El plan de Trump en América Latina está funcionando

Desde que Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos por segunda vez el 20 de enero de 2025, ha habido 10 cambios de gobierno en América Latina y el Caribe. Algunos han tenido lugar con cierta normalidad electoral, otros se han visto enturbiados por la injerencia -más o menos directa; más o menos explícita- del propio Estados Unidos, y otros han tenido lugar directamente por la vía de la fuerza. Sea como fuere, 8 de esos 10 han dado de sí un gobierno pro estadounidense, cuando no directamente trumpista. 
El presidente Donald J. Trump firma el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el fortalecimiento de la política de los Estados Unidos hacia Cuba | 16 de junio de 2017 (Foto oficial de la Casa Blanca de Shealah Craighead)<br />
El presidente Donald J. Trump firma el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el fortalecimiento de la política de los Estados Unidos hacia Cuba | 16 de junio de 2017 (Foto oficial de la Casa Blanca de Shealah Craighead)

Hay algunas honrosas excepciones. Uruguay, por ejemplo, donde Yamandú Orsi asumió como presidente en marzo de 2025 tras haber ganado unas elecciones que se definieron en noviembre de 2024 -antes de que Trump volviese a la Casa Blanca. O Surinam, donde la izquierda del NDP volvió al gobierno tras cinco años como líder de la oposición al gobierno de Chan Santokhi. En el resto de la región no ha habido elecciones o, si las ha habido, han resultado en el continuismo del gobierno anterior -véase Belice, Jamaica, Bahamas, Barbados, Santa Lucía, Antigua y Barbuda, Guyana o Ecuador. 

De esos ocho nuevos gobiernos pro estadounidenses en la región, al menos cinco son aliados personales de Trump y del movimiento MAGA, a saber: José Antonio Kast en Chile, Keiko Fujimori en Perú, Abelardo De La Espriella en Colombia, Laura Fernández en Costa Rica y Nasry Asfura en Honduras. Dos gobiernos -el de Rodrigo Paz en Bolivia y el de Kamla Persad-Bissessar en Trinidad y Tobago- son pro estadounidenses, pero no necesariamente están alineados ideológicamente con el trumpismo. Otro, el de Delcy Rodríguez en Venezuela, es directamente un gobierno que cambió por la intervención militar de Trump. 

El corredor trumpista 

De Costa Rica a la región chilena de Magallanes y Antártica Chilena, Trump podría recorrer algo menos de 10.000 kilómetros de costa latinoamericana en el Océano Pacífico pisando únicamente suelo amigo. Todos los gobiernos de esta suerte de corredor trumpista son aliados políticos del movimiento MAGA que pretenden convertir a sus países en satélites del proyecto imperial norteamericano.

Siendo obsesivamente precisos, Trump podría incluso recorrer el canal Beagle y llegar a Argentina, de forma que este corredor trumpista del Pacífico incluiría siete gobiernos trumpistas o pro MAGA: Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. A ellos hay que sumar otros dos aliados centroamericanos: El Salvador de Nayib Bukele y la Honduras de Nasry Asfura.

Todos ellos forman parte -o han adelantado que formarán parte- del Escudo de las Américas, la iniciativa de Trump para la dominación militar del hemisferio occidental en América Latina bajo la forma de “coordinar” y “apoyar” a las fuerzas armadas latinoamericanas. A esta iniciativa, coordinada por la otrora jefa del ICE, Kristi Noem, adhieren (o adherirán próximamente) los nueve gobiernos trumpistas/pro MAGA -Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador- y nueve gobiernos no trumpistas alineados con Estados Unidos -Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala.

Según informaciones derivadas de la investigación del HondurasGate, Estados Unidos habría tratado de interceder en al menos dos de las elecciones que recientemente auparon a algunos de sus adláteres al gobierno: Colombia, donde la agresiva campaña de fake news y desinformación ayudó a la victoria de Abelardo De La Espriella, y la propia Honduras. 

