¿Restauración en Chile?

La debilidad y las componendas de los gobiernos de la Concertación durante las décadas de 1990 y 2000 no rompieron los resortes del poder del bloque de clase de la dictadura pinochetista y el gobierno de Boric no logró construir el bloque social  ni la dinámica política capaz de imponer una nueva constitución pospinochetista, lo cual ha permitido que la extrema derecha chilena regrese al poder con ánimos revanchistas fascistas


 Manifestantes durante las protestas en contra del alza de los precios del transporte público se movilizan en Santiago, 22 de octubre de 2019 – Xinhua / Jorge Villegas
Manifestantes durante las protestas en contra del alza de los precios del transporte público se movilizan en Santiago, 22 de octubre de 2019 – Xinhua / Jorge Villegas

Salvo que se produzcan cambios de última hora poco probables, Chile está a punto de elegir al ultraconservador José Antonio Kast como su presidente este domingo 14 de diciembre. Kast quedó en segundo lugar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebradas el pasado 16 de noviembre, tres puntos por detrás de Jeannette Jara, candidata de la coalición de izquierda Unidad por Chile. La victoria de Jara ha sido, sin embargo, claramente irrelevante. Ministra de Trabajo y Previsión Social en el gobierno de Gabriel Boric desde 2022 y miembro del Partido Comunista de Chile, Jara solo obtuvo el 27 por 100 de los votos, resultado que se cuenta entre los más débiles de los obtenidos por la izquierda desde el retorno de Chile a la democracia en 1989, lo cual de acuerdo con las matemáticas electorales apunta a una contundente victoria de Kast en la segunda vuelta.

El voto de estas elecciones de noviembre también ha supuesto un éxito para la derecha en la Cámara de Diputados, compuesta por 155 miembros. El Partido Republicano de Kast obtuvo 20 escaños y su coalición Cambio por Chile se ha convertido en el segundo bloque parlamentario de la Cámara, obteniendo 42 diputados. En la contienda electoral superó a la coalición de los partidos tradicionales de derecha, que pasó de contar con 53 diputados en 2021 a tener 34 en la actualidad. Aunque la coalición de izquierda sigue siendo el bloque de mayor tamaño, habiendo obtenido 61 diputados, se enfrentará a una derecha que tiene mayores proporciones en términos generales y que se está desplazando rápidamente todavía más hacia la derecha, sea cual sea el resultado final con el que se zanje la votación del 14 de diciembre. Una victoria de Kast este día representaría más que una derrota para la izquierda, porque también añadiría a Chile a la lista de países donde los partidos conservadores tradicionales han sido superados por fuerzas reaccionarias insurgentes más intransigentes, lo cual se suma al impulso aparentemente inexorable de la extrema derecha registrado en toda la región.

Aunque el punto muerto constitucional podría sugerir una situación de estancamiento político, las elecciones de 2025 han dejado claro hasta qué punto el panorama político se ha escorado hacia la derecha durante los últimos años

El cambio registrado en el clima político de Chile desde las movilizaciones populares masivas de 2019-2020 ha sido espectacular. Lo que comenzó como una ola de protestas contra el aumento de las tarifas de transporte se convirtió rápidamente en una revuelta más amplia contra la totalidad del orden socioeconómico y político posterior a la dictadura, de ahí el lema «No son 30 pesos, son 30 años». De ahí surgió un amplio consenso a favor de redactar una nueva constitución y así en 2021 Boric, que se erigió como la cara respetable del estallido social, venció a Kast en las elecciones presidenciales por 12 puntos porcentuales. Sin embargo, el optimismo que acompañó a estos acontecimientos se disipó rápidamente y el impulso se estancó en cuestión de meses debido al rotundo rechazo del proyecto de constitución radicalmente progresista en el referéndum celebrado en septiembre de 2022 para decidir su ratificación. Al año siguiente, una nueva asamblea dominada por la derecha elaboró un documento mucho más conservador, pero también fue rechazado por votación popular, resultado que dejó en vigor a la postre la carta magna impuesta por Pinochet.

