transición ecológica y la escasez de mano de obra causada por el envejecimiento de la población planteaban retos de coordinación a una escala que requería una importante reordenación institucional. En la gramática regulacionista, tal reorganización implicaría el derrocamiento del sistema financiero de su posición dominante en la jerarquía de las formas estructurales o, tal vez, dar un paso más allá de este modo de producción en sí mismo. En sus últimas palabras publicadas, Aglietta concluye: «Preservar los bienes comunes del planeta está cobrando tanta importancia que pone en tela de juicio la continuidad de la acumulación capitalista. Serán las generaciones futuras las que tendrán que lidiar con este nuevo mundo».
Recomendamos leer Michel Aglietta, «La desaceleración estadounidense», NLR 100, «El vórtice europeo», NLR 75, «Hacia un nuevo régimen de crecimiento: debate Brenner 2», NLR 54, «El capitalismo en el cambio de siglo: la Teoría de la Regulación y el desafío del cambio social», NLR 7. Robert Brenner y Mark Glick, «La Teoría de la Regulación: teoría e historia», NLR I/188, julio-agosto de 199. Mike Davis, «“Fordism” in Crisis: A Review of Michel Aglietta’s Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis», Review of the Fernand Braudel Center, 1978. Farida Sebai y Carlo Vercellone (eds.), École de la régulation et critique de la raison économique, París, Future Antérieur, vol. 2, núm. 2, otoño de 1978. Giovanni Arrighi, «El desmoronamiento de la hegemonía 1», NLR 32, «El desmoronamiento de la hegemonía 2», NLR 33, y «Siglo XX: siglo marxista, siglo americano: la formación y la transformación del movimiento obrero mundial», NLR 0.
Este artículo ha aparecido en la New Left Review 156, revista bimestral de política y teoría publicada en Madrid por Traficantes de Sueños, y se publica con permiso expreso de su editor.
[1] Michel Aglietta, Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis, París, 1976 [ed. cast.: Regulación y crisis del capitalismo, Madrid, 1979]. Me gustaría dar las gracias a Yamina Tadjeddine por comentar conmigo los antecedentes y la trayectoria de Aglietta. También me gustaría dar las gracias a Benjamin Coriat por compartir sus opiniones personales sobre el legado de Aglietta y a Riccardo Bellofiore por sus reflexiones sobre la opinión de Brunhoff sobre el pensamiento monetario de Aglietta. Dominique Plihon me ayudó amablemente a verificar algunos detalles y a encontrar fuentes.
[2] Me baso aquí en el relato detallado de Yamina Tadjeddine sobre la formación de Aglietta recogido en «De la École polytechnique a la École de la régulation: Michel Aglietta, 1959-1976», Revue de la régulation, 2024, vol. 36.
[3] En la entrevista con Tadjeddine, Catherine Blum, la pareja de Aglietta, confirmó lo traumática que había sido la experiencia en la Cabilia, ibid.
[4] Pierre Massé, Le plan ou l’anti-hasard, París, 1965; ed. cast.: El plan o el antiazar, Barcelona, 1966.
[5] Sobre Claude Gusson y el FIFI y sobre el discurso de Aglietta al recibir la Légion d’honneur, véase Y. Tadjeddine, «De la École polytechnique a la École de la régulation: Michel Aglietta, 1959-1976», cit.
[6] Ibid.
[7] Michael Aglietta, Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis, de Aglietta, se publicó en inglés como A Theory of Capitalist Regulation: The US Experience, Londres y Nueva York, 1979.
[8] Mike Davis, «“Fordism” in Crisis: A Review of Michel Aglietta’s Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis», reseña, Fernand Braudel Center, 1978, constituye un análisis crítico indispensable. Davis describió la «audaz síntesis de análisis económico e historia» efectuada por Aglietta como «absolutamente innovadora».
[9] Louis Althusser, «Contradiction and Overdetermination», en For Marx, Londres y Nueva York, 1969, p. 76 [ed. orig.: Pour Marx, París, 1965; ed. cast.: «Contradicción y sobredeterminación», en La revolución teórica de Marx, Ciudad de México, 1988]. Alain Lipietz examinó los vínculos teóricos entre el althusserianismo de la Escuela de la Regulación en «From Althusserianism to Regulation Theory», Ann Kaplan y Michael Sprinker (eds.), The Althusserian Legacy, Londres y Nueva York, 1993. Yamina Tadjeddine sugiere que Aglietta y Althusser solo se reunieron una vez, tras la publicación de Régulation et crises du capitalisme (comunicación personal).
[10] M. Aglietta, A Theory of Capitalist Regulation: The US Experience, cit., p. 12.
[11] Étienne Balibar, «Plus-value et classes sociales» en Cinq études du matérialisme historique, París, 1974, pp. 103-201, 179; ed. cast.: Cinco ensayos de materialismo histórico, Barcelona, 1976.
[12] M. Aglietta, A Theory of Capitalist Regulation: The US Experience, cit., p. 9.
[13] Michael Lawrence et al., «Global Polycrisis: The Causal Mechanisms of Crisis Entanglement», Global Sustainability, vol. 7, 2024.
[14] M. Aglietta, A Theory of Capitalist Regulation: The US Experience, cit., pp. 26-29.
[15] Ibid., pp. 26-29. Aglietta respondía quizá a la reseña de Mike Davis de la edición original francesa, «“Fordism” in Crisis: A Review of Michel Aglietta’s Régulation et crises du capitalisme: L’expérience des États-Unis», cit., en la que criticaba su omisión del Estado.
[16] Robert Brenner y Mark Glick, «The Regulation Approach Theory and History», NLR I/188, julio-agosto de 1991; David Kotz, «A Comparative Analysis of the Theory of Regulation and the Social Structure of Accumulation Theory», Science & Society, vol. 54, núm. 1, 1990.