Gobiernos latinoamericanos antes y después de la segunda victoria presidencial de Donald Trump.
Gobiernos latinoamericanos antes y después de la segunda victoria presidencial de Donald Trump.

Así, cuando Trump volvió a ocupar la Casa Blanca en enero de 2025, apenas cuatro gobiernos eran aliados políticos del movimiento MAGA -Argentina, Ecuador, Panamá y El Salvador. Año y medio más tarde, todos esos permanecen, pero se han sumado Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y Honduras. A su vez, en enero de 2025 había cuatro gobiernos abiertamente enfrentados a las pretensiones imperiales norteamericanas; tras la intervención en Venezuela y la injerencia en Honduras, solo quedan Nicaragua y Cuba. Otro tanto puede decirse de aquellos gobiernos que, sin postular una oposición frontal a Washington, rehusaban alinearse con él. En enero de 2025, esta lista era notable: Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y México; el 64,6 por cien de la población total de la región de América Latina y el Caribe. Hoy solo permanecen México y Brasil, si bien se ha sumado Uruguay. Juntos hacen el 52 por cien de la población regional. 

Están los amigos… y los amigos

Pero Trump no solo ha sido capaz de colocar amigos en las distintas jefaturas de Estado; también ha sido capaz de atar en corto a gobiernos que, a priori, no debían someterse a su agenda imperial. Trinidad y Tobago es un ejemplo paradigmático. La victoria de Persad-Bissessar en las elecciones generales de 2025 apuntaban a dibujar un giro socialdemócrata comandado por el United National Congress. Nada más lejos de la realidad, al menos en clave geopolítica. 

Bajo su liderazgo, Trinidad y Tobago autorizó la presencia de un buque de guerra estadounidense y endureció su discurso hacia la migración venezolana, asociándola con actividades de narcotráfico. Además, Persad-Bissessar respaldó públicamente las operaciones marítimas impulsadas por Washington en el Caribe, reforzando una cooperación que ha elevado la importancia estratégica de Trinidad y Tobago en la política estadounidense hacia Caracas.

La proximidad geográfica entre ambos países y el interés compartido en el desarrollo del Campo de Gas Dragón, con importantes reservas energéticas, convertían esta relación en un asunto sensible. Sin embargo, el Gobierno trinitense escogió enseguida, optando por el fortalecimiento de los vínculos militares con Estados Unidos, incluido el despliegue de marines y la realización de ejercicios conjuntos, consintiendo que el país, a 10 kilómetros de las costas venezolanas,  hiciera las veces de plataforma de apoyo en la agresión contra Venezuela.

El respaldo de Marco Rubio al proyecto gasífero trinitense fue el precio que la líder del UNP puso para su alineamiento militar en un contexto de preparación de ataques contra un vecino. Venezuela declaró persona non grata a la mandataria y suspendió la cooperación energética bilateral. Poco después el presidente Nicolás Maduro fue secuestrado en Caracas. 

¿Y ahora?

En 2026, Trump tiene dos grandes focos en América Latina. El primero de ellos es Cuba, donde la asfixia económica y el despliegue de capacidades militares y de asalto anfibio constituyen por sí solas una amenaza creíble de agresión. Marco Rubio aspira a lograr una intervención, tal como ya se produjo en Venezuela, que permita el establecimiento de un gobierno títere. Tal cosa garantizaría un mayor control norteamericano del decisivo estrecho de Florida, así como una victoria militar para tapar el desastre en Irán. 

El otro escenario es Brasil. Las elecciones de octubre marcarán indudablemente el destino de la región, muy especialmente si Lula da Silva no logra permanecer al frente del gobierno. Las encuestas anticipan una relativa ventaja para la izquierda brasileña, pero el ascenso de Flávio Bolsonaro, junto al apoyo que indudablemente recibirá desde la Casa Blanca, podrían decantar la balanza. No debe descartarse ni una eventual injerencia prolongada -a la luz está que Trump trató de condicionar al poder judicial brasileño para defender a su amigo Jair Bolsonaro- ni un no-reconocimiento en el caso de que el bolsonarismo no logre imponerse en las urnas.