Aunque el punto muerto constitucional podría sugerir una situación de estancamiento político, las elecciones de 2025 han dejado claro hasta qué punto el panorama político se ha escorado hacia la derecha durante los últimos años. Tres de los ocho candidatos de la primera vuelta de noviembre se situaban netamente a la derecha del centro: además del propio Kast, contendían el influyente libertario de extrema derecha Johannes Kaiser Barents-von Hohenhagen, que obtuvo el 14 por 100 de los votos, y Evelyn Matthei, candidata de la Unión Democrática Independiente (UDI), un partido fundado por el régimen de Pinochet, que consiguió hacerse con el 12 por 100 de los sufragios. Si sumamos sus respectivos totales a los de Kast, la derecha obtuvo más del 50 por 100 de los votos, casi el doble de los obtenidos por Jara.

Las encuestas han situado a Kast en torno al 58 por 100 de la intención de voto, otorgando el 42 por 100 a Jara. Tanto Kaiser como Matthei han dado rápidamente su apoyo a Kast y si sus votantes hacen lo mismo en la segunda vuelta, este se alzará con la victoria. Es muy probable que los votantes de Kaiser lo hagan, mientras que las encuestas sugieren que el 60 por 100 de los seguidores de Matthei votarán a Kast, mientras el 18 por 100 se muestra indeciso. Más allá de la improbable hazaña de atraer a un gran número de votantes de extrema derecha hacia la izquierda, la principal esperanza de Jara reside en reunir al resto del electorado a su lado, lo cual también se antoja poco probable. La principal sorpresa de la primera vuelta fue la robustez del tercer puesto detenido por Franco Parisi, que obtuvo el 20 por 100 de los votos. Presentándose como un candidato outsider, lo cual es cierto en sentido literal, ya que reside en Estados Unidos, Parisi afirmó que ofrecía a los votantes una salida a las polaridades agotadas de los partidos del establishment; como él mismo dijo, «no soy ni facho ni comunacho». No está tan claro cuáles son las inclinaciones ideológicas de sus votantes ni cómo votarán en la segunda vuelta; las encuestas actuales muestran que el 37 por 100 de ellos apoya a Kast, el 22 por 100 prefiere a Jara, mientras que el 41 por 100 se muestra indeciso. Jara podría atraer a algunos votantes de este último grupo, pero, matemáticamente, necesitaría todos los votos de Parisi para siquiera acercarse a Kast.

Los partidarios de Jara eran en general de más edad: más del 50 por 100 de los votantes mayores de 60 años y el 35 por 100 de los votantes de entre 45 y 59 años la apoyaron, frente, respectivamente, a menos del 10 por 100 en la primera franja de edad y el 15 por 100 en la segunda, que optaron por Kast

Esta es la primera contienda electoral presidencial celebrada en Chile en la que el voto es obligatorio, habiendo alcanzado la participación en la primera vuelta el 85 por 100, su nivel más elevado registrado desde 1989. Parisi parece haber sido uno de los principales beneficiarios de la obligatoriedad del voto, dado que todo apunta a que ha obtenido especialmente buenos resultados entre los votantes que se abstuvieron o votaron en blanco en 2021. Kast también obtuvo buenos resultados entre los votantes, que votaban por primera o segunda vez: un tercio de los votantes situados entre los 18 y los 24 años votaron por él. Los partidarios de Jara eran en general de más edad: más del 50 por 100 de los votantes mayores de 60 años y el 35 por 100 de los votantes de entre 45 y 59 años la apoyaron, frente, respectivamente, a menos del 10 por 100 en la primera franja de edad y el 15 por 100 en la segunda, que optaron por Kast.

En términos regionales, la primera vuelta puso de manifiesto algunas diferencias significativas. El norte del país, de Arica a Atacama, se decantó claramente por Parisi; aunque sus minas representan una cuota importante del PIB, en su conjunto estas regiones constituyen menos del 8 por 100 del electorado. Jara obtuvo sus mejores resultados en el Área Metropolitana de Santiago, donde residen casi dos quintas partes de los votantes y donde obtuvo el 31 por 100 de los votos, que representan en torno a 1,5 millones de electores de un total de 3,5 millones. También superó su porcentaje de votos a escala nacional en las regiones centrales de Valparaíso y Coquimbo, así como en el sur del país, escasamente poblado. Kast obtuvo sus mejores resultados en las regiones al sur de la capital, de Bernardo O'Higgins a Los Lagos, alcanzando su mayor porcentaje, el 33 por 100, en la Araucanía; en su conjunto, estas regiones le dieron alrededor de 1,3 millones de votos de un total de algo más de 3 millones. Incluso en las regiones en las que quedó en segundo lugar, los resultados de Kast fueron considerables, obteniendo, por ejemplo, más de un millón de votos en Santiago, y si consigue atraer a suficientes seguidores de Kaiser o Matthei en la segunda vuelta, por no hablar de ambos, superará a Jara en todo el país.

En Chile, el colapso del proyecto constitucional progresista paralizó al gobierno de Boric desde un momento muy temprano, lo cual le llevó a moderar sus ambiciones al tiempo que perdía impulso político

Aunque decepcionante, el resultado obtenido por Jara en la primera vuelta no puede considerarse una sorpresa: el 27 por 100 de los votos obtenidos coincidió en líneas generales con las encuestas. Nacida en 1974, Jara creció en la comuna obrera de Conchalí, en las afueras del norte de Santiago, y se afilió al Partido Comunista de Chile a los 14 años. Durante la transición a la democracia, participó de forma destacada en la política estudiantil y ganó las elecciones a la presidencia de Feusach, la federación de estudiantes de la Universidad de Santiago en 1996. Tras formarse como abogada, trabajó en temas de bienestar social entre 2016 y 2018, durante el segundo mandato de Michelle Bachelet. Gracias a esta experiencia, Boric la eligió para dirigir el Ministerio de Trabajo y Previsión Social. Ha sido una de las miembros más populares y respetadas del gabinete de Boric, impulsando el aumento del salario mínimo, la reducción de la semana laboral a 40 horas y, a principios de este año, la reforma de las pensiones con la intención de corregir algunos de los desequilibrios del sistema privatizado vigente en Chile. Jara ganó las primarias de la coalición de izquierda en junio por un margen aplastante, haciéndose con el 60 por 100 de los votos frente al 28 por 100 cosechado por su oponente más cercano, e inicialmente contó con una intención de voto según las encuestas situada entre el 35 y el 40 por 100 de las preferencias del conjunto del electorado, cifra que, sin embargo, fue decayendo durante los meses posteriores.

Es probable que la pertenencia de Jara al Partido Comunista influyera en la reticencia de muchos votantes a apoyarla. Solo el 63 por 100 de quienes votaron por Boric en 2021 la respaldaron en la primera vuelta esta vez, lo que sugiere indecisión incluso dentro de la coalición de izquierda. Sin embargo, concurrieron otros dos factores más importantes que el anticomunismo a la hora de debilitar la candidatura de Jara. Uno de ellos ha sido el sentimiento generalizado de rechazo al grupo gobernante en ese momento, perceptible en gran parte del mundo durante los últimos años y reflejado en los buenos resultados obtenidos por candidatos outsiders, como Milei y Parisi. En Chile, el colapso del proyecto constitucional progresista paralizó al gobierno de Boric desde un momento muy temprano, lo cual le llevó a moderar sus ambiciones al tiempo que perdía impulso político.

El segundo factor importante que ha alimentado el descontento ha sido el predominio de las cuestiones ligadas a la delincuencia y la inmigración en la agenda política chilena. Chile no es en absoluto un país peligroso, especialmente si lo comparamos con otros de la región, pero la delincuencia ha aumentado notablemente, aunque sigue siendo baja (la tasa de homicidios se ha duplicado en la última década) y la percepción de una crisis en materia de «seguridad» está muy extendida. Esto siempre ha sido un terreno más fértil para la derecha que para la izquierda, especialmente cuando esta última está en el poder, y Chile no ha sido una excepción. Como en otros lugares, la derecha también ha trabajado para relacionar la delincuencia con el aumento de la inmigración. Según el último recuento, Chile tenía 1,9 millones de residentes nacidos en el extranjero respecto a una población total de aproximadamente 20 millones de habitantes; la gran mayoría de ellos tienen documentos oficiales, pero se estima que 337.000 son residentes indocumentados. Las cifras han aumentado considerablemente en los últimos años y, aunque Chile ha recibido menos venezolanos que muchos otros países en términos absolutos, estos representan ahora cerca de dos quintas partes de la población migrante total, lo cual los convierte en un objetivo visible para el discurso xenófobo.

Kast, católico devoto, se formó políticamente en el Movimiento Gremial, fundado en 1967 por el jurista y miembro del Opus Dei Jaime Guzmán

El sentimiento antimigrante ha sido sin duda una parte destacada de la política de Kast. Su plan de construir un muro a lo largo de la frontera norte de Chile es un homenaje evidente a Trump. Kast, además de pedir a los migrantes indocumentados que se «autodeporten», ha insistido en que aquellos migrantes con hijos nacidos en Chile deben elegir entre llevárselos con ellos o dejarlos en el país bajo la tutela del Estado. Otros elementos de su programa electoral también se hacen eco de los temas de la nueva derecha emergente en la región, como queda demostrado por la importancia concedida a los valores familiares tradicionales –Kast es conocido por su oposición al aborto, teniendo nueve hijos– o por su promesa de intensificar el uso de la fuerza para combatir el narcotráfico. El sentido de urgencia existencial también es compartido por sus compañeros de la nueva derecha: el programa de Kast habla insistentemente de crisis y emergencias nacionales, así como de la necesidad de actuar ahora antes de que la izquierda radical destruya el tejido social del país. Pero en Chile, como en el resto de América Latina, el programa de la nueva derecha supone en gran parte el renacimiento de una agenda más antigua. En el caso de Kast, esta se deriva de una fuente tristemente familiar en Chile: el neoliberalismo radical de la dictadura de Pinochet.

Nacido en 1966, Kast es uno de los diez hijos de Michael Kast, un antiguo miembro del partido nazi, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán fundado por Hitler, que escapó de la custodia estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial y llegó a Chile en 1950. El hermano mayor de Kast, también llamado Michael, fue un protagonista esencial de la transición forzosa de Chile al neoliberalismo, dado que formó parte del grupo de los conocidos como los Chicago Boys, ocupando el cargo de ministro de Trabajo y convirtiéndose a los 33 años en presidente del Banco Central bajo el régimen de Pinochet hasta su muerte por cáncer en 1983. Demasiado joven para participar activamente en la política durante la década de 1970, José Antonio Kast comenzó a hacer política a finales de la década de 1980, cuando el control del poder por parte de la junta militar era cada vez más cuestionado. Desde el principio, su carrera se dedicó a defender el legado de la dictadura: en 1988 apareció en televisión junto a otros líderes estudiantiles para defender el «sí» en el referéndum convocado para decidir si Pinochet debía continuar en el poder. (El bando del «no» ganó obteniendo el 56 por 100 de los votos frente al 44 por 100 que votó afirmativamente, lo que obligó a la junta a convocar elecciones democráticas en 1989).

Kast, católico devoto, se formó políticamente en el Movimiento Gremial, fundado en 1967 por el jurista y miembro del Opus Dei Jaime Guzmán, que más tarde sería la éminence grise de la dictadura de Pinochet y artífice de la Constitución de 1980. Diseñado inicialmente para ofrecer una respuesta conservadora al radicalismo estudiantil, el gremialismo se convirtió en la cantera intelectual de la extrema derecha chilena y muchas de sus ideas fundamentales siguen siendo centrales en el pensamiento de Kast. La más destacada de ellas es el concepto de «Estado subsidiario», extraído del pensamiento político católico conservador, según el cual el Estado solo puede intervenir en aquellas áreas en las que la sociedad civil o la iniciativa privada no están dispuestas o no pueden hacerlo. Para Guzmán, cualquier papel activo que el Estado asumiera más allá de este mínimo era una violación ilegítima de los derechos naturales otorgados por Dios, incluido, por supuesto, el derecho a la propiedad. Esto también distinguía al gremialismo del pensamiento corporativista de derecha o incluso del desarrollismo de la primera dictadura brasileña, por ejemplo; el objetivo era desterrar al Estado de su papel determinante en la política y la sociedad.

Un segundo principio clave del pensamiento de Guzmán era el de la «democracia protegida». A sus ojos, el gobierno de Allende representaba el nefasto punto final de una larga trayectoria de intervención estatal y en su opinión la función del régimen de Pinochet era deshacer la totalidad del orden político que había hecho posible el ascenso de Allende. Solo cuando la democracia estuviera a salvo de tales amenazas –el Artículo 8 de la Constitución de 1980 prohibía las organizaciones y partidos que defendieran «un concepto de la sociedad, del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o basado en la lucha de clases»– podrían restablecerse las elecciones.

Kast estudió con Guzmán en la Universidad Católica de Chile y fue este quien le animó a unirse a la UDI. Kast entró en la política en 1996 como concejal local en el sur del Gran Santiago y entre 2001 y 2014 fue diputado del Congreso. La oposición al aborto y la defensa de la dictadura fueron el núcleo de su ideología durante gran parte de este periodo y así en su primera candidatura presidencial en 2017 apeló principalmente a los nostálgicos de Pinochet, obteniendo el 8 por 100 de los votos como independiente. Un año antes había roto con la UDI por lo que consideraba su creciente moderación, alegando que se había desplazado hacia el centro debido al largo éxito de los gobiernos de la Concertación. La UDI no ha roto del todo sus vínculos con la dictadura, ni siquiera ahora: el padre de Evelyn Matthei fue un miembro destacado de la junta militar en la década de 1970. Pero Kast se ha presentado como el verdadero defensor del legado de Guzmán y ha tratado constantemente de flanquear a la UDI por la derecha, fundando su Partido Republicano en 2019.

El desmoronamiento de la derecha tradicional ha sido una condición crucial para la emergencia y el fortalecimiento de la nueva derecha latinoamericana en su conjunto y también ha sido fundamental para el ascenso de Kast. En 2021 la UDI optó por virar hacia el centro, pero el candidato de su coalición quedó en un miserable cuarto lugar; en esa ocasión fue Kast quien ganó la primera vuelta, aprovechando las inquietudes de clase suscitadas por el estallido social, pero la mancha de la asociación con la dictadura y el programa positivo de redistribución de Boric fueron suficientes para alejar a los votantes del candidato conservador. En esas elecciones, sin embargo, Kast no era el candidato más derechista, ya que ese papel lo desempeñaba Kaiser, antiguo miembro del partido de Kast, que lo había abandonado el año precedente para formar el Partido Nacional Libertario. Kaiser se autodenomina con entusiasmo «reaccionario», pide una «batalla cultural» contra los valores progresistas y afirma que apoyaría «absolutamente, sin duda alguna», una segunda versión del golpe de Estado de 1973. En comparación con tales planteamientos, Kast parece moderado, dado que se molesta al menos por presentarse a las elecciones; pero en comparación con Matthei, Kast también parece defender con más firmeza los principios de la extrema derecha.

El ascenso de Boric a la presidencia supuso un desafío de la izquierda a la coalición de la Concertación, que dominó el país durante las décadas de 1990 y 2000, basándose en el rechazo del modelo posdictatorial chileno en su conjunto. El actual ciclo político ha traído consigo un auge revanchista de la derecha, que pretende imponer una versión más dura de ese mismo modelo

El programa electoral de Kast para las elecciones presidenciales de 2025 no hace referencias explícitas a la dictadura, sino que se presenta, por el contrario, con un llamamiento patriótico para abordar las diversas crisis que azotan a Chile: el aumento de la inseguridad y la delincuencia, el estancamiento económico, la pobreza, el desvanecimiento de los valores tradicionales y las bajas tasas de natalidad. Pero entre las recetas que ofrece se esconde un ataque persistente contra el Estado, que se hace eco de las ideas de Guzmán, describiéndolo bien como un Estado extralimitado y asfixiante para las empresas, bien como un Estado hipertrofiado e ineficaz, pero sobre todo como un Estado que se involucra en ámbitos en los que no debería de la mano de prestaciones sociales, subvenciones, alivio de la deuda, etcétera. «En lugar de ser un motor de desarrollo y un apoyo para las personas y las familias», argumenta Kast, el Estado «se ha transformado en un gran obstáculo, atrapado en su propia burocracia, en su obsesión reguladora y en un gasto público descontrolado»; ha «abandonado su misión de salvaguardar el orden y la seguridad». No es difícil imaginar lo que esto significaría, si Kast estuviera en el poder. Ya ha pedido recortes por valor de 6 millardos de dólares en el gasto público y, aunque no ha especificado dónde se aplicarían, dado el resto de su programa, parece claro que solo dejaría intactas las partidas de gasto destinadas a la policía y a la aplicación de la normativa relacionada con la inmigración.

El tradicional énfasis de la derecha en las cuestiones relativas a ley y el orden tiene una valencia adicional en el Chile actual, ya que significa no solo el tipo de represión habitual, sino también el restablecimiento del orden político tras las largas secuelas del estallido social. Tras la primera vuelta celebrada el 16 de noviembre, Kast anunció que «esta vez Chile sí despertó», dando a entender que las amplias movilizaciones de los años anteriores fueron un falso amanecer. Otro leitmotiv guzmaniano del programa de Kast es la idea de que la izquierda ha dividido a la población mediante el «conflicto permanente» y la «lógica de la confrontación», separando falsamente un todo nacional compuesto no por clases, sino por personas. Sin embargo, si la solución original de Guzmán a ello implicaba destruir el orden anterior a 1973, Kast no necesita proponer nada tan drástico; después de todo, en 2022 se rechazó una reforma radical de la Constitución pinochetista y la carta magna de la dictadura sigue vigente.

El ascenso de Boric a la presidencia supuso un desafío de la izquierda a la coalición de la Concertación, que dominó el país durante las décadas de 1990 y 2000, basándose en el rechazo del modelo posdictatorial chileno en su conjunto. El actual ciclo político ha traído consigo un auge revanchista de la derecha, que pretende imponer una versión más dura de ese mismo modelo. En 2021 Boric afirmó que Chile había sido la cuna del neoliberalismo y que ahora sería su tumba. Con Kast a punto de asumir la presidencia, parece que Chile no ha sido capaz de enterrarlo después de todo y que este ha resurgido con renovada energía de su inquieta tumba.


Recomendamos leer Camila Vergara, «La batalla por la Constitución de Chile», NLR 135. Jeremy Aldeman & Pablo Pryluka; «América Latina: la siguiente transición», Diario Red/NLR 147, Edwin F. Ackerman, «La misión de Scheinbaum», «El proyecto AMLO» y «Transformar México», El Salto. Tony Wood, «México en estado de cambio», Diario Red/NLR 147 y «Retroceso en Ecuador», NLR 129, Franklin Ramírez Gallegos, «El turbio triunfo de la derecha en Ecuador» y Hilary Goodfriend, «El Salvador: la excepción indefinida», todos ellos publicados en Diario Red. Forrest Hylton y Aaron Tauss, «Colombia en la encrucijada», NLR 137.

Este texto se ha publicado en Sidecar, el blog de la New Left Review, publicada en Madrid por el Instituto Republica & Democracia de Podemos y por Traficantes de Sueños.