[17] Entre las numerosas contribuciones influyentes en este sentido, véase Robert Boyer, «Is a Finance-led Growth Regime a Viable Alternative to Fordism? A Preliminary Analysis», Economy and Society, vol. 29, núm. 1, 2000; Bruno Amable, The Diversity of Modern Capitalism, Oxford, 2003; Pascal Petit, «Structural Forms and Growth Regimes of the Post-Fordist Era», Review of Social Economy, vol. 57, núm. 2, junio de 1999. Para una visión general, véase Robert Boyer, The Regulation School: A Critical Introduction, Nueva York, 1990; ed. cast.: La teoría de la regulación: un análisis crítico, Valencia, 1992.
[18] En 1983-1984 Aglietta participó en una serie de almuerzos en el Palacio del Elíseo con otros economistas progresistas invitados por Jacques Attali, asesor especial de Mitterrand, de algún modo un equivalente informal del Consejo Económico Nacional de Estados Unidos. Véase Jacques Attali, Verbatim Chronique des années 1981-1986, París, 2014, pp. 397, 698.
[19] René Girard, La violence et le sacré, París, 1972; ed. cast.: La violencia y lo sagrado, Barcelona, 2023.
[20] Para una descripción equilibrada, véase John Grahl, «Money as Sovereignty: The Economics of Michel Aglietta», New Political Economy, vol. 5, núm. 2, 2000.
[21] Alain Lipietz, Le monde enchanté, París, 1983, pp. 14-15.
[22] Suzanne de Brunhoff, Les rapports d’argent, Grenoble, 1979, pp. 26-29. Véase también André Orléan, «De quelques débats à propos de la production marchande chez Marx», en Suzanne-Simone de Brunhoff et al. (eds.), Penser la monnaie et la finance avec Marx: autour de Suzanne de Brunhoff, Rennes, 2018.
[23] Para una visión general, véase Pierre Alary et al. (eds.), Institutionalist Theories of Money: An Anthology of the French School, Cham, 2020; ed. cast.: Teorías institucionalistas de la moneda: la escuela francesa, Universidad Nacional de Quilmes, 2019.
[24] L. Randall Wray, Modern Money Theory: A Primer on Macroeconomics for Sovereign Monetary Systems, Basingstoke, 2015, 2.ª ed., pp. 37-42; ed. cast.: Teoría Monetaria Moderna: Manual de macroeconomía sobre los sistemas monetarios soberanos, Berlín, 2015.
[25] André Orléan, «Une nouvelle interprétation de l’hyperinflation allemande», Revue économique, vol. 30, núm. 3, 1979.
[26] Como argumentó Marx en su famosa frase: «Las sociedades anónimas capitalistas, al igual que las fábricas cooperativas, deben considerarse formas transitorias del modo de producción capitalista al asociativo, con la única diferencia de que el antagonismo se resuelve negativamente en unas y positivamente en otras», Marx/Engels Collected Works, vol. 37, Londres, 1975, p. 438.
[27] Michel Aglietta, «Capitalism at the Turn of the Century: Regulation Theory and the Challenge of Social Change», NLR I/232, noviembre-diciembre de 1998.
[28] Como ha demostrado la investigación de Brett Christophers, la pretensión de los gestores de activos de defender las pensiones de las enfermeras y los bomberos no es más que una estrategia de marketing para operaciones que concentran todavía más la riqueza, recortan los derechos de los trabajadores e invierten menos en infraestructuras: Brett Christophers, Our Lives in Their Portfolios: Why Asset Managers Own the World, Londres y Nueva York, 2023; ed. cast.: Nuestras vidas en sus carteras de inversión: cómo los gestores de activos dominan el mundo, Madrid, 2025.
[29] Michel Husson, «L’école de la régulation, de Marx à la Fondation Saint-Simon: un aller sans retour», Jacques Bidet y Eustache Kouvélakis (eds.),Dictionnaire Marx contemporain, París, 2001, pp. 171-182.
[30] Michel Aglietta, «El vórtice europeo», NLR 75, julio-agosto de 2012.
[31] En inglés, Michel Aglietta y Guo Bai, China’s Development: Capitalism and Empire, Abingdon, 2013.
[32] Michel Aglietta y Guo Bai, «Post-Congress China: A New Era for the Country and for the World», Revue de l’OFCE, núm. 4, 2019.
[33] La Escuela de la Regulación sigue proporcionando un entorno para los economistas heterodoxos franceses, aunque adolece en cierta medida de una perspectiva introvertida y de un cierto eclecticismo epistemológico. En 2007 una nueva generación de académicos que trabajaban con Robert Boyer lanzó La revue de la régulation. Para un estudio reciente, véase Robert Boyer, Jean-Pierre Chanteau, Agnès Labrousse y Thomas Lamarche, Théorie de la Régulation, un nouvel état des savoirs, París, 2023, trabajo que se basa en Robert Boyer e Yves Saillard (eds.), Regulation Theory: The State of the Art, ed. actualizada, Abingdon, 2002. Véase también Bob Jessop y Ngai Ling Sum, Beyond the Regulation Approach: Putting Capitalist Economies in Their Place, Cheltenham, 2006.
[34] Jacques Rancière, Au loin la liberté: Essai sur Tchekhov, París, 2024, p. 55; ed. cast.: La libertad en lontananza: Ensayo sobre Chéjov, Madrid, 2025.
[35] Michel Aglietta y Étienne Espagne, Pour une écologie politique: au-delà du capitalocène, París, 2024, p. 33.
[36] Michel Aglietta y Sabrina Khanniche, «Analyse comparée de deux inflations structurelles et des risques systémiques associés: La grande inflation des années 1970 et l’inflation des années 2020», CEPII, 2